SÁBADO 28 DE JUNIO 2025
Opresión: El trasfondo y el nacimiento de Moisés
Lee para el estudio de esta semana
Éxodo 1: 1-22; Génesis 37: 26-28; Génesis 39: 2, 21; Hechos 7: 6; Gálatas 3: 16, 17; Éxodo 2: 1-25.
Versículo para memorizar:
«Los israelitas, gimiendo a causa de la servidumbre, clamaron, y su clamor subió hasta Dios con motivo de su servidumbre. Dios oyó su gemido, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los israelitas y reconoció su condición» (Éxo. 2: 23-25).
El libro de Éxodo resuena con relatos de oprimidos, marginados, perseguidos, explotados y degradados. Por lo tanto, quienes se sienten hoy abandonados, olvidados y esclavizados pueden tener esperanza, pues el mismo Dios que salvó a los hebreos es capaz de salvarlos a ellos también.
Éxodo habla de las batallas existenciales, las injusticias y las pruebas que forman parte de la vida. Todos pueden sentirse alentados por los relatos de las intervenciones de Dios en favor de su pueblo sufriente. El Señor escucha el clamor de los oprimidos, ve sus luchas, nota sus lágrimas y agonía, y acude en su rescate.
Dios toma la iniciativa para liberar a quienes confían en él. Solo tenemos que aceptar por fe lo que él nos ofrece. Por eso es necesario estudiar el Éxodo, porque señala lo que Jesús ha hecho por todos nosotros. Es un libro acerca de la redención, la liberación y la salvación final. Todo lo cual está a nuestra disposición por la fe gracias a lo que Cristo Jesús ha logrado en nuestro favor.
En medio de la confusión y la oscuridad, si nuestros ojos están fijos en Dios, podemos reconocer su presencia, su cuidado y su ayuda mientras nos guía a la eterna «Tierra Prometida».
DOMINGO 29 DE JUNIO 2025
El pueblo de Dios en Egipto
El libro de Éxodo es conocido como shemot («nombres») en hebreo, en armonía con las palabras iniciales de ese antiguo documento que comienza con la expresión: «Estos son los nombres...», en referencia a los de la familia del patriarca Jacob que se enumeran desde el principio.
Lee Éxodo 1: 1 al 7. ¿Qué verdad crucial se expresa aquí?
El libro de Éxodo comienza con un recordatorio de la bendición de Dios. Cuando el patriarca Jacob y su familia se establecieron en Egipto eran solo setenta personas (Gén. 46: 27; Éxo. 1: 5), pero los israelitas «crecieron y se multiplicaron. Se aumentaron y fortalecieron en extremo, y llenaron el país» (Éxo. 1: 7). En la época del Éxodo eran «como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar las mujeres y los niños» (Éxo. 12: 37).
Lee Éxodo 1: 8 al 11. ¿Cuál era la situación de los israelitas en el momento del Éxodo?
El texto bíblico describe con tonos oscuros la historia de los hijos de Israel en Egipto, ya que comienza con su esclavitud a manos de los capataces egipcios y el trabajo opresivo que se les impuso. Sin embargo, el libro de Éxodo termina con la presencia apacible y reconfortante de Dios en el Tabernáculo, en el centro del campamento israelita (ver Éxo. 40). Entre estos dos polos opuestos se describe el triunfo de Dios. Al liberar el Señor a su pueblo de la esclavitud, al abrir el Mar Rojo y al derrotar al ejército más poderoso de la época, se revela la espectacular victoria de Dios sobre las fuerzas del mal.
El relato destaca la paradoja de que, cuanto más afligían los opresores a los israelitas, «tanto más se multiplicaban y crecían» (Éxo. 1: 12). Es decir, independientemente de las maquinaciones humanas, Dios sigue siendo soberano y salvará a su pueblo aunque las circunstancias parezcan desesperadas, al menos desde una perspectiva humana.
Surgió un nuevo rey que no conocía a José. ¿Qué nos enseña este relato acerca del error de dar por sentadas las circunstancias, especialmente las buenas?
LUNES 30 DE JUNIO 2025
El trasfondo histórico
Cuando la familia de Jacob llegó a Egipto después de pasar hambre en Canaán (Gén. 46), el rey egipcio se mostró amigable con los hebreos a causa de José y de todo lo que este había hecho por los egipcios.
