Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 13:
Para el 27 de diciembre de 2025
¡ELIJAN HOY!
Sábado 20 de diciembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Josué 24; Génesis 12:7; Deuteronomio 17:19; 5:6; 1 Reyes 11:2, 4, 9; 2 Timoteo 4:7, 8.
PARA MEMORIZAR: “Y si les parece mal servir al Señor, entonces elijan hoy a quien servir […] que yo y mi casa serviremos al Señor” (Jos. 24:15).
El último capítulo de Josué se sitúa en el contexto de una ceremonia de renovación del pacto, pero esta vez dirigida por el anciano líder de Israel. Aunque no es un pacto propiamente dicho, sino más bien el informe de una ceremonia de renovación de un pacto, el capítulo contiene los elementos característicos de los antiguos tratados del Cercano Oriente entre un soberano y un vasallo: (1) Un preámbulo en el que se identifica al soberano, el iniciador del tratado; (2) el prólogo histórico, que describe la relación entre el señor y el vasallo; (3) las estipulaciones del pacto en las que se pide al vasallo que manifieste total lealtad al soberano como respuesta de gratitud y motivada por ella; (4) privilegios o bendiciones en respuesta a la fidelidad, y perjuicios o maldiciones en caso de deslealtad; (5) testigos del compromiso del vasallo; (6) depósito del documento para su futura lectura; y (7) ratificación del pacto. Josué estaba cerca del final de su vida y no había un sustituto para él en el horizonte.
La renovación del pacto era un recordatorio para Israel de que su rey era Dios mismo y que, si permanecían leales a él, gozarían de su protección. La nación no necesitaba un rey humano, sino que debía tener siempre presente que su único rey era el Señor.
Domingo 21 de diciembre
¡ESTUVISTE ALLÍ!
“Josué reunió en Siquem a todas las tribus de Israel. Llamó a los ancianos de Israel, a sus príncipes, jueces y oficiales; y se presentaron ante Dios” (Jos. 24:1). Siquem era el lugar donde Abraham había construido un altar cuando llegó a la Tierra Prometida y donde Dios le prometió por primera vez que ella le pertenecería (Gén. 12:6-7). Ahora, una vez cumplida la promesa hecha a Abrahán, Israel renovó el pacto con Dios en el mismo lugar donde se había hecho al principio. El llamamiento de Josué recuerda las palabras de Jacob: “Quiten ahora los otros dioses que están entre ustedes” (Jos. 24:23; comparar con Gén. 35:2-4).
El sitio donde ocurrió el evento era en sí mismo un llamado a demostrar una lealtad indivisa al Señor y a rechazar a todos los demás “dioses”. Lee Josué 24:2-13. ¿Cuál es la idea central del mensaje de Dios a Israel? Dios es el sujeto principal del pasado rememorado: “Yo tomé”, “Yo di”, “Yo envié”, “Yo herí”, “Yo hice”, “Yo te saqué”, “Yo te libré”, etc. Israel no es el protagonista de la narración, sino su objeto. Dios es quien creó a Israel. Si él no hubiera intervenido en la vida de Abraham, ellos habrían servido a los mismos ídolos. La existencia de Israel como nación no era mérito de ninguno de sus antepasados, sino obra exclusiva de la gracia de Dios. El hecho de que los israelitas estuvieran establecidos en la tierra no era motivo de jactancia, sino la razón misma por la que debían servir a Dios.
El discurso del Señor alterna cinco veces los pronombres “ustedes” y “ellos” (los “padres”, o antepasados). Los padres y esta generación de Siquem son tratados como uno solo. Josué intenta demostrar lo que Moisés ya había afirmado en Deuteronomio 5:3: que el Señor no instituyó el pacto solo con los padres, sino con todos los presentes en el momento del discurso de Josué. La inmensa mayoría de los allí presentes no había vivido el Éxodo. No “todos” habían estado en Horeb. Sin embargo, Josué dice que todos ellos estuvieron allí. En resumen, cada nueva generación debía apropiarse de las lecciones del pasado. El Dios que obró en favor de sus ancestros en el pasado estaba dispuesto a actuar en favor de la generación presente. ¿De qué manera podemos tener como iglesia una percepción más clara de nuestra responsabilidad corporativa; es decir, captar la idea de que lo que hacemos repercute en todos los miembros de la iglesia?
