Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 10:
Para el 5 de septiembre de 2026
EL MINISTERIO CRISTIANO AUTÉNTICO
Sábado 29 de agosto
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Corintios 3: 1-9; 4: 7-18; 5: 11-15; Colosenses 1: 19-23; Efesios 2: 13-16; 2 Corintios 6: 11-7.
PARA MEMORIZAR: «Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos. Llevamos siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo» (2 Cor. 4: 8-10).
La semana pasada vimos que, al afirmar la pureza de sus motivaciones y su sinceridad, Pablo se defendió de las acusaciones de inconstancia y falta de amor para con los corintios. Siempre trabajó por el bien de sus hijos espirituales. En 2 Corintios 2: 12-17, el apóstol comenzó una línea de pensamiento que llega hasta 2 Corintios 7 y en la que reflexiona acerca de las características de un ministerio cristiano auténtico.
Podemos extraer muchas lecciones de los pensamientos de Pablo al respecto. Esta semana estudiaremos 2 Corintios 3-7, donde Pablo habla de su ministerio como ganador de almas para Cristo. Elena G. de White dice: «La conversión de los pecadores y su santificación por la verdad es la prueba más poderosa que un ministro puede tener de que Dios lo ha llamado al ministerio.
La evidencia de su apostolado está escrita en los corazones de sus conversos y testificada por sus vidas renovadas. Cristo se forma en ellos como la esperanza de gloria. Un ministro es fortalecido grandemente por estas pruebas de su ministerio» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 244).
Domingo 30 de agosto
LOS FRUTOS DE UN MINISTERIO AUTÉNTICO
Lee 2 Corintios 3: 1-9. ¿En qué sentido podemos ser una carta de Cristo? Las cartas de recomendación eran comunes en el mundo grecorromano. Sin embargo, Pablo no llevaba consigo tales cartas. El poder transformador del Espíritu en la vida de los corintios era la demostración de la autenticidad de su ministerio. Sin embargo, Pablo estaba seguro de que la iglesia de Corinto no era el resultado de su inteligencia o sus esfuerzos (2 Cor. 3: 4-6). Él no se exaltaba a sí mismo (2 Cor. 3: 5; 1 Cor. 2: 2).
Pablo habla de su ministerio comentando brevemente los dos Pactos: el Antiguo, representado por Moisés, y el Nuevo, representado por él y sus colegas. Un lector apresurado podría pensar erróneamente que el Antiguo Pacto no daba esperanza de salvación, pero la salvación estaba disponible tanto en el Antiguo como en el Nuevo Pacto. El Antiguo Pacto era el evangelio previsto. «La Escritura, previendo que por la fe Dios justificaría a los gentiles, de antemano anunció el evangelio a Abraham al decirle: “Por medio de ti serán benditas todas las naciones”» (Gál. 3: 8). En 2 Corintios 3: 1-4: 6, el Antiguo Pacto es utilizado para simbolizar la experiencia legalista de quienes dependían de sus propias obras de obediencia para agradar a Dios.
A diferencia de ello, el Nuevo Pacto representa la experiencia de quienes confían completamente en la gracia de Dios para hacer todo lo que él ha prometido hacer por ellos y en ellos. Pablo se refiere a dos respuestas diferentes al evangelio, la de los creyentes y la de los incrédulos. No se refiere a evangelios diferentes, uno en el Antiguo Testamento y otro en el Nuevo, ya que solo hay un evangelio ofrecido por Dios, «quien nos salvó y nos llamó con santo llamado, no conforme a nuestras obras, sino según su propósito y su gracia, que nos dio en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos» (2 Tim. 1: 9).
Esto no niega que 2 Corintios 2: 14-4: 6 contenga algunos elementos históricos, pero Pablo está usando allí la historia para señalar que algunos de ellos estaban, literalmente, «siendo salvados», mientras que otros «estaban pereciendo» (2 Cor. 2: 15). Debido a la reacción, la incredulidad y la falta de fe para con la tarea de Moisés, el ministerio de este puede considerarse uno de condenación y muerte. Por el contrario, puesto que la iglesia de Corinto creyó, el ministerio de Pablo entre ellos resultó ser uno de justicia y del Espíritu que da vida. Esta experiencia de salvación de la iglesia de Corinto es la evidencia de la autenticidad del ministerio de Pablo.