«Y agregó Faraón a José: “Ahora te he puesto sobre toda la tierra de Egipto”. Entonces Faraón quitó su anillo de su mano y lo puso en la mano de José. Lo hizo vestir de lino finísimo y puso un collar de oro en su cuello. Lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron ante él: “¡Doblen la rodilla!”. Y lo puso sobre toda la tierra de Egipto» (Gén. 41: 41–43).
¿Cuál fue la clave del asombroso éxito de José en Egipto tras un comienzo tan difícil? (Lee Gén. 37: 26–28; 39: 2, 21).
El trasfondo histórico más plausible de la historia de José sugiere que el nuevo rey que «no conocía a José» (Éxo. 1: 8) fue Amosis I (1570 a. C.-1546 a. C.). Luego vino Amenhotep I (1553 a. C.-1526 a. C.), el gobernante que temía a los israelitas y los oprimía. Más tarde, Tutmosis I (1525 a. C.-1512 a. C.) decretó la muerte de todos los hijos varones hebreos recién nacidos. Su hija Hatshepsut (1503 a. C.-1482 a. C.) fue la princesa que adoptó a Moisés como hijo. El faraón Tutmosis III (1504 a. C.-1450 a. C.), corregente de Hatshepsut durante algún tiempo, fue el faraón del Éxodo.
El Éxodo ocurrió, según los mejores cálculos, en marzo del año 1450 a. C. (ver William H. Shea, «Exodus, date of the», en The International Standard Bible Encyclopedia, editada por Geoffrey W. Bromiley y otros [Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1982], t. 2, pp. 230-238). Para comprender la época del Éxodo, estudia los siguientes textos bíblicos: Génesis 15: 13-16; Éxodo 12: 40, 41; Jueces 11: 26; 1 Reyes 6: 1 (ver también Hech. 7: 6; Gál. 3: 16, 17).
El primer capítulo del libro de Éxodo abarca un largo período: desde la época de José, cuando su padre Jacob con toda la familia entró en Egipto, hasta el decreto de muerte del faraón. Aunque existe cierto debate acerca de la extensión exacta de ese período, lo importante es que el Señor no se olvidó de ellos incluso cuando el pueblo de Dios era esclavizado en tierra extranjera.
Es decir, aunque desconocemos por ahora muchos detalles acerca de la historia de los hebreos en Egipto en aquella época (ver 1 Cor. 13: 12), la revelación del carácter de Dios sigue brillando a través de las páginas de este libro al igual que en toda la Escritura. Por adversas que sean las circunstancias, Dios siempre está presente y podemos confiar en él cualquiera que sea nuestra situación.
Martes 1 de julio
Las parteras de las Hebreas
No es posible entender el libro de Éxodo sin el precedente de las enseñanzas del Génesis. Los israelitas se trasladaron a Egipto y fueron esclavizados allí tras una época de gran prosperidad y paz.
Dios no abandonó a su pueblo, aunque a veces pueda dar esa impresión. Sin duda, muchos hebreos se desesperaron por su difícil situación. No obstante, el Señor acudió en el momento de angustia para auxiliarlos con su mano poderosa. Nuestro Señor anima a sus seguidores: «Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás» (Sal. 50: 15).
Lee Éxodo 1: 9 al 21. ¿Qué papel clave desempeñaron las parteras fieles y por qué su actuación quedó registrada para la posteridad?
En el libro de Éxodo no se menciona el nombre de ningún faraón. Solo reciben el título de «faraón», que significa «rey». Los egipcios creían que el faraón era una deidad en la Tierra, el hijo del dios Ra (o de Osiris u Horus), considerado la deidad egipcia más elevada, el mismísimo dios Sol.
Sin embargo, a pesar de todo su poder, este «dios» no era capaz de obligar a las parteras a actuar contra sus convicciones. De hecho, en contraste con el faraón sin nombre, se identifica a las dos parteras como Sifra y Fúa (Éxo. 1: 15), muy estimadas porque temían al Señor. La malvada orden del faraón no tuvo efecto en ellas porque respetaban más a Dios que las órdenes de un gobernante terrenal (ver también Éxo. 5: 29). En consecuencia, Dios las bendijo juntamente con sus respectivas familias. Qué poderoso testimonio de fidelidad. Estas mujeres no solo sabían qué era lo correcto, sino que también decidieron hacerlo a pesar de su escaso conocimiento teológico.
