Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Sábado 25 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA:
Génesis 15:16; Levítico 18:24–30; 2 Timoteo 4:1, 8; Éxodo 23:28–30; Deuteronomio 20:10, 15–18; Isaías 9:6.
PARA MEMORIZAR:
“Todos estos reyes y sus tierras tomó Josué de una vez, porque el Señor Dios de
Israel peleaba por los israelitas” (Jos. 10:42).
El libro de Josué contiene algunas escenas inquietantes. El concepto de la guerra por orden de Dios –que un grupo de personas reciba y ejecute el
mandato divino de destruir a otro– plantea serios interrogantes. El tema de la guerra por orden divina en el Antiguo Testamento es desafiante.
Dios aparece en el Antiguo Testamento como el Señor soberano del universo. Por lo tanto, todo lo que sucede debe, de alguna manera, estar relacionado con
su voluntad, directa o indirectamente.
En consecuencia, la pregunta: “¿Cómo puede Dios permitir estas cosas?” resulta inevitable. Vimos la semana pasada
que Dios mismo está involucrado en un conflicto que es mucho mayor que cualquier guerra o batalla librada en la historia humana, un conflicto que impregna
todos los aspectos de nuestras vidas. También vimos que los acontecimientos de la historia bíblica y secular solo pueden comprenderse plenamente a la luz
de ese conflicto.
Esta semana continuaremos explorando la complejidad de las guerras aprobadas por Dios, las limitaciones y condiciones que las rigen, la visión final de
la paz ofrecida por los profetas del Antiguo Testamento y las implicaciones
espirituales de tales guerras.
Domingo 26 de octubre
LA INIQUIDAD DE LOS CANANEOS
Lee Génesis 15:16; Levítico 18:24-30; Deuteronomio 18:9-14 y Esdras 9:11.
¿Qué dicen estos textos acerca del plan más amplio de Dios al ofrecer la tierra de Canaán a los israelitas? Tenemos que mirar más allá del libro de Josué para entender completamente lo que significaba la iniquidad de las naciones que habitaban Canaán. Las prácticas aborrecibles de esas naciones, como el sacrificio de niños, la hechicería, la adivinación mediante la invocación a los muertos y el espiritismo, nos dan una pista (Deut. 18:9-12).
El descubrimiento de los antiguos textos de la ciudad estado de Ugarit o Ras Shamra proporciona más información acerca de la religión y la sociedad
cananeas, y demuestra que la condena de esta cultura no solo era comprensible, sino también justificada según las normas morales del Antiguo Testamento.
La religión cananea se basaba en la creencia de que los fenómenos naturales que aseguraban la fertilidad estaban controlados por las relaciones sexuales entre dioses y diosas. En consecuencia, concebían la actividad sexual de las deidades en términos de su propio comportamiento sexual humano y realizaban prácticas sexuales rituales para incitar a los dioses y diosas a hacer lo mismo.
Este concepto dio lugar a la institución de la prostitución “sagrada”, en la que prostitutas y prostitutos participaban en ritos orgiásticos como parte de sus
prácticas religiosas. Una nación no puede elevarse a un nivel moral superior al de los dioses que adora. Como resultado del concepto que los cananeos tenían de sus deidades, no
es de extrañar que sus prácticas religiosas incluyeran, por ejemplo, el sacrificio de niños, algo contra lo que advertía específicamente la Biblia.
La evidencia arqueológica confirma que los habitantes de Canaán sacrificaban regularmente a sus primogénitos como parte de la adoración a sus dioses, que eran en realidad demonios. Pequeños esqueletos aplastados, encontrados en grandes jarras con inscripciones cúlticas, dan testimonio de su degradante religión y de lo que significaba para muchos de sus hijos.
La erradicación de los cananeos, pues, no fue una ocurrencia tardía, algo que surgió a raíz de la decisión de Dios de entregar la tierra de Canaán a los
israelitas.
Dios concedió a los habitantes de Canaán un tiempo de gracia o misericordia adicional durante el cual tuvieron la oportunidad de conocer a Dios y su carácter por medio del testimonio de los patriarcas que vivieron entre ellos. Tuvieron la oportunidad, pero, obviamente, la desaprovecharon y siguieron con sus horribles prácticas hasta que el Señor finalmente tuvo que ponerles fin.
