Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 12:
Para el 20 de junio de 2026
COMPÁRTELO
Sábado 13 de junio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 28: 18–20; 2 Pedro 3: 18; 1 Pedro 3: 8–15; Oseas 7; Zacarías 10.
PARA MEMORIZAR: «Dios, el Señor, me dio lengua de sabios para saber hablar palabra de aliento al cansado; mañana tras mañana me despierta el oído para que oiga como los sabios» (Isa. 50: 4).
Era una mañana de sábado ajetreada para aquel pastor. Se había levantado temprano a fin de prepararse para asistir a la Escuela Sabática y al sermón. También estaba dirigiendo una serie de evangelización por la tarde. Recogió las llaves, salió presuroso de la casa y se marchó a toda velocidad. Mientras conducía, se sintió molesto ante la posibilidad de que el pesado tráfico le impidiera llegar a tiempo a la iglesia. ¿Adónde iba tanta gente un sábado de mañana? Entonces, un automóvil se le adelantó sorpresivamente. El pastor frenó bruscamente y levantó el puño en señal de enojo mientras vociferaba contra el imprudente conductor del otro vehículo.
El pastor llegó finalmente a la iglesia. Cuando se levantó para dirigir el repaso de la lección, sus ojos recorrieron la clase y se detuvieron en un rostro familiar: era el conductor con el que se había enojado veinte minutos antes. Más tarde, cuando un miembro de la iglesia presentó al conductor como un no adventista que estaba visitando a unos parientes, el pastor se dio cuenta una vez más de que toda interacción, tanto con conocidos como con desconocidos, debe estar revestida del amor que fluye de una relación permanente con Dios. Uno nunca sabe cómo pueden sus acciones, especialmente si es un creyente, afectar a los demás.
Domingo 14 de junio
POR TESTIMONIO
Lee la Gran Comisión en Mateo 28: 18 al 20. Toma nota de los diferentes mensajes de Jesús cuando usa las palabras «toda», «todas», «todo», «todos». Jesús nos ordenó compartir su mensaje con el mundo: «Vayan y hagan discípulos». La misión de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es hacer discípulos que hagan, a su vez, otros discípulos. De ese modo, todos estamos proclamando el evangelio eterno y los mensajes de los tres ángeles (Apoc. 14: 6-12) a fin de preparar a nuestro mundo para el pronto regreso de Jesús. Todo aquel que haya recibido una nueva vida en Cristo está llamado a dar testimonio. Sin embargo, muchos creyentes no están dispuestos a hacerlo por temor o porque no saben cómo. Piensan que la testificación consiste en predicar a viva voz en una concurrida calle o dar un complejo estudio bíblico, y entonces sacuden la cabeza diciendo: «¡Oh no! ¡Eso no es para mí! Soy introvertido. La sola idea me aterra».
Sin embargo, el verdadero testimonio es simplemente el resultado de lo que Dios ha hecho y está haciendo en tu vida, es compartir con otros lo que aprendes del Señor a medida que tu relación con él se desarrolla. Dios es muy bondadoso, y lo que ha hecho por nosotros es la mejor noticia que este mundo puede escuchar. No podemos ni debemos callar. Él te ha redimido, te ha llamado por tu nombre y eres suyo. ¿Puede haber una mejor noticia que esa para compartir? Aunque los discípulos de la iglesia primitiva no eran cultos ni elocuentes, podemos aprender de ellos. Lee Hechos 1: 8 y 4: 13. ¿Cómo daba testimonio la iglesia primitiva? ¿Qué impacto tuvieron Pedro y Juan en quienes los escucharon testificar? Pedro y Juan declararon: «No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído» (Hech. 4: 20). «Habían estado con Jesús» (Hech. 4: 13) y se sentían compelidos a compartir su experiencia.
El Espíritu Santo les dio audacia y un poder convincente a sus palabras. Dedica ahora algún tiempo a orar. Pide a Dios valor para compartir tu testimonio con otros y sabiduría para saber cuándo hablar y qué decir. Lee 1 Juan 4: 7 al 11 y ora por este tipo de amor.