Lunes 22 de diciembre
CON INTEGRIDAD Y EN VERDAD
¿Qué llamado hizo Josué a los israelitas? (Jos. 24:14, 15). ¿Qué significa servir al Señor con sinceridad y en verdad? El llamamiento hecho por Josué expresaba claramente el hecho de que Israel debía decidir si conservaría su singularidad y habitaría en la tierra en virtud de su lealtad a su Creador, o si volvería a ser uno de tantos pueblos idólatras, sin una identidad, un propósito o una misión claros. La decisión era suya. El llamamiento de Josué era doble: Israel debía reverenciar al Señor y servirlo “con sinceridad y en verdad”. Reverenciar al Señor significa manifestar un respeto profundo que surge del reconocimiento de la insondable grandeza, santidad e infinitud de Dios, por un lado, y de nuestra pequeñez, pecaminosidad y finitud, por otro.
Reverenciar a Dios significa ser constantemente consciente de la magnitud de sus exigencias y reconocer que él no es solo nuestro Padre celestial, sino también nuestro Rey divino. Una percepción tal nos conducirá a una vida de obediencia a Dios (Lev. 19:14; 25:17; Deut. 17:19; 2 Rey. 17:34). Mientras que la reverencia o respeto describe la actitud interior que debía caracterizar a un israelita, el resultado práctico de la reverencia para con Dios era el servicio dedicado a él. El servicio que se exigía a Israel es caracterizado por dos términos hebreos traducidos como “en sinceridad” y “en verdad”. El primero de ellos (tamim) se utiliza sobre todo como adjetivo para describir la perfección de un animal destinado al sacrificio. El segundo describe el servicio que se esperaba de Israel como “verdadero” o “fiel” (heb. ‘emet). El término generalmente connota constancia y estabilidad. Suele referirse a Dios, quien se caracteriza por su fidelidad, con Israel en el pasado.
Una persona fiel es alguien de quien se puede depender y en quien se puede confiar. Básicamente, Josué estaba pidiendo a Israel que demostrara la misma lealtad a Dios que Dios había mostrado hacia su pueblo a lo largo de su historia. No se trataba de un mero cumplimiento externo de las exigencias divinas, sino de algo que debía brotar de un interior indiviso y coherente. Sus vidas debían reflejar gratitud a Dios por lo que había hecho por ellos. Básicamente, así es como debemos relacionarnos también hoy con Jesús. ¿Qué significa para ti servir al Señor “con sinceridad” y “en verdad”? ¿Qué te está impidiendo tener una devoción plena hacia Dios?
Martes 23 de diciembre
LIBRES PARA SERVIR
Como líder genuino y fiel, Josué respetaba el libre albedrío de su pueblo y deseaba que Israel decidiera libremente servir al Señor. En otros pasajes, la palabra bajar, traducida como “elegir”, describe la elección de Israel por parte de Dios (Deut. 7:6, 7; 10:15; 14:2). Israel era libre de decir “no” al Señor tras haber sido elegido divinamente, pero eso no tendría sentido y sería absurdo. Israel podía decir “sí” a Dios y seguir viviendo o darle la espalda y dejar de existir como pueblo elegido. ¿Cuál fue la respuesta de Israel al llamamiento de Josué? (Jos. 24:16-18). ¿Por qué reaccionó Josué de esa manera? (Jos. 24:19-21) En su respuesta categóricamente positiva, los israelitas reconocieron que el Dios de los patriarcas y de sus padres era ahora también “nuestro Dios” (Jos. 24:17, 18), a quien estaban dispuestos a servir con lealtad indivisa.
Después de una afirmación tan incuestionable acerca de su lealtad, esperaríamos palabras de afirmación y aliento por parte de Josué. Sin embargo, no fue así. El diálogo entre Josué y el pueblo dio un giro drástico en el que Josué parecía desempeñar el papel de abogado del diablo, ya que pasó de hablar de la bondadosa providencia del Señor en el pasado a amenazar a los israelitas con la imagen de un Dios al que no era fácil servir. Josué conocía la inestabilidad de la primera generación, que prometió obedecer a Dios en términos similares (Éxo. 19:8; 24:3; Deut. 5:27), pero que olvidó sus promesas mientras las palabras estaban aún en sus labios (Éxo. 32). Por lo tanto, utilizó la retórica para hacer conscientes a los israelitas de varias cosas. En primer lugar, la decisión de servir a Dios era algo solemne que debía moldear a toda la nación de acuerdo con la revelación divina. Las bendiciones resultantes de perseguir ese objetivo eran evidentes, pero también debían comprenderse plenamente las consecuencias de la desobediencia.