Lunes 27 de octubre
EL JUEZ SUPREMO
Lee Génesis 18:25; Salmo 7:11; 50:6; 82:1; 96:10; 2 Timoteo 4:1, 8. ¿Qué dicen estos versículos acerca del carácter moral de Dios? ¿Cómo nos ayuda su
estatus como Juez del universo a entender la cuestión de la guerra por mandato divino? La santidad del carácter de Dios significa que no tolera el pecado. Aunque él es paciente, el pecado debe cosechar su consecuencia final, que es la muerte (Rom. 6:23). El Señor declaró la guerra al pecado sin importar dónde este se encontrara, ya fuera en Israel o entre los cananeos. El hecho de participar en guerras santas no santificaba a Israel ni a otras naciones (Deut. 9:4, 5; 12:29, 30), ni siquiera cuando estas eran usadas por Dios para ejecutar sus juicios contra su
propio pueblo elegido.
A diferencia de otros pueblos del antiguo Cercano Oriente, la guerra santa se volvió contra los israelitas cuando Dios no luchó por ellos sino contra ellos, permitiendo que sus enemigos los oprimieran (comparar con Jos. 7). El concepto de guerra santa como parte de la conquista de Canaán solo puede entenderse si se contempla a la luz de la actividad de Dios como juez. Vistas así, las guerras de conquista del Israel de antaño adquieren un carácter completamente diferente. En contraste con las guerras imperialistas motivadas por el deseo de ensalzamiento propio, tan comunes en la antigüedad y en nuestros días, las guerras de Israel no estaban destinadas a alcanzar la gloria nacional, sino a establecer la justicia y la paz de Dios en la Tierra.
Por lo tanto, en el centro de la comprensión de las guerras ordenadas por Dios estaban su gobierno y su soberanía, implícitos en su caracterización como guerrero, rey y juez.
Como guerrero y juez, Dios se compromete a implementar, estabilizar y mantener el imperio de la ley, que es el reflejo de su carácter. La imagen de Dios como guerrero, similar a la de juez y rey, afirma que él no tolerará para siempre la rebelión contra su orden establecido. Por lo tanto, se puede afirmar que el objetivo de la actividad de Dios nunca es la guerra ni la victoria en sí, sino el restablecimiento de la justicia y la paz. En definitiva, hacer la guerra y juzgar o impartir justicia son una misma cosa si Dios es el sujeto de la acción.
Reflexiona acerca de Dios como juez justo que no puede ser sobornado ni influido para actuar de manera parcial. ¿Cómo armoniza con el evangelio un Dios que no tolera indefinidamente el pecado, la opresión, el sufrimiento de los inocentes y la explotación de los oprimidos?
Martes 28 de octubre
¿DESPOJAR O ANIQUILAR?
Compara Éxodo 23:28-30; 33:2; 34:11; Números 33:52 y Deuteronomio 7:20 con Éxodo 34:13 y Deuteronomio 7:5; 9:3; 12:2, 3; 31:3, 4. ¿Qué revelan estos
textos acerca del propósito de la conquista y los alcances de la destrucción?.
El propósito original de Dios para los cananeos no era que fueran aniquilados, sino desposeídos. Los pasajes que describen la forma en que Israel tuvo que involucrarse en las batallas de la conquista utilizan términos que hablan de la desposesión, expulsión y dispersión de los habitantes de la Tierra Prometida.
Los términos del segundo grupo de textos, los que expresan destrucción y tienen a Israel como sujeto de la acción, se refieren sobre todo a objetos inanimados, como artículos de culto pagano y utensilios. Evidentemente, los lugares de culto pagano y los altares constituían los principales centros de la religión cananea.
La guerra santa estaba orientada principalmente hacia la cultura y la sociedad corruptas de Canaán. Para evitar la contaminación, Israel tuvo que destruir todos los elementos que propagaban la corrupción. Sin embargo, los habitantes de Canaán, y quienes reconocieron a título individual la soberanía de Dios antes de la conquista o incluso en el transcurso de ella, pudieron escapar mediante la migración (Jos. 2:9-14; comparar con Jue. 1:24-26). La única parte de la población cananea condenada a la destrucción fue la que se recluyó en las ciudades fortificadas, continuó rebelándose obstinadamente contra el plan de Dios para los israelitas y endureció su corazón (Jos. 11:19, 20).
