Lección 13: Para el 27 de septiembre de 2025
EL TABERNÁCULO
Sábado 20 de septiembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 35:1-36:7; Génesis 1:1; Éxodo 36: 8-39:31; Hebreos 7:25; Éxodo 40:1-38; Juan 1:14.
PARA MEMORIZAR: “Entonces la nube cubrió la tienda de reunión, y la gloria del Señor llenó el santuario. […] Porque la nube del Señor estaba de día sobre el santuario y el fuego estaba de noche, a la vista de toda la casa de Israel en todas sus jornadas” (Éxo. 40:34, 38).
L a principal tarea del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento (y la nuestra hoy) era vivir en estrecha relación con el Señor, adorarlo, servirlo y representarlo correctamente ante los demás (Deut. 4:5-8). En el Jardín del Edén, Adán y Eva se escondieron de Dios porque su pecado hizo que lo temieran. El pecado hace que los seres humanos teman a Dios, y este temor distorsiona nuestra percepción de su carácter.
La buena noticia es que Dios tomó la iniciativa y dio el primer paso para zanjar esta brecha y reparar la relación rota al llamar al pecador a volver a él: “¿Dónde estás?” (Gén. 3:9). En consecuencia, nuestra misión principal es presentar correctamente el carácter de Dios, sus actos de amor y su justicia a quienes nos rodean.
Cuando las personas se sienten atraídas por Dios y están convencidas de su amor, le entregan su vida y hacen lo que él les pide pues reconocen que solo desea lo mejor para ellas. El Santuario demostró cuán cerca está Dios de la humanidad e ilustró la más grande e importante verdad; a saber, cómo salva a quienes acuden a él con fe.
Domingo 21 de septiembre
EL SÁBADO DEL SEÑOR
Por mucho que argumenten, erróneamente, quienes se oponen a la observancia del sábado, el séptimo día de la semana, diciendo que era solo para los judíos (el sábado fue apartado y santificado en el Edén [ver Gén. 2:1-3]); o argumenten, también erróneamente, que los judíos oyeron hablar del sábado por primera vez en el Sinaí (los judíos ya lo observaban antes del Sinaí [ver Éxo. 16:22-29]), no hay duda de que ese día estaba muy presente en la vida del pueblo hebreo desde el principio.
Lee Éxodo 35:1 al 3. ¿Qué verdad fue reiterada aquí al pueblo en el contexto de la construcción del Santuario? El mensaje del sábado siempre ha sido y será quién es Dios y cuáles son sus poderosas obras. Ese día nos recuerda sus hechos como Creador y Salvador, y centra nuestra atención en Dios, quien desea morar con su pueblo. De este modo, el sábado y el Santuario apuntan en la misma dirección, a la presencia de Dios en nuestra vida. El sábado de la iglesia del Antiguo Testamento transmite un mensaje múltiple.
Su esencia puede ser resumida en cinco puntos cruciales:
1. Dios es el Creador. La Biblia comienza con esta asombrosa y fundamental proclamación (Gén. 1:1). El sábado es el memorial vívido de la creación realizada por Dios (Gén. 2:2, 3; Éxo. 20:8-11). De esta verdad, que Dios es nuestro Creador, se desprenden todas las demás verdades bíblicas.
2. El Mesías vendrá. Esta esperanza se centra en la promesa de Dios acerca de la Simiente, del Descendiente que vencería a la serpiente (Satanás) y pondría fin al mal.
3. Dios establecerá su reino, cuyo anticipo es el sábado.
4. La salvación viene del Señor, y el pueblo de Dios da testimonio de que Dios es su Salvador y Redentor, y que la salvación es resultado solo de su gracia.
5. Dios es el juez último de todas las personas. Quienes lo desafían persistentemente y lo rechazan no tendrán futuro, pero él concede vida eterna por pura gracia a quienes lo aceptan como su Señor y Salvador.
Según un dicho judío: “El sábado guardó más a Israel que Israel al sábado”. Aunque los adventistas probablemente no diríamos eso acerca de nosotros, ¿qué papel importante cumple el sábado en la vida de nuestra familia eclesial?
Lunes 22 de septiembre
LAS OFRENDAS Y EL ESPÍRITU
Lee Éxodo 35:4 a 36:7. ¿Qué importantes lecciones hay aquí para nosotros? Para construir el Tabernáculo se necesitaba una gran cantidad de materiales preciosos, y esto se consiguió gracias a las generosas donaciones del pueblo de Dios, que dio de todo corazón, de buena gana y con alegría. Dieron oro, plata, bronce, lino fino, piedras preciosas, telas especiales, madera de acacia, aceite de oliva, especias y muchos otros artículos necesarios.