El perdón de los pecados no es un derecho inalienable de la humanidad, sino un milagro de la gracia de Dios. En segundo lugar, la decisión de los israelitas de servir a Dios debía ser su propia decisión, no algo impuesto por un líder, ni siquiera por Josué. En tercer lugar, Israel debía darse cuenta de que los seres humanos no pueden servir a Dios mediante sus propias fuerzas. El servicio a Dios no era algo que lograrían por medio de una adhesión mecánica a las estipulaciones del pacto, sino mediante una relación personal con el Señor como su salvador (comparar con Éxo. 20:1, 2 y Deut. 5:6, 7).
Miércoles 24 de diciembre
LOS PELIGROS DE LA IDOLATRÍA
Lee Josué 24:22-24. ¿Por qué fue necesario que Josué repitiera su llamamiento a los israelitas para que se deshicieran de sus ídolos? El peligro de la idolatría no era teórico. Moisés había pedido antes la misma decisión en las llanuras de Moab y en un contexto similar (Deut. 30:19, 20). Los dioses que estaban ahora en el punto de mira no eran los de Egipto ni los de más allá del río, sino que se encontraban “entre ellos”. Por eso, Josué rogó a su pueblo que inclinara su corazón hacia el Señor. El término hebreo traducido aquí como “inclinar” es natah, que describe en otros textos a un Dios que se inclina y escucha las oraciones (2 Rey. 19:16; Sal. 31:2, 3; Dan. 9:18), y es también la actitud que los profetas exigieron posteriormente a Israel (Isa. 55:3; Jer. 7:24).
A ese verbo también se lo emplea para indicar la apostasía de Salomón, cuando su corazón se inclinó hacia “otros dioses” (1 Rey. 11:2, 4, 9). El pecaminoso corazón humano no tiene la tendencia natural a inclinarse ante Dios y escuchar su voz. Se necesitan decisiones conscientes de nuestra parte para inclinarlo hacia el cumplimiento de la voluntad divina. La respuesta de los israelitas fue, literalmente, “Escucharemos su voz”. Esta expresión enfatiza el aspecto relacional de la obediencia. No se pedía a Israel que siguiera rutinariamente un conjunto de reglas. El pacto consistía en una relación viva con el Señor, una que no podía expresarse plenamente mediante meros reglamentos. La religión de Israel nunca tuvo el propósito de ser legalista, sino un diálogo constante de fe y amor con un Salvador santo y misericordioso. Incluso después de la triple promesa del pueblo de servir al Señor, lo cual implicaba, como ordenó Josué, la eliminación de los dioses de entre ellos, no hay ningún informe de que eso ocurriera realmente.
A lo largo de todo el libro, se informa al lector acerca del cumplimiento de los mandatos de Josué (o de Moisés) como ejemplo de obediencia. La ausencia de ello en la conclusión del libro representa un final abierto. El llamamiento central del libro a servir al Señor no era solo para la generación de Josué, sino también para cada nueva generación del pueblo de Dios que lea o escuche ese mensaje. ¿Cuántas veces prometiste al Señor que harías algo, pero luego no lo hiciste? ¿Por qué no cumpliste tu promesa? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de la gracia?
Jueves 25 de diciembre
UN BUEN FINAL
Lee las palabras finales del libro de Josué escritas por un redactor inspirado (Jos. 24:29-33). ¿De qué manera esas palabras no solo rememoran la vida de Josué, sino también se proyectan hacia el futuro? El epílogo del libro acerca de la muerte de Josué y del sumo sacerdote Eleazar concluye con un final aleccionador. Al relatar el entierro de Josué, el de Eleazar y el de los huesos de José, el escritor crea un contraste entre la vida fuera de la tierra concedida a Israel y el comienzo de la vida en ella. Ya no había necesidad de vagar. Los restos terrenales de los líderes ya no necesitaban ser cambiados de lugar. Antiguamente, los patriarcas enterraban a sus familiares en una cueva (Gén. 23:13, 19; 25:9, 10), en una parcela comprada en Siquem (Gén. 33:19).