Lunes 31 de agosto
SUFRIMIENTO Y GLORIA
Lee 2 Corintios 4: 7-18. Haz una lista de los sufrimientos de Pablo. ¿Cómo soportó esos padecimientos? Juan Hus, el gran reformador de la antigua Bohemia, dijo una vez acerca de Jesús: «Él es el Dueño del mundo y nosotros somos viles mortales, ¡y sin embargo sufrió! ¿Por qué, entonces, no habríamos de padecer nosotros también, y más cuando sabemos que la tribulación purifica?» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 98).
El apóstol Pablo manifestó siglos antes la misma disposición a sufrir por Cristo. Sabía que no era más que un frágil vaso de barro (2 Cor. 4: 7). Se sentía constantemente oprimido, perplejo, perseguido y abatido. Sin embargo, no estaba desesperado, abandonado ni destruido (vers. 8-9). Estaba dispuesto a llevar siempre en su cuerpo «la muerte de Jesús, para que también su vida» se manifestara en él (vers. 10-11). Con la expresión «muerte de Jesús», Pablo probablemente se refería a los sufrimientos que mencionó en los versículos anteriores.
A su vez, en un sentido inmediato, las palabras «vida de Jesús» probablemente se refieran a la liberación de la muerte o al poder espiritual para la vida presente. En última instancia, se trata de una referencia a la resurrección (2 Cor. 4: 12). Curiosamente, el binomio «muerte y vida» aparece tres veces en 2 Corintios 4: 10-12. Esto nos recuerda que, en nuestra condición presente, la vida se mezcla con la muerte. Sin embargo, en la gloria futura ya no habrá muerte (Apoc. 20: 14; 21: 4). Lo más importante es que 2 Corintios 4: 7-18 muestra que el evangelio es predicado por medio de seres humanos frágiles a fin de que la gloria sea solo para Dios (vers. 15). No es raro que los misioneros sufran en el curso de sus labores. Sin embargo, nuestra aflicción aquí es leve y momentánea en comparación con el peso eterno de la gloria que nos espera (vers. 17).
El creyente vive por fe, no por vista (2 Cor. 4: 18; 5: 7). Esta esperanza en la vida futura cautivó tanto la mente de Pablo que sigue hablando de ella a lo largo del pasaje (2 Cor. 5: 1-10), en el que se refiere a su cuerpo mortal mediante la metáfora de una casa terrenal. Por el contrario, «el edificio celestial» de Dios es una metáfora del cuerpo resucitado (vers. 1), la gran esperanza de los creyentes de todas las épocas. ¿Por qué es tan importante que mantengamos ante nosotros la esperanza de la resurrección, nuestra resurrección, sin importar lo que estemos enfrentando (1 Cor. 15: 52)? 81
Martes 1.° de septiembre
EL MINISTERIO DE RECONCILIACIÓN ENFOCADO EN CRISTO
Lee 2 Corintios 5: 11-15. ¿Cómo demuestra este pasaje que el ministerio de Pablo estaba centrado en Cristo? Pablo sabía que debía rendir cuentas de su ministerio ante Cristo (2 Cor. 5: 10). Sentía un respeto profundo y reverente por el Señor y buscaba persuadir a las personas de que aceptaran el evangelio de Cristo (vers. 11). Ese respeto reverente y amor de Pablo para con Cristo estaban unidos a su confianza en el amor de Cristo para con él. En el Antiguo Testamento, temer al Señor significa andar en sus caminos, amarlo y servirlo de todo corazón (Deut. 10: 12).
El ministerio de Pablo no estaba centrado en él, sino en Cristo. Él no se alababa a sí mismo. La razón de su jactancia es Cristo (2 Cor. 12: 9). Él dijo: «Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Gál. 6: 14). Por lo tanto, la oportunidad que tenían los corintios de jactarse de él (2 Cor. 5: 12) se refería a estar orgullosos de su ministerio centrado en Cristo, en contraste con el ministerio de sus oponentes. Lee 2 Corintios 5: 16-21; Colosenses 1: 19-23 y Efesios 2: 13-16. ¿A qué se refería Pablo con la expresión «ministerio de la reconciliación»? Cristo es el ministro de la reconciliación por excelencia. Como tal, «nos dio el ministerio de la reconciliación» (2 Cor. 5: 18).