La gente también donó su mano de obra, pues muchos objetos específicos del Tabernáculo y su mobiliario debían ser elaborados mediante su trabajo artístico y diligente. Además, los sastres debían confeccionar las vestiduras de los sacerdotes que servirían en el Tabernáculo y las del sumo sacerdote, cuyo elaborado atuendo incluía un pectoral y un turbante. Dios había bendecido abundantemente a los israelitas mediante los regalos que los egipcios les habían dado al salir de Egipto.
Ahora era su oportunidad de dar ofrendas de gratitud por el liderazgo misericordioso y poderoso de Dios. Sus corazones fueron movidos a llevar a cabo esta obra para su gloria. El pueblo daba con tanta alegría y abundancia que se le dijo a Moisés: “El pueblo trae mucho más de lo que se necesita” (Éxo. 36:5). Así que Moisés tuvo que detener sus donaciones, “pues tenían material abundante para toda la obra, y sobraba” (Éxo. 36:7). Mediante la guía del Espíritu Santo, Dios equipó y capacitó al pueblo para construir con precisión el Tabernáculo. Bezaleel, Aholiab y otros fueron “llenos [...] del Espíritu de Dios” (Éxo. 35:31), lo que significa que fueron dotados de habilidades, sabiduría y conocimientos artísticos para realizar perfectamente todo el trabajo.
Era un proyecto enorme y había que hacerlo realidad exactamente según el modelo que Dios mostró a Moisés. Es significativo que el don del Espíritu Santo estuviera relacionado con las diferentes habilidades y destrezas que las personas debían emplear en la construcción del Tabernáculo. Ser lleno del Espíritu no es un proceso mágico y no significa que haya fuerzas espirituales especiales dentro de los seres humanos. Dios capacita a sus seguidores para el avance de su causa, el cumplimiento de su misión y para que alcancen los objetivos divinos de manera adecuada. ¿Qué dones espirituales has recibido cuando fuiste lleno del Espíritu Santo? Recuerda que los dones espirituales solo pueden florecer cuando cultivas los frutos del Espíritu en tu vida (Gál. 5:22, 23).
Martes 23 de septiembre
EL TABERNÁCULO CONSTRUIDO
Lee Éxodo 36:8 a 39:31. ¿Por qué crees que se dieron instrucciones tan explícitas? ¿Qué nos enseña esto acerca del interés de Dios por cada detalle? Moisés construyó el Tabernáculo cuidadosa y diligentemente según las instrucciones que había recibido en el monte Sinaí.
El texto bíblico enumera lo siguiente: (1) el Tabernáculo, con sus diferentes telas, cortinas y partes (Éxo. 36: 8-38); (2) el Arca (Éxo. 37:1-9); (3) la mesa para los panes de la proposición (Éxo. 37:10-16); (4) el candelabro (Éxo. 37:17-24); (5) el Altar del Incienso (Éxo. 37:25-29); (6) el Altar del Holocausto (Éxo. 38:1-7); (7) la fuente para el lavamiento (Éxo. 38:8); (8) el atrio (Éxo. 38:9-20); y (9) el material utilizado para el Tabernáculo (Éxo. 38:21-31). Éxodo 39 describe el efod, el pectoral y otros elementos de la vestimenta sacerdotal. Los servicios del Tabernáculo eran lecciones visuales acerca del evangelio, pues ilustraban todo el plan de redención.
Las diversas ceremonias representaban (1) cuánto aborrece Dios el pecado y cómo trata con él, (2) cómo salva a las personas arrepentidas, (3) cuál es el destino de los malvados, y (4) cómo asegurará Dios un futuro glorioso libre del mal. Dos servicios diferentes, pero estrechamente relacionados, eran celebrados durante el año en el Santuario, o Tabernáculo: el servicio diario y el anual. Este ministerio en dos fases ilustraba cómo actúa Dios con el pecado y cómo salva a los pecadores.
A través de los servicios diarios del Santuario, Dios aseguraba a quienes se arrepentían que perdonaba sus pecados y les ofrecía la salvación por gracia. Para recibir este don de la salvación, era necesario realizar ciertos sacrificios de animales cuya sangre señalaba la futura muerte del Mesías, cuya sangre “nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7). La confesión del pecado y la aceptación del manto de la justicia de Cristo eran el centro de este don (Sal. 32:1, 2).
