Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 3:
Para el 18 de julio de 2026
UNIDAD EN CRISTO
Sábado 11 de julio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Corintios 1: 12-17; Romanos 1: 29; 1 Corintios 1: 10; 3: 1-4; Filipenses 2: 5-8; 2 Corintios 11: 23-28; Colosenses 1: 24.
PARA MEMORIZAR: «Les ruego hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que hablen todos una misma cosa y que no haya entre ustedes divisiones. Antes, estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer» (1 Cor. 1: 10).
Quienes observan la vida silvestre saben que algunas criaturas viven en grupos de diferentes tamaños. Desde los lobos hasta los delfines, e incluso las hormigas, estas criaturas permanecen juntas. Los chimpancés son especialmente conocidos por sus estrechos lazos sociales, y a veces viven en grupos de entre 15 y 150 individuos. Sin embargo, estas relaciones no siempre son armoniosas, y a veces los chimpancés luchan entre sí.
Los seres humanos también son un poco así; es decir, no solo tienden a vivir en grupos, sino que a veces luchan unos con otros dentro de esos grupos, lo cual también ocurre, incluso en nuestras iglesias, cuando se forman facciones, a menudo en torno a algún líder carismático. ¿Alguna vez has visto eso en tu iglesia? Si es así, entonces tienes una idea del problema al que se enfrentó Pablo en Corinto.
Esta semana veremos 1 Corintios 1-4, donde el apóstol Pablo aborda el problema de las disputas en la iglesia y cómo superarlas, concretamente, por medio de la unidad en Cristo.
Domingo 12 de julio
EL PROBLEMA DE LOS GRUPOS CERRADOS EN LA IGLESIA
La exhortación de Pablo a que «no haya entre ustedes divisiones. Antes, estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer» (1 Cor. 1: 10) domina los cuatro primeros capítulos de 1 Corintios. De hecho, la mayoría de los eruditos coinciden en que la unidad es el tema general que une todas las partes de la Carta. Lee 1 Corintios 1: 12-17. ¿Cómo nos ayuda este pasaje a comprender cuán absurdo es formar grupos en torno a los líderes locales? ¿Cuál es la solución de Pablo? Pablo emplea palabras severas para describir la falta de unidad entre los miembros de la iglesia de Corinto.
Utiliza los términos griegos sjisma («división», 1 Cor. 1: 10) y eris («contienda», 1 Cor. 1: 11). El sustantivo sjisma (así como el verbo sjizō, que significa «dividir») es utilizado en otras partes del Nuevo Testamento para describir las diferencias de opinión que dan lugar a facciones. A su vez, el sustantivo eris aparece con frecuencia en las listas de conductas impropias que los cristianos deben evitar.
Lee Romanos 1: 29; 13: 13; 1 Corintios 3: 3; 2 Corintios 12: 20; Gálatas 5: 20. ¿Qué otros pecados son enumerados junto con el de la contienda? ¿Qué nos dice esto acerca de cuán malo es eso? Los desacuerdos en la iglesia de Corinto salieron a la luz, incluso en forma de demandas judiciales entre unos y otros (1 Cor. 6: 1-3). «Para avergonzarlos lo digo», afirma Pablo (1 Cor. 6: 5) acerca de estas demandas entre los miembros de la iglesia. De hecho, ni siquiera dejaron a un lado sus diferencias cuando celebraban la Cena del Señor (1 Cor. 11: 17-22).
El problema de la falta de unidad entre los miembros de la iglesia es tan aterrador, y Pablo está tan preocupado por ello, que este es el primer tema que aborda en su Carta a los Corintios Lee nuevamente 1 Corintios 1: 12-27. Luego reflexiona acerca de cómo este pasaje nos ayuda a comprender por qué los grupos o facciones son tan peligrosos para la unidad de la iglesia. ¿Qué puede hacer tu iglesia local para evitar este problema?
Lunes 13 de julio
CENTRADOS EN JESÚS
Lee 1 Corintios 1: 10. ¿Qué crees que quiso decir Pablo con «estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer»? La formación de grupos constituía aquí una negación de la lealtad a Cristo (1 Cor. 1: 10). Dios nos llamó «a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor» (1 Cor. 1: 9). Nuestro Señor es Cristo, y debemos centrarnos en él. Por lo tanto, la respuesta a las preguntas retóricas: «¿Está Cristo dividido? ¿Fue Pablo crucificado por ustedes?» (1 Cor. 1: 13) es un rotundo «¡No!». Cristo no está dividido. Cristo es quien fue crucificado por nosotros.
Fuimos bautizados «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mat. 28: 19). Pablo menciona que somos «el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es parte de él» (1 Cor. 12: 27; énfasis añadido). Aunque el cuerpo tiene muchas partes, cada una con su función, sigue siendo un solo cuerpo. Para que el cuerpo funcione correctamente, cada parte debe cumplir su función de acuerdo con sus capacidades. Esta metáfora indica que Pablo pretende la unidad en la diversidad, no la uniformidad. Más aún, aspira a la unidad a pesar de la diversidad.