Cuando el faraón vio que su complot fracasaba, ordenó a los egipcios que mataran a todos los bebés varones hebreos recién nacidos. Debían arrojarlos al río Nilo, probablemente como ofrenda a Hapi, dios del Nilo y de la fertilidad. Este es el primer caso registrado de israelitas condenados a muerte solo por ser israelitas. El propósito del decreto de muerte era someter a los hebreos aniquilando a sus descendientes varones e integrando a sus mujeres a la nación egipcia para terminar así con la amenaza que el faraón creía que representaban para su nación.
Las parteras no solo sabían qué era lo correcto, sino que también lo llevaron a cabo. ¿Qué enseñanza nos deja su ejemplo?
Miércoles 2 de julio
El nacimiento de Moisés
Lee Éxodo 2: 1 al 10. ¿Qué papel desempeñaron la providencia y la protección de Dios en la historia del nacimiento de Moisés?
El trasfondo histórico del nacimiento y la vida de Moisés es apasionante porque él vivió durante la época de la célebre decimoctava dinastía egipcia. Uno de los reyes de esta dinastía, Tutmosis III, llamado el «Napoleón de Egipto», es considerado uno de los faraones más famosos del antiguo Egipto.
Aunque fue condenado a muerte al nacer (ver Éxo. 1: 22), Moisés nació como un hijo especial (hebreo tob, literalmente «bueno»; Éxo. 2: 2). El término hebreo tob describe algo más que la belleza externa. Esta palabra se utiliza, por ejemplo, para describir la obra de Dios durante la semana de la Creación, cuando declaró que todo era «bueno» y «bueno en gran manera» (Gén. 1: 4, 10, 31).
Como nueva creación, este niño «bueno» llegaría a ser, en armonía con el plan de Dios, el adulto que libertaría a los hebreos de su esclavitud. ¿Quién habría imaginado cuando nació, especialmente en circunstancias tan terribles, el futuro de este niño? Sin embargo, Dios cumpliría las promesas que hizo a Abraham, Isaac y Jacob de otorgar la Tierra Prometida a sus descendientes (Éxo. 2: 24, 25), para lo cual utilizaría a este bebé tob décadas más tarde.
La princesa egipcia Hatshepsut adoptó a Moisés como hijo. El nombre dado a Moisés es de origen egipcio y significa «hijo de» o «nacido de», como se refleja en los nombres Amosis («hijo de Aj») o Tutmosis («hijo de Tut»). En hebreo su nombre significa «sacado», ya que fue milagrosamente salvado cuando fue «sacado» del río.
Es poco lo que sabemos acerca de sus primeros años de vida. Tras ser salvado milagrosamente y adoptado por Hatshepsut, Moisés vivió sus primeros doce años con su familia original (Éxo. 2: 7-9; Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 222) y recibió la mejor educación egipcia con el fin de prepararlo para ser el próximo faraón de Egipto (Patriarcas y profetas, p. 223). Gran parte de esa educación resultó inútil e incluso contraria a lo que realmente importaba: el conocimiento de Dios y de su verdad.
¿Cuánto de lo que estás aprendiendo es en última instancia inútil para lo que realmente importa?
Jueves 3 de julio
Un cambio de planes
Lee Éxodo 2: 11 al 25. ¿Qué eventos sucedieron precipitadamente y cambiaron por completo el rumbo de la vida de Moisés? ¿Qué lecciones podemos aprender de esta historia?
¿Qué haría Moisés? ¿Sucumbiría a la atracción de Egipto y a los placeres de la corte o soportaría las penurias junto a su pueblo? Los acontecimientos pronto lo obligaron a tomar una decisión.
«Al oír esto, Faraón procuró matar a Moisés. Pero Moisés huyó de Faraón y fue a vivir en la tierra de Madián. Al llegar allá se sentó junto a un pozo» (Éxo. 2: 15).
Después de su crimen, Moisés realmente no tuvo elección, al menos en lo que respecta a permanecer en Egipto. Cualesquiera que fueran los planes que tenía para ascender al trono de Egipto y convertirse en un «dios», se desvanecieron rápidamente. En lugar de convertirse en un dios falso, Moisés serviría al Dios verdadero. Cuando huyó, Moisés no tenía idea de lo que le deparaba el futuro.
