Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 4:
Para el 24 de enero de 2026
UNIDAD MEDIANTE LA HUMILDAD
Sábado 17 de enero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Filipenses 2:1–11; Jeremías 17:9; Filipenses 4:8; 1 Corintios 8:2; Romanos 8:3; Hebreos 2:14–18.
PARA MEMORIZAR: “Completen mi gozo, tengan el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa” (Fil. 2:2).
En la unión reside la fuerza, pero conocer esa verdad no es lo mismo que ponerla en práctica. Todos fracasamos a veces a pesar de nuestros mejores esfuerzos por promover la unidad. Pero eso no es lo mismo que socavarla deliberadamente. No es de extrañar, pues, que al avanzar en su carta a los filipenses, Pablo desea que estén “unánimes, sintiendo una misma cosa”. El apóstol basa la necesidad de la unidad en la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Este es un tema que encontramos en todo el Nuevo Testamento y especialmente en las epístolas. El origen de la desunión en el Universo tuvo su origen en el orgullo y la sed de poder de un solo ángel en el Cielo.
Este sentimiento se extendió rápidamente, incluso en un entorno perfecto (ver Isa. 14:12-14). Y se afianzó luego en el Edén, a raíz de un descontento similar respecto de las reglas que Dios había establecido y el deseo de ascender a una esfera superior a la que el Creador había designado (Gén. 3:1-6). Esta semana examinaremos el fundamento bíblico de la unidad en la iglesia. Nos centraremos especialmente en la asombrosa condescendencia de Jesús, en las lecciones que podemos obtener al contemplarlo y en la manera de crecer para asemejarnos más a él.
Domingo 18 de enero
DESUNIÓN EN FILIPOS
Lee Filipenses 2:1-3. ¿Qué factores parecen haber provocado la desunión en la iglesia? ¿Qué sugiere Pablo como solución? Pablo se sintió sin duda muy decepcionado al ver que la iglesia que había fundado y amaba tanto era sacudida por las rivalidades y las contiendas. Para describir estos problemas, utiliza un lenguaje muy fuerte: la palabra griega eritheia (traducida como “rivalidad”), que había empleado en Filipenses 1:17 para referirse a los envidiosos y orgullosos oponentes de Pablo en Roma, empeñados en promoverse a sí mismos en lugar de hacer avanzar la causa de Cristo. La rivalidad es una de las obras de la carne (Gál. 5:20) y, como indica Santiago, “donde hay envidia y rivalidad, hay perturbación y toda obra perversa” (Sant. 3:16). El término griego traducido como “vanagloriosos” (kenodoxos) solo aparece en Gálatas 5:26, pero se utiliza en la literatura extrabíblica para referirse a la arrogancia, el orgullo y un concepto demasiado elevado de uno mismo.
Pablo utiliza una palabra estrechamente relacionada al amonestar a los gálatas: “No seamos vanagloriosos, irritándonos y envidiándonos unos a otros” (Gál. 5:26). Observa los remedios que Pablo enumera en Filipenses 2:1 para estos problemas:
1. Estímulo en Cristo. Pablo utiliza el propio ejemplo de Cristo como una poderosa motivación.
2. Consuelo de amor. Jesús revela el amor divino y nos ordena amarnos “unos a otros como yo los he amado” (Juan 15:12).
3. Comunión del Espíritu. La presencia del Espíritu Santo crea una estrecha relación cristiana como la que permeaba a la iglesia primitiva (Hech. 2:42; comparar con 2 Cor. 13:14).
4. Ternura. Esta cualidad divina se manifestó con frecuencia en la vida de Cristo (ver Mat. 9:36; 20:34; Mar. 1:41) y es descrita en las parábolas del buen samaritano (Luc. 10:33) y del hijo pródigo (Luc. 15:20).
5. Compasión. Esta característica, ejemplificada por Jesús, debe verse también en la vida de sus seguidores (Luc. 6:36).
6. Tener el mismo sentir, el mismo amor, ser unánimes, sentir una misma cosa. ¡Qué imagen! Es difícil imaginar cómo Pablo podría enfatizar más la importancia de la unidad. De acuerdo con él, debemos tener “el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús” (Fil. 2:5).
Lunes 19 de enero
LA FUENTE DE LA UNIDAD
Piensa en el énfasis que pone Pablo en la unidad en Filipenses 2:2, donde dice esencialmente lo mismo de cuatro maneras diferentes. Fíjate también en su énfasis en la mente, los pensamientos y los sentimientos. Mientras que los líderes religiosos tendían a hacer hincapié en el comportamiento exterior, Jesús se centró en nuestros pensamientos y sentimientos. Por ejemplo, el joven rico afirmaba que siempre había cumplido la Ley. Sin embargo, cuando Jesús le dijo que vendiera todo lo que tenía, diera el producto de la venta a los pobres y lo siguiera, Jesús puso a prueba su apego a las cosas mundanas.