La idea de la reconciliación aparece una y otra vez a lo largo de 2 Corintios 5: 16-21. Este es un concepto esencial para Pablo, y también debe serlo para nosotros. Dios ha reconciliado a la humanidad consigo mismo por medio de la muerte expiatoria de su Hijo. Quienes se reconciliaron con Dios son una nueva creación (2 Cor. 5: 17). Ahora, se supone que deben transmitir esta «palabra de la reconciliación» proclamando el evangelio de Cristo (vers. 19). En este sentido, «somos embajadores en nombre de Cristo. Como si Dios rogase por medio de nosotros» (vers. 20).
Piensa en lo que Cristo hizo por ti en la cruz, y en la culpa, el pecado y la condenación que deberías afrontar si no lo hubiera hecho. ¿Cómo debería influir esta realidad en tu relación con los demás, especialmente con quienes no conocen al Señor?
Miércoles 2 de septiembre
UN LLAMADO A LA SANTIDAD
En 2 Corintios 6: 3-10, Pablo sigue animando a los corintios a reconciliarse con Dios. Presenta allí una larga lista de dificultades y triunfos para mostrar lo que significa ser seguidor de Cristo y ministro de Dios. En resumen, enumera situaciones difíciles (2 Cor. 6: 4-5), virtudes de carácter (vers. 6), equipamiento para el ministerio (vers. 7) y vicisitudes del ministerio (vers. 8-10). Después de instruir a los miembros de Corinto para que se reconciliaran con Dios, Pablo los exhorta a vivir una vida santa separándose de la influencia dañina de los incrédulos y de la impureza (vers. 14-17). Lee 2 Corintios 6: 11-7: 1.
Según este pasaje, ¿en qué consiste una vida santa? Pablo enfatiza en este pasaje la importancia del afecto y el amor dentro de la iglesia (1 Cor. 6: 11-13). La evidencia de que las personas se han reconciliado con Dios es que buscan la reconciliación entre sí. De hecho, se convierten, por así decirlo, en agentes de reconciliación horizontal. A continuación, encontramos un llamamiento a la santidad mediante siete exhortaciones, a saber: (1) «No se unan en yugo desigual con los incrédulos» (2 Cor. 6: 14); (2) «Salgan de en medio de ellos» (vers. 17); (3) «Apártense» (vers. 17); (4) «No toquen lo impuro» (vers. 17); (5) «Yo los recibiré»; (6) «Y seré su Padre»; (7) «Ustedes serán mis hijos e hijas» (vers. 16, 17, 18).
Nota que las cuatro promesas de 2 Corintios 6: 16 son la base de los tres imperativos de 2 Corintios 6: 17 (ver la expresión «por lo cual» al principio de 2 Cor. 6: 17). Esto demuestra que la santidad no es el resultado de los esfuerzos propios, sino la obra del Espíritu Santo en el corazón. Aunque la santidad proviene de Dios, los creyentes deben hacer su parte y rechazar la idolatría y toda práctica impura. ¿Qué nos dicen las promesas de Dios en 2 Corintios 6: 16-18 acerca de la santidad?
Jueves 3 de septiembre
CONSUELO Y ALEGRÍA
Lee 2 Corintios 7. ¿Cuáles fueron los sentimientos de Pablo al enterarse de que los corintios se habían arrepentido? ¡Cuánto amor fluye de las palabras «están en nuestro corazón» (2 Cor. 7: 3; ver también 2 Cor. 6: 11)! En su profundo deseo de que su amor fuera correspondido, Pablo también dice: «Hágannos lugar en su corazón» (2 Cor. 7: 2). Aunque la expresión «en su corazón» no aparece en el texto en griego, numerosas versiones de la Biblia en español la añaden, lo cual es correcto porque el contexto lo respalda.
De hecho, los corintios abrieron sus corazones a Pablo y a sus compañeros de trabajo. Por eso el versículo 4 es un estallido de alegría. Las palabras de Pablo expresan cuán positivos eran sus sentimientos en ese momento: «Mucha confianza les tengo, mucha gloria de ustedes. Estoy lleno de consuelo, abundo en gozo en todas nuestras tribulaciones» (2 Cor. 7: 4). Pablo está lleno de consuelo y alegría. ¡Cuánto consuelo y alegría pueden traer nuestras iglesias a los corazones de sus ministros al comprometerse fielmente con Cristo! En 2 Corintios 7: 5-16, Pablo expone más detalladamente el motivo de su consuelo y alegría.