De este modo, el pecador arrepentido recibía la seguridad del perdón y podía regocijarse en la salvación. El servicio anual, realizado durante el Día de la Expiación, demostraba cómo erradica Dios el pecado, cómo resuelve el problema que este representa y cómo asegura un futuro sin la existencia del mal (Lev. 16; Juan 1:29). En la actualidad, el doble ministerio de Cristo en el Santuario celestial es otra expresión de la obra de Dios en nuestro favor (Heb. 7:25) y traerá la solución final al problema del mal (Dan. 7:13, 14, 22, 27; 8:14; Apoc. 21:4). El Santuario era un lugar destinado a adorar a Dios, alabarlo y expresarle gratitud. La adoración consiste en sostener nuestra relación con Dios, quien invita a los creyentes a esa comunión.
Miércoles 24 de septiembre
LA PRESENCIA DE DIOS EN EL TABERNÁCULO
Lee Éxodo 40:1 al 38. ¿Cómo percibían los israelitas la presencia de Dios? El último capítulo de Éxodo (Éxo. 40) describe la dedicación del Tabernáculo, el acontecimiento culminante de la historia de Israel en el Sinaí, y la entrega del Decálogo. La gloria de Dios es su santidad, su carácter y su presencia amorosa, que es la bondad misma (Éxo. 3:5; 33:18, 19). Su presencia llenaba el Tabernáculo y se manifestaba de manera visible como la nube, la gloria, o shekiná.
El libro de Éxodo termina haciendo hincapié en la presencia divina y su conducción mediante la nube durante el día y la columna de fuego por la noche. De una forma muy concreta y poderosa, el pueblo hebreo iba a experimentar no solo la realidad de Dios, sino también su presencia cercana y permanente mientras los guiaba. Moisés erigió el Tabernáculo el primer día del primer mes del segundo año (Éxo. 40:2, 17). También consagró todo, incluso a Aarón y a sus hijos para el sacerdocio (Éxo. 40:9, 13-15), con el aceite de la unción.
Recorrió el Lugar Santísimo, el Lugar Santo y el atrio, dedicando todo al Señor. Mediante este proceso, inauguró los servicios de todo el Santuario (ver también Núm. 7:1). Moisés entró en el Lugar Santísimo únicamente durante la inauguración del Tabernáculo. A partir de entonces, solamente el sumo sacerdote podía ministrar allí una vez al año, en el Día de la Expiación (Lev. 16:2, 17). El texto bíblico afirma en tres ocasiones que la obra de Dios estaba terminada: (1) al final de la semana de la Creación, Dios subraya la finalización de sus obras (Gén. 2:1-3); (2) al terminar el Tabernáculo, el texto bíblico declara: “Y así acabó Moisés la obra” (Éxo. 40:33); y (3) también se expresa esa idea cuando Salomón terminó la obra del Templo (1 Rey. 7:51).
Esta conexión entre la Creación y el Santuario de Israel apunta a la dimensión cósmica, al momento en que el Señor morará con los redimidos en la nueva tierra, en la Nueva Jerusalén, que es “el santuario de Dios” (Apoc. 21:2, 3; comparar con Apoc. 22:1-4). El hecho de que Dios llenara el Tabernáculo con su presencia (Éxo. 40:34) fue el gran clímax de los acontecimientos que comenzaron con el nacimiento de Moisés y continuaron con la derrota de los dioses egipcios durante las diez plagas, con la huida de Egipto, con la derrota del ejército egipcio y, finalmente, con la revelación de Dios en el monte Sinaí. ¿De qué maneras puedes experimentar la presencia de Dios? ¿Por qué es importante que lo hagas?
Jueves 25 de septiembre
JESÚS HABITÓ CON LA HUMANIDAD
Lee Juan 1:14. ¿Cómo es comparada la encarnación de Cristo con el Tabernáculo? La encarnación de Jesús es un misterio que los redimidos estudiarán durante toda la eternidad. El apóstol Juan afirma que Cristo habitó con nosotros de forma tangible al encarnarse. En virtud de la encarnación, Jesús se asemeja al Dios del Antiguo Testamento, quien habitó con los israelitas en el Tabernáculo del Sinaí y en el desierto mientras viajaban hacia la Tierra Prometida.