Sin embargo, todos los pensamientos y las opiniones deben estar sometidos a Cristo, nuestro Señor. El hecho de que Cristo sea nuestro Señor es un concepto tan importante para Pablo que recurre a él repetidamente en el comienzo de 1 Corintios (1 Cor. 1: 2, 7, 8, 9, 10). Por lo tanto, antes de abordar el tema de los grupos o facciones y los líderes humanos, Pablo enfatiza que todos tenemos a Jesús como nuestro Señor. La iglesia no se centra en los líderes humanos. Los cristianos se centran en Jesús.
El énfasis en el señorío de Jesús en los primeros versículos de 1 Corintios nos ayuda a comprender lo que Pablo quiso decir con las palabras: «Estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer» (1 Cor. 1: 10). El término griego traducido como «unidos» proviene del verbo katartizō, que sugiere que algo debe ser restaurado a su condición adecuada. Cuando se forman camarillas en torno a líderes humanos, las relaciones dentro de la iglesia deben ser restauradas a su condición adecuada, y eso puede suceder por medio de la unidad en Cristo y la muerte del yo que ello implica.
Durante las últimas décadas, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha enfatizado en algunas partes del mundo el estudio de la Biblia en grupos pequeños. ¿Cuál es la diferencia entre los grupos cerrados y los grupos pequeños? ¿Cómo podemos tener cuidado de que los grupos pequeños no se conviertan en grupos cerrados?
Martes 14 de julio
SABIDURÍA Y MADUREZ
En general, los grupos cerrados son el resultado de una sobrevaloración de los líderes humanos. Esto es muy peligroso para la unidad de la iglesia y para la salud espiritual de los miembros, ya que una visión distorsionada del ministerio cristiano puede llevar a una iglesia a dar una importancia excesiva a ciertos líderes en detrimento de otros. La consecuencia de tal comportamiento es una atmósfera de competencia o rivalidad que puede dividir a la iglesia.
Más aún, si tratamos a los líderes humanos como el centro de nuestra identidad cristiana, corremos el riesgo de desplazar a Cristo de la posición correcta en nuestras vidas. Lee 1 Corintios 3: 1-4. ¿Cómo describe Pablo aquí la inmadurez espiritual de los corintios? Pablo deja claro que la madurez espiritual conduce al creyente a apreciar la sabiduría de Dios (1 Cor. 2: 6-7), la cual nos es comunicada por medio del Espíritu (1 Cor. 2: 13) y contrasta con la sabiduría de este mundo (1 Cor. 2: 6) y la sabiduría humana (1 Cor. 2: 13).
La sabiduría de Dios se revela en la cruz de Cristo (1 Cor. 2: 1-4) y, más precisamente, en el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Cristo. Por lo tanto, antes de reanudar su exhortación a la unidad (1 Cor. 3: 1-17), Pablo quiere que sus lectores reconozcan la necesidad de la verdadera sabiduría y madurez en Cristo. Los cristianos sabios y maduros son personas espirituales, no carnales. Tampoco son como niños (1 Cor. 3: 1). Comparan las cosas espirituales con las cosas espirituales, porque «las cosas del Espíritu de Dios [...] se han de discernir espiritualmente» (1 Cor. 2: 13-14).
Los cristianos sabios y maduros se alimentan de comida sólida, no de leche (1 Cor. 3: 2; comparar con Heb. 5: 12). El creyente que «se nutre de leche es inexperto en la doctrina de la justificación, porque aún es niño. En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal» (Heb. 5: 13-14). Los cristianos sabios y maduros no dicen: «Yo soy de Pablo» o «yo soy de Apolo» (1 Cor. 3: 4), refiriéndose a diferentes personas. Después de todo, estas personas son, como ellos, «colaboradores de Dios» (1 Cor. 3: 9).
Nosotros, como iglesia, somos el campo, el edificio y el templo de Dios (1 Cor. 3: 9, 16-17). Todos pertenecemos a Dios por medio de Cristo (1 Cor. 3: 11). ¿Cuál ha sido tu experiencia al sentirte decepcionado por alguien a quien admirabas mucho? Si has tenido esa experiencia, ¿qué lecciones aprendiste de ella?
Miércoles 15 de julio
UN SERVICIO COMO EL DE CRISTO
Lee 1 Corintios 4: 1-2. ¿Qué enseña este pasaje acerca de cuál debería ser nuestra opinión del liderazgo humano? En 1 Corintios 3: 1-4, Pablo insinúa que las camarillas son el resultado de una falta de madurez espiritual. Sin embargo, antes de abordar este tema, afirma: «Tenemos el pensar de Cristo» (1 Cor. 2: 16). Es probable que esta frase se refiera a la forma de pensar y actuar de Cristo. En otras palabras, el creyente tiene la mente, o «pensar de Cristo», cuando piensa y actúa como él. Sin embargo, poner en práctica esto en todos los aspectos de la vida no es tan fácil.