Sin embargo, esto plantea una pregunta: si el propósito inicial de conquistar Canaán era expulsar a los habitantes de la tierra y no aniquilarlos, ¿por qué los
israelitas tuvieron que matar a tantas personas?. El análisis de los textos bíblicos relacionados con la conquista de Canaán revela que su intención original era dispersar a la población cananea. Sin embargo, la mayoría de los cananeos, al igual que el faraón de Egipto, endurecieron sus corazones y se aferraron a su cultura hasta el punto de que fueron destruidos
con esta. ¿Qué elementos y hábitos deben ser desarraigados de tu carácter?
Miércoles 29 de octubre
LIBRE ELECCIÓN
Lee Deuteronomio 20:10, 15-18; 13:12-18 y Josué 10:40.
¿Cómo iluminan estos mandatos de Dios acerca de la guerra y de cómo debía proceder Israel con las naciones idólatras la orden divina de destruir completamente a algunos de esos pueblos?.
El texto hebreo utiliza un término especial para describir la destrucción de personas en la guerra: herem. Esta palabra se refiere a lo que está “prohibido”, “condenado” o “dedicado a la aniquilación”. En la mayoría de las ocasiones, ese vocablo designa la colocación completa e irrevocable de personas, animales u objetos inanimados en el dominio exclusivo de Dios, lo que en un contexto bélico implicaba, en la mayoría de los casos, su destrucción. El concepto y la práctica del herem como erradicación total de un pueblo en la guerra deben entenderse a la luz del conflicto de Dios con las fuerzas cósmicas del mal, en el que están en juego su carácter y reputación.
La neutralidad no es posible desde que el pecado apareció en el mundo. Solo se puede estar de parte de Dios o contra él. Lo primero conduce a la vida eterna;
la otra opción, a la muerte eterna. La destrucción total representaba el juicio justo de Dios contra el pecado y el mal. Dios delegó en su pueblo escogido, el antiguo Israel, y en un momento especial de la historia, la toma de posesión de la Tierra Prometida, la ejecución de sus juicios. La consagración de algo a la destrucción estaba bajo su estricto control teocrático, limitado al período de la conquista y al área geográfica bien definida de la antigua Canaán. Como vimos en el estudio de ayer, quienes estaban consignados a la destrucción se rebelaron constantemente contra los propósitos de Dios, y los desafiaron, sin demostrar nunca un genuino arrepentimiento.
Por lo tanto, la decisión de Dios de destruirlos no fue arbitraria ni nacionalista. Además, Israel recibiría el mismo trato si decidía adoptar el estilo de vida de los cananeos (comparar con Deut. 13). Aunque parezca que los grupos situados a ambos lados de la guerra divina estaban predefinidos (los israelitas heredarían la tierra y los cananeos serían destruidos), los roles podían revertirse, como veremos en los casos de Rahab, Acán y los gabaonitas.
Las personas no estaban ni protegidas ni destinadas arbitrariamente a la destrucción. Quienes se beneficiaban de una relación con el Señor podían perder su estatus privilegiado si incurrían en rebelión, mientras que aquellos sobre quienes pesaba un decreto divino de destrucción podían someterse a la autoridad de Dios y vivir.
¿Qué implicaciones espirituales tiene la actitud desafiante de los cananeos para con Dios en nuestro contexto actual? Es decir, ¿qué consecuencias tienen para
nosotros las decisiones que tomamos libremente?
Jueves 30 de octubre
EL PRÍNCIPE DE PAZ
¿Cómo describen los siguientes textos el futuro que Dios había previsto para su pueblo? Isaías 9:6; 11:1-5; 60:17; Oseas 2:18; Miqueas 4:3.