El Maestro también dijo que lo que sale del corazón (o de la mente) es lo que contamina a una persona: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las calumnias” (Mat. 15:19), y “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat. 12:34). Lee Filipenses 2:3, 4. ¿Qué medidas prácticas recomienda Pablo para lograr la unidad en la iglesia? Las palabras del apóstol presentan una imagen vívida de lo que significa la humildad, la estima hacia los demás como superiores a nosotros mismos y el cuidado de sus intereses. Sin duda, es más fácil decirlo que llevarlo a la práctica, pero se trata de principios que es importante tener presentes en todas nuestras interacciones.
En nuestros diálogos con otras personas, tendemos a concentrarnos en la respuesta que daremos a lo que se nos está diciendo en lugar de centrarnos en escuchar para entender lo que dice la otra persona e intentar ver la cuestión desde su punto de vista. A menudo los conflictos surgen de simples equívocos que podrían evitarse simplemente escuchando de manera activa. Podemos no estar de acuerdo, pero escuchar y tratar de entender el punto de vista de la otra persona es el primer paso para fomentar una comunicación saludable y la confianza. Pablo habla de la unidad “[producida por] el Espíritu”, que crea “el vínculo de la paz” que nos une (Efe. 4:3). Si hay disputas en la iglesia, el Espíritu Santo puede calmar las aguas y llevarnos a la unidad creando armonía.
En el mismo capítulo, Pablo habla de “la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios” (Efe. 4:13). Ambas cosas están relacionadas. Tener la misma fe, la misma comprensión de las Escrituras que surge del conocimiento de Cristo y de sus enseñanzas es vital para que prevalezca la unidad entre nosotros. ¿Qué clase de muerte al yo haría que estimáramos a los demás más que a nosotros mismos? ¿Cómo puede eso llegar a ser una realidad en nuestra vida? ¿Cuán diferentes serían nuestras relaciones si todos pusiéramos eso en práctica?
Martes 20 de enero
¿IMPLANTE CEREBRAL O CIRUGÍA MENTAL?
Crece en el ámbito mundial el número de las empresas que trabajan en una tecnología que combina la capacidad de procesamiento de los ordenadores con la mente humana. En otras palabras, los científicos esperan influir en nuestros pensamientos conectando nuestro cerebro a una computadora. Aunque el uso de implantes insertados en el cerebro humano puede prometer resultados positivos, que incluyen ayudar a controlar la epilepsia, la depresión y la enfermedad de Parkinson, no es difícil imaginar ciertos usos siniestros, como el control mental. En cierto sentido, eso ya está presente. Nuestra mente es como un ordenador o computadora, solo que muy superior. El flujo constante de información al que estamos expuestos diariamente “programa” nuestra mente, condiciona nuestros pensamientos y dirige nuestras acciones.
Cuando nos sumergimos en los medios de comunicación masiva, la forma mundanal de pensar imprime su huella en nuestra mente y comenzamos a actuar de la misma manera, como si las mentes de otras personas fueran implantadas en las nuestras. Debemos, como Jesús, tener una mente espiritual, lo opuesto a una “mente carnal” (Rom. 8:6). “Nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”, que Pablo contrasta con “el espíritu del mundo” (1 Cor. 2:11, 12). ¿Quién es nuestro maestro y qué estamos aprendiendo? Lee Filipenses 2:5. ¿Qué significa tener la “mente” de Cristo? En última instancia, podemos cambiar nuestra manera de pensar, pero no nuestro corazón; solo Dios puede hacerlo. El Espíritu Santo tiene que “operar” nuestro corazón mediante “la espada del Espíritu” (Efe. 6:17), la Palabra “viva y eficaz” de Dios, que “penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb. 4:12). Solo a través del Espíritu Santo podemos conocernos realmente, pues nuestro corazón es engañoso por naturaleza a causa de nuestra condición caída (Jer. 17:9). La palabra hebrea traducida como “engañoso” (‘aqov) se refiere a un terreno accidentado que hace tropezar; por extensión, significa tener pensamientos tortuosos, retorcidos.
Debemos ser transformados mediante la “renovación” de nuestra mente para que podamos “comprobar cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom. 12:2). “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, piensen en eso” (Fil. 4:8). ¿Por qué es tan importante poner en práctica este consejo?
Miércoles 21 de enero
LA MENTE DE CRISTO
El famoso boxeador Muhammad Alí dijo en cierta ocasión: “Soy el más grande”. En agosto de 1963, seis meses antes de ganar el campeonato mundial de boxeo de peso pesado, incluso lanzó un álbum de discos titulado “Yo soy el más grande”. Era, sin duda, un gran atleta, pero no un ejemplo a seguir para quien aspira a tener la mente de Cristo. Por el contrario, Jesús era perfectamente impecable. Aunque fue tentado “en todo según nuestra semejanza” (Heb. 4:15), nunca pecó, ni siquiera por un pensamiento. Sin embargo, Hebreos 5:8 indica que, “aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”. La sumisión de Jesús a la voluntad del Padre fue siempre perfecta.