En el mundo grecorromano existía mucha competencia entre los políticos, los filósofos, los pensadores y los líderes religiosos. Al parecer, el anhelo de aprobación cultural llevó a la iglesia de Corinto a seguir los estándares seculares. Esto también puede ser un peligro para la iglesia actual. Lee Filipenses 2: 5-8. ¿Cómo nos ayuda este texto a comprender la expresión «el pensar de Cristo» (1 Cor. 2: 16)? Al igual que en Corinto, también se estaban produciendo divisiones en la iglesia de Filipos (Fil. 2: 1-4), aunque quizá en menor medida. Filipenses 2: 1-8 nos enseña que un servicio cristiano requiere morir a uno mismo y a las ambiciones egoístas, y buscar en cambio bendecir a los demás por encima de nosotros mismos, como hizo Jesús. La expresión «servidores de Cristo» (1 Cor. 4: 1) se refiere al servicio cristiano.
Estas palabras pueden transmitir la idea de que los creyentes sirven a Cristo como ayudantes o subordinados. Está claro que una visión correcta de los líderes humanos se basa en el ejemplo de liderazgo de Cristo. Los siervos son también descritos como «administradores» (1 Cor. 4: 1-2); es decir, personas a las que les ha sido confiada la administración de los bienes de otra persona. En tal sentido, todo lo que tenemos pertenece a Cristo. Medita en oración acerca del mensaje de Filipenses 2: 5-8. ¿Cómo podemos comprender lo que esto nos dice acerca del amor abnegado de Dios por nosotros? ¿Cómo podemos aprender a morir a nosotros mismos para poder manifestar este amor en nuestro propio ámbito?
Jueves 16 de julio
UN ESTILO DE VIDA QUE REFLEJA LA CRUZ
El hecho de que no debamos formar grupos cerrados o camarillas, especialmente en torno a los líderes humanos, no significa que no debamos apoyar a nuestros dirigentes. Se supone que debemos apreciar y ayudar a quienes dirigen el trabajo de la iglesia. Dios encarga a las personas que cumplan su ministerio en la tierra. Los líderes de la iglesia que muestran un estilo de vida que refleja la sumisión representada por la cruz son dignos de ser escuchados y seguidos.
Esto es así porque solo la cruz tiene el poder de revertir cualquier forma manipuladora de control en favor de la sumisión a la Palabra de Dios. Los líderes cristianos atribuyen el éxito de su ministerio solo a Dios. En su ministerio terrenal, incluso Jesús, como ser humano, atribuyó la gloria a Dios (Juan 17: 4). Según Pablo, el ministerio cristiano fiel debe basarse en lo que podemos llamar una teología de la cruz. La cruz es la revelación de la sabiduría de Dios y de su poder para salvar. Al mismo tiempo, también muestra la sabiduría humana como necedad.
En 1 Corintios 4: 1-13, Pablo deja claro en qué consiste esa teología de la cruz. En primer lugar, indica que es Dios quien establece la norma para el liderazgo cristiano (1 Cor. 4: 1-5). En segundo lugar, señala el hecho de que el sufrimiento por causa de Cristo es el sello distintivo del verdadero ministerio cristiano (1 Cor. 4: 9, 11-13). Este segundo punto merece ser desarrollado más a fondo. Lee 2 Corintios 11: 23-28 y Colosenses 1: 24. ¿Qué nos enseña esto acerca de lo que significa sufrir por causa de Cristo?
Los líderes cristianos siguen las huellas de Jesús al estar dispuestos a sufrir por sus hermanos y hermanas, e incluso, si es necesario, a morir por su ministerio. Pablo se refiere a sí mismo y a Apolo como hombres «sentenciados a muerte» (1 Cor. 4: 9). Se los describe como personas que se enfrentan al «hambre, la sed y la desnudez», además de ser «abofeteados» y estar «sin hogar» (1 Cor. 4: 11). También fueron insultados, perseguidos, difamados y considerados «la hez del mundo, el desecho de todos» (1 Cor. 4: 12-13).
Además, al referirse irónicamente a los corintios como ricos, reyes, sabios y distinguidos (1 Cor. 4: 8, 10), Pablo demuestra que el orgullo no debe tener cabida en el verdadero liderazgo cristiano, ya que es la raíz de la división en la iglesia (1 Cor. 4: 6). ¿Cuánto has sufrido por causa de Cristo, sea cual fuere tu función en la iglesia? ¿Qué lecciones se pueden extraer de tu respuesta?
Viernes 17 de julio
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo «La preparación de los doce», en Los hechos de los apóstoles (pp. 15-20), de Elena G. de White. «La unidad del pueblo remanente que cree en Dios produce una poderosa convicción en el mundo de que tiene la verdad y de que es un pueblo diferente, elegido por Dios. Esta unidad desconcierta al enemigo, por lo que está decidido a eliminar su existencia. La verdad presente, creída en el corazón y puesta en práctica en la vida, proporciona unidad al pueblo de Dios y le da una poderosa influencia» (Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 294). «Dios está conduciendo a un pueblo para que se coloque en perfecta unidad sobre la plataforma de la verdad eterna.