Ahora, la nación enterraba a sus líderes en el territorio de su propia herencia, lo cual implicaba un sentido de permanencia. Las promesas hechas a los patriarcas se habían cumplido. La fidelidad de Dios constituía el hilo histórico que unía la posteridad de Israel con su presente y su futuro. Puesto que los párrafos finales del libro enlazan toda la narración con una historia más amplia acerca del pasado, también abren el camino hacia el futuro. En un discurso pronunciado en la Iglesia de la Santísima Trinidad de Shrewsbury, Inglaterra, Lord George Cary, ex arzobispo de Canterbury, declaró que la Iglesia Anglicana estaba “a una generación de la extinción”. De hecho, la iglesia está siempre a una generación de la extinción, y así fue también con el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento.
Un gran capítulo de la historia de Israel llegaba a su fin. Su futuro dependía del tipo de respuestas que diera a las numerosas preguntas planteadas. ¿Sería Israel fiel al Señor? ¿Sería capaz de continuar la tarea inacabada de poseer toda la tierra? ¿Se aferraría a Dios y no caería en la idolatría? Una generación había sido fiel al Señor bajo el liderazgo de Josué. ¿Mantendría la siguiente generación la misma dirección espiritual trazada por su gran líder? Al leer el libro de Josué, cada generación sucesiva del pueblo de Dios debía hacer frente a esas mismas preguntas. Su éxito dependía de las respuestas que dieran a ellas en su vida cotidiana y de cómo se relacionaran con las verdades que habían heredado. Josué, como Pablo, “peleó la buena batalla” (2 Tim. 4:7). ¿Cuál fue la clave de su éxito? ¿Qué decisiones necesitas tomar hoy para experimentar esa misma seguridad acerca de tu salvación? 155
Viernes 26 de diciembrE
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee las páginas 560-563 del capítulo “Las últimas palabras de Josué” en el libro Patriarcas y profetas de Elena de White. “Entre las multitudes que salieron de Egipto había muchos que habían sido adoradores de ídolos; y tal es el poder del hábito, que la práctica continuó secretamente, hasta cierto punto, aun después del establecimiento en Canaán. Josué era consciente de la existencia de este mal entre los israelitas, y percibía claramente los peligros que derivarían de ello. Deseaba fervientemente ver una reforma completa entre la hueste hebrea. Sabía que a menos que el pueblo decidiera servir al Señor de todo corazón, seguiría separándose cada vez más de él. […] Aunque una parte de la hueste hebrea estaba constituida por adoradores realmente espirituales, muchos eran meros formalistas; ningún celo ni seriedad caracterizaban su servicio.
Algunos eran idólatras de corazón que se habrían avergonzado de reconocerse como tales” (Elena de White, “Joshua’s Farewell Address”, Signs of the Times, 19 de mayo de 1881, p. 1). “Este pacto solemne fue registrado en el libro de la ley para ser preservado sagradamente. Josué erigió entonces una gran piedra debajo de una encina que estaba junto al Santuario del Señor y dijo a todo el pueblo: ‘Esta piedra será testigo. Ha oído todas las palabras que el Señor les habló; será testigo contra ustedes, para que no mientan a su Dios’ (Jos. 24:27). Aquí Josué declaró claramente que sus instrucciones y advertencias dirigidas al pueblo no eran sus propias palabras, sino las de Dios. Esta gran piedra daría testimonio a las generaciones venideras acerca del acontecimiento que conmemoraba, y sería un testimonio contra el pueblo en caso de que cayera nuevamente en la idolatría” (Elena de White, “The Stone of Witness”, Signs of the Times, 26 de mayo de 1881, p. 1).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Analiza el significado de la expresión “Él [el Señor] es Dios santo, Dios celoso” (Jos. 24:19). ¿En qué sentido es él un Dios celoso?
2. ¿Cómo se relaciona nuestro amor a Dios con la libertad de elección que él nos concede? Es decir, ¿podríamos amar de verdad si no tuviéramos verdadera libertad? ¿Puede el verdadero amor ser forzado? Si no es así, ¿por qué no?
3. ¿De qué maneras prácticas pueden los líderes actuales de la iglesia pasar la antorcha a la siguiente generación?