Lunes 15 de junio
SIN FUERZA, PERO CON PODER
¿Te preguntaste alguna vez cómo pudo Jesús mantener su motivación para trabajar, sanar, consolar, predicar y enseñar a tantas personas día tras día? Se nos dice que, «al ver a las multitudes, sintió compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas sin pastor» (Mat. 9: 36). Fue el amor y la compasión de Jesús hacia la humanidad lo que impulsó su labor. De la misma manera, el amor de Dios en nosotros debería impulsarnos a sentir el deber de conducir a las almas hacia él y su verdad (2 Cor. 5: 14). ¿Contemplaste alguna vez los rostros de las personas en una multitud mientras pensabas en la Eternidad y te preguntaste si conocían a Jesús? ¿Has sentido alguna vez la manifestación del amor de Dios en ti hacia un extraño necesitado? El amor que Dios ha puesto en nuestro corazón nos motiva a sentir y asumir la responsabilidad de conducir almas a él.
Jeremías expresó esto cuando dijo: «Su palabra fue en mi corazón como un fuego ardiente, prendido en mis huesos. Traté de sufrirlo, y no pude» (Jer. 20: 9). Sin embargo, cuando compartimos a Dios con otros, no debemos tratar de forzarlos a aceptarlo a él o la verdad bíblica. La coerción es contraria al carácter de Dios. Él no obligó a Adán y a Eva a alejarse del árbol del conocimiento del bien y del mal (Gén. 2: 16, 17). No obligó a los antediluvianos a entrar en el arca para salvarse del diluvio (Gén. 7: 1). No obligó a los israelitas a permanecer fieles a su pacto con él (Deut. 4: 29-31). Por el contrario, Jesús satisfizo las necesidades de las personas (Mat. 4: 23-25) y luego las invitó a seguirlo.
Jesús nunca obligó a nadie a ir en pos de él o a aceptar la verdad que proclamaba. Tampoco lo hace ahora. Sin embargo, nunca nos abandona (Mat. 23: 37). Cuando testificamos, nuestro enfoque siempre debe reflejar el de Jesús. Elena G. de White dice: «No es parte de la misión de Cristo obligar a los hombres a recibirlo. Satanás, y los hombres impulsados por su espíritu son quienes procuran violentar las conciencias. […] No puede haber una evidencia más concluyente de que poseemos el espíritu de Satanás que el deseo de dañar y destruir a los que no aprecian nuestro trabajo u obran contrariamente a nuestras ideas» (El Deseado de todas las gentes, p. 462). Debemos ser un conducto al servicio de Dios. Vivimos en un mundo que odia la verdad, pero eso no debe impedirnos compartirla de manera reflexiva y amorosa. Recuerda que nuestro testimonio personal es lo que a menudo tendrá la mayor influencia, sobre todo en las primeras etapas de la testificación (Apoc. 12: 11). Lee 2 Pedro 3: 18. ¿De qué manera estás creciendo en gracia y conocimien‑ to? ¿Cómo se manifiesta esto en tus interacciones con quienes te rodean?
Martes 16 de junio
CONSEJOS PARA COMPARTIR A JESÚS
La pregunta para cada uno de nosotros es: ¿Con quién compartes a Jesús? ¿Con el cartero, con el empleado de una tienda, con alguien a quien ves a diario cuando paseas? Dios llama a cada creyente a colaborar con él en esta obra y promete darnos «lengua de sabios para saber hablar palabra de aliento al cansado» (Isa. 50: 4). También es deber del cristiano estar siempre preparado para dar razón de la fe y la esperanza que hay en él (1 Ped. 3: 15).
Lee 1 Pedro 3: 8 al 15. ¿Qué nos dice la Palabra de Dios en estos versículos? He aquí algunos consejos sencillos para tener en cuenta a la hora de compartir a Jesús con las personas:
• Desarrolla una amistad con las personas. Tu calidez, amabilidad y genuino interés en ellas las ayudará a acercarse a Dios. Algunos llaman a esto «evangelismo de la amistad».
• Ora para que el Espíritu Santo obre en el corazón de esas personas. Pide a Dios que cree oportunidades adecuadas para interactuar con ellas.
• Busca maneras naturales de hablar de tus propias experiencias de fe o de ofrecer una oración por esas personas. Pide a Dios que te dé audacia, pero también delicadeza en tu acercamiento.