«Todo el asunto [de la muerte del egipcio a manos de Moisés], exagerado en sumo grado, se supo rápidamente entre los egipcios, y hasta llegó a oídos del faraón. Se le dijo al rey que este acto era muy significativo; que Moisés tenía el propósito de acaudillar a su pueblo contra los egipcios; que quería derrocar el gobierno y ocupar el trono; y que no habría seguridad para el reino mientras él viviera. El monarca decidió en seguida que debía morir. Reconociendo su peligro, Moisés huyó hacia Arabia» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 225).
Moisés vivió 120 años (Deut. 34: 7), y su vida puede dividirse en tres etapas de 40 años cada una. Pasó los primeros 40 años en Egipto, gran parte de ellos en el palacio real. Los segundos 40 años transcurrieron en casa de Jetro, en Madián.
Sin embargo, son los últimos 40 años los que ocupan la mayor parte de los libros de Moisés y narran la historia del llamado divino hecho a Israel para que diera testimonio acerca de quién y cómo es Dios, de su naturaleza y su carácter, a un mundo sumido en la idolatría (ver Deut. 4: 6-8).
¿Era el plan de Dios que Moisés matara al egipcio? De no ser así, ¿qué nos enseña esta historia acerca de cómo Dios puede transformar cualquier situación y utilizarla para sus propósitos? ¿Cómo nos ayuda Romanos 8: 28 a comprender esta importante verdad?
Viernes 4 de julio
Para estudiar y meditar
Lee el capítulo titulado «Moisés» en el libro Patriarcas y profetas, de Elena G. de White, pp. 219-227, el cual provee vislumbres significativas acerca de la porción bíblica estudiada esta semana.
El texto bíblico dice que «las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida de los niños» (Éxo. 1: 17). Elena G. de White comenta lo siguiente acerca de la fidelidad de estas dos mujeres y de la esperanza mesiánica: «Se ordenó a las mujeres cuya profesión les daba la oportunidad de hacerlo que dieran muerte a los niños varones hebreos en el momento de nacer. Satanás fue el instigador de ese plan. Sabía que entre los israelitas se levantaría un libertador; y al inducir al rey a destruir a los niños varones esperaba frustrar el propósito divino. Pero esas mujeres temían a Dios, y no osaron ejecutar tan cruel mandato. El Señor aprobó su conducta, y las hizo prosperar» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, pp. 220, 221).
Lo bueno de todo esto es que, a pesar de los planes de Satanás, Dios intervino y usó a personas fieles para frustrar los propósitos del enemigo. Vivimos en un mundo que está bajo el dominio del adversario, a quien Jesús llamó «el príncipe de este mundo» (Juan 14: 30; Efe. 2: 2). Satanás usurpó esta posición a Adán, pero Jesucristo lo derrotó durante su vida y mediante su muerte en la cruz (Mat. 4: 1-11; Juan 19: 30; Heb. 2: 14). Aunque Satanás sigue vivo y activo, como lo reveló su intento de matar a esos niños, su propia destrucción es segura (Juan 12: 31; 16: 11; Apoc. 20: 9, 10, 14). La buena noticia es que las dificultades de la vida pueden ser superadas por la gracia de Dios (Fil. 4: 13). Esa gracia es nuestra única esperanza.
Preguntas para dialogar:
¿Por qué permitió Dios que los hebreos vivieran en Egipto y fueran oprimidos? ¿Por qué tardó tanto en intervenir en favor de ellos? Compara la historia de esta semana con Génesis 15: 13-16. ¿Qué factores considera Dios que nosotros tal vez pasamos por alto?
Reflexiona acerca de cómo pudo Dios utilizar el acto impulsivo de Moisés de matar al egipcio. Supongamos que no lo hubiera hecho. ¿Habría significado eso que los hebreos no habrían sido finalmente liberados de Egipto? Explica tus ideas al respecto.
"Escuela Sabática adultos 2026, PRIMER trimestre (ENERO-MARZO). Estudio: Uniendo el cielo y la tierra, por Clinton Wahlen.."

Uniendo el Cielo y la Tierra
El Plan de Salvación tiene un propósito extraordinario: unir el Cielo y la Tierra, una tarea que parece humanamente imposible. Sin embargo, Jesús confió misiones así a sus discípulos y a Pablo, asegurándoles siempre su presencia y poder para cumplirlas. La Biblia muestra que Dios nunca encomienda una misión sin otorgar la capacidad para llevarla a cabo cuando confiamos en Él.