Estos dos conceptos dominan el pasaje. El verbo parámale («consolar») o el sustantivo paralasis («consuelo») aparecen juntos siete veces en 2 Corintios 7. Esta sección de la Carta termina como comenzó; es decir, con mucho consuelo de parte de Dios (2 Cor. 1: 3-7). El consuelo de Pablo en 2 Corintios 7 proviene del alivio que experimentó porque su severa carta produjo el efecto que él pretendía. Aunque este alivio es el resultado del informe positivo de Tito, Dios es, en última instancia, el agente del consuelo que Pablo experimentó (2 Cor. 7: 6). Dios es, en efecto, el «Dios de todo consuelo. Él nos consuela en toda tribulación» (2 Cor. 1: 3-4).
Curiosamente, aunque Pablo está «lleno de consuelo», dice que abunda en gozo (2 Cor. 7: 4, 7, 13). Aunque su dolorosa carta había causado mucha tristeza, era una tristeza acorde con la voluntad de Dios, con la intención de que se produjera el arrepentimiento (vers. 9-11). Los corintios experimentaron profunda tristeza (vers. 11), pero esta fue un dolor que produjo «un arrepentimiento saludable» para salvación (vers. 10). ¿Qué podría traer más alegría al corazón de un auténtico ministro de Dios? ¿Has experimentado alguna vez una tristeza como esa? ¿Cómo supiste que ese dolor estaba en armonía con la voluntad de Dios y tenía el propósito divino de conducirte al arrepentimiento?
Viernes 4 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo «Se escucha el mensaje», en Los hechos de los apóstoles (pp. 241-248), de Elena G. de White. La semana pasada leímos el pasaje citado anteriormente en Los hechos de los apóstoles. Vale la pena releerlo. Esta vez, detente un poco más en las partes que se refieren a la severa carta de Pablo, sus sentimientos al escribirla y su alegría al recibir la buena noticia del sincero arrepentimiento de los destinatarios.
Luego, reflexiona sobre lo que esto nos dice acerca de la autenticidad del ministerio de Pablo y las lecciones que podemos aplicar a nuestra obra para Cristo. «Debemos revelar al universo, al mundo caído y a los mundos no caídos, que hay perdón en Dios y que a través de su amor podemos reconciliarnos con él. El hombre se arrepiente, se compunge su corazón, cree en Cristo como su sacrificio expiatorio y se da cuenta de que Dios se ha reconciliado con él» (Elena G. de White, Special Testimonies on Education, p. 223). «Como iglesia, hemos recibido una gran luz.
El Señor nos ha confiado esta luz para el beneficio y la bendición del mundo. Se nos ha dado el ministerio de la reconciliación. Con el poder de lo alto, debemos suplicar a los hombres que se reconcilien con Dios» (Elena G. de White, Carta 32, 1903). Una vez reconciliadas con Dios, las personas deben buscar la santidad. Al comentar 2 Corintios 7: 1, Elena G. de White explica lo que Pablo quiso decir con «perfeccionar la santidad en la reverencia a Dios» (2 Cor. 7: 1). Ella dice que Pablo procuraba ayudar a los nuevos conversos «a ser cristianos que tuvieran confianza propia y creciesen, a ser fuertes en la fe, ardientes en celo, y cabales en su consagración a Dios y a la tarea de hacer progresar su reino» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 151).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Pablo se refiere a nosotros como «vasos de barro» que contienen el tesoro del evangelio (2 Cor. 4: 7). La condición humana es débil, frágil y llena de limitaciones. ¿Cómo puede este hecho mejorar, en lugar de socavar, la proclamación del evangelio?
2. ¿Qué significa ser «una nueva creación» (2 Cor. 5: 17)? ¿Cómo afecta esto nuestra vida cotidiana? ¿Cómo te ha convertido Cristo en una nueva criatura?
3. En 2 Corintios 6: 4-5, Pablo enumera una larga lista de dificultades resultantes de su proclamación del evangelio. ¿Cómo respondió él a sus sufrimientos (ver 2 Cor. 6: 6-7)? ¿Cómo te ayuda esto a responder a los tuyos?