Aunque el tema principal de la lección de esta semana son las guerras del Antiguo Testamento, encomendadas por Dios y asistidas por él, debemos mencionar la presencia de otro tema igualmente significativo en los escritos proféticos del Antiguo Testamento: la visión futura de la era mesiánica, caracterizada por la paz. El Mesías es descrito como el “Príncipe de paz” (Isa. 9:6), quien establecerá un reino en el que el león y el cordero pastarán juntos (Isa. 11:1-8), donde no habrá destrucción ni daño (Isa. 11:9), donde la paz reinará (Isa. 60:17)
y fluirá como un río (Isa. 66:12).
Lee 2 Reyes 6:16-23. ¿Qué revelaciones ofrece esta historia acerca de los propósitos más profundos de Dios para su pueblo y la humanidad? Consideremos la historia de la alimentación del ejército sirio por iniciativa de Eliseo. En lugar de masacrarlos (2 Rey. 6:22), les mostró el ideal supremo de la paz, que siempre ha sido el deseo de Dios para su pueblo. Es interesante observar que Eliseo era plenamente consciente de la superioridad del ejército invisible que rodeaba al enemigo (2 Rey. 6:17). Dios está implicado en un conflicto cósmico que también ha afectado a nuestro planeta, pero el objetivo final de la redención no es un conflicto perpetuo, ni siquiera una subyugación eterna del
enemigo en un estado de esclavitud, sino la paz eterna.
Así como la violencia engendra violencia (Mat. 26:52), la paz engendra paz. El relato concluye afirmando que “las cuadrillas de Siria no volvieron más a la tierra de Israel” (2 Rey. 6:23).
Piensa en maneras de emular a Jesús y actuar como agente de paz. Si estás atravesando algún conflicto, ¿cómo puedes ser un instrumento de paz y no de discordia?
Viernes 31 de octubre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee las páginas 523-527 del capítulo “La caída de Jericó” en el libro Patriarcas y profetas de Elena de White.
Como en el caso de todo contenido bíblico, conocer el contexto y los antecedentes de algo resulta crucial. Según hemos visto, el conflicto cósmico y la figura de Dios como juez son cruciales para entender las guerras libradas por el pueblo de Dios contra los cananeos. “Dios es lento para la ira. Dio un tiempo de gracia a las naciones impías para que pudieran llegar a familiarizarse con él y su carácter. De acuerdo con la luz dada fue su condenación, porque rehusaron recibir la luz y eligieron sus propios caminos antes que los caminos de Dios. Dios dio la razón por la cual no desposeyó inmediatamente a los cananeos. No se había colmado la iniquidad de los amorreos. Debido a su iniquidad, gradualmente se estaban colocando en el punto en que no podría actuar más la tolerancia de Dios, y serían exterminados.
Hasta que no se llegara a este punto y se colmara su iniquidad, se pospondría la venganza de Dios. Todas las naciones tuvieron un período de tiempo de gracia.
Las que invalidaron la Ley de Dios se hundieron más y más en la impiedad. Los hijos heredaron el espíritu rebelde de sus padres y se portaron peor que ellos, hasta que los alcanzó la ira de Dios. El castigo no fue menor por haber sido postergado” (Comentarios de Elena de White, Comentario bíblico adventista del
séptimo día, t. 2, p. 999).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Qué implica el hecho de que Dios sea nuestro Juez y el Juez supremo del universo? ¿Por qué ese hecho es fundamental para el Evangelio y para
nuestra salvación?
2. ¿Cómo ilustra el caso de los cananeos la paciencia y la justicia de Dios? ¿Cómo podríamos reflejar el carácter de Dios en nuestra manera de relacionarnos con nuestros semejantes?
3. Reflexiona acerca de la naturaleza fundamental del libre albedrío. ¿Por qué respeta Dios nuestra libertad de elección? ¿Qué relación existe entre el amor y la libertad de elección?
4. El Antiguo Testamento contiene muchas historias de guerras y conflictos, pero anuncia el establecimiento final de la paz. ¿Qué papel deben desempeñar los cristianos para establecer la paz en su entorno?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

La esencia de la vida y del testimonio cristianos
Las cartas del apóstol Pablo a los corintios contienen un mensaje profundamente vigente para la iglesia de hoy. En medio de una sociedad marcada por la división, la inmoralidad y la idolatría, Pablo presenta una verdad inmutable: Jesucristo y su sacrificio en la cruz son el fundamento de la vida cristiana y la respuesta a los desafíos espirituales de cada generación.