Las epístolas de Pablo a Filipenses y Colosenses revelan a Cristo como el único capaz de unir lo divino y lo humano. A través de estas cartas, vemos a Jesús como Redentor e Intercesor, y a Pablo enfrentando grandes desafíos desde la prisión, fortaleciendo a la iglesia y llamándola a mantenerse unida y enfocada en su misión.
Este estudio invita a la iglesia actual a depender de Cristo, a vivir conectada con el Cielo y a cumplir fielmente su misión en el tiempo final, proclamando el mensaje del evangelio al mundo.
Lección 9:
Para el 28 de febrero de 2026
RECONCILIACIÓN Y ESPERANZA
Sábado 21 de febrero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Colosenses 1:20–29; Efesios 5:27; Efesios 3:17; Romanos 8:18; Efesios 1:7–10; Efesios 3:3–6; Proverbios 14:12.
PARA MEMORIZAR: “Al que no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21).
Pablo continúa con el tema de la reconciliación, tan vívidamente destacado en Colosenses 1:20 (ver el contenido correspondiente al jueves de la lección 8). Allí describió su alcance cósmico, mientras que lo que sigue se convierte en personal e individual. Mediante su muerte en la Cruz, Jesús logró la reconciliación de todos y de todo, especialmente de los seres humanos, que estaban alejados de la vida eterna y de Dios a causa del pecado, pero que ahora, por medio de Jesús, pueden ser reconciliados por él mediante la fe. El proceso de reconciliación individual es explicado en el versículo para memorizar de esta semana. Al igual que en el ámbito cósmico, se produce mediante la muerte de Cristo.
En el plano individual, la Cruz, lejos de ser un símbolo pasivo, se convierte en una realidad activa en virtud de la cual el amor de Dios transforma a las personas cuando escuchan el evangelio y aceptan a Cristo, la esperanza de gloria. Pablo habla también del “misterio que había estado oculto desde los siglos y generaciones” (Col. 1:26). ¿En qué consiste este misterio y qué prevé, tanto para el individuo como para el Universo? ¿Cómo se relaciona este “misterio” con el evangelio que Pablo ha proclamado con tanta pasión? Estrategias y herramientas
Domingo 22 de febrero
RECONCILIADOS DE MALAS OBRAS
Lee Colosenses 1:21, 22. ¿A qué se refiere Pablo cuando habla del alejamiento y la enemistad con Dios? ¿Cuál es el resultado final esperado de la muerte de Cristo (ver también Efe. 5:27)? Pablo es consistente en su retrato desfavorable de la humanidad, al menos de la que está alejada de la justicia de Cristo. Hoy, casi dos mil años después, nadie podría cuestionar esa percepción. Alguien dijo en cierta ocasión que la única doctrina cristiana que no necesita ser aceptada por fe es la de la pecaminosidad de la humanidad. No obstante, y a pesar de nuestra maldad, Dios ha tomado la iniciativa de reconciliarnos con él desde la aparición misma del pecado en el mundo.
Dios ha obrado desde el principio para resolver el problema del pecado, aunque la solución solo se encontraba en su propia muerte en la Cruz. En el Edén, Dios preguntó a Adán, la obra maestra de su Creación: “¿Dónde estás?” (Gén. 3:9). Y hoy sigue buscando a su única oveja perdida: nosotros. Nos busca uno por uno. Tiene un plan perfecto para alcanzarnos: aplica la promesa del evangelio en ciernes que aparece ya en Génesis 3:15 al poner enemistad entre nosotros y Satanás.
El evangelio es convertido a veces en algo tan complicado y teórico que tiene poco significado práctico para la vida del siglo XXI. Por el contrario, es muy sencillo y directo. El evangelio consta de tres partes:
1. Jesús vino y murió por nuestros pecados pues somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos (ver Rom. 5:6-8).
2. Al aceptar su muerte como nuestro Sustituto, somos justificados y liberados de la condenación del pecado mediante la fe, el arrepentimiento y el bautismo (ver Rom. 5:9-11; 6:6, 7).
3. La vida del cristiano que ha sido justificado por la fe en el sacrificio vicario de Cristo es el resultado de su unidad con Cristo, de su poder recreador y de la presencia del Espíritu Santo en nosotros (ver 2 Cor. 5:17-21; Gál. 2:20).
Estas tres experiencias no ocurren necesariamente de forma separada, sino que pueden darse simultáneamente cuando aceptamos a Jesús, y pueden ser renovadas diariamente al entregarnos a él cada mañana. Independientemente de cómo haya experimentado cada persona la obra salvadora de Cristo en su vida, el fundamento descansa siempre sobre la muerte de Jesús. Debemos volver siempre a ella. Cuando evalúas tu carácter y lo más íntimo de tu ser, ¿qué te dice lo que ves acerca de tu necesidad de la Cruz?