4. Pablo contrasta el dolor piadoso con el dolor mundano (2 Cor. 7: 10). ¿De qué manera puede relacionarse el dolor con el arrepentimiento? ¿Cómo describirías el dolor piadoso en contraste con el dolor mundano?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

La esencia de la vida y del testimonio cristianos
Las cartas del apóstol Pablo a los corintios contienen un mensaje profundamente vigente para la iglesia de hoy. En medio de una sociedad marcada por la división, la inmoralidad y la idolatría, Pablo presenta una verdad inmutable: Jesucristo y su sacrificio en la cruz son el fundamento de la vida cristiana y la respuesta a los desafíos espirituales de cada generación.
En este estudio exploraremos cómo el evangelio transforma el carácter, fortalece la unidad de la iglesia, inspira el amor, promueve el uso correcto de los dones espirituales y nos prepara para la pronta venida de Cristo. A través de 1 y 2 Corintios descubriremos principios prácticos para vivir una fe auténtica, crecer en la gracia y mantenernos fieles al mensaje de la cruz en un mundo lleno de desafíos.
Lección 13:
Para el 26 de septiembre de 2026
GRACIA, AMOR Y COMUNIÓN
Sábado 19 de septiembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Corintios 8: 9; Romanos 16: 20; 1 Juan 4: 8-11; 2 Corintios 13: 11; Filipenses 2: 1-2; Gálatas 4: 4-6.
PARA MEMORIZAR: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13).
Pablo concluye 2 Corintios destacando nuevamente los elementos esenciales abordados en sus Cartas. Lo hace por medio de cinco imperativos (2 Cor. 13: 11). El primero, «tengan gozo», recuerda textos anteriores de las Cartas. El segundo imperativo, «busquen su restauración» (NVI), es la traducción de una sola palabra en griego (katartizō), que aparece aquí y en 1 Corintios 1: 10. El tercero, «anímense mutuamente», retoma 2 Corintios 1: 3-7.
Pablo comienza y termina su segunda Cartas con palabras de aliento. Recibimos ánimo de Dios para alentar a otros (2 Cor. 1: 4, 6). Los imperativos cuarto y quinto, «Sean de un mismo sentir y vivan en paz» (2 Cor. 13: 11), son un llamado a la unidad. Esta atmósfera de gozo, restauración, ánimo, unidad y paz es la condición para la presencia del «Dios de paz y amor» (2 Cor. 13: 11) y el resultado de su obra en el corazón humano (2 Cor. 13: 13). La gracia, el amor y la comunión son el resultado de la obra del Dios trino por nosotros. Estas tres características cristianas promueven un ambiente caracterizado por la presencia de Dios.
Domingo 20 de septiembre
LA GRACIA DE JESÚS
Resulta inspirador que al final de 2 Corintios, así como en su comienzo, veamos una referencia a la gracia de Jesús (2 Cor. 1: 2; 13: 13). Como vimos al comienzo de este trimestre, Pablo no podía dejar de pensar y hablar de Jesús. «Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza» (2 Cor. 8: 9). Cuán admirable es la gracia de Jesús. Dejó las riquezas de su existencia eterna en el cielo para hacerse pobre. Caminó por los polvorientos caminos de la antigua Galilea. «Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2: 8). Lo hizo para enriquecernos; es decir, para que tuviéramos la oportunidad de estar con él en el cielo.
Para nosotros, que solo hemos conocido un mundo de pecado, muerte y sufrimiento, es difícil siquiera empezar a comprender lo que significó para Jesús abandonar el cielo para venir aquí y ofrecer su vida por nosotros. Lee Romanos 16: 20, Gálatas 6: 18, Filipenses 4: 23 y 1 Tesalonicenses 5: 28. ¿Qué enseñanza importante ves en estos pasajes? Pablo se refiere muy a menudo a la gracia de Jesús en sus Cartas. Algunas perlas incluyen: «Se derramaron la gracia y el don sobre los muchos por la gracia de [...] Jesucristo» (Rom. 5: 15). Aquellos que reciben esta abundante gracia «reinarán en vida [...] por Jesucristo» (Rom. 5: 17). Al igual que en 2 Corintios, Pablo también comienza y termina otras Cartas mencionando la gracia de Jesús (Rom. 1: 7; 16: 20; 1 Cor. 1: 3; 16: 23; Gál. 1: 3; 6: 18; Fil. 1: 2; 4: 23).