En este estudio exploraremos cómo el evangelio transforma el carácter, fortalece la unidad de la iglesia, inspira el amor, promueve el uso correcto de los dones espirituales y nos prepara para la pronta venida de Cristo. A través de 1 y 2 Corintios descubriremos principios prácticos para vivir una fe auténtica, crecer en la gracia y mantenernos fieles al mensaje de la cruz en un mundo lleno de desafíos.
Lección 13:
Para el 26 de septiembre de 2026
GRACIA, AMOR Y COMUNIÓN
Sábado 19 de septiembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Corintios 8: 9; Romanos 16: 20; 1 Juan 4: 8-11; 2 Corintios 13: 11; Filipenses 2: 1-2; Gálatas 4: 4-6.
PARA MEMORIZAR: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13).
Pablo concluye 2 Corintios destacando nuevamente los elementos esenciales abordados en sus Cartas. Lo hace por medio de cinco imperativos (2 Cor. 13: 11). El primero, «tengan gozo», recuerda textos anteriores de las Cartas. El segundo imperativo, «busquen su restauración» (NVI), es la traducción de una sola palabra en griego (katartizō), que aparece aquí y en 1 Corintios 1: 10. El tercero, «anímense mutuamente», retoma 2 Corintios 1: 3-7.
Pablo comienza y termina su segunda Cartas con palabras de aliento. Recibimos ánimo de Dios para alentar a otros (2 Cor. 1: 4, 6). Los imperativos cuarto y quinto, «Sean de un mismo sentir y vivan en paz» (2 Cor. 13: 11), son un llamado a la unidad. Esta atmósfera de gozo, restauración, ánimo, unidad y paz es la condición para la presencia del «Dios de paz y amor» (2 Cor. 13: 11) y el resultado de su obra en el corazón humano (2 Cor. 13: 13). La gracia, el amor y la comunión son el resultado de la obra del Dios trino por nosotros. Estas tres características cristianas promueven un ambiente caracterizado por la presencia de Dios.
Domingo 20 de septiembre
LA GRACIA DE JESÚS
Resulta inspirador que al final de 2 Corintios, así como en su comienzo, veamos una referencia a la gracia de Jesús (2 Cor. 1: 2; 13: 13). Como vimos al comienzo de este trimestre, Pablo no podía dejar de pensar y hablar de Jesús. «Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza» (2 Cor. 8: 9). Cuán admirable es la gracia de Jesús. Dejó las riquezas de su existencia eterna en el cielo para hacerse pobre. Caminó por los polvorientos caminos de la antigua Galilea. «Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2: 8). Lo hizo para enriquecernos; es decir, para que tuviéramos la oportunidad de estar con él en el cielo.
Para nosotros, que solo hemos conocido un mundo de pecado, muerte y sufrimiento, es difícil siquiera empezar a comprender lo que significó para Jesús abandonar el cielo para venir aquí y ofrecer su vida por nosotros. Lee Romanos 16: 20, Gálatas 6: 18, Filipenses 4: 23 y 1 Tesalonicenses 5: 28. ¿Qué enseñanza importante ves en estos pasajes? Pablo se refiere muy a menudo a la gracia de Jesús en sus Cartas. Algunas perlas incluyen: «Se derramaron la gracia y el don sobre los muchos por la gracia de [...] Jesucristo» (Rom. 5: 15). Aquellos que reciben esta abundante gracia «reinarán en vida [...] por Jesucristo» (Rom. 5: 17). Al igual que en 2 Corintios, Pablo también comienza y termina otras Cartas mencionando la gracia de Jesús (Rom. 1: 7; 16: 20; 1 Cor. 1: 3; 16: 23; Gál. 1: 3; 6: 18; Fil. 1: 2; 4: 23).
Este tema ocupaba sus pensamientos y quería que también llenara la mente de los corintios. Ese era su deseo para todas las iglesias. Observa lo que dice a los efesios: «La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable» (Efe. 6: 24). Si estuviera entre nosotros, Pablo sin duda desearía que también nosotros amáramos a Jesús con un amor eterno. Podemos estar seguros de eso porque su deseo era que la gracia de Jesús llegara «a más y más personas» (2 Cor. 4: 15, NVI) y fuera suficiente para ellas, tal como lo fue para él (2 Cor. 12: 9). Piensa en la gracia de la que Dios te ha hecho inmerecidamente objeto a pesar de tus palabras y acciones.