Cristo se dio a sí mismo al mundo para que pudiese “limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2: 14). Este proceso de refinamiento está destinado a purificar a la iglesia de toda injusticia y del espíritu de discordia y contención, para que sus miembros edifiquen en vez de derribar y concentren sus energías en la gran obra que está delante de ellos. Dios quiere que sus hijos lleguen todos a la unidad de la fe. La oración de Cristo, precisamente antes de su crucifixión, pedía que sus discípulos fuesen uno, como él era uno con el Padre, para que el mundo creyese que el Padre lo había enviado.
En esta, la más conmovedora y admirable oración, extendida a través de los siglos hasta nuestros días, sus palabras son: “Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (Juan 17: 20)» (Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 21).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Hacia el final de su ministerio terrenal, Jesús oró por la unidad: «Para que todos sean uno [...] para que el mundo crea que tú me enviaste» (Juan 17: 21-23). ¿Por qué la unidad en Cristo es un argumento poderoso en favor de la verdad de que Dios envió a su Hijo para salvar al mundo? En relación con esto, ¿por qué la falta de unidad es un obstáculo para la misión de la iglesia?
2. Lee 1 Corintios 4: 9-13 y presta mucha atención a cómo son descritos los apóstoles en este pasaje. ¿Cómo contrasta esta descripción de los apóstoles con las características del liderazgo valoradas en nuestro mundo? ¿Qué nos enseña este pasaje acerca de cuánto pueden diferir los estándares de Dios y los de este mundo?
3. En 1 Corintios 4: 16, Pablo exhorta a los corintios a imitarlo. ¿Estarías dispuesto a imitar a los líderes humanos? ¿Qué diferencia existe entre imitar a un líder y exaltarlo indebidamente, incluso peligrosamente?
"Escuela Sabática adultos 2026, cuarto trimestre (octubre - diciembre). Estudio: Don de Profesias

EL DON DE PROFECÍA
Una voz de Dios para un mundo que necesita dirección
Desde el principio, Dios ha buscado comunicarse con la humanidad. Aun después de que el pecado rompiera la comunión entre Dios y el ser humano, el Señor no abandonó a sus criaturas. Al contrario, continuó acercándose, revelando su voluntad, mostrando el camino de salvación y señalando constantemente hacia Jesucristo.
Los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender el lenguaje. Desde los primeros meses de vida, nuestro cerebro está preparado para reconocer sonidos y aprender a comunicarnos. De manera semejante, Dios desea que sus criaturas puedan escuchar su voz y comprender su voluntad. A través de los siglos, Dios ha hablado «muchas veces y de muchas maneras» por medio de sus profetas, y finalmente nos habló por medio de su Hijo, Jesucristo.
En este trimestre estudiaremos el don de profecía, uno de los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo para comunicar el mensaje de Dios a su pueblo. Descubriremos por qué Dios utiliza a los profetas, cuál es su función dentro de la iglesia y cómo podemos reconocer si un mensaje profético procede realmente de Él.
La profecía no tiene como propósito despertar únicamente nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es revelar a Dios y su verdad, orientar a su pueblo, fortalecer a la iglesia, llamar al arrepentimiento y conducir al ser humano hacia Cristo.
A lo largo de las trece lecciones estudiaremos el llamado de los profetas, su ministerio, la revelación y la inspiración, los escritos proféticos y los principios necesarios para interpretarlos correctamente. También aprenderemos cómo poner a prueba los mensajes proféticos y comprender su autoridad, relevancia y aplicación para la iglesia.
📖 LAS 13 LECCIONES DEL TRIMESTRE
1. El Creador habla
26 de septiembre – 2 de octubre
Comenzaremos estudiando el deseo de Dios de comunicarse con sus criaturas y la manera en que el Creador ha hablado a la humanidad.
2. El llamado de un profeta
3 – 9 de octubre
Analizaremos cómo Dios llama a sus mensajeros, qué implica el ministerio profético y cuál es la responsabilidad de quienes reciben un mensaje de Dios.
3. Profetas del Antiguo Testamento
10 – 16 de octubre
Estudiaremos ejemplos de profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Dios utilizó sus vidas y mensajes para guiar a su pueblo.
4. Profetas del Nuevo Testamento
17 – 23 de octubre
Veremos la presencia y función del don profético durante la época del Nuevo Testamento y su relación con la iglesia cristiana.
5. Revelación e inspiración
24 – 30 de octubre
Profundizaremos en conceptos fundamentales para comprender cómo Dios comunica sus mensajes y cómo estos llegan a sus mensajeros.
6. Los escritos proféticos
31 de octubre – 6 de noviembre
Analizaremos los escritos producidos por los profetas y la importancia de comprender correctamente su naturaleza y propósito.