Este tema ocupaba sus pensamientos y quería que también llenara la mente de los corintios. Ese era su deseo para todas las iglesias. Observa lo que dice a los efesios: «La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable» (Efe. 6: 24). Si estuviera entre nosotros, Pablo sin duda desearía que también nosotros amáramos a Jesús con un amor eterno. Podemos estar seguros de eso porque su deseo era que la gracia de Jesús llegara «a más y más personas» (2 Cor. 4: 15, NVI) y fuera suficiente para ellas, tal como lo fue para él (2 Cor. 12: 9). Piensa en la gracia de la que Dios te ha hecho inmerecidamente objeto a pesar de tus palabras y acciones.
Lunes 21 de septiembre
EL AMOR DE DIOS
«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13). Pablo termina su segunda Carta con este versículo. Nota que menciona a las tres personas de la Trinidad en este orden: Hijo, Padre y Espíritu Santo. A través de la obra de los tres podemos comprender mejor cómo es Dios y lo que ha hecho por nosotros. Lee Juan 3: 16-17, Romanos 8: 37-39 y 1 Juan 4: 8-11. ¿Qué nos dicen estos pasajes acerca del amor de Dios? El conocido versículo de 1 Juan 4: 8 dice que «Dios es amor».
El amor es un atributo esencial de la Deidad. Jesús destaca el hecho de que Dios demostró su amor al dar a su único Hijo para que muriera por nosotros (Juan 3: 16). Él envió a Jesús en una misión de rescate (Juan 3: 17), y esto era parte del proyecto de salvación (Hech. 3: 20-21; 1 Juan 4: 10, 14). Jesús afirmó varias veces en los evangelios que el Padre lo envió (Mat. 10: 40; Mar. 9: 37). En una declaración notable, Pablo dice: «Dios demuestra su amor hacia nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rom. 5: 8). Podemos vislumbrar el amor de Dios en la dulce relación existente entre los cónyuges, entre padres e hijos, en las amistades sinceras, etc. La naturaleza también da testimonio de ese amor.
Respecto de esto, Elena G. de White dice: «“Dios es amor” está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la hierba que crece. Las lindas avecillas que llenan el aire de melodías con sus dulces trinos, las flores exquisitamente matizadas que en su perfección perfuman el ambiente, los imponentes árboles del bosque con su rico follaje de esplendoroso verdor; todo ello atestigua el tierno y paternal cuidado de nuestro Dios y de su deseo de hacer felices a sus hijos» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 15).
Sin embargo, nada es más convincente que el hecho de que Dios haya entregado a Jesús como sacrificio por nuestros pecados. Cuando comprendemos que Dios nos amó hasta el punto de enviar a Jesús para que diera su vida por nosotros, nuestra respuesta es la disposición a «dar nuestra vida por los hermanos» (1 Juan 3: 16). Pablo quería que los corintios vivieran en unidad, pero no es posible sin amor. Por eso les enseñó que «el amor edifica» (1 Cor. 8: 1) y que todo es inútil y vacío donde no lo hay (1 Cor. 13: 1-3). Por lo tanto, todo debe ser hecho con amor (1 Cor. 16: 14), un amor que es una extensión del de Dios. ¿Qué perderíamos en el evangelio si Jesús mismo no fuera plena y eternamente Dios?
Martes 22 de septiembre
EL DIOS DE AMOR
En el antiguo mundo pagano, la gente no creía que los dioses amaran a los seres humanos. Por el contrario, las deidades eran malévolas y furiosas, y debían ser apaciguadas. La idea de un Dios de amor, tal y como la vemos en la Biblia, era entonces una novedad. Por sorprendente que fuera esta afirmación en su época, Pablo caracteriza a nuestro Dios como «el Dios de paz y de amor» (2 Cor. 13: 11). Lee 2 Corintios 13: 11. ¿Cómo puedes obtener esperanza de lo que se dice aquí? ¿Cómo puedes experimentar mejor lo que enseña? La expresión «el Dios de paz y de amor» puede ser interpretada de dos maneras. Por un lado, Dios es la fuente del amor y la paz.