4. Piensa en la vida de Josué y en el hecho de que los israelitas sirvieron al Señor a lo largo de su vida. ¿Qué conclusión te gustaría que la gente extrajera de tu vida?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

La esencia de la vida y del testimonio cristianos
Las cartas del apóstol Pablo a los corintios contienen un mensaje profundamente vigente para la iglesia de hoy. En medio de una sociedad marcada por la división, la inmoralidad y la idolatría, Pablo presenta una verdad inmutable: Jesucristo y su sacrificio en la cruz son el fundamento de la vida cristiana y la respuesta a los desafíos espirituales de cada generación.
En este estudio exploraremos cómo el evangelio transforma el carácter, fortalece la unidad de la iglesia, inspira el amor, promueve el uso correcto de los dones espirituales y nos prepara para la pronta venida de Cristo. A través de 1 y 2 Corintios descubriremos principios prácticos para vivir una fe auténtica, crecer en la gracia y mantenernos fieles al mensaje de la cruz en un mundo lleno de desafíos.
Lección 13:
Para el 26 de septiembre de 2026
GRACIA, AMOR Y COMUNIÓN
Sábado 19 de septiembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Corintios 8: 9; Romanos 16: 20; 1 Juan 4: 8-11; 2 Corintios 13: 11; Filipenses 2: 1-2; Gálatas 4: 4-6.
PARA MEMORIZAR: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13).
Pablo concluye 2 Corintios destacando nuevamente los elementos esenciales abordados en sus Cartas. Lo hace por medio de cinco imperativos (2 Cor. 13: 11). El primero, «tengan gozo», recuerda textos anteriores de las Cartas. El segundo imperativo, «busquen su restauración» (NVI), es la traducción de una sola palabra en griego (katartizō), que aparece aquí y en 1 Corintios 1: 10. El tercero, «anímense mutuamente», retoma 2 Corintios 1: 3-7.
Pablo comienza y termina su segunda Cartas con palabras de aliento. Recibimos ánimo de Dios para alentar a otros (2 Cor. 1: 4, 6). Los imperativos cuarto y quinto, «Sean de un mismo sentir y vivan en paz» (2 Cor. 13: 11), son un llamado a la unidad. Esta atmósfera de gozo, restauración, ánimo, unidad y paz es la condición para la presencia del «Dios de paz y amor» (2 Cor. 13: 11) y el resultado de su obra en el corazón humano (2 Cor. 13: 13). La gracia, el amor y la comunión son el resultado de la obra del Dios trino por nosotros. Estas tres características cristianas promueven un ambiente caracterizado por la presencia de Dios.
Domingo 20 de septiembre
LA GRACIA DE JESÚS
Resulta inspirador que al final de 2 Corintios, así como en su comienzo, veamos una referencia a la gracia de Jesús (2 Cor. 1: 2; 13: 13). Como vimos al comienzo de este trimestre, Pablo no podía dejar de pensar y hablar de Jesús. «Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza» (2 Cor. 8: 9). Cuán admirable es la gracia de Jesús. Dejó las riquezas de su existencia eterna en el cielo para hacerse pobre. Caminó por los polvorientos caminos de la antigua Galilea. «Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2: 8). Lo hizo para enriquecernos; es decir, para que tuviéramos la oportunidad de estar con él en el cielo.
Para nosotros, que solo hemos conocido un mundo de pecado, muerte y sufrimiento, es difícil siquiera empezar a comprender lo que significó para Jesús abandonar el cielo para venir aquí y ofrecer su vida por nosotros. Lee Romanos 16: 20, Gálatas 6: 18, Filipenses 4: 23 y 1 Tesalonicenses 5: 28. ¿Qué enseñanza importante ves en estos pasajes? Pablo se refiere muy a menudo a la gracia de Jesús en sus Cartas. Algunas perlas incluyen: «Se derramaron la gracia y el don sobre los muchos por la gracia de [...] Jesucristo» (Rom. 5: 15). Aquellos que reciben esta abundante gracia «reinarán en vida [...] por Jesucristo» (Rom. 5: 17). Al igual que en 2 Corintios, Pablo también comienza y termina otras Cartas mencionando la gracia de Jesús (Rom. 1: 7; 16: 20; 1 Cor. 1: 3; 16: 23; Gál. 1: 3; 6: 18; Fil. 1: 2; 4: 23).