Nunca hubo un momento en que rehusara someterse, aunque, sin duda, muchas veces no le resultó fácil. Lee Filipenses 2:5-8, el texto más poderoso y hermoso de las Escrituras según algunos. ¿Qué dice Pablo aquí? ¿Qué implican estas palabras? ¿Cómo podemos aplicar a nuestra vida el principio que se expresa aquí? Jesús, quien es igual a los otros dos miembros de la Deidad en naturaleza, no solo estuvo dispuesto a hacerse humano, sino también se hizo “siervo”, o “esclavo” (doulos), y luego se ofreció como sacrificio por nuestros pecados. En otro lugar, Pablo dice que se hizo “maldición por nosotros” (Gál. 3:13). Dios, nuestro Creador, murió en la cruz para ser también nuestro Redentor, y para ello tuvo que convertirse en maldición por nosotros. ¿Cómo podemos entender lo que esto significa? Más aún, ¿cómo podemos tener la misma disposición a humillarnos y a sacrificarnos por el bien de los demás? En otro lugar, Jesús dijo: “El mayor entre ustedes sea su servidor. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (Mat. 23:11, 12). Esto refleja en muchos sentidos lo que Pablo insta a los creyentes a hacer en Filipenses 2:5 al 8.
En términos más gráficos y contundentes, Pablo estaba repitiendo aquí lo que había dicho antes acerca de no hacer nada “por rivalidad o vanagloria” (Fil. 2:3). ¿Cómo debemos responder a lo que Cristo hizo por nosotros según Filipenses 2:5 al 8? ¿Qué respuesta podría ser adecuada o digna de lo que Cristo hizo por nosotros aparte de postrarnos y adorar? ¿Por qué es tan erróneo pensar que nuestras buenas obras pueden sumar a lo que Cristo ya hizo por nosotros?
Jueves 22 de enero
EL MISTERIO DE LA PIEDAD
Primera de Corintios 8:2 es un versículo muy conocido: “Si alguno piensa que sabe algo, aún no sabe nada como debiera saber”. No hay ningún tema acerca del cual lo sepamos todo. Siempre es posible aprender más. Y eso es aún más cierto acerca de las realidades eternas relacionadas con la Deidad y la Encarnación. Pablo se refiere con frecuencia a la asombrosa condescendencia de Cristo al convertirse en un ser humano, algo que será tema de estudio de los redimidos durante la eternidad. Lee Romanos 8:3; Hebreos 2:14-18; y Hebreos 4:15. ¿Qué caracterizó la condescendencia de Jesús y su adopción de la naturaleza humana? ¿Cómo fue posible que el Hijo eterno de Dios se convirtiera, mediante la operación del Espíritu Santo (ver Luc. 1:35), en un ser divino-humano en el vientre de María?
Es increíble que lo infinito y eterno se convirtiera de repente en un ser humano finito, sujeto a la muerte. Este es el meollo de lo que Pablo llama “el misterio de la piedad” (1 Tim. 3:16). En el hermoso himno de Filipenses 2, Pablo desarrolla algunos aspectos de esa condescendencia de un modo más pleno que en ningún otro lugar de la Escritura. “Era de condición divina” (Fil. 2:6). La palabra morfē, traducida como “forma”, o “condición” en distintas versiones bíblicas, se refiere a su naturaleza divina, al hecho de que Jesús era igual en naturaleza al Padre (comparar con Juan 1:1). “Se despojó a sí mismo” (Fil. 2:7). La disposición de Jesús a despojarse de sus prerrogativas divinas para poder ser verdaderamente humano y tentado como nosotros es asombrosa. “Se humilló a sí mismo” (Fil. 2:8). Al asumir la naturaleza humana, Jesús pasó de la supremacía universal a la servidumbre absoluta, lo contrario de lo que pretendía Lucifer. “Muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:8).
La crucifixión, la forma más ignominiosa de morir, había sido prevista en el “consejo de paz” (Zac. 6:13) e ilustrada por Moisés al levantar la serpiente (Núm. 21:9; Juan 3:14). Cristo se hizo, pues, “pecado por nosotros, para que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21). ¿Cómo puede y debe hacernos más humildes y sumisos a Dios el hecho de enfocarnos en lo que Jesús hizo por nosotros en la Cruz; es decir, ver la Cruz como nuestro ejemplo de entrega y humildad?
Viernes 23 de enero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a generación por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan solo como una gota del ilimitado océano cuando se comparan con el amor infinito e inagotable de Dios. La lengua no lo puede expresar; la pluma no lo puede describir. Podéis meditar en él cada día de vuestra vida; podéis escudriñar las Escrituras diligentemente a fin de comprenderlo; podéis dedicar toda facultad y capacidad que Dios os ha dado al esfuerzo de comprender el amor y la compasión del Padre celestial; y aún queda su infinidad. Podréis estudiar este amor durante siglos, sin comprender nunca plenamente la longitud y la anchura, la profundidad y la altura del amor de Dios al dar a su Hijo para que muriese por el mundo.