Por otro, Dios se caracteriza por el amor y la paz. Sin embargo, no es necesario decidir entre las dos. Debido a que el amor y la paz son características intrínsecas de Dios, él nos otorga amor y paz. En otro lugar, Pablo se refiere a Dios como «el Dios de la paciencia y el consuelo» (Rom. 15: 5); «de la esperanza» (Rom. 15: 13); «de paz» (Rom. 15: 33; 16: 20; 1 Cor. 14: 33; Fil. 4: 9; 1 Tes. 5: 23), «Padre de compasión» (2 Cor. 1: 3) y «Dios de todo consuelo» (2 Cor. 1: 3). Dios es la fuente de todas estas bendiciones. Él nos las concede por su amor inquebrantable. Además, aunque la expresión «Dios de paz» es bastante común en la Biblia, la expresión «Dios [...] de amor» solo aparece aquí (2 Cor. 13: 11) y, por lo tanto, merece nuestra más profunda reflexión.
Como han señalado muchos intérpretes, la referencia de Pablo al Dios de amor unos versículos antes de la bendición trinitaria en 2 Corintios 13: 13 sugiere que él concibe a la Deidad como integrada por tres personas. «Aunque aquí utiliza la palabra “Dios” en referencia a uno de los tres, su comprensión de Jesús y del Espíritu en otras partes de sus Cartas [...] nos obliga a ver toda la frase como una descripción del único Dios que la iglesia primitiva llegó a ver en forma trina. Pasaría más de un siglo antes de que los teólogos [...] comenzaran a utilizar palabras como “trinidad” como una forma abreviada de expresar lo que Pablo ya estaba articulando» (Tom Wright, 2 Corinthians [Londres: SPCK, 2004], p. 148).
Creemos en un solo Dios; es decir, en la unidad de tres personas que viven eternamente en una relación de amor. Este Dios trino nos ama y nos llama a amarnos unos a otros de una manera que refleje el amor que existe entre ellos.
Miércoles 23 de septiembre
LA COMUNIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
La gracia de Jesús no solo revela el amor que Dios siente por nosotros, sino también nos otorga la comunión del Espíritu como un efecto adicional de ese amor. Al mismo tiempo, la comunión tiene su origen en el amor de Dios, ya que ella no es posible sin amor. Como escribe Pablo: «Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si alguna ternura y compasión; completen mi gozo, tengan el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (Fil. 2: 1-2).
Algunas personas sostienen que el Espíritu Santo es solo una fuerza o influencia. ¿Qué sentido tendría que Pablo mencionara a dos personas —el Padre y el Hijo— junto con una mera «fuerza» en una fórmula trinitaria? Eso no tendría sentido. Así como el Padre y el Hijo se presentan en una relación personal (2 Cor. 1: 3; 11: 31), la relación del Espíritu con las personas nos lleva a la conclusión de que él también es una persona (Rom. 8: 15-16; ver también Juan 14: 16-17, 26; 15: 26). La expresión «comunión del Espíritu» (Fil. 2: 1) puede entenderse de dos maneras.
Puede significar la comunión entre nosotros concedida por el Espíritu, o la comunión con el Espíritu mismo. Varios intérpretes de la Biblia sostienen que estos sentidos no son mutuamente excluyentes. Después de todo, la comunión entre nosotros es la consecuencia de la comunión con el Espíritu. Lee 1 Corintios 2: 10-11; 3: 16; 12: 11; 2 Corintios 3: 6-17. ¿Qué enseñó Pablo a los corintios acerca del Espíritu?
Pablo tiene mucho que decir acerca de la obra del Espíritu. En 1 y 2 Corintios existen más de cuarenta referencias al Espíritu Santo, quien promueve la edificación de la iglesia (1 Cor. 14: 12), capacita a las personas para la misión (1 Cor. 2: 4-5), nos revela las cosas profundas de Dios (1 Cor. 2: 10-11) y nos las enseña (1 Cor. 2: 13), mora en nosotros (1 Cor. 3: 16; 6: 19), coopera con Cristo para nuestra justificación (1 Cor. 6: 11), otorga dones espirituales a la iglesia (1 Cor. 12-14), nos sella para la salvación (2 Cor. 1: 22), imprime la ley en los corazones humanos (2 Cor. 3: 3), y da nueva vida en Cristo (2 Cor. 3: 6) y libertad del pecado (2 Cor. 3: 17).
Sin duda, no podemos vivir sin el Espíritu Santo. ¿Por qué es importante comprender la divinidad del Espíritu Santo para entender plenamente el amor de Dios por nosotros?