Este tema ocupaba sus pensamientos y quería que también llenara la mente de los corintios. Ese era su deseo para todas las iglesias. Observa lo que dice a los efesios: «La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable» (Efe. 6: 24). Si estuviera entre nosotros, Pablo sin duda desearía que también nosotros amáramos a Jesús con un amor eterno. Podemos estar seguros de eso porque su deseo era que la gracia de Jesús llegara «a más y más personas» (2 Cor. 4: 15, NVI) y fuera suficiente para ellas, tal como lo fue para él (2 Cor. 12: 9). Piensa en la gracia de la que Dios te ha hecho inmerecidamente objeto a pesar de tus palabras y acciones.
Lunes 21 de septiembre
EL AMOR DE DIOS
«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13). Pablo termina su segunda Carta con este versículo. Nota que menciona a las tres personas de la Trinidad en este orden: Hijo, Padre y Espíritu Santo. A través de la obra de los tres podemos comprender mejor cómo es Dios y lo que ha hecho por nosotros. Lee Juan 3: 16-17, Romanos 8: 37-39 y 1 Juan 4: 8-11. ¿Qué nos dicen estos pasajes acerca del amor de Dios? El conocido versículo de 1 Juan 4: 8 dice que «Dios es amor».
El amor es un atributo esencial de la Deidad. Jesús destaca el hecho de que Dios demostró su amor al dar a su único Hijo para que muriera por nosotros (Juan 3: 16). Él envió a Jesús en una misión de rescate (Juan 3: 17), y esto era parte del proyecto de salvación (Hech. 3: 20-21; 1 Juan 4: 10, 14). Jesús afirmó varias veces en los evangelios que el Padre lo envió (Mat. 10: 40; Mar. 9: 37). En una declaración notable, Pablo dice: «Dios demuestra su amor hacia nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rom. 5: 8). Podemos vislumbrar el amor de Dios en la dulce relación existente entre los cónyuges, entre padres e hijos, en las amistades sinceras, etc. La naturaleza también da testimonio de ese amor.
Respecto de esto, Elena G. de White dice: «“Dios es amor” está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la hierba que crece. Las lindas avecillas que llenan el aire de melodías con sus dulces trinos, las flores exquisitamente matizadas que en su perfección perfuman el ambiente, los imponentes árboles del bosque con su rico follaje de esplendoroso verdor; todo ello atestigua el tierno y paternal cuidado de nuestro Dios y de su deseo de hacer felices a sus hijos» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 15).
Sin embargo, nada es más convincente que el hecho de que Dios haya entregado a Jesús como sacrificio por nuestros pecados. Cuando comprendemos que Dios nos amó hasta el punto de enviar a Jesús para que diera su vida por nosotros, nuestra respuesta es la disposición a «dar nuestra vida por los hermanos» (1 Juan 3: 16). Pablo quería que los corintios vivieran en unidad, pero no es posible sin amor. Por eso les enseñó que «el amor edifica» (1 Cor. 8: 1) y que todo es inútil y vacío donde no lo hay (1 Cor. 13: 1-3). Por lo tanto, todo debe ser hecho con amor (1 Cor. 16: 14), un amor que es una extensión del de Dios. ¿Qué perderíamos en el evangelio si Jesús mismo no fuera plena y eternamente Dios?
Martes 22 de septiembre
EL DIOS DE AMOR
En el antiguo mundo pagano, la gente no creía que los dioses amaran a los seres humanos. Por el contrario, las deidades eran malévolas y furiosas, y debían ser apaciguadas. La idea de un Dios de amor, tal y como la vemos en la Biblia, era entonces una novedad. Por sorprendente que fuera esta afirmación en su época, Pablo caracteriza a nuestro Dios como «el Dios de paz y de amor» (2 Cor. 13: 11). Lee 2 Corintios 13: 11. ¿Cómo puedes obtener esperanza de lo que se dice aquí? ¿Cómo puedes experimentar mejor lo que enseña? La expresión «el Dios de paz y de amor» puede ser interpretada de dos maneras. Por un lado, Dios es la fuente del amor y la paz.