La eternidad misma no lo revelará nunca plenamente. Sin embargo, cuando estudiemos la Biblia y meditemos en la vida de Cristo y el Plan de Redención, estos grandes temas se revelarán más y más a nuestro entendimiento” (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 691, 692). “Cuando estamos recibiendo un entrenamiento, como lo hizo Moisés, en la escuela de Cristo, ¿qué aprenderemos: envanecernos, tener una opinión exaltada de nosotros mismos? Cuanto más aprendamos en esta escuela, más avanzaremos en mansedumbre y humildad de espíritu. No debemos sentir que hemos aprendido todo lo que vale la pena saber. Debemos hacer el mejor uso de los talentos que Dios nos ha dado, para que cuando pasemos de la mortalidad a la inmortalidad no dejemos atrás lo que hemos alcanzado, sino que podamos llevarlo con nosotros al otro lado. A través de las incesantes edades de la eternidad, Cristo y su obra de redención serán el tema de nuestro estudio” (Elena de White, Manuscrito 36, 1885).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Cómo has experimentado la realidad del amor de Dios? Dialoguen en la clase acerca de las diferentes maneras en que han llegado a conocer y experimentar su amor.
2. ¿Qué significa exactamente que Jesús se hizo “semejante a los hombres” (Fil. 2:7)? Compara con Romanos 8:3. Discute ambos pasajes a la luz de la relación que existe entre ellos.
3. ¿Qué problemas de unidad enfrenta la iglesia en la que te congregas? Cualesquiera que sean esos problemas, ¿por qué la disposición a ser humildes y a no hacer nada por “rivalidad o vanagloria” (Fil. 2:3) sería una buena manera de empezar a resolverlos?
"Escuela Sabática adultos 2026, cuarto trimestre (octubre - diciembre). Estudio: Don de Profesias

EL DON DE PROFECÍA
Una voz de Dios para un mundo que necesita dirección
Desde el principio, Dios ha buscado comunicarse con la humanidad. Aun después de que el pecado rompiera la comunión entre Dios y el ser humano, el Señor no abandonó a sus criaturas. Al contrario, continuó acercándose, revelando su voluntad, mostrando el camino de salvación y señalando constantemente hacia Jesucristo.
Los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender el lenguaje. Desde los primeros meses de vida, nuestro cerebro está preparado para reconocer sonidos y aprender a comunicarnos. De manera semejante, Dios desea que sus criaturas puedan escuchar su voz y comprender su voluntad. A través de los siglos, Dios ha hablado «muchas veces y de muchas maneras» por medio de sus profetas, y finalmente nos habló por medio de su Hijo, Jesucristo.
En este trimestre estudiaremos el don de profecía, uno de los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo para comunicar el mensaje de Dios a su pueblo. Descubriremos por qué Dios utiliza a los profetas, cuál es su función dentro de la iglesia y cómo podemos reconocer si un mensaje profético procede realmente de Él.
La profecía no tiene como propósito despertar únicamente nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es revelar a Dios y su verdad, orientar a su pueblo, fortalecer a la iglesia, llamar al arrepentimiento y conducir al ser humano hacia Cristo.
A lo largo de las trece lecciones estudiaremos el llamado de los profetas, su ministerio, la revelación y la inspiración, los escritos proféticos y los principios necesarios para interpretarlos correctamente. También aprenderemos cómo poner a prueba los mensajes proféticos y comprender su autoridad, relevancia y aplicación para la iglesia.
📖 LAS 13 LECCIONES DEL TRIMESTRE
1. El Creador habla
26 de septiembre – 2 de octubre
Comenzaremos estudiando el deseo de Dios de comunicarse con sus criaturas y la manera en que el Creador ha hablado a la humanidad.
2. El llamado de un profeta
3 – 9 de octubre
Analizaremos cómo Dios llama a sus mensajeros, qué implica el ministerio profético y cuál es la responsabilidad de quienes reciben un mensaje de Dios.
3. Profetas del Antiguo Testamento
10 – 16 de octubre
Estudiaremos ejemplos de profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Dios utilizó sus vidas y mensajes para guiar a su pueblo.
4. Profetas del Nuevo Testamento
17 – 23 de octubre
Veremos la presencia y función del don profético durante la época del Nuevo Testamento y su relación con la iglesia cristiana.
5. Revelación e inspiración
24 – 30 de octubre
Profundizaremos en conceptos fundamentales para comprender cómo Dios comunica sus mensajes y cómo estos llegan a sus mensajeros.
6. Los escritos proféticos
31 de octubre – 6 de noviembre
Analizaremos los escritos producidos por los profetas y la importancia de comprender correctamente su naturaleza y propósito.
7. ¡Escuchen esto!