Durante su encarnación, Jesús habitó con la humanidad. ¡Qué concesión tan insondable! El Dios eterno desciende hasta nosotros como uno de nosotros para asegurarnos que él es verdaderamente “Emanuel, Dios con nosotros”. En Mateo 18:20, Jesús dijo que si dos o tres se reúnen en su nombre, él estará allí en medio de ellos. Cristo está con su pueblo en virtud de la presencia del Espíritu Santo e invita a sus seguidores a estar en estrecha relación con él: “Yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a su casa, y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3:20). Lee Apocalipsis 21:1 al 3. ¿Qué se nos presenta aquí? La Nueva Jerusalén descenderá del Cielo a la Tierra, y Juan declara: “He aquí que el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos, y ellos serán su pueblo.
Dios mismo estará con ellos y será su Dios” (Apoc. 21:3). No hay templo en la Nueva Jerusalén (Apoc. 21:22) porque toda la ciudad es el Templo, el Santuario de Dios. La longitud, la anchura y la altura de la ciudad son iguales (Apoc. 21:16), como lo era el Lugar Santísimo en el Santuario, que tenía la forma de un cubo, con todos sus lados iguales. Esto significa que moraremos en la presencia inmediata de nuestro Dios durante la eternidad, en un mundo sin pecado, muerte ni sufrimiento. ¿Cómo podemos aprender a resistir hasta el final en vista de lo que se nos ha prometido merced al ministerio y la obra de Jesús?
Viernes 26 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo titulado “El Tabernáculo y sus servicios” en el libro Patriarcas y profetas, de Elena de White, pp. 356-372. “La construcción del Santuario fue precedida por un acto divino de redención, a saber, la liberación de Israel del poder esclavizador de Egipto. A su vez, este acto fue seguido por la disposición de Dios para entrar en una relación pactual permanente con su pueblo. Sería el Dios de ellos, y ellos serían su pueblo (Éxo. 6:7). El modo en que se relacionarían con él y unos con otros quedaba definido por la ley del pacto.
El Tabernáculo era verdaderamente un lugar de reunión, un lugar donde se reunían Dios y los humanos. Fue solo después de la redención y el establecimiento de una unión permanente con Dios a través del Pacto que el pueblo tuvo acceso a Dios en su morada” (Comentario bíblico Andrews, t. 1, p. 264). Por su parte, Elena de White describe la finalidad de los servicios del Santuario: “De este modo, en el servicio del Tabernáculo, y en el del Templo que posteriormente ocupó su lugar, se enseñaba diariamente al pueblo las grandes verdades relativas a la muerte y el ministerio de Cristo, y una vez al año sus pensamientos eran llevados hacia los acontecimientos finales de la gran controversia entre Cristo y Satanás, la purificación final del universo del pecado y los pecadores” (Patriarcas y profetas, p. 372).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. El derramamiento de sangre era un elemento central de los servicios de culto en el Santuario. Diversos tipos de animales eran sacrificados, y su sangre era utilizada en casi todos los rituales allí realizados. ¿Qué simbolizaba la sangre y a qué apuntaban en última instancia todos esos sacrificios?
2. Por asombroso que fuera el hecho de que Dios, el Creador del universo, habitara en el Santuario, en medio de su pueblo, más asombroso aún es que viniera a habitar entre nosotros como uno de nosotros, como un ser humano. Eso en sí mismo habría sido una asombrosa expresión de amor. Pero ¿ofrecerse a sí mismo como sacrificio por el pecado? Es decir, ¿morir en nuestro lugar? ¿Qué nos enseña esto acerca del carácter de Dios? ¿Qué nos enseña, además, acerca de cuánto desea Dios vernos salvados en su reino eterno?
3. Lee Hebreos 8:1 al 6. ¿Qué nos dice este texto acerca de cómo reflejaba el Santuario terrenal lo que Jesús está haciendo ahora por nosotros en el Santuario celestial?
"Escuela Sabática adultos 2026, PRIMER trimestre (ENERO-MARZO). Estudio: Uniendo el cielo y la tierra, por Clinton Wahlen.."

Uniendo el Cielo y la Tierra
El Plan de Salvación tiene un propósito extraordinario: unir el Cielo y la Tierra, una tarea que parece humanamente imposible. Sin embargo, Jesús confió misiones así a sus discípulos y a Pablo, asegurándoles siempre su presencia y poder para cumplirlas. La Biblia muestra que Dios nunca encomienda una misión sin otorgar la capacidad para llevarla a cabo cuando confiamos en Él.