Por otro, Dios se caracteriza por el amor y la paz. Sin embargo, no es necesario decidir entre las dos. Debido a que el amor y la paz son características intrínsecas de Dios, él nos otorga amor y paz. En otro lugar, Pablo se refiere a Dios como «el Dios de la paciencia y el consuelo» (Rom. 15: 5); «de la esperanza» (Rom. 15: 13); «de paz» (Rom. 15: 33; 16: 20; 1 Cor. 14: 33; Fil. 4: 9; 1 Tes. 5: 23), «Padre de compasión» (2 Cor. 1: 3) y «Dios de todo consuelo» (2 Cor. 1: 3). Dios es la fuente de todas estas bendiciones. Él nos las concede por su amor inquebrantable. Además, aunque la expresión «Dios de paz» es bastante común en la Biblia, la expresión «Dios [...] de amor» solo aparece aquí (2 Cor. 13: 11) y, por lo tanto, merece nuestra más profunda reflexión.
Como han señalado muchos intérpretes, la referencia de Pablo al Dios de amor unos versículos antes de la bendición trinitaria en 2 Corintios 13: 13 sugiere que él concibe a la Deidad como integrada por tres personas. «Aunque aquí utiliza la palabra “Dios” en referencia a uno de los tres, su comprensión de Jesús y del Espíritu en otras partes de sus Cartas [...] nos obliga a ver toda la frase como una descripción del único Dios que la iglesia primitiva llegó a ver en forma trina. Pasaría más de un siglo antes de que los teólogos [...] comenzaran a utilizar palabras como “trinidad” como una forma abreviada de expresar lo que Pablo ya estaba articulando» (Tom Wright, 2 Corinthians [Londres: SPCK, 2004], p. 148).
Creemos en un solo Dios; es decir, en la unidad de tres personas que viven eternamente en una relación de amor. Este Dios trino nos ama y nos llama a amarnos unos a otros de una manera que refleje el amor que existe entre ellos.
Miércoles 23 de septiembre
LA COMUNIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
La gracia de Jesús no solo revela el amor que Dios siente por nosotros, sino también nos otorga la comunión del Espíritu como un efecto adicional de ese amor. Al mismo tiempo, la comunión tiene su origen en el amor de Dios, ya que ella no es posible sin amor. Como escribe Pablo: «Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si alguna ternura y compasión; completen mi gozo, tengan el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (Fil. 2: 1-2).
Algunas personas sostienen que el Espíritu Santo es solo una fuerza o influencia. ¿Qué sentido tendría que Pablo mencionara a dos personas —el Padre y el Hijo— junto con una mera «fuerza» en una fórmula trinitaria? Eso no tendría sentido. Así como el Padre y el Hijo se presentan en una relación personal (2 Cor. 1: 3; 11: 31), la relación del Espíritu con las personas nos lleva a la conclusión de que él también es una persona (Rom. 8: 15-16; ver también Juan 14: 16-17, 26; 15: 26). La expresión «comunión del Espíritu» (Fil. 2: 1) puede entenderse de dos maneras.
Puede significar la comunión entre nosotros concedida por el Espíritu, o la comunión con el Espíritu mismo. Varios intérpretes de la Biblia sostienen que estos sentidos no son mutuamente excluyentes. Después de todo, la comunión entre nosotros es la consecuencia de la comunión con el Espíritu. Lee 1 Corintios 2: 10-11; 3: 16; 12: 11; 2 Corintios 3: 6-17. ¿Qué enseñó Pablo a los corintios acerca del Espíritu?
Pablo tiene mucho que decir acerca de la obra del Espíritu. En 1 y 2 Corintios existen más de cuarenta referencias al Espíritu Santo, quien promueve la edificación de la iglesia (1 Cor. 14: 12), capacita a las personas para la misión (1 Cor. 2: 4-5), nos revela las cosas profundas de Dios (1 Cor. 2: 10-11) y nos las enseña (1 Cor. 2: 13), mora en nosotros (1 Cor. 3: 16; 6: 19), coopera con Cristo para nuestra justificación (1 Cor. 6: 11), otorga dones espirituales a la iglesia (1 Cor. 12-14), nos sella para la salvación (2 Cor. 1: 22), imprime la ley en los corazones humanos (2 Cor. 3: 3), y da nueva vida en Cristo (2 Cor. 3: 6) y libertad del pecado (2 Cor. 3: 17).
Sin duda, no podemos vivir sin el Espíritu Santo. ¿Por qué es importante comprender la divinidad del Espíritu Santo para entender plenamente el amor de Dios por nosotros?