7 – 13 de noviembre
Una invitación a prestar atención a los mensajes que Dios comunica y a reconocer la importancia de escuchar su Palabra.
8. Interpretación de los escritos proféticos
14 – 20 de noviembre
Estudiaremos principios que nos ayudarán a interpretar correctamente los mensajes proféticos, evitando conclusiones equivocadas o fuera de contexto.
9. Poniendo a prueba a los profetas
21 – 27 de noviembre
La Biblia presenta criterios para examinar los mensajes proféticos. En esta lección estudiaremos cómo evaluar la autenticidad de un profeta de acuerdo con las Escrituras.
10. Autoridad y relevancia proféticas
28 de noviembre – 4 de diciembre
Reflexionaremos sobre la autoridad de los mensajes proféticos y su relevancia para la vida espiritual y la misión de la iglesia.
11. Manifestación profética en momentos cruciales
5 – 11 de diciembre
Analizaremos cómo Dios ha utilizado el don profético en momentos decisivos de la historia para orientar, advertir y fortalecer a su pueblo.
12. Revelaciones proféticas del fin de los tiempos
12 – 18 de diciembre
Estudiaremos las profecías relacionadas con los acontecimientos finales y la esperanza que Dios presenta para su pueblo ante el cumplimiento de su plan.
13. Bendiciones de la palabra profética
19 – 25 de diciembre
Concluiremos el trimestre reflexionando sobre las bendiciones que recibimos cuando aceptamos, estudiamos y aplicamos correctamente la Palabra profética.
✨ UNA INVITACIÓN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Este trimestre nos llevará desde el Creador que habla hasta las bendiciones de escuchar su Palabra profética. Aprenderemos que la profecía no es simplemente información acerca del futuro: es un medio mediante el cual Dios busca transformar el presente de sus hijos y conducirlos hacia una relación más profunda con Él.
Cada lección nos ayudará a comprender mejor cómo Dios ha hablado, cómo debemos examinar sus mensajes y cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.
Estudiemos este trimestre con un corazón dispuesto a escuchar, una mente abierta para examinar las Escrituras y una vida preparada para obedecer la voz de Dios.
📅 Calendario del trimestre
LecciónTemaFecha
1El Creador habla26 sep – 2 oct
2El llamado de un profeta3 – 9 oct
3Profetas del Antiguo Testamento10 – 16 oct
4Profetas del Nuevo Testamento 17 – 23 oct
5Revelación e inspiración 24 – 30 oct
6Los escritos proféticos 31 oct – 6 nov
7¡Escuchen esto! 7 – 13 nov
8Interpretación de los escritos proféticos14 – 20 nov
9Poniendo a prueba a los PROFETAS 21– 27 nov
10Autoridad y relevancia proféticas 28 nov – 4 dic
11Manifestación profética en momentos cruciales 5 – 11 dic
12Revelaciones proféticas del fin de los tiempos 12 – 18 dic
13Bendiciones de la palabra profética 19 – 25 dic
Lección 6:
Para el 7 de noviembre de 2026
LOS ESCRITOS PROFÉTICOS
Sábado 31 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 17:14; Isaías 13:1; Jeremías 36:17‑18; Romanos 16:22; Lucas 1:1-4; Judas 1:14-15; 2 Corintios 4:7.
PARA MEMORIZAR: «Todo lo que antes fue escrito, para nuestra enseñanza fue escrito, para que por la paciencia y el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza» (Rom. 15:4).
¿T e gustaría que te enseñaran una canción compuesta por Dios mismo? En Deuteronomio 32, Moisés puso por escrito la letra de su cántico siguiendo las instrucciones de Dios (Deut. 31:19-22). Normalmente no asociamos los escritos proféticos con canciones, aunque muchos de los salmos son, de hecho, canciones inspiradas, a pesar de que sus letras no hayan sido dictadas por el Señor.
La Biblia describe tres formas principales en que los profetas comunicaban los mensajes de Dios: (1) oralmente; (2) por escrito; y (3) mediante acciones simbólicas o dramatizaciones. Esta semana nos centraremos en los escritos de la Biblia. La Escritura registra la Palabra de Dios tal y como fue expresada por sus mensajeros, incluyendo los sermones y los discursos de los profetas.
Pensemos en la variedad de estilos y géneros literarios de los escritos proféticos: narrativa, historia, poesía, lamentaciones y cartas, por nombrar solo algunos. Hombres y mujeres elegidos plasmaron en lenguaje humano lo que el Espíritu Santo les inspiró para comunicar. Esta semana veremos sus escritos, el uso de secretarios o asistentes literarios y lo que debe tenerse en cuenta al estudiar pasajes difíciles.