7. ¡Escuchen esto!
7 – 13 de noviembre
Una invitación a prestar atención a los mensajes que Dios comunica y a reconocer la importancia de escuchar su Palabra.
8. Interpretación de los escritos proféticos
14 – 20 de noviembre
Estudiaremos principios que nos ayudarán a interpretar correctamente los mensajes proféticos, evitando conclusiones equivocadas o fuera de contexto.
9. Poniendo a prueba a los profetas
21 – 27 de noviembre
La Biblia presenta criterios para examinar los mensajes proféticos. En esta lección estudiaremos cómo evaluar la autenticidad de un profeta de acuerdo con las Escrituras.
10. Autoridad y relevancia proféticas
28 de noviembre – 4 de diciembre
Reflexionaremos sobre la autoridad de los mensajes proféticos y su relevancia para la vida espiritual y la misión de la iglesia.
11. Manifestación profética en momentos cruciales
5 – 11 de diciembre
Analizaremos cómo Dios ha utilizado el don profético en momentos decisivos de la historia para orientar, advertir y fortalecer a su pueblo.
12. Revelaciones proféticas del fin de los tiempos
12 – 18 de diciembre
Estudiaremos las profecías relacionadas con los acontecimientos finales y la esperanza que Dios presenta para su pueblo ante el cumplimiento de su plan.
13. Bendiciones de la palabra profética
19 – 25 de diciembre
Concluiremos el trimestre reflexionando sobre las bendiciones que recibimos cuando aceptamos, estudiamos y aplicamos correctamente la Palabra profética.
✨ UNA INVITACIÓN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Este trimestre nos llevará desde el Creador que habla hasta las bendiciones de escuchar su Palabra profética. Aprenderemos que la profecía no es simplemente información acerca del futuro: es un medio mediante el cual Dios busca transformar el presente de sus hijos y conducirlos hacia una relación más profunda con Él.
Cada lección nos ayudará a comprender mejor cómo Dios ha hablado, cómo debemos examinar sus mensajes y cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.
Estudiemos este trimestre con un corazón dispuesto a escuchar, una mente abierta para examinar las Escrituras y una vida preparada para obedecer la voz de Dios.
📅 Calendario del trimestre
LecciónTemaFecha
1El Creador habla26 sep – 2 oct
2El llamado de un profeta3 – 9 oct
3Profetas del Antiguo Testamento10 – 16 oct
4Profetas del Nuevo Testamento 17 – 23 oct
5Revelación e inspiración 24 – 30 oct
6Los escritos proféticos 31 oct – 6 nov
7¡Escuchen esto! 7 – 13 nov
8Interpretación de los escritos proféticos14 – 20 nov
9Poniendo a prueba a los PROFETAS 21– 27 nov
10Autoridad y relevancia proféticas 28 nov – 4 dic
11Manifestación profética en momentos cruciales 5 – 11 dic
12Revelaciones proféticas del fin de los tiempos 12 – 18 dic
13Bendiciones de la palabra profética 19 – 25 dic
Lección 6:
Para el 7 de noviembre de 2026
LOS ESCRITOS PROFÉTICOS
Sábado 31 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 17:14; Isaías 13:1; Jeremías 36:17‑18; Romanos 16:22; Lucas 1:1-4; Judas 1:14-15; 2 Corintios 4:7.
PARA MEMORIZAR: «Todo lo que antes fue escrito, para nuestra enseñanza fue escrito, para que por la paciencia y el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza» (Rom. 15:4).
¿T e gustaría que te enseñaran una canción compuesta por Dios mismo? En Deuteronomio 32, Moisés puso por escrito la letra de su cántico siguiendo las instrucciones de Dios (Deut. 31:19-22). Normalmente no asociamos los escritos proféticos con canciones, aunque muchos de los salmos son, de hecho, canciones inspiradas, a pesar de que sus letras no hayan sido dictadas por el Señor.
La Biblia describe tres formas principales en que los profetas comunicaban los mensajes de Dios: (1) oralmente; (2) por escrito; y (3) mediante acciones simbólicas o dramatizaciones. Esta semana nos centraremos en los escritos de la Biblia. La Escritura registra la Palabra de Dios tal y como fue expresada por sus mensajeros, incluyendo los sermones y los discursos de los profetas.
Pensemos en la variedad de estilos y géneros literarios de los escritos proféticos: narrativa, historia, poesía, lamentaciones y cartas, por nombrar solo algunos. Hombres y mujeres elegidos plasmaron en lenguaje humano lo que el Espíritu Santo les inspiró para comunicar. Esta semana veremos sus escritos, el uso de secretarios o asistentes literarios y lo que debe tenerse en cuenta al estudiar pasajes difíciles.