Las epístolas de Pablo a Filipenses y Colosenses revelan a Cristo como el único capaz de unir lo divino y lo humano. A través de estas cartas, vemos a Jesús como Redentor e Intercesor, y a Pablo enfrentando grandes desafíos desde la prisión, fortaleciendo a la iglesia y llamándola a mantenerse unida y enfocada en su misión.
Este estudio invita a la iglesia actual a depender de Cristo, a vivir conectada con el Cielo y a cumplir fielmente su misión en el tiempo final, proclamando el mensaje del evangelio al mundo.
Lección 6:
Para el 7 de febrero de 2026
CONFIANZA SOLO EN CRISTO
Sábado 31 de enero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Filipenses 3:1–16; Romanos 2:25–29; Juan 9:1–39; Efesios 1:4, 10; 1 Corintios 9:24–27.
PARA MEMORIZAR: “A fin de conocer a Cristo, y la virtud de su resurrección, y participar de sus padecimientos, hasta llegar a ser semejante a él en su muerte, para llegar de algún modo a la resurrección de los muertos” (Fil. 3:10, 11).
Hay algo en nosotros que nos hace desconfiar de la salvación solo por la fe y aparte de las obras de la Ley. Es decir, por alguna razón, todos tendemos a apoyarnos en nuestras obras como si estas fueran parte de la fórmula para nuestra salvación. Pablo aborda este punto en una vigorosa polémica contra quienes insistían en que la circuncisión era necesaria para la salvación. Para evitar que algunos pensaran que sus obras, como la circuncisión, contribuían a su salvación, Pablo deja claro que la justicia procede de Cristo como un don que es aceptado por la fe y que no es fruto de la obediencia a la Ley.
Aunque la circuncisión puede no ser un problema hoy en ese sentido, el principio que estaba detrás de la insistencia en ella como requisito para la salvación sí lo es. La propia Reforma protestante comenzó con este mismo tema: el papel de la fe y las obras en la experiencia de un seguidor de Cristo. En definitiva, Cristo lo es todo para nosotros, “el autor y perfeccionador de la fe” (Heb. 12:2).
Si nuestras prioridades están en el lugar correcto, viviremos con la seguridad del amor de Dios y disfrutaremos de la promesa, incluso ahora, de la salvación, todo ello sin poner “nuestra confianza en la carne” (Fil. 3:3).
Domingo 1 de febrero
REGOCIJÁNDONOS EN EL SEÑOR
Lee Filipenses 3:1-3. ¿Qué notas positivas y negativas presenta Pablo aquí y cómo se relacionan entre sí? ¿Cómo describe a los creyentes? Pablo comienza con una nota muy positiva y daría la impresión de que estuviera concluyendo su carta. Pero no ha terminado, sino que retoma uno de los temas principales de la epístola: la alegría en el Señor, y presenta una serie de razones para ello. Lo más importante es que debemos tener confianza en Cristo, no en nosotros mismos: “Nos regocijamos en Cristo Jesús, y no ponemos nuestra confianza en la carne” (Fil. 3:3).
Muchos hemos sin duda aprendido de la peor manera a no confiar en la carne. La severa advertencia “guárdense” (repetida tres veces) no se encuentra en ningún otro lugar de las Escrituras. Aparentemente, lofilipenses sabían muy bien a qué amenaza se refería Pablo. Más que a tres problemas separados, la advertencia parece referirse a un grupo de falsos maestros descritos de tres maneras diferentes. En Israel, las personas malvadas o irreligiosas a veces eran llamadas “perros” (Fil. 3:2; comparar con Sal. 22:16; Isa. 56:10; Mat. 7:6; 2 Ped. 2:21, 22). Los falsos maestros también podían ser acertadamente descritos como “malos obreros”. Referirse a ellos como “los que mutilan el cuerpo” (Fil. 3:2) muestra que, al igual que en Galacia y otros lugares, trataban de imponer la circuncisión a los creyentes de origen pagano, contrariamente a lo dictaminado por el concilio apostólico (ver Hech. 15).
Curiosamente, parece que una solución para los desafíos espirituales, incluida la propagación de falsas enseñanzas, es “regocijarse en el Señor” (Fil. 3:1; comparar con Fil. 4:4). Todo aquello por lo que nos alegramos nos produce gozo (las dos palabras griegas que se encuentran detrás de estas ideas están relacionadas).