Jueves 24 de septiembre
NUESTRO DIOS TRINO
Al leer 2 Corintios 13: 13, alguien podría pensar que Cristo es la única fuente de gracia, que Dios es la única fuente de amor y que el Espíritu Santo es la única fuente de comunión, pero nada podría estar más lejos de la verdad. Lee 1 Corintios 1: 3-4, 9; 10: 16; 2 Corintios 1: 2, 12; Romanos 8: 35; 15: 30; Gálatas 2: 20; Efesios 3: 19. ¿Qué dicen estos pasajes acerca de la gracia, el amor y la comunión en relación con los miembros de la Trinidad? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan juntos para nuestra salvación. La gracia, el amor y la comunión no provienen solo de uno de ellos, sino de los tres. Sin embargo, cada uno tiene funciones específicas en la historia de la salvación.
Pablo es consciente de ello y enfatiza esta enseñanza en sus Cartas. Por ejemplo, el plan de salvación es presentado con una asombrosa economía de palabras en Gálatas 4: 4-6 y con la participación de los tres miembros de la Trinidad. Dios Padre envió a Jesús, lo que sugiere que el Padre es la fuente de ese plan (Gál. 4: 4). El Hijo nació de una mujer (Gál. 4: 4), lo que es una referencia a la encarnación y señala el cumplimiento de una antigua promesa (Gén. 3: 15). El Hijo nos redimió y restauró nuestra relación correcta con el Padre, quien había sido difamado por Satanás (Gén. 3: 5). Por su parte, el Espíritu Santo legitima nuestra identidad como hijos de Dios (Gál. 4: 6). Existen otras referencias a la Trinidad en las cartas paulinas.
Sus integrantes actúan juntos, capacitando a la iglesia para la misión (1 Cor. 12: 4-6), nos fortalecen espiritualmente (Efe. 3: 14-19) y promueven una profunda unidad entre los miembros de la iglesia, una unidad que refleja la unidad que caracteriza la relación existente entre los miembros de la Trinidad (Efe. 4: 4-6). Según Pablo, no solo Dios es trino, sino que las tres Personas de la Trinidad obran juntas para nuestra salvación (Efe. 1: 3, 13-14). En Efesios, Pablo llega incluso a mencionar que debemos ser llenos de la plenitud del Padre (Efe. 3: 19), del Hijo (Efe. 4: 13) y del Espíritu Santo (Efe. 5: 18).
Al concluir la correspondencia con los corintios (2 Cor. 13: 13), Pablo no pudo terminar con un final mejor: la promesa de que las tres Dignidades del universo, el Trío celestial, estarían con nosotros ahora y en la era venidera. ¿Cómo debería reflejar la comunión entre los miembros de la iglesia la hermosa relación existente entre los integrantes de la Trinidad?
Viernes 25 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo «No se turbe vuestro corazón», en El Deseado de todas las gentes (pp. 633-650), de Elena G. de White. «Solo la gracia de Jesucristo puede transformar un corazón de piedra en uno de carne y hacerlo vivir para Dios. Los hombres no tienen poder para justificar el alma ni santificar el corazón. La enfermedad moral solo puede ser sanada por el poder del gran Médico. El don más elevado del cielo, el Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad, es el único capaz de redimir a los perdidos» (Elena G. de White, «The Fullness of Christ’s Grace», Signs of the Times, 2 de mayo de 1892). «“Dios es amor”. Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre, y lo serán para siempre. “El Alto y Sublime, el que habita la eternidad”, cuyos “caminos son eternos”, no cambia. En él “no hay mudanza, ni sombra de variación”. »Cada manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito.
La soberanía de Dios encierra plenitud de bendiciones para todos los seres creados. [...] »La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado, es también una demostración del inmutable amor de Dios» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, pp. 11-12). «El Espíritu Santo tiene una personalidad, de lo contrario no podría dar testimonio a nuestros espíritus y con nuestros espíritus de que somos hijos de Dios.
Debe ser una persona divina, además, porque en caso contrario no podría escudriñar los secretos que están ocultos en la mente de Dios» (Elena G. de White, El evangelismo, p. 461). «Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— son bautizados los que aceptan a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo» (Elena G. de White, El evangelismo, pp. 459-460).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Un conocido himno cristiano se titula «Sublime gracia». ¿Por qué es sublime la gracia de Jesús?
2. La parábola del hijo pródigo constituye una hermosa representación del amor de Dios. ¿Cómo sabemos que el padre de esta parábola es amoroso?
3. ¿Cómo pueden las iglesias locales demostrar que la «comunión del Espíritu» es una realidad allí?