Domingo 1.° de noviembre
EL LLAMADO A ESCRIBIR
El primer método que Dios utilizó para transmitir mensajes a la humanidad fue la comunicación oral directa; es decir, voces audibles, sueños o mensajes comunicados verbalmente por ángeles. No fue hasta la época de Moisés cuando las Escrituras registran la primera instrucción divina relativa a estas experiencias, que consistía en escribir en un «libro» lo que Dios había dicho. ¿Cuál es la primera mención de la escritura en la Biblia? Lee Éxodo 17:14. El Antiguo Testamento registra varios ejemplos de la orden dada por Dios a sus mensajeros para que preservaran por escrito sus palabras para su pueblo.
Al igual que a Moisés, se dijo a Jeremías: «Toma un rollo de libro y escribe en él todas las palabras que te hablé contra Israel y Judá, y contra todas las naciones, desde que empecé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy» (Jer. 36:2). También se le dijo por qué debía escribir las profecías: «Quizá la casa de Judá oiga todo el mal que pienso hacerles y se arrepientan de su mal camino, para que yo perdone su maldad y su pecado» (Jer. 36:3).
Las predicciones tenían el propósito de salvar al pueblo, no de satisfacer la curiosidad acerca del futuro. Los mensajeros de Dios escribieron en circunstancias muy diversas. Moisés escribió los cinco primeros libros de la Biblia mientras estaba en el desierto. David compuso varios de sus salmos mientras era perseguido por Saúl (ver Sal. 52, 54, 57 y 59). Daniel escribió sus visiones mientras servía en las cortes de Babilonia y Medopersia. A diferencia de ello, Pablo escribió sus cartas a los efesios, filipenses, colosenses y a Filemón mientras estaba en prisión, y Juan puso por escrito el Apocalipsis cuando estuvo exiliado en Patmos.
Es evidente que los mensajeros de Dios impelidos a poner por escrito sus mensajes fueron asistidos por el Espíritu Santo independientemente de sus circunstancias. Es llamativo que todas las enseñanzas de Jesús fueron preservadas por escrito por aquellos a quienes Dios eligió para confiarles tan preciosas verdades. Esto muestra la certeza divina de que los mensajes inspirados por Dios serían fielmente registrados y preservados por sus mensajeros. ¿Cómo responderías a quien dijera que no podemos confiar en la Biblia porque no contamos con los manuscritos originales? ¿Por qué es ese un argumento débil?
Lunes 2 de noviembre
GÉNEROS Y ESTILOS LITERARIOS
La Biblia consta de diversos géneros y estilos literarios utilizados por los mensajeros inspirados por Dios. Algunos se asemejan a un diario (ver Núm. 33:1-49). A su vez, los libros de Daniel, Zacarías y Juan contienen ejemplos de escritura apocalíptica, caracterizada por su simbolismo, sus temas cósmicos y sus descripciones de seres celestiales además de otros rasgos distintivos. Lee Isaías 13:1. ¿Cómo se refiere la Biblia aquí al mensaje de Isaías? Las visiones recibidas por los profetas son a veces denominadas «oráculos»; es decir, comunicaciones o revelaciones de Dios (algunas versiones traducen la palabra hebrea original con la que comienza Isaías 13:1 como «carga»).
Las traducciones más recientes de la Biblia muestran que muchas visiones fueron escritas en forma poética, a menudo utilizando un recurso conocido como paralelismo, en el cual las líneas posteriores se repiten o, a veces, contrastan con las líneas anteriores. Por ejemplo: «En ese día el hombre mirará a su Creador, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel» (Isa. 17:7). «Creador» y «Santo» están en paralelo. De ese modo, una imagen literaria o identificación aporta información adicional acerca de otra. Los profetas también utilizaban recursos literarios como las metáforas (símbolos) y las hipérboles (exageraciones).
Para comprender y aplicar mejor sus mensajes, es importante reconocer el tipo de escritura que utilizaron. Otro estilo literario que se encuentra con frecuencia en las Escrituras es el «juicio del pacto». Por ejemplo, en Jeremías 2:4-9, el profeta presenta la denuncia legal de Dios contra su pueblo por haber transgredido las estipulaciones del pacto y no cumplir sus obligaciones. Utilizando imágenes de un tribunal, el autor retrata a Dios como el fiscal que expone los fundamentos de su acusación. Las Escrituras también contienen escritos proféticos, historia, canciones y parábolas. Dios ordenó a Jeremías que compusiera un libro con todos sus mensajes (Jer. 36:2), mientras que gran parte de los escritos del Nuevo Testamento consisten en cartas dirigidas a individuos o comunidades cristianas.
La Biblia no hace distinción alguna en materia de autoridad entre diferentes estilos. Las cartas de Pablo debían ser consideradas tan autoritativas como las de los profetas del Antiguo Testamento, pues el apóstol da evidencias claras en sus cartas de que eran documentos inspirados por el Espíritu Santo (ver 1 Cor. 7:10, 12, 40). Algunos estudiosos enfatizan el elemento humano en las Escrituras a expensas del divino. ¿Por qué es ese un camino que conduce a la ruina espiritual?