• Busca formas de poner en contacto a tu nuevo amigo con otras personas de tu iglesia para que pueda experimentar la aceptación de la comunidad eclesial. Un estudio bíblico en un grupo pequeño es un buen paso.
• Ora acerca de las necesidades o preguntas específicas que pueda tener tu nuevo amigo y busca una oportunidad para mostrarle cómo la Biblia ofrece consuelo, consejo y orientación para nuestra vida. Al principio, puedes limitarte a compartir una promesa bíblica o a responder alguna pregunta, lo que abrirá la puerta a diálogos más profundos. Ora también para que eso ocurra.
• Llegará un momento en que querrás preguntar a tu amigo si le gustaría dar el siguiente paso: estudiar la Biblia y finalmente ser bautizado. No te precipites, pero tampoco te retrases. Ora al respecto.
• Nuestras acciones deben revelar quiénes somos. La manera en que tratamos a otros habla mucho.
A medida que nuestro carácter es modelado a semejanza del de Dios (santificación), viviremos para atraer a las personas a él.
Miércoles 17 de junio
UN HIJO ERRANTE
Muchos conocen por experiencia el dolor y la angustia de tener un hijo que se ha alejado del Señor a pesar del hogar sólido y espiritual en el que creció. Efraín (nombre dado a Israel, el Reino del Norte), la nación elegida por Dios, se apartó del Señor. ¿Qué nos dicen Oseas 4: 17 y Oseas 7 acerca de los pecados de Efraín? Además, leemos que Raquel, la abuela de Efraín, lloró metafóricamente porque él había abandonado su relación con el Señor (Jer. 31: 15). El Señor responde a su gran tristeza con estas palabras: «Reprime tu voz del llanto y tus ojos de las lágrimas; porque recompensa hay para tu trabajo —dice el Señor—, y volverán de la tierra del enemigo. Esperanza hay también para tu futuro —dice el Señor—, los hijos volverán a su propia tierra» (Jer. 31: 16, 17).
En lugar de llorar por su hijo descarriado, se dice a Raquel que tenga esperanza. ¿Qué más nos dice este capítulo? Lee Jeremías 31: 18 y 19. A través de estas historias, aprendemos que siempre hay esperanza, como la hubo para Efraín y Gomer, porque Dios no se da por vencido. Aunque reprende a su pueblo descarriado una y otra vez, su compasión nunca falla, y su mensaje en este capítulo continúa (ver Jer. 31: 20). Es posible que sintamos gran dolor, frustración y desánimo, o incluso que hablemos negativamente de quienes se han alejado de Dios.
Sin embargo, Dios nos recuerda aquí que no deja de acordarse de ellos, que son objeto de su más tierna compasión y anhelo. Desea fervientemente que vuelvan a él y siente gran misericordia por ellos. ¿Qué te hace sentir esta respuesta de Dios por el descarrío de su pueblo con respecto a aquellos que conoces y que se han alejado del Señor? ¿Cómo te desafía o te anima esto?
Jueves 18 de junio
RECUPERADOS
Todos hemos tenido momentos de debilidad, vacilación, infidelidad o tibieza en nuestra experiencia con Dios. ¿Cómo recuperaste una relación estable con él? Zacarías 10 contiene algunos mensajes hermosos acerca de cómo Dios trajo a su pueblo nuevamente a él. Lee detenidamente este capítulo y toma nota de los mensajes principales. Saber cómo relacionarse e interactuar con un ser querido que se ha alejado del Señor puede ser un desafío. Tal vez te preguntes cómo podrían haber sido diferentes las cosas o cómo interactuar con ellos ahora que tienen una visión diferente del mundo.