Lunes 23 de febrero
SI CONTINÚAN EN LA FE
Lee Colosenses 1:23. ¿A qué se refiere Pablo cuando habla de permanecer “fundados y firmes” en la fe? (ver también Col. 2:5; Efe. 3:17). En griego existen cuatro tipos de enunciados condicionales, cada uno con matices distintos. El que aparece en Colosenses 1:23 da por sentado que la condición para que algo ocurra está dada. Es decir, Pablo anima a los colosenses con la idea de que, en efecto, perseverarán en la fe, ya que, como el apóstol indica enseguida, tiene evidencias de la constancia y la fe de ellos (Col. 2:5).
Sin embargo, su esperanza sigue estando condicionada a que persistan en el camino de la fe que han emprendido. La palabra griega traducida como “permanecer” (Col. 1:23) denota persistencia y es utilizada, por ejemplo, en el caso de los escribas y los fariseos que requerían insistentemente una respuesta de Jesús acerca de lo que se debía hacer con la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8:7); también cuando Pedro siguió llamando a la puerta después de que Rode fue a dar la buena noticia a los demás discípulos en lugar de dejarlo entrar (Hech. 12:16).
A su vez, Pablo utiliza ese mismo término cuando anima a Timoteo a permanecer fiel a las instrucciones doctrinales y prácticas que le dio (1 Tim. 4:16). Su significado aquí es similar, salvo que se aplica a los creyentes en general. Como veremos en la próxima lección, Pablo temía que los colosenses aceptaran falsas formas humanas de salvación en lugar de aferrarse a la esperanza que ofrece el evangelio (ver, por ejemplo, Col. 2:8, 20-22). La palabra “fundados” se refiere a establecer una base sólida de fe y amor fundamentada en la Palabra de Dios (ver Mat. 7:25; Efe. 2:20; 3:17). La palabra griega traducida como “firmes” está relacionada con la idea anterior y se refiere a una estructura inamovible y, por extensión, a un cristiano que no puede “moverse de la esperanza del evangelio” (Col. 1:23).
El mismo vocablo aparece en 1 Corintios 15:58: “Estén firmes y constantes, abundando en la obra del Señor siempre, sabiendo que su trabajo en el Señor no es en vano”. Contrariamente a la creencia según la cual “una vez salvo, siempre salvo”, Pablo estaba diciendo algo completamente diferente. ¿Cuál ha sido tu experiencia con respecto a la importancia de continuar ejercitando la fe? ¿Por qué es necesario sostener la decisión consciente de hacerlo? ¿Qué ocurrirá si no lo haces?
Martes 24 de febrero
EL PLAN ETERNO DE DIOS
Lee Colosenses 1:24, 25. ¿Qué dice Pablo acerca de su sufrimiento por causa de Cristo? Aunque Pablo escribió Colosenses mientras estaba bajo arresto domiciliario en Roma, quizá su mayor sufrimiento se haya debido a no poder trabajar intensamente yendo de un lugar a otro y de una casa en otra como antes (Hech. 20:20). Estas aflicciones o tribulaciones, de las que Cristo nos advirtió (Mat. 24:9; Juan 16:33), “no son comparables con la gloria venidera que se ha de manifestar en nosotros” (Rom. 8:18). Como les había dicho a los filipenses, ahora se alegra de sus sufrimientos por el bien de los colosenses (Col. 1:24).
Aunque Pablo estaba en la cárcel, “la palabra de Dios no está presa” (2 Tim. 2:9) y allí en su celda vieron la luz sus cartas a los Filipenses, a los Efesios y a Filemón. Tras su liberación, Dios le inspiró los importantes consejos registrados en 1 Timoteo y Tito. Luego, durante su último encarcelamiento en una prisión romana, escribió 2 Timoteo. En resumen, estos últimos años brindaron a Pablo la oportunidad de escribir una parte significativa del Nuevo Testamento, incluyendo Hebreos. El plan eterno de Dios preveía todo esto y más. La palabra griega que Pablo utiliza en Colosenses 1:25, generalmente traducida como “administración”, es oikonomia. Usada en un sentido limitado (como, por ejemplo, en 1 Tim. 1:4), se refiere a “la manera que tiene Dios de ordenar las cosas” (Luke Timothy Johnson, The First and Second Letters to Timothy [Nueva York: Doubleday, 2001], p. 164).