Martes 3 de noviembre
ASISTENTES LITERARIOS
Lee Jeremías 36:17-18 y Romanos 16:22. ¿Qué dicen estos versículos acerca del uso de asistentes literarios por parte de los escritores bíblicos? Jeremías mismo podría haber puesto por escrito lo que le fue revelado, pero, en lugar de ello, pidió a un escriba de confianza que registrara fielmente sus mensajes proféticos y los compartiera con los líderes de la nación. Él no es el único profeta bíblico que utilizó los servicios de un asistente literario para comunicar sus mensajes de origen divino.
En el Nuevo Testamento, aunque Tercio dice que escribió la epístola a los Romanos (Rom. 16:22), queda claro desde el comienzo del documento que escribió lo que Pablo le indicó. Tercio era el amanuense o secretario del apóstol, un asistente literario que ponía por escrito las palabras de Pablo. Esta práctica no era inusual para el apóstol, ya que concluye sus cartas a los colosenses y los tesalonicenses incluyendo su saludo autógrafo (Col. 4:18; 2 Tes. 3:17) como forma de autenticar todo el documento. Esto sugiere que confiaba en otra persona para que escribiera las cartas por él.
Puesto que esto podía suscitar dudas acerca de si la carta lo representaba correctamente —o, peor aún, sospechas de que no era suya—, Pablo agregaba su propia nota manuscrita al final como evidencia de autenticidad. Muchos comentaristas atribuyen la variación en el estilo literario en las cartas de Pablo al uso que hizo de asistentes. Se supone lo mismo respecto de las dos cartas de Pedro: «Aunque es un hecho que el estilo del lenguaje de 2 Pedro es diferente del de la primera epístola, puede explicarse razonablemente, pues es probable que Pedro —un palestino de poca cultura, cuya lengua materna era el arameo— sin duda recurrió a la ayuda de un secretario para la redacción de una epístola que fue escrita en griego.
Si Pablo, que manejaba la lengua griega con soltura, evidentemente usó secretarios, es aún más lógico suponer que Pedro hubiera buscado la ayuda de secretarios y que estos hubieran influido mucho en la redacción de sus cartas en griego» (Comentario bíblico adventista del séptimo día [Florida: ACES, 1996], t. 7, p. 612). Esto sugiere que, aunque fiel a los pensamientos y a la intención de los mensajeros de Dios en materia de significado, el vocabulario y la construcción de las frases podrían reflejar las diferentes habilidades literarias de los ayudantes que empleaban. Los pensamientos de los mensajeros de Dios son el objeto de la inspiración divina, pero no necesariamente las palabras específicas utilizadas para expresar esos pensamientos inspirados.
Miércoles 4 de noviembre
FUENTES LITERARIAS
«Además de ser sabio, el Predicador enseñó sabiduría al pueblo. Consideró, y compuso muchos proverbios. Procuró hallar las palabras adecuadas, y lo que escribió fue recto y verdadero» (Ecl. 12:9-10). Este pasaje puede interpretarse en el sentido de que Salomón no fue el autor de todos los proverbios que registró. Bajo la inspiración de Dios, «consideró» muchos dichos y trató de encontrar «palabras adecuadas». De hecho, la descripción tan citada de la mujer virtuosa en Proverbios 31 es atribuida a la madre de un rey llamado Lemuel y no a Salomón (Prov. 31:1). La evidencia apunta también a la influencia de la literatura egipcia en los Proverbios.
Del mismo modo, los historiadores inspirados del Antiguo Testamento reconocen que consultaron archivos y otros registros para narrar fielmente la historia del pueblo de Dios. Lee 1 Reyes 11:41; Lucas 1:1-4; Judas 1:14-15. ¿Qué dicen estos versículos acerca del uso que los escritores inspirados hacían a veces de fuentes no bíblicas? Esdras y Nehemías son otros ejemplos de escritores bíblicos que se basaron en registros históricos para documentar sus relatos. El primero incluye copias de cartas y decretos reales relacionados con Jerusalén y Persia (ver Esd. 4-7), mientras que Nehemías menciona los registros genealógicos que encontró e incorporó a su narración (ver Neh. 7:5-72).
Este hecho se observa también en el Nuevo Testamento. «Por lo que sucedió con Lucas, se deduce claramente que la Inspiración funciona en armonía con la operación natural de las facultades mentales sin prescindir de ellas. Aquí vemos a un autor inspirado, guiado por el Espíritu Santo, para examinar en forma diligente los registros ya escritos y los orales que había sobre la vida de Cristo; y luego, impulsado a organizar la información recopilada en una narración» (Comentario bíblico adventista del séptimo día [Florida: ACES, 1995], t. 5, p. 654) Judas parece estar citando 1 Enoc 1:9, una obra judía intertestamentaria no canónica.
Pablo también citó a filósofos griegos sin identificarlos (ver Hech. 17:28; Tito 1:12). Aunque los escritores bíblicos a menudo se guiaban por revelaciones directas recibidas mediante visiones y sueños, esto no excluía que el Espíritu Santo también los guiara para seleccionar material de otras fuentes. ¿Por qué es importante tener esto presente?