Quizá te sientes frustrado e impotente por las malas decisiones que toman. Estos pensamientos siempre influirán en la manera en que te relacionas con tu ser querido, y por eso es tan importante vivir y hablar desde tu propia experiencia con tu Salvador. El testimonio de tu vida, de tus acciones, palabras y oraciones por tu cónyuge o hijo que se ha alejado de Dios puede cambiar radicalmente su vida y su futuro (lee en Luc. 22: 31, 32 y Juan 21: 15-17 cómo las oraciones de Jesús por Pedro cambiaron su futuro). Entrega a Dios cualquier tristeza, juicio o condena respecto de ellos y pide a Dios que reemplace esos sentimientos por el amor que solo él puede dar. Pídele que te cubra con su carácter para que puedas desarrollar una actitud amorosa e interesada en el bienestar de ellos. Recuerda que «ninguna otra influencia que pueda rodear al alma humana ejerce tanto poder sobre ella como la de una vida abnegada.
El argumento más poderoso en favor del evangelio es un cristiano amante y amable» (Elena G. de White, El ministerio de curación, p. 338). El ejemplo de una vida coherente que dirige la atención de las personas hacia Cristo hará que quienes lo han rechazado vean en nosotros algo que solo puede provenir de Dios. Verán una paz que sobrepasa todo entendimiento, un amor que nunca nos abandonará y una esperanza que cree contra viento y marea. El amor de Dios por nosotros y nuestros seres queridos nunca vacila. Podemos compartir este amor que recibimos cada día con quienes nos rodean. ¿Qué se nos anima a hacer en Efesios 3: 17 al 19?
Viernes 19 de junio
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
«Cualquiera que sea la profesión que se haga, nadie tiene amor puro para con Dios a menos que tenga amor abnegado para con su hermano. Pero nunca podemos entrar en posesión de este espíritu tratando de amar a otros. Lo que se necesita es que esté el amor de Cristo en el corazón. Cuando el yo está sumergido en Cristo, el amor brota espontáneamente» (Elena G. de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 318). «Las personas que se ocupan más activamente en hacer con interés y fidelidad la obra que les corresponde en la tarea de ganar almas para Cristo son las que más se desarrollan en espiritualidad y devoción» (Elena G. de White, El evangelismo, p. 267).
«La fuerza para resistir al mal se obtiene mejor mediante el servicio agresivo» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 82). «A fin de entrar en su gozo —el gozo de ver almas redimidas por su sacrificio—, debemos participar de sus labores en favor de su redención» (El Deseado de todas las gentes, p. 120). «Los que no aceptan el privilegio de la comunión con Cristo en el servicio rechazan la única educación que podría capacitarlos para participar con él de la gloria» (Elena G. de White, La educación, p. 239).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Por qué es el amor tan fundamental y esencial para cualquier tipo de testimonio eficaz?
2. ¿Has comprobado que la ganancia de almas está vinculada a una experiencia personal y vibrante con Dios?
3. ¿Es necesaria una comprensión básica para compartir a Dios con los demás? Si es así, ¿cuál es?
4. ¿Por dónde comenzarías para dar un estudio bíblico a un no creyente: exponiendo ciertas doctrinas o invitando a la persona a conocer a Jesús?
5. Canta o escucha la letra del himno N° 297 del Himnario adventista, titulado «Salvado con sangre por Cristo» y reflexiona acerca de las maneras en que estás proclamando a Cristo.
RESUMEN: Cuando el amor de Dios y su Palabra viva y poderosa llenan nuestra vida, nos sentimos compelidos a amarlo y compartirlo con quienes nos rodean. Debemos orar y ser reflexivos y decididos a la hora de testificar, teniendo la certeza de que la Palabra de Dios, que sale de su boca, no volverá a él vacía, sino que hará lo que él quiere, y tendrá éxito en aquello para lo que la envió (Isa. 55: 11).
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

La esencia de la vida y del testimonio cristianos
Las cartas del apóstol Pablo a los corintios contienen un mensaje profundamente vigente para la iglesia de hoy. En medio de una sociedad marcada por la división, la inmoralidad y la idolatría, Pablo presenta una verdad inmutable: Jesucristo y su sacrificio en la cruz son el fundamento de la vida cristiana y la respuesta a los desafíos espirituales de cada generación.
En este estudio exploraremos cómo el evangelio transforma el carácter, fortalece la unidad de la iglesia, inspira el amor, promueve el uso correcto de los dones espirituales y nos prepara para la pronta venida de Cristo. A través de 1 y 2 Corintios descubriremos principios prácticos para vivir una fe auténtica, crecer en la gracia y mantenernos fieles al mensaje de la cruz en un mundo lleno de desafíos.