Domingo 1.° de noviembre
EL LLAMADO A ESCRIBIR
El primer método que Dios utilizó para transmitir mensajes a la humanidad fue la comunicación oral directa; es decir, voces audibles, sueños o mensajes comunicados verbalmente por ángeles. No fue hasta la época de Moisés cuando las Escrituras registran la primera instrucción divina relativa a estas experiencias, que consistía en escribir en un «libro» lo que Dios había dicho. ¿Cuál es la primera mención de la escritura en la Biblia? Lee Éxodo 17:14. El Antiguo Testamento registra varios ejemplos de la orden dada por Dios a sus mensajeros para que preservaran por escrito sus palabras para su pueblo.
Al igual que a Moisés, se dijo a Jeremías: «Toma un rollo de libro y escribe en él todas las palabras que te hablé contra Israel y Judá, y contra todas las naciones, desde que empecé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy» (Jer. 36:2). También se le dijo por qué debía escribir las profecías: «Quizá la casa de Judá oiga todo el mal que pienso hacerles y se arrepientan de su mal camino, para que yo perdone su maldad y su pecado» (Jer. 36:3).
Las predicciones tenían el propósito de salvar al pueblo, no de satisfacer la curiosidad acerca del futuro. Los mensajeros de Dios escribieron en circunstancias muy diversas. Moisés escribió los cinco primeros libros de la Biblia mientras estaba en el desierto. David compuso varios de sus salmos mientras era perseguido por Saúl (ver Sal. 52, 54, 57 y 59). Daniel escribió sus visiones mientras servía en las cortes de Babilonia y Medopersia. A diferencia de ello, Pablo escribió sus cartas a los efesios, filipenses, colosenses y a Filemón mientras estaba en prisión, y Juan puso por escrito el Apocalipsis cuando estuvo exiliado en Patmos.
Es evidente que los mensajeros de Dios impelidos a poner por escrito sus mensajes fueron asistidos por el Espíritu Santo independientemente de sus circunstancias. Es llamativo que todas las enseñanzas de Jesús fueron preservadas por escrito por aquellos a quienes Dios eligió para confiarles tan preciosas verdades. Esto muestra la certeza divina de que los mensajes inspirados por Dios serían fielmente registrados y preservados por sus mensajeros. ¿Cómo responderías a quien dijera que no podemos confiar en la Biblia porque no contamos con los manuscritos originales? ¿Por qué es ese un argumento débil?
Lunes 2 de noviembre
GÉNEROS Y ESTILOS LITERARIOS
La Biblia consta de diversos géneros y estilos literarios utilizados por los mensajeros inspirados por Dios. Algunos se asemejan a un diario (ver Núm. 33:1-49). A su vez, los libros de Daniel, Zacarías y Juan contienen ejemplos de escritura apocalíptica, caracterizada por su simbolismo, sus temas cósmicos y sus descripciones de seres celestiales además de otros rasgos distintivos. Lee Isaías 13:1. ¿Cómo se refiere la Biblia aquí al mensaje de Isaías? Las visiones recibidas por los profetas son a veces denominadas «oráculos»; es decir, comunicaciones o revelaciones de Dios (algunas versiones traducen la palabra hebrea original con la que comienza Isaías 13:1 como «carga»).
Las traducciones más recientes de la Biblia muestran que muchas visiones fueron escritas en forma poética, a menudo utilizando un recurso conocido como paralelismo, en el cual las líneas posteriores se repiten o, a veces, contrastan con las líneas anteriores. Por ejemplo: «En ese día el hombre mirará a su Creador, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel» (Isa. 17:7). «Creador» y «Santo» están en paralelo. De ese modo, una imagen literaria o identificación aporta información adicional acerca de otra. Los profetas también utilizaban recursos literarios como las metáforas (símbolos) y las hipérboles (exageraciones).
Para comprender y aplicar mejor sus mensajes, es importante reconocer el tipo de escritura que utilizaron. Otro estilo literario que se encuentra con frecuencia en las Escrituras es el «juicio del pacto». Por ejemplo, en Jeremías 2:4-9, el profeta presenta la denuncia legal de Dios contra su pueblo por haber transgredido las estipulaciones del pacto y no cumplir sus obligaciones. Utilizando imágenes de un tribunal, el autor retrata a Dios como el fiscal que expone los fundamentos de su acusación. Las Escrituras también contienen escritos proféticos, historia, canciones y parábolas. Dios ordenó a Jeremías que compusiera un libro con todos sus mensajes (Jer. 36:2), mientras que gran parte de los escritos del Nuevo Testamento consisten en cartas dirigidas a individuos o comunidades cristianas.
La Biblia no hace distinción alguna en materia de autoridad entre diferentes estilos. Las cartas de Pablo debían ser consideradas tan autoritativas como las de los profetas del Antiguo Testamento, pues el apóstol da evidencias claras en sus cartas de que eran documentos inspirados por el Espíritu Santo (ver 1 Cor. 7:10, 12, 40). Algunos estudiosos enfatizan el elemento humano en las Escrituras a expensas del divino. ¿Por qué es ese un camino que conduce a la ruina espiritual?