Lunes 21 de septiembre
EL AMOR DE DIOS
«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13). Pablo termina su segunda Carta con este versículo. Nota que menciona a las tres personas de la Trinidad en este orden: Hijo, Padre y Espíritu Santo. A través de la obra de los tres podemos comprender mejor cómo es Dios y lo que ha hecho por nosotros. Lee Juan 3: 16-17, Romanos 8: 37-39 y 1 Juan 4: 8-11. ¿Qué nos dicen estos pasajes acerca del amor de Dios? El conocido versículo de 1 Juan 4: 8 dice que «Dios es amor».
El amor es un atributo esencial de la Deidad. Jesús destaca el hecho de que Dios demostró su amor al dar a su único Hijo para que muriera por nosotros (Juan 3: 16). Él envió a Jesús en una misión de rescate (Juan 3: 17), y esto era parte del proyecto de salvación (Hech. 3: 20-21; 1 Juan 4: 10, 14). Jesús afirmó varias veces en los evangelios que el Padre lo envió (Mat. 10: 40; Mar. 9: 37). En una declaración notable, Pablo dice: «Dios demuestra su amor hacia nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rom. 5: 8). Podemos vislumbrar el amor de Dios en la dulce relación existente entre los cónyuges, entre padres e hijos, en las amistades sinceras, etc. La naturaleza también da testimonio de ese amor.
Respecto de esto, Elena G. de White dice: «“Dios es amor” está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la hierba que crece. Las lindas avecillas que llenan el aire de melodías con sus dulces trinos, las flores exquisitamente matizadas que en su perfección perfuman el ambiente, los imponentes árboles del bosque con su rico follaje de esplendoroso verdor; todo ello atestigua el tierno y paternal cuidado de nuestro Dios y de su deseo de hacer felices a sus hijos» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 15).
Sin embargo, nada es más convincente que el hecho de que Dios haya entregado a Jesús como sacrificio por nuestros pecados. Cuando comprendemos que Dios nos amó hasta el punto de enviar a Jesús para que diera su vida por nosotros, nuestra respuesta es la disposición a «dar nuestra vida por los hermanos» (1 Juan 3: 16). Pablo quería que los corintios vivieran en unidad, pero no es posible sin amor. Por eso les enseñó que «el amor edifica» (1 Cor. 8: 1) y que todo es inútil y vacío donde no lo hay (1 Cor. 13: 1-3). Por lo tanto, todo debe ser hecho con amor (1 Cor. 16: 14), un amor que es una extensión del de Dios. ¿Qué perderíamos en el evangelio si Jesús mismo no fuera plena y eternamente Dios?
Martes 22 de septiembre
EL DIOS DE AMOR
En el antiguo mundo pagano, la gente no creía que los dioses amaran a los seres humanos. Por el contrario, las deidades eran malévolas y furiosas, y debían ser apaciguadas. La idea de un Dios de amor, tal y como la vemos en la Biblia, era entonces una novedad. Por sorprendente que fuera esta afirmación en su época, Pablo caracteriza a nuestro Dios como «el Dios de paz y de amor» (2 Cor. 13: 11). Lee 2 Corintios 13: 11. ¿Cómo puedes obtener esperanza de lo que se dice aquí? ¿Cómo puedes experimentar mejor lo que enseña? La expresión «el Dios de paz y de amor» puede ser interpretada de dos maneras. Por un lado, Dios es la fuente del amor y la paz.
Por otro, Dios se caracteriza por el amor y la paz. Sin embargo, no es necesario decidir entre las dos. Debido a que el amor y la paz son características intrínsecas de Dios, él nos otorga amor y paz. En otro lugar, Pablo se refiere a Dios como «el Dios de la paciencia y el consuelo» (Rom. 15: 5); «de la esperanza» (Rom. 15: 13); «de paz» (Rom. 15: 33; 16: 20; 1 Cor. 14: 33; Fil. 4: 9; 1 Tes. 5: 23), «Padre de compasión» (2 Cor. 1: 3) y «Dios de todo consuelo» (2 Cor. 1: 3). Dios es la fuente de todas estas bendiciones. Él nos las concede por su amor inquebrantable. Además, aunque la expresión «Dios de paz» es bastante común en la Biblia, la expresión «Dios [...] de amor» solo aparece aquí (2 Cor. 13: 11) y, por lo tanto, merece nuestra más profunda reflexión.