Lección 13:
Para el 26 de septiembre de 2026
GRACIA, AMOR Y COMUNIÓN
Sábado 19 de septiembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Corintios 8: 9; Romanos 16: 20; 1 Juan 4: 8-11; 2 Corintios 13: 11; Filipenses 2: 1-2; Gálatas 4: 4-6.
PARA MEMORIZAR: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13).
Pablo concluye 2 Corintios destacando nuevamente los elementos esenciales abordados en sus Cartas. Lo hace por medio de cinco imperativos (2 Cor. 13: 11). El primero, «tengan gozo», recuerda textos anteriores de las Cartas. El segundo imperativo, «busquen su restauración» (NVI), es la traducción de una sola palabra en griego (katartizō), que aparece aquí y en 1 Corintios 1: 10. El tercero, «anímense mutuamente», retoma 2 Corintios 1: 3-7.
Pablo comienza y termina su segunda Cartas con palabras de aliento. Recibimos ánimo de Dios para alentar a otros (2 Cor. 1: 4, 6). Los imperativos cuarto y quinto, «Sean de un mismo sentir y vivan en paz» (2 Cor. 13: 11), son un llamado a la unidad. Esta atmósfera de gozo, restauración, ánimo, unidad y paz es la condición para la presencia del «Dios de paz y amor» (2 Cor. 13: 11) y el resultado de su obra en el corazón humano (2 Cor. 13: 13). La gracia, el amor y la comunión son el resultado de la obra del Dios trino por nosotros. Estas tres características cristianas promueven un ambiente caracterizado por la presencia de Dios.
Domingo 20 de septiembre
LA GRACIA DE JESÚS
Resulta inspirador que al final de 2 Corintios, así como en su comienzo, veamos una referencia a la gracia de Jesús (2 Cor. 1: 2; 13: 13). Como vimos al comienzo de este trimestre, Pablo no podía dejar de pensar y hablar de Jesús. «Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza» (2 Cor. 8: 9). Cuán admirable es la gracia de Jesús. Dejó las riquezas de su existencia eterna en el cielo para hacerse pobre. Caminó por los polvorientos caminos de la antigua Galilea. «Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2: 8). Lo hizo para enriquecernos; es decir, para que tuviéramos la oportunidad de estar con él en el cielo.
Para nosotros, que solo hemos conocido un mundo de pecado, muerte y sufrimiento, es difícil siquiera empezar a comprender lo que significó para Jesús abandonar el cielo para venir aquí y ofrecer su vida por nosotros. Lee Romanos 16: 20, Gálatas 6: 18, Filipenses 4: 23 y 1 Tesalonicenses 5: 28. ¿Qué enseñanza importante ves en estos pasajes? Pablo se refiere muy a menudo a la gracia de Jesús en sus Cartas. Algunas perlas incluyen: «Se derramaron la gracia y el don sobre los muchos por la gracia de [...] Jesucristo» (Rom. 5: 15). Aquellos que reciben esta abundante gracia «reinarán en vida [...] por Jesucristo» (Rom. 5: 17). Al igual que en 2 Corintios, Pablo también comienza y termina otras Cartas mencionando la gracia de Jesús (Rom. 1: 7; 16: 20; 1 Cor. 1: 3; 16: 23; Gál. 1: 3; 6: 18; Fil. 1: 2; 4: 23).
Este tema ocupaba sus pensamientos y quería que también llenara la mente de los corintios. Ese era su deseo para todas las iglesias. Observa lo que dice a los efesios: «La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable» (Efe. 6: 24). Si estuviera entre nosotros, Pablo sin duda desearía que también nosotros amáramos a Jesús con un amor eterno. Podemos estar seguros de eso porque su deseo era que la gracia de Jesús llegara «a más y más personas» (2 Cor. 4: 15, NVI) y fuera suficiente para ellas, tal como lo fue para él (2 Cor. 12: 9). Piensa en la gracia de la que Dios te ha hecho inmerecidamente objeto a pesar de tus palabras y acciones.