Dios quiere que estemos alegres, y su Palabra es una especie de manual de instrucciones para la verdadera felicidad y la alegría duradera. Entre ellas se incluyen recibir la misericordia de Dios (Sal. 31:7); depositar nuestra confianza en él (Sal. 5:11); recibir las bendiciones de la salvación (Sal. 9:14); adoptar la Ley de Dios como nuestra forma de vida (Sal. 119:14), incluida la observancia del sábado (Isa. 58:13, 14); creer en su Palabra (Sal. 119:162); y educar hijos piadosos (Prov. 23:24, 25). La vida puede ser muy difícil para nosotros, por muy bien que nos vayan las cosas en este momento. Pero, aunque ahora no vayan bien, ¿de qué cosas puedes y debes alegrarte? ¿Qué te impide hacerlo?
Lunes 2 de febrero
LA “VIDA PASADA” DE PABLO
Es habitual que los cristianos conversos piensen en su experiencia espiritual contrastando la vida que llevaban antes de aceptar a Jesús con la que llevan desde ese momento. Pablo hace eso en Filipenses 3. A veces hablamos de quienes no son cristianos como “buenas personas”, y muchos sin duda lo son, al menos según los criterios del mundo. Sin embargo, nadie lo es según los criterios de Dios, ni siquiera los cristianos. En Filipenses 3:4-6, Pablo enumera algunas cosas de su vida pasada de las que alguna vez se enorgulleció. ¿Cuáles son? ¿Cómo describirías lo “bueno” de tu propia vida (pasada y presente)? Pablo establece un contraste implícito entre los creyentes de origen judío que difundían falsas doctrinas y los creyentes incircuncisos que confiaban plenamente en Cristo para su salvación y no ponían su confianza en meras obras humanas como la circuncisión (ver Heb. 6:1; 9:14; comparar con Rom. 2:25-29).
Aunque la vida pasada de Pablo y su linaje habrían sido bastante impresionantes para sus compatriotas judíos, ninguna de estas cosas había contribuido a su salvación. De hecho, la habían obstaculizado porque lo cegaron durante un tiempo acerca de su necesidad de Cristo. Pablo no solo estaba circuncidado: había sido “circuncidado al octavo día”. En otras palabras, era israelita de nacimiento y perteneciente al pueblo del Pacto. Además, pertenecía a la tribu de Benjamín, cuyo territorio incluía algunas de las ciudades más importantes de Israel. Pablo no solo sabía hebreo, sino también, como fariseo y alumno de Gamaliel el Viejo (Hech. 22:3; 26:4, 5), estaba empapado de conocimientos acerca de la Ley y de cómo debía ser aplicada en cada situación, al menos según la tradición.
Pablo era tan celoso de la Ley que persiguió a la iglesia por considerarla una amenaza para el estilo de vida judío que, según él, prescribía la Ley. Curiosamente, aunque “irreprensible” en términos de esa “justicia” de origen humano, Pablo se dio cuenta de que la Ley era en realidad mucho más profunda y exigente de lo que él podía imaginar, y de que, sin Cristo, estaba condenado ante ella. Compara Romanos 7:7-12 con Mateo 5:21, 22, 27, 28. ¿Qué punto crucial señalan tanto Jesús como Pablo acerca de la Ley, y por qué es la “fe en Cristo” (Fil. 3:9), no la Ley, la única fuente de justicia? ¿Cuán bien guardas la Ley, al menos como Jesús dijo que deberíamos hacerlo?
Martes 3 de febrero
LO IMPORTANTE
Como señalaba el estudio de ayer, las cosas que antes enorgullecían a Pablo eran en realidad obstáculos para la fe, porque le impedían percibir su necesidad de Cristo. Pablo utiliza el lenguaje del comercio, de las ganancias y las pérdidas, para describir cómo era su contabilidad espiritual antes de la fe. Aunque no nos gusta pensar mucho en ello, todo ser humano tiene un “libro de contabilidad espiritual”. Antes, el libro de contabilidad de Pablo se medía por los valores judíos de la época y no por los valores bíblicos, tal como los enseñó Jesús. Después de su conversión, su libro de contabilidad espiritual tuvo un aspecto muy diferente porque su escala de valores cambió drásticamente, de la “moneda” del judaísmo a la del Cielo. “El que descendió del Cielo puede hablar del Cielo, y presentar correctamente las cosas que constituyen la moneda del Cielo, en las que ha estampado su imagen y su inscripción.