Eso incluiría el apostolado de Pablo. Pero, en un sentido más amplio, incluye todas las disposiciones divinas que integran el Plan de Salvación. El ministerio de Pablo, el de los demás apóstoles e incluso el de los profetas del Antiguo Testamento (Efe. 2:20; 3:5), incluido Moisés, estaba destinado a “que anuncie la palabra de Dios” (Col. 1:25), todo ello en relación con este plan divino. Aunque analizaremos este tema con más detenimiento en el estudio de mañana, resulta útil en este momento observar que Pablo reconocía que su ministerio no era más que una pequeña parte de un plan divino mucho más amplio y de largo alcance que comenzó a ponerse en práctica “desde la creación del mundo” (Mat. 13:35; Efe. 1:4). ¿Cómo armonizan todas tus decisiones con el plan más amplio de Dios? ¿Podemos saber realmente si una decisión es “pequeña”? ¿Cómo puede tener ramificaciones mayores que solo se harán evidentes más tarde?
Miércoles 25 de febrero
LA REVELACIÓN DEL MISTERIO DE DIOS
Lee Colosenses 1:26, 27. Pablo habla dos veces del “misterio”. ¿A qué se refiere? En otro lugar, Pablo se refiere al “misterio de Dios”, que es el propósito eterno de Cielo, “que desde el principio Dios destinó para nuestra gloria” (1 Cor. 2:7) y fue revelado o puesto de manifiesto mediante el Plan de Salvación. Pedro habla de esto como algo que los profetas anticiparon, que “los ángeles ansían contemplar” (1 Ped. 1:10-12), que fue concebido “antes de la creación del mundo” (vers. 20) y que estuvo “oculto desde los tiempos eternos” (Rom. 16:25).
Sin embargo, este misterio ha sido revelado en virtud de la vida, muerte y resurrección de Cristo (2 Cor. 3:14). ¿Cómo iluminan las siguientes referencias al misterio de Dios diversos aspectos del Plan de Salvación?
Efesios 1:7–10 ___________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________
Efesios 3:3–6 ___________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________
Finalmente, “todo lo que está en el cielo y lo que está en la tierra” se unirá en Cristo. Este fue el tema central de la oración de Jesús en Juan 17. La manera exacta en esto sucedería era un misterio que ha sido revelado por medio del evangelio. El asombroso amor de Dios por nosotros, que lo llevó a dar a Jesús, el invaluable tesoro del Cielo, para nuestra salvación, será nuestro tema de estudio durante toda la eternidad. Pero sabemos esto: Cristo “por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Cor. 5:15). En consecuencia, todos los que creen en Cristo, ya sea que provengan del judaísmo o del paganismo, participan por igual de las promesas de Dios por medio del evangelio y han sido reunidos en un solo cuerpo: la iglesia.
La expresión “Cristo en ustedes” (Col. 1:27) se refiere a la presencia de Jesús en el corazón en virtud de la fe (Efe. 3:17; comparar con Gál. 2:20). Esta unión espiritual con Cristo permite a los creyentes, incluso ahora, sentarse “en el cielo con Cristo Jesús” (Efe. 2:6) y disfrutar de “las poderosas maravillas del siglo venidero” (Heb. 6:5). La presencia de Cristo en nuestra vida hace posible que él nos una con el Cielo desde ahora. El evangelio que obra en el corazón de los creyentes “nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” (Col. 1:12).
Jueves 26 de febrero
EL PODER DEL EVANGELIO
Lee Colosenses 1:28, 29. ¿Cuál es el enfoque de Pablo aquí? ¿Por qué crees que el adjetivo “todo” se repite en tres ocasiones en diferentes formas (“todos”, “toda”, “todo”)? El centro de la predicación de Pablo era Cristo y este crucificado (1 Cor. 1:23). Según Efesios 5:27, el propósito del sacrificio de Cristo es “presentarla para sí una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante; antes, que sea santa e inmaculada”. Por lo tanto, el objetivo de la predicación del evangelio por parte de Pablo era “presentar a todo hombre perfecto en Cristo” (Col. 1:28). Lo hace enseñando y amonestando; es decir, exponiendo los diversos puntos de la doctrina y la práctica cristianas (2 Tes. 2:15; 1 Tim. 4:11; 5:7; Tito 1:9) y advirtiendo acerca de las consecuencias de rechazar el evangelio y de los peligros de los falsos maestros (Hech. 20:29-31; Rom. 16:17).