Lunes 21 de septiembre
EL AMOR DE DIOS
«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13). Pablo termina su segunda Carta con este versículo. Nota que menciona a las tres personas de la Trinidad en este orden: Hijo, Padre y Espíritu Santo. A través de la obra de los tres podemos comprender mejor cómo es Dios y lo que ha hecho por nosotros. Lee Juan 3: 16-17, Romanos 8: 37-39 y 1 Juan 4: 8-11. ¿Qué nos dicen estos pasajes acerca del amor de Dios? El conocido versículo de 1 Juan 4: 8 dice que «Dios es amor».
El amor es un atributo esencial de la Deidad. Jesús destaca el hecho de que Dios demostró su amor al dar a su único Hijo para que muriera por nosotros (Juan 3: 16). Él envió a Jesús en una misión de rescate (Juan 3: 17), y esto era parte del proyecto de salvación (Hech. 3: 20-21; 1 Juan 4: 10, 14). Jesús afirmó varias veces en los evangelios que el Padre lo envió (Mat. 10: 40; Mar. 9: 37). En una declaración notable, Pablo dice: «Dios demuestra su amor hacia nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rom. 5: 8). Podemos vislumbrar el amor de Dios en la dulce relación existente entre los cónyuges, entre padres e hijos, en las amistades sinceras, etc. La naturaleza también da testimonio de ese amor.
Respecto de esto, Elena G. de White dice: «“Dios es amor” está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la hierba que crece. Las lindas avecillas que llenan el aire de melodías con sus dulces trinos, las flores exquisitamente matizadas que en su perfección perfuman el ambiente, los imponentes árboles del bosque con su rico follaje de esplendoroso verdor; todo ello atestigua el tierno y paternal cuidado de nuestro Dios y de su deseo de hacer felices a sus hijos» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 15).
Sin embargo, nada es más convincente que el hecho de que Dios haya entregado a Jesús como sacrificio por nuestros pecados. Cuando comprendemos que Dios nos amó hasta el punto de enviar a Jesús para que diera su vida por nosotros, nuestra respuesta es la disposición a «dar nuestra vida por los hermanos» (1 Juan 3: 16). Pablo quería que los corintios vivieran en unidad, pero no es posible sin amor. Por eso les enseñó que «el amor edifica» (1 Cor. 8: 1) y que todo es inútil y vacío donde no lo hay (1 Cor. 13: 1-3). Por lo tanto, todo debe ser hecho con amor (1 Cor. 16: 14), un amor que es una extensión del de Dios. ¿Qué perderíamos en el evangelio si Jesús mismo no fuera plena y eternamente Dios?
Martes 22 de septiembre
EL DIOS DE AMOR
En el antiguo mundo pagano, la gente no creía que los dioses amaran a los seres humanos. Por el contrario, las deidades eran malévolas y furiosas, y debían ser apaciguadas. La idea de un Dios de amor, tal y como la vemos en la Biblia, era entonces una novedad. Por sorprendente que fuera esta afirmación en su época, Pablo caracteriza a nuestro Dios como «el Dios de paz y de amor» (2 Cor. 13: 11). Lee 2 Corintios 13: 11. ¿Cómo puedes obtener esperanza de lo que se dice aquí? ¿Cómo puedes experimentar mejor lo que enseña? La expresión «el Dios de paz y de amor» puede ser interpretada de dos maneras. Por un lado, Dios es la fuente del amor y la paz.
Por otro, Dios se caracteriza por el amor y la paz. Sin embargo, no es necesario decidir entre las dos. Debido a que el amor y la paz son características intrínsecas de Dios, él nos otorga amor y paz. En otro lugar, Pablo se refiere a Dios como «el Dios de la paciencia y el consuelo» (Rom. 15: 5); «de la esperanza» (Rom. 15: 13); «de paz» (Rom. 15: 33; 16: 20; 1 Cor. 14: 33; Fil. 4: 9; 1 Tes. 5: 23), «Padre de compasión» (2 Cor. 1: 3) y «Dios de todo consuelo» (2 Cor. 1: 3). Dios es la fuente de todas estas bendiciones. Él nos las concede por su amor inquebrantable. Además, aunque la expresión «Dios de paz» es bastante común en la Biblia, la expresión «Dios [...] de amor» solo aparece aquí (2 Cor. 13: 11) y, por lo tanto, merece nuestra más profunda reflexión.