Jueves 24 de septiembre
NUESTRO DIOS TRINO
Al leer 2 Corintios 13: 13, alguien podría pensar que Cristo es la única fuente de gracia, que Dios es la única fuente de amor y que el Espíritu Santo es la única fuente de comunión, pero nada podría estar más lejos de la verdad. Lee 1 Corintios 1: 3-4, 9; 10: 16; 2 Corintios 1: 2, 12; Romanos 8: 35; 15: 30; Gálatas 2: 20; Efesios 3: 19. ¿Qué dicen estos pasajes acerca de la gracia, el amor y la comunión en relación con los miembros de la Trinidad? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan juntos para nuestra salvación. La gracia, el amor y la comunión no provienen solo de uno de ellos, sino de los tres. Sin embargo, cada uno tiene funciones específicas en la historia de la salvación.
Pablo es consciente de ello y enfatiza esta enseñanza en sus Cartas. Por ejemplo, el plan de salvación es presentado con una asombrosa economía de palabras en Gálatas 4: 4-6 y con la participación de los tres miembros de la Trinidad. Dios Padre envió a Jesús, lo que sugiere que el Padre es la fuente de ese plan (Gál. 4: 4). El Hijo nació de una mujer (Gál. 4: 4), lo que es una referencia a la encarnación y señala el cumplimiento de una antigua promesa (Gén. 3: 15). El Hijo nos redimió y restauró nuestra relación correcta con el Padre, quien había sido difamado por Satanás (Gén. 3: 5). Por su parte, el Espíritu Santo legitima nuestra identidad como hijos de Dios (Gál. 4: 6). Existen otras referencias a la Trinidad en las cartas paulinas.
Sus integrantes actúan juntos, capacitando a la iglesia para la misión (1 Cor. 12: 4-6), nos fortalecen espiritualmente (Efe. 3: 14-19) y promueven una profunda unidad entre los miembros de la iglesia, una unidad que refleja la unidad que caracteriza la relación existente entre los miembros de la Trinidad (Efe. 4: 4-6). Según Pablo, no solo Dios es trino, sino que las tres Personas de la Trinidad obran juntas para nuestra salvación (Efe. 1: 3, 13-14). En Efesios, Pablo llega incluso a mencionar que debemos ser llenos de la plenitud del Padre (Efe. 3: 19), del Hijo (Efe. 4: 13) y del Espíritu Santo (Efe. 5: 18).
Al concluir la correspondencia con los corintios (2 Cor. 13: 13), Pablo no pudo terminar con un final mejor: la promesa de que las tres Dignidades del universo, el Trío celestial, estarían con nosotros ahora y en la era venidera. ¿Cómo debería reflejar la comunión entre los miembros de la iglesia la hermosa relación existente entre los integrantes de la Trinidad?
Viernes 25 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo «No se turbe vuestro corazón», en El Deseado de todas las gentes (pp. 633-650), de Elena G. de White. «Solo la gracia de Jesucristo puede transformar un corazón de piedra en uno de carne y hacerlo vivir para Dios. Los hombres no tienen poder para justificar el alma ni santificar el corazón. La enfermedad moral solo puede ser sanada por el poder del gran Médico. El don más elevado del cielo, el Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad, es el único capaz de redimir a los perdidos» (Elena G. de White, «The Fullness of Christ’s Grace», Signs of the Times, 2 de mayo de 1892). «“Dios es amor”. Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre, y lo serán para siempre. “El Alto y Sublime, el que habita la eternidad”, cuyos “caminos son eternos”, no cambia. En él “no hay mudanza, ni sombra de variación”. »Cada manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito.
La soberanía de Dios encierra plenitud de bendiciones para todos los seres creados. [...] »La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado, es también una demostración del inmutable amor de Dios» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, pp. 11-12). «El Espíritu Santo tiene una personalidad, de lo contrario no podría dar testimonio a nuestros espíritus y con nuestros espíritus de que somos hijos de Dios.
Debe ser una persona divina, además, porque en caso contrario no podría escudriñar los secretos que están ocultos en la mente de Dios» (Elena G. de White, El evangelismo, p. 461). «Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— son bautizados los que aceptan a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo» (Elena G. de White, El evangelismo, pp. 459-460).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Un conocido himno cristiano se titula «Sublime gracia». ¿Por qué es sublime la gracia de Jesús?
2. La parábola del hijo pródigo constituye una hermosa representación del amor de Dios. ¿Cómo sabemos que el padre de esta parábola es amoroso?
3. ¿Cómo pueden las iglesias locales demostrar que la «comunión del Espíritu» es una realidad allí?