Así es como crecemos para convertirnos en cristianos maduros, aceptando las enseñanzas de las Escrituras y prestando atención a sus advertencias. La madurez es un concepto importante. Los padres de un bebé recién nacido celebran cada hito del desarrollo de su hijo: las primeras palabras, los primeros pasos y las primeras frases leídas. ¿Qué padre no se alarmaría si su hijo no caminara o no hablara después de varios años? El crecimiento y el desarrollo son normales y esperables. Lo mismo ocurre en la vida cristiana. La palabra griega traducida como “perfecto” (teleios) significa “maduro”, “completo”, “plenamente desarrollado”. A medida que el cristiano crece y se desarrolla espiritualmente, percibe cada vez mejor la profundidad de la Ley de Dios y el hecho de que sus requisitos son “inmensos” (Sal. 119:96) y que su jurisdicción se extiende a “los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb. 4:12).
De allí que Pablo utilice la palabra “amonestando” o “aconsejando” (NVI) en Colosenses 1:28, pues hay camino que “parece derecho, pero al fin conduce a la muerte” (Prov. 14:12). El discernimiento espiritual proviene del conocimiento de la Palabra de Dios y de la dirección del Espíritu. Las falsas enseñanzas suelen tener algo de verdad, pero añaden o quitan algo a lo que dice la Biblia (ver Isa. 8:20). Por eso suelen tener éxito, ya sea haciendo que las personas duden de lo que Dios dice o al menos cuestionando si ello es realmente posible o aplicable a nuestros días. Debemos ser prudentes como serpientes, pero sencillos como palomas a la hora de distinguir entre la verdad doctrinal y el error. ¿Qué significa ser “perfecto en Cristo” (Col. 1:28)? ¿De qué manera la comprensión de lo que Jesús hizo por nosotros en la Cruz responde esta pregunta?
Viernes 27 de febrero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“No tenemos justicia con que cumplir las demandas de la Ley de Dios. Pero Cristo nos ha preparado una vía de escape. [...] Si te entregas a él y lo aceptas como tu Salvador, entonces, por pecaminosa que haya sido tu vida, eres considerado justo por consideración a él. El carácter de Cristo toma el lugar del tuyo, y eres aceptado delante de Dios como si jamás hubieses pecado. “Más aún, Cristo cambia el corazón. Él habita en tu corazón por medio de la fe. Debes mantener esta conexión con Cristo por medio de la fe y la entrega continua de tu voluntad a él; mientras hagas esto, él obrará en ti el querer y el hacer de acuerdo con su buen propósito. […] “Así pues, no hay nada en nosotros mismos de qué jactarnos.
No tenemos motivo para enaltecernos. El único motivo de nuestra esperanza está en la justicia de Cristo imputada a nosotros, y la producida por su Espíritu obrando en nosotros y por medio de nosotros” (Elena de White, El camino a Cristo [Florida: ACES, 2025], p. 53). “Entre las revelaciones que he recibido se destaca con fuerza la de que muchos se apartarán de nosotros, dando oído a espíritus seductores y doctrinas de demonios. El Señor desea que toda alma que pretende creer la verdad tenga un conocimiento inteligente de lo que es esa verdad” (Elena de White, El evangelismo [Florida: ACES, 2015], pp. 365, 366).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Lee nuevamente el texto para memorizar: “Al que no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21). ¿Qué significa la afirmación de que Cristo se convirtió en pecado por nosotros y cómo debería ayudarnos eso a entender la naturaleza sustitutoria de la Cruz? ¿Qué significa llegar a ser “justicia de Dios en él”?
2. Reflexiona sobre la afirmación “una vez salvo, siempre salvo”, en la que creen muchos cristianos. ¿Por qué es una doctrina falsa? ¿Qué peligros evidentes conlleva para quienes la creen? ¿Cómo podemos tener la seguridad de la salvación aunque no creamos en ese concepto?
3. ¿Cuán “fundado y firme” (Col. 1:23) estás en tu fe? ¿Cuán bien conoces lo que crees y por qué lo crees? ¿Cómo puedes conocer mejor lo que crees? ¿Por qué es tan importante que estés “fundado y firme” en la fe?