Como han señalado muchos intérpretes, la referencia de Pablo al Dios de amor unos versículos antes de la bendición trinitaria en 2 Corintios 13: 13 sugiere que él concibe a la Deidad como integrada por tres personas. «Aunque aquí utiliza la palabra “Dios” en referencia a uno de los tres, su comprensión de Jesús y del Espíritu en otras partes de sus Cartas [...] nos obliga a ver toda la frase como una descripción del único Dios que la iglesia primitiva llegó a ver en forma trina. Pasaría más de un siglo antes de que los teólogos [...] comenzaran a utilizar palabras como “trinidad” como una forma abreviada de expresar lo que Pablo ya estaba articulando» (Tom Wright, 2 Corinthians [Londres: SPCK, 2004], p. 148).
Creemos en un solo Dios; es decir, en la unidad de tres personas que viven eternamente en una relación de amor. Este Dios trino nos ama y nos llama a amarnos unos a otros de una manera que refleje el amor que existe entre ellos.
Miércoles 23 de septiembre
LA COMUNIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
La gracia de Jesús no solo revela el amor que Dios siente por nosotros, sino también nos otorga la comunión del Espíritu como un efecto adicional de ese amor. Al mismo tiempo, la comunión tiene su origen en el amor de Dios, ya que ella no es posible sin amor. Como escribe Pablo: «Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si alguna ternura y compasión; completen mi gozo, tengan el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (Fil. 2: 1-2).
Algunas personas sostienen que el Espíritu Santo es solo una fuerza o influencia. ¿Qué sentido tendría que Pablo mencionara a dos personas —el Padre y el Hijo— junto con una mera «fuerza» en una fórmula trinitaria? Eso no tendría sentido. Así como el Padre y el Hijo se presentan en una relación personal (2 Cor. 1: 3; 11: 31), la relación del Espíritu con las personas nos lleva a la conclusión de que él también es una persona (Rom. 8: 15-16; ver también Juan 14: 16-17, 26; 15: 26). La expresión «comunión del Espíritu» (Fil. 2: 1) puede entenderse de dos maneras.
Puede significar la comunión entre nosotros concedida por el Espíritu, o la comunión con el Espíritu mismo. Varios intérpretes de la Biblia sostienen que estos sentidos no son mutuamente excluyentes. Después de todo, la comunión entre nosotros es la consecuencia de la comunión con el Espíritu. Lee 1 Corintios 2: 10-11; 3: 16; 12: 11; 2 Corintios 3: 6-17. ¿Qué enseñó Pablo a los corintios acerca del Espíritu?
Pablo tiene mucho que decir acerca de la obra del Espíritu. En 1 y 2 Corintios existen más de cuarenta referencias al Espíritu Santo, quien promueve la edificación de la iglesia (1 Cor. 14: 12), capacita a las personas para la misión (1 Cor. 2: 4-5), nos revela las cosas profundas de Dios (1 Cor. 2: 10-11) y nos las enseña (1 Cor. 2: 13), mora en nosotros (1 Cor. 3: 16; 6: 19), coopera con Cristo para nuestra justificación (1 Cor. 6: 11), otorga dones espirituales a la iglesia (1 Cor. 12-14), nos sella para la salvación (2 Cor. 1: 22), imprime la ley en los corazones humanos (2 Cor. 3: 3), y da nueva vida en Cristo (2 Cor. 3: 6) y libertad del pecado (2 Cor. 3: 17).
Sin duda, no podemos vivir sin el Espíritu Santo. ¿Por qué es importante comprender la divinidad del Espíritu Santo para entender plenamente el amor de Dios por nosotros?
Jueves 24 de septiembre
NUESTRO DIOS TRINO
Al leer 2 Corintios 13: 13, alguien podría pensar que Cristo es la única fuente de gracia, que Dios es la única fuente de amor y que el Espíritu Santo es la única fuente de comunión, pero nada podría estar más lejos de la verdad. Lee 1 Corintios 1: 3-4, 9; 10: 16; 2 Corintios 1: 2, 12; Romanos 8: 35; 15: 30; Gálatas 2: 20; Efesios 3: 19. ¿Qué dicen estos pasajes acerca de la gracia, el amor y la comunión en relación con los miembros de la Trinidad? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan juntos para nuestra salvación. La gracia, el amor y la comunión no provienen solo de uno de ellos, sino de los tres. Sin embargo, cada uno tiene funciones específicas en la historia de la salvación.