Como han señalado muchos intérpretes, la referencia de Pablo al Dios de amor unos versículos antes de la bendición trinitaria en 2 Corintios 13: 13 sugiere que él concibe a la Deidad como integrada por tres personas. «Aunque aquí utiliza la palabra “Dios” en referencia a uno de los tres, su comprensión de Jesús y del Espíritu en otras partes de sus Cartas [...] nos obliga a ver toda la frase como una descripción del único Dios que la iglesia primitiva llegó a ver en forma trina. Pasaría más de un siglo antes de que los teólogos [...] comenzaran a utilizar palabras como “trinidad” como una forma abreviada de expresar lo que Pablo ya estaba articulando» (Tom Wright, 2 Corinthians [Londres: SPCK, 2004], p. 148).
Creemos en un solo Dios; es decir, en la unidad de tres personas que viven eternamente en una relación de amor. Este Dios trino nos ama y nos llama a amarnos unos a otros de una manera que refleje el amor que existe entre ellos.
Miércoles 23 de septiembre
LA COMUNIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
La gracia de Jesús no solo revela el amor que Dios siente por nosotros, sino también nos otorga la comunión del Espíritu como un efecto adicional de ese amor. Al mismo tiempo, la comunión tiene su origen en el amor de Dios, ya que ella no es posible sin amor. Como escribe Pablo: «Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si alguna ternura y compasión; completen mi gozo, tengan el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (Fil. 2: 1-2).
Algunas personas sostienen que el Espíritu Santo es solo una fuerza o influencia. ¿Qué sentido tendría que Pablo mencionara a dos personas —el Padre y el Hijo— junto con una mera «fuerza» en una fórmula trinitaria? Eso no tendría sentido. Así como el Padre y el Hijo se presentan en una relación personal (2 Cor. 1: 3; 11: 31), la relación del Espíritu con las personas nos lleva a la conclusión de que él también es una persona (Rom. 8: 15-16; ver también Juan 14: 16-17, 26; 15: 26). La expresión «comunión del Espíritu» (Fil. 2: 1) puede entenderse de dos maneras.
Puede significar la comunión entre nosotros concedida por el Espíritu, o la comunión con el Espíritu mismo. Varios intérpretes de la Biblia sostienen que estos sentidos no son mutuamente excluyentes. Después de todo, la comunión entre nosotros es la consecuencia de la comunión con el Espíritu. Lee 1 Corintios 2: 10-11; 3: 16; 12: 11; 2 Corintios 3: 6-17. ¿Qué enseñó Pablo a los corintios acerca del Espíritu?
Pablo tiene mucho que decir acerca de la obra del Espíritu. En 1 y 2 Corintios existen más de cuarenta referencias al Espíritu Santo, quien promueve la edificación de la iglesia (1 Cor. 14: 12), capacita a las personas para la misión (1 Cor. 2: 4-5), nos revela las cosas profundas de Dios (1 Cor. 2: 10-11) y nos las enseña (1 Cor. 2: 13), mora en nosotros (1 Cor. 3: 16; 6: 19), coopera con Cristo para nuestra justificación (1 Cor. 6: 11), otorga dones espirituales a la iglesia (1 Cor. 12-14), nos sella para la salvación (2 Cor. 1: 22), imprime la ley en los corazones humanos (2 Cor. 3: 3), y da nueva vida en Cristo (2 Cor. 3: 6) y libertad del pecado (2 Cor. 3: 17).
Sin duda, no podemos vivir sin el Espíritu Santo. ¿Por qué es importante comprender la divinidad del Espíritu Santo para entender plenamente el amor de Dios por nosotros?