Él conoce el peligro en que se hallan aquellos a quienes vino a levantar de la degradación y a exaltar a un lugar junto a sí en su trono. Señala el peligro que corren al prodigar su afecto a objetos inútiles y peligrosos. Trata de apartar la mente de lo terrenal hacia lo celestial, para que no desperdiciemos tiempo, talento y oportunidad en cosas que son totalmente vanidad” (Elena de White, “Spiritual Weakness Inexcusable”, Review and Herald, 1° de julio de 1890, p. 1). Pablo había sido una estrella en rápido ascenso en el mundo del judaísmo del primer siglo hasta que, al quedar ciego al ver a Jesús glorificado en el camino hacia Damasco (Hech. 9), su vista espiritual fue corregida y vio claramente.
Juan 9 cuenta la historia de otro hombre que era ciego y luego vio a Jesús con claridad. Jesús dijo que había venido al mundo “para que los que no ven, vean; y los que creen que ven sean cegados” (Juan 9:39). ¿Cómo podrías aplicar este principio a tu propia vida? ¿Puede haber algo más valioso que la vida eterna en el Cielo y en la Tierra Nueva? Sin embargo, los valores mundanos ciegan a muchos para no ver esta realidad. Hay una competencia inherente entre las cosas que se valoran aquí (ver Mat. 13:22; Luc. 4:5, 6; 1 Juan 2:16) y las que valora el Cielo: la semejanza a Cristo y las almas salvadas.
El mundo puede cegarnos a las verdades espirituales y a lo realmente importante. ¿Cuál es la clave para mantener nuestros ojos enfocados en lo que realmente importa?
Miércoles 4 de febrero
LA FE DE CRISTO
No debemos pasar por alto el punto principal de Pablo. En el camino a Damasco experimentó un maravilloso intercambio, pues cambió su antigua vida basada en la Ley por la presencia de Cristo mismo: “Para ganar a Cristo y ser hallado en él” (Fil. 3:8, 9). La expresión “ser hallado en él”, es decir, en Cristo, es interesante. Lee Efesios 1:4; 2 Corintios 5:21; Colosenses 2:9; y Gálatas 2:20. A la luz de estos pasajes, ¿cuál es tu mayor interés?
¿Cómo entiendes las palabras de Pablo? La referencia de Pablo al hecho de estar en Cristo ha sido ampliamente debatida. No es sorprendente que quizá la mejor explicación provenga del propio Pablo: “Para que, llegado el tiempo, reuniera en él, bajo una sola cabeza, todo lo que está en el cielo y lo que está en la tierra” (Efe. 1:10).
Ese ha sido el propósito de Dios desde el principio. Y Pablo aclara cómo sucede: “Ustedes están en Cristo Jesús, quien nos fue hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Cor. 1:30). Estar “en Cristo” abarca todo lo que comprende el Plan de Salvación, desde el amanecer de nuestra inteligencia espiritual (sabiduría), pasando por la justificación por la fe (justicia) y la preparación para el cielo (santificación), hasta, finalmente, la glorificación en la Segunda Venida (redención). La salvación es obra de Cristo de principio a fin, por nosotros y en nosotros.
En consecuencia, al aceptar a Cristo tenemos todo lo que necesitamos. Lee Filipenses 3:9. ¿Qué dos cosas contrasta Pablo, y por qué es importante recordar siempre este contraste? Como Pablo llegó a comprender, la “propia justicia” no es verdadera justicia pues la Ley no puede dar vida (ver Gál. 3:21, 22). Solo Cristo puede otorgarla por medio de la fe, aunque no cualquier fe. Después de todo, los demonios creen y tiemblan (Sant. 2:19).
La única fe salvadora es “la fe en Cristo”. Solo su fe ha obedecido y puede obedecer plenamente. Pistis, la palabra griega traducida como fe, también significa fidelidad. Por lo tanto, si estamos en Cristo y él vive en nosotros (Gál. 2:20), vivimos por su fe y a través de nuestra fe en él.