Martes 3 de noviembre
ASISTENTES LITERARIOS
Lee Jeremías 36:17-18 y Romanos 16:22. ¿Qué dicen estos versículos acerca del uso de asistentes literarios por parte de los escritores bíblicos? Jeremías mismo podría haber puesto por escrito lo que le fue revelado, pero, en lugar de ello, pidió a un escriba de confianza que registrara fielmente sus mensajes proféticos y los compartiera con los líderes de la nación. Él no es el único profeta bíblico que utilizó los servicios de un asistente literario para comunicar sus mensajes de origen divino.
En el Nuevo Testamento, aunque Tercio dice que escribió la epístola a los Romanos (Rom. 16:22), queda claro desde el comienzo del documento que escribió lo que Pablo le indicó. Tercio era el amanuense o secretario del apóstol, un asistente literario que ponía por escrito las palabras de Pablo. Esta práctica no era inusual para el apóstol, ya que concluye sus cartas a los colosenses y los tesalonicenses incluyendo su saludo autógrafo (Col. 4:18; 2 Tes. 3:17) como forma de autenticar todo el documento. Esto sugiere que confiaba en otra persona para que escribiera las cartas por él.
Puesto que esto podía suscitar dudas acerca de si la carta lo representaba correctamente —o, peor aún, sospechas de que no era suya—, Pablo agregaba su propia nota manuscrita al final como evidencia de autenticidad. Muchos comentaristas atribuyen la variación en el estilo literario en las cartas de Pablo al uso que hizo de asistentes. Se supone lo mismo respecto de las dos cartas de Pedro: «Aunque es un hecho que el estilo del lenguaje de 2 Pedro es diferente del de la primera epístola, puede explicarse razonablemente, pues es probable que Pedro —un palestino de poca cultura, cuya lengua materna era el arameo— sin duda recurrió a la ayuda de un secretario para la redacción de una epístola que fue escrita en griego.
Si Pablo, que manejaba la lengua griega con soltura, evidentemente usó secretarios, es aún más lógico suponer que Pedro hubiera buscado la ayuda de secretarios y que estos hubieran influido mucho en la redacción de sus cartas en griego» (Comentario bíblico adventista del séptimo día [Florida: ACES, 1996], t. 7, p. 612). Esto sugiere que, aunque fiel a los pensamientos y a la intención de los mensajeros de Dios en materia de significado, el vocabulario y la construcción de las frases podrían reflejar las diferentes habilidades literarias de los ayudantes que empleaban. Los pensamientos de los mensajeros de Dios son el objeto de la inspiración divina, pero no necesariamente las palabras específicas utilizadas para expresar esos pensamientos inspirados.
Miércoles 4 de noviembre
FUENTES LITERARIAS
«Además de ser sabio, el Predicador enseñó sabiduría al pueblo. Consideró, y compuso muchos proverbios. Procuró hallar las palabras adecuadas, y lo que escribió fue recto y verdadero» (Ecl. 12:9-10). Este pasaje puede interpretarse en el sentido de que Salomón no fue el autor de todos los proverbios que registró. Bajo la inspiración de Dios, «consideró» muchos dichos y trató de encontrar «palabras adecuadas». De hecho, la descripción tan citada de la mujer virtuosa en Proverbios 31 es atribuida a la madre de un rey llamado Lemuel y no a Salomón (Prov. 31:1). La evidencia apunta también a la influencia de la literatura egipcia en los Proverbios.
Del mismo modo, los historiadores inspirados del Antiguo Testamento reconocen que consultaron archivos y otros registros para narrar fielmente la historia del pueblo de Dios. Lee 1 Reyes 11:41; Lucas 1:1-4; Judas 1:14-15. ¿Qué dicen estos versículos acerca del uso que los escritores inspirados hacían a veces de fuentes no bíblicas? Esdras y Nehemías son otros ejemplos de escritores bíblicos que se basaron en registros históricos para documentar sus relatos. El primero incluye copias de cartas y decretos reales relacionados con Jerusalén y Persia (ver Esd. 4-7), mientras que Nehemías menciona los registros genealógicos que encontró e incorporó a su narración (ver Neh. 7:5-72).
Este hecho se observa también en el Nuevo Testamento. «Por lo que sucedió con Lucas, se deduce claramente que la Inspiración funciona en armonía con la operación natural de las facultades mentales sin prescindir de ellas. Aquí vemos a un autor inspirado, guiado por el Espíritu Santo, para examinar en forma diligente los registros ya escritos y los orales que había sobre la vida de Cristo; y luego, impulsado a organizar la información recopilada en una narración» (Comentario bíblico adventista del séptimo día [Florida: ACES, 1995], t. 5, p. 654) Judas parece estar citando 1 Enoc 1:9, una obra judía intertestamentaria no canónica.
Pablo también citó a filósofos griegos sin identificarlos (ver Hech. 17:28; Tito 1:12). Aunque los escritores bíblicos a menudo se guiaban por revelaciones directas recibidas mediante visiones y sueños, esto no excluía que el Espíritu Santo también los guiara para seleccionar material de otras fuentes. ¿Por qué es importante tener esto presente?