Pablo es consciente de ello y enfatiza esta enseñanza en sus Cartas. Por ejemplo, el plan de salvación es presentado con una asombrosa economía de palabras en Gálatas 4: 4-6 y con la participación de los tres miembros de la Trinidad. Dios Padre envió a Jesús, lo que sugiere que el Padre es la fuente de ese plan (Gál. 4: 4). El Hijo nació de una mujer (Gál. 4: 4), lo que es una referencia a la encarnación y señala el cumplimiento de una antigua promesa (Gén. 3: 15). El Hijo nos redimió y restauró nuestra relación correcta con el Padre, quien había sido difamado por Satanás (Gén. 3: 5). Por su parte, el Espíritu Santo legitima nuestra identidad como hijos de Dios (Gál. 4: 6). Existen otras referencias a la Trinidad en las cartas paulinas.
Sus integrantes actúan juntos, capacitando a la iglesia para la misión (1 Cor. 12: 4-6), nos fortalecen espiritualmente (Efe. 3: 14-19) y promueven una profunda unidad entre los miembros de la iglesia, una unidad que refleja la unidad que caracteriza la relación existente entre los miembros de la Trinidad (Efe. 4: 4-6). Según Pablo, no solo Dios es trino, sino que las tres Personas de la Trinidad obran juntas para nuestra salvación (Efe. 1: 3, 13-14). En Efesios, Pablo llega incluso a mencionar que debemos ser llenos de la plenitud del Padre (Efe. 3: 19), del Hijo (Efe. 4: 13) y del Espíritu Santo (Efe. 5: 18).
Al concluir la correspondencia con los corintios (2 Cor. 13: 13), Pablo no pudo terminar con un final mejor: la promesa de que las tres Dignidades del universo, el Trío celestial, estarían con nosotros ahora y en la era venidera. ¿Cómo debería reflejar la comunión entre los miembros de la iglesia la hermosa relación existente entre los integrantes de la Trinidad?
Viernes 25 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo «No se turbe vuestro corazón», en El Deseado de todas las gentes (pp. 633-650), de Elena G. de White. «Solo la gracia de Jesucristo puede transformar un corazón de piedra en uno de carne y hacerlo vivir para Dios. Los hombres no tienen poder para justificar el alma ni santificar el corazón. La enfermedad moral solo puede ser sanada por el poder del gran Médico. El don más elevado del cielo, el Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad, es el único capaz de redimir a los perdidos» (Elena G. de White, «The Fullness of Christ’s Grace», Signs of the Times, 2 de mayo de 1892). «“Dios es amor”. Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre, y lo serán para siempre. “El Alto y Sublime, el que habita la eternidad”, cuyos “caminos son eternos”, no cambia. En él “no hay mudanza, ni sombra de variación”. »Cada manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito.
La soberanía de Dios encierra plenitud de bendiciones para todos los seres creados. [...] »La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado, es también una demostración del inmutable amor de Dios» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, pp. 11-12). «El Espíritu Santo tiene una personalidad, de lo contrario no podría dar testimonio a nuestros espíritus y con nuestros espíritus de que somos hijos de Dios.
Debe ser una persona divina, además, porque en caso contrario no podría escudriñar los secretos que están ocultos en la mente de Dios» (Elena G. de White, El evangelismo, p. 461). «Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— son bautizados los que aceptan a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo» (Elena G. de White, El evangelismo, pp. 459-460).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Un conocido himno cristiano se titula «Sublime gracia». ¿Por qué es sublime la gracia de Jesús?
2. La parábola del hijo pródigo constituye una hermosa representación del amor de Dios. ¿Cómo sabemos que el padre de esta parábola es amoroso?
3. ¿Cómo pueden las iglesias locales demostrar que la «comunión del Espíritu» es una realidad allí?