Jueves 5 de febrero
SOLO UNA COSA: CONOCER A CRISTO
Lee Filipenses 3:10–16. ¿Cuáles son algunos de los puntos principales que Pablo destaca en este pasaje? No hay nada más importante que conocer a Cristo, lo cual es la garantía de que él nos conocerá y nos reconocerá ante el Padre (ver Mat. 7:21-23; 10:32, 33). ¿Cómo lo conocemos? A través de su Palabra escrita, leyéndola y poniéndola en práctica. No podemos conocerlo cara a cara como los discípulos, a pesar de lo cual no lograron comprender sus palabras. Esto subraya nuestra necesidad de que el Espíritu Santo nos dirija (ver Juan 16:13). Cuanto más lo conocemos, más nos acercamos a él, pues experimentamos “la virtud de su resurrección” (Fil. 3:10), que nos eleva a una “nueva vida” (Rom. 6:4). Otra forma de acercarnos a Jesús es “participar de sus padecimientos” (Fil. 3:10).
Cada prueba que afrontamos, cada experiencia dolorosa que sobrellevamos, nos ayudan a conocer y apreciar más lo que Jesús sufrió por nosotros, y también a comprenderlo a él y su voluntad con mayor claridad. Una tercera forma de acercarnos es “proseguir a la meta” (Fil. 3:14); La palabra griega así traducida (skopos) solo se usa aquí en el Nuevo Testamento y designa la línea de llegada en una carrera y el premio que se otorga al vencedor. Pablo lo llama “el premio del soberano llamado celestial en Cristo Jesús” (Fil. 3:14). Así como Cristo ascendió al Cielo en virtud de su muerte y su resurrección, Dios nos invita a recibir la misma recompensa celestial: la vida eterna.
Obviamente, todavía no la hemos alcanzado. No seremos perfeccionados en el sentido más pleno hasta que “el cuerpo de nuestra bajeza” sea transformado “para que sea semejante a su cuerpo de gloria” (Fil. 3:21). Pero, al conocerlo y recibir su presencia en nuestra vida, todos los días, avanzamos hacia la meta de ser como Jesús en todas las formas posibles ahora. Este fue también el centro de la vida de Pablo. Al igual que en una carrera (ver 1 Cor. 9:24-27), no prestamos atención al lugar que vamos dejando atrás o a quién nos sigue.
Nuestro único objetivo es lo que tenemos delante, el premio celestial que nos espera. La imagen aquí es vívida: un corredor totalmente concentrado en la meta, que esfuerza cada músculo y se inclina hacia adelante para alcanzar la meta. ¿Por qué es tan importante no mirar hacia atrás mientras caminas con el Señor, al menos hacia tus pecados y fracasos, sino hacia adelante, hacia lo que se te ha prometido ahora mismo en Cristo?
Viernes 6 de febrero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“El que desea adquirir un carácter fuerte y armónico, el que desea ser un cristiano equilibrado, debe darlo todo a Cristo y hacerlo todo por él; porque el Redentor no aceptará un servicio a medias. Debe aprender cada día el significado de la sumisión propia. Debe estudiar la Palabra de Dios para aprender su significado y obedecer sus preceptos.
De ese modo puede alcanzar la norma de la excelencia cristiana. Día a día Dios trabaja con él, para perfeccionar el carácter que será capaz de resistir en el momento de la prueba final. Y, día tras día, el creyente hace ante hombres y ángeles un experimento sublime, que demuestra lo que el evangelio puede hacer en favor de los seres humanos caídos” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, pp. 398, 399). “Quienes esperan la venida del Novio deben decir al pueblo: ‘¡Vean aquí a su Dios!’ Los últimos rayos de luz misericordiosa, el último mensaje de clemencia que debe darse al mundo, es una revelación de su carácter de amor. Los hijos de Dios deben manifestar su gloria. En su vida y su carácter deben revelar lo que la gracia de Dios ha hecho por ellos. “La luz del Sol de Justicia debe brillar en buenas obras: en palabras de verdad y hechos de santidad” (Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 342).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Reflexiona más acerca del regocijo en el Señor. Pablo no dice que te regocijes en tus pruebas (aunque eso también es bíblico), sino en el Señor. ¿Por qué es tan importante tener siempre ante nosotros al Señor, su bondad, su poder, su amor y su salvación? ¿Cómo te beneficiaría enormemente hacer eso en medio de las inevitables pruebas de la vida?
2. Observa cómo describen las citas anteriores el papel de la gracia en la producción de las “buenas obras” que realizamos como cristianos. ¿Por qué es tan importante esta función de la gracia mientras esperamos la pronta venida de Cristo? Es decir, aunque no somos salvos por las buenas obras, ¿podemos realmente ser salvos si no las tenemos?
3. Profundiza en la idea de no tener confianza en la carne. ¿Qué significa esto? ¿Por qué no debemos tener confianza en ella? ¿No es la carne un don de Dios?