Jueves 5 de noviembre
EL MENSAJE DIVINO Y LAS IMPERFECCIONES HUMANAS
¿Qué dice Pablo sobre el tesoro de Dios en 2 Corintios 4:7? Pablo dice que el tesoro de Dios ha sido confiado a «vasos de barro» (seres humanos), para que el poder de Dios se manifieste en contraste con nuestras debilidades. Las Escrituras revelan que, así como los mensajeros de Dios no fueron preservados sobrenaturalmente de los fracasos personales (Moisés, Elías, David, Jonás y Pedro, por ejemplo), sus escritos tampoco estuvieron exentos de las imperfecciones propias del entendimiento y la comunicación humanos. «La unión de lo divino y lo humano que se manifestó en Cristo existe también en la Biblia.
Las verdades reveladas son todas inspiradas divinamente; pero están expresadas en las palabras de los hombres y se adaptan a las necesidades humanas» (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 698). La humanidad de los mensajeros de Dios no es suprimida a causa de su llamado divino a comunicar los tesoros de la verdad, como escribió el apóstol Pablo en 2 Corintios 4:7. Tampoco parece que el Espíritu Santo considerara oportuno impedir que sus mensajeros hicieran declaraciones y escribieran palabras que hoy nos resultan difíciles de armonizar o explicar. Los versículos que representan esas dificultades son tan pocos que solo una mente muy estrecha tropezaría a causa de ellos.
Como cristianos que creemos en la Biblia, debemos rendirnos a la Palabra de Dios en la medida en que la entendemos y confiamos en el Señor, y a pesar de lo que aún no comprendemos. Algunas discrepancias pueden atribuirse a errores sin importancia cometidos por copistas posteriores, o a fuentes divergentes en las que se basaron los autores inspirados. Al considerar los pasajes problemáticos, debemos preguntarnos si comprendemos plenamente el significado de las palabras del escritor y si un estudio más profundo podría resolver la dificultad. Incluso si no somos capaces de resolver todos los aparentes errores o discrepancias, encontramos que son irrelevantes para la esencia del mensaje presentado.
Podemos confiar en que las verdades divinas de las Escrituras han sido reveladas y comunicadas fidedignamente a pesar de las imperfecciones de los mensajeros de Dios. ¿Por qué eligió Dios utilizar a seres humanos falibles en lugar de ángeles sin pecado como sus mensajeros?
Viernes 6 de noviembre
LOS ESCRITOS DE ELENA DE WHITE
La experiencia y los escritos de Elena de White son muy similares a los de los mensajeros bíblicos de Dios cuya obra hemos estudiado esta semana. Ella también recibió la comisión divina de poner por escrito lo que se le había revelado. Elena de White escribió en 1909: «Debido al accidente que casi me costó la vida, mi salud era débil y no podía escribir. […] Pero el ángel del Señor se me presentó una noche y me dijo: “Debes escribir lo que te comunico”. Le respondí: “No puedo escribir”. Él repitió la orden: “Escribe lo que te digo”. Decidí intentarlo, tomé con qué escribir, comencé a hacerlo y descubrí que podía registrar las palabras con facilidad» («Let Us Publish Salvation», The General Conference Bulletin, 31 de mayo de 1909, p. 225).
Al igual que los escritores bíblicos inspirados, Elena de White empleó asistentes literarios. Sus secretarios hacían el trabajo propio de los editores: ayudar a los autores a expresar sus ideas con claridad sin insertar ideas propias. No eran personas que escribían en lugar de ella ni coautores. Su trabajo dependía del material que la propia Elena de White producía, ya fuera de manera manuscrita u oral. En sus escritos, Elena de White también citaba y adaptaba material de otras fuentes literarias para presentar de manera más adecuada sus mensajes.
El hecho de que recomendara a sus lectores algunos de los libros que ella misma utilizó en tal sentido es evidencia de que no pretendía engañar a su público ni atribuirse la autoría de esos materiales citados o adaptados, sino que lo hacía porque encontraba en esas fuentes expresiones adecuadas para transmitir las verdades que deseaba comunicar. ¿Qué decir de las discrepancias o inexactitudes? «Acerca de la infalibilidad, nunca pretendí tenerla», ella escribió. «Solo Dios es infalible» (Mensajes selectos, t. 1, p. 44). Sus escritos contienen algunas afirmaciones difíciles de entender o de armonizar con otras.
La humanidad de Elena de White no fue suprimida por su llamado divino. Como todos nosotros, ella también creció y maduró, como puede apreciarse en sus escritos. Como ya se ha dicho, Elena de White corrigió a quienes creían erróneamente que cada palabra que escribía provenía directamente del cielo. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro.
Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 3, pp. 66-67). Para conocer más acerca de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 3, pp. 102-145; William C. White, cartas en Apéndice C de Mensajes selectos, t. 3, pp. 528-544.