Jueves 5 de noviembre
EL MENSAJE DIVINO Y LAS IMPERFECCIONES HUMANAS
¿Qué dice Pablo sobre el tesoro de Dios en 2 Corintios 4:7? Pablo dice que el tesoro de Dios ha sido confiado a «vasos de barro» (seres humanos), para que el poder de Dios se manifieste en contraste con nuestras debilidades. Las Escrituras revelan que, así como los mensajeros de Dios no fueron preservados sobrenaturalmente de los fracasos personales (Moisés, Elías, David, Jonás y Pedro, por ejemplo), sus escritos tampoco estuvieron exentos de las imperfecciones propias del entendimiento y la comunicación humanos. «La unión de lo divino y lo humano que se manifestó en Cristo existe también en la Biblia.
Las verdades reveladas son todas inspiradas divinamente; pero están expresadas en las palabras de los hombres y se adaptan a las necesidades humanas» (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 698). La humanidad de los mensajeros de Dios no es suprimida a causa de su llamado divino a comunicar los tesoros de la verdad, como escribió el apóstol Pablo en 2 Corintios 4:7. Tampoco parece que el Espíritu Santo considerara oportuno impedir que sus mensajeros hicieran declaraciones y escribieran palabras que hoy nos resultan difíciles de armonizar o explicar. Los versículos que representan esas dificultades son tan pocos que solo una mente muy estrecha tropezaría a causa de ellos.
Como cristianos que creemos en la Biblia, debemos rendirnos a la Palabra de Dios en la medida en que la entendemos y confiamos en el Señor, y a pesar de lo que aún no comprendemos. Algunas discrepancias pueden atribuirse a errores sin importancia cometidos por copistas posteriores, o a fuentes divergentes en las que se basaron los autores inspirados. Al considerar los pasajes problemáticos, debemos preguntarnos si comprendemos plenamente el significado de las palabras del escritor y si un estudio más profundo podría resolver la dificultad. Incluso si no somos capaces de resolver todos los aparentes errores o discrepancias, encontramos que son irrelevantes para la esencia del mensaje presentado.
Podemos confiar en que las verdades divinas de las Escrituras han sido reveladas y comunicadas fidedignamente a pesar de las imperfecciones de los mensajeros de Dios. ¿Por qué eligió Dios utilizar a seres humanos falibles en lugar de ángeles sin pecado como sus mensajeros?
Viernes 6 de noviembre
LOS ESCRITOS DE ELENA DE WHITE
La experiencia y los escritos de Elena de White son muy similares a los de los mensajeros bíblicos de Dios cuya obra hemos estudiado esta semana. Ella también recibió la comisión divina de poner por escrito lo que se le había revelado. Elena de White escribió en 1909: «Debido al accidente que casi me costó la vida, mi salud era débil y no podía escribir. […] Pero el ángel del Señor se me presentó una noche y me dijo: “Debes escribir lo que te comunico”. Le respondí: “No puedo escribir”. Él repitió la orden: “Escribe lo que te digo”. Decidí intentarlo, tomé con qué escribir, comencé a hacerlo y descubrí que podía registrar las palabras con facilidad» («Let Us Publish Salvation», The General Conference Bulletin, 31 de mayo de 1909, p. 225).
Al igual que los escritores bíblicos inspirados, Elena de White empleó asistentes literarios. Sus secretarios hacían el trabajo propio de los editores: ayudar a los autores a expresar sus ideas con claridad sin insertar ideas propias. No eran personas que escribían en lugar de ella ni coautores. Su trabajo dependía del material que la propia Elena de White producía, ya fuera de manera manuscrita u oral. En sus escritos, Elena de White también citaba y adaptaba material de otras fuentes literarias para presentar de manera más adecuada sus mensajes.
El hecho de que recomendara a sus lectores algunos de los libros que ella misma utilizó en tal sentido es evidencia de que no pretendía engañar a su público ni atribuirse la autoría de esos materiales citados o adaptados, sino que lo hacía porque encontraba en esas fuentes expresiones adecuadas para transmitir las verdades que deseaba comunicar. ¿Qué decir de las discrepancias o inexactitudes? «Acerca de la infalibilidad, nunca pretendí tenerla», ella escribió. «Solo Dios es infalible» (Mensajes selectos, t. 1, p. 44). Sus escritos contienen algunas afirmaciones difíciles de entender o de armonizar con otras.
La humanidad de Elena de White no fue suprimida por su llamado divino. Como todos nosotros, ella también creció y maduró, como puede apreciarse en sus escritos. Como ya se ha dicho, Elena de White corrigió a quienes creían erróneamente que cada palabra que escribía provenía directamente del cielo. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro.
Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 3, pp. 66-67). Para conocer más acerca de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 3, pp. 102-145; William C. White, cartas en Apéndice C de Mensajes selectos, t. 3, pp. 528-544.