Jueves 24 de septiembre
NUESTRO DIOS TRINO
Al leer 2 Corintios 13: 13, alguien podría pensar que Cristo es la única fuente de gracia, que Dios es la única fuente de amor y que el Espíritu Santo es la única fuente de comunión, pero nada podría estar más lejos de la verdad. Lee 1 Corintios 1: 3-4, 9; 10: 16; 2 Corintios 1: 2, 12; Romanos 8: 35; 15: 30; Gálatas 2: 20; Efesios 3: 19. ¿Qué dicen estos pasajes acerca de la gracia, el amor y la comunión en relación con los miembros de la Trinidad? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan juntos para nuestra salvación. La gracia, el amor y la comunión no provienen solo de uno de ellos, sino de los tres. Sin embargo, cada uno tiene funciones específicas en la historia de la salvación.
Pablo es consciente de ello y enfatiza esta enseñanza en sus Cartas. Por ejemplo, el plan de salvación es presentado con una asombrosa economía de palabras en Gálatas 4: 4-6 y con la participación de los tres miembros de la Trinidad. Dios Padre envió a Jesús, lo que sugiere que el Padre es la fuente de ese plan (Gál. 4: 4). El Hijo nació de una mujer (Gál. 4: 4), lo que es una referencia a la encarnación y señala el cumplimiento de una antigua promesa (Gén. 3: 15). El Hijo nos redimió y restauró nuestra relación correcta con el Padre, quien había sido difamado por Satanás (Gén. 3: 5). Por su parte, el Espíritu Santo legitima nuestra identidad como hijos de Dios (Gál. 4: 6). Existen otras referencias a la Trinidad en las cartas paulinas.
Sus integrantes actúan juntos, capacitando a la iglesia para la misión (1 Cor. 12: 4-6), nos fortalecen espiritualmente (Efe. 3: 14-19) y promueven una profunda unidad entre los miembros de la iglesia, una unidad que refleja la unidad que caracteriza la relación existente entre los miembros de la Trinidad (Efe. 4: 4-6). Según Pablo, no solo Dios es trino, sino que las tres Personas de la Trinidad obran juntas para nuestra salvación (Efe. 1: 3, 13-14). En Efesios, Pablo llega incluso a mencionar que debemos ser llenos de la plenitud del Padre (Efe. 3: 19), del Hijo (Efe. 4: 13) y del Espíritu Santo (Efe. 5: 18).
Al concluir la correspondencia con los corintios (2 Cor. 13: 13), Pablo no pudo terminar con un final mejor: la promesa de que las tres Dignidades del universo, el Trío celestial, estarían con nosotros ahora y en la era venidera. ¿Cómo debería reflejar la comunión entre los miembros de la iglesia la hermosa relación existente entre los integrantes de la Trinidad?
Viernes 25 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo «No se turbe vuestro corazón», en El Deseado de todas las gentes (pp. 633-650), de Elena G. de White. «Solo la gracia de Jesucristo puede transformar un corazón de piedra en uno de carne y hacerlo vivir para Dios. Los hombres no tienen poder para justificar el alma ni santificar el corazón. La enfermedad moral solo puede ser sanada por el poder del gran Médico. El don más elevado del cielo, el Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad, es el único capaz de redimir a los perdidos» (Elena G. de White, «The Fullness of Christ’s Grace», Signs of the Times, 2 de mayo de 1892). «“Dios es amor”. Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre, y lo serán para siempre. “El Alto y Sublime, el que habita la eternidad”, cuyos “caminos son eternos”, no cambia. En él “no hay mudanza, ni sombra de variación”. »Cada manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito.
La soberanía de Dios encierra plenitud de bendiciones para todos los seres creados. [...] »La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado, es también una demostración del inmutable amor de Dios» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, pp. 11-12). «El Espíritu Santo tiene una personalidad, de lo contrario no podría dar testimonio a nuestros espíritus y con nuestros espíritus de que somos hijos de Dios.
Debe ser una persona divina, además, porque en caso contrario no podría escudriñar los secretos que están ocultos en la mente de Dios» (Elena G. de White, El evangelismo, p. 461). «Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— son bautizados los que aceptan a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo» (Elena G. de White, El evangelismo, pp. 459-460).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Un conocido himno cristiano se titula «Sublime gracia». ¿Por qué es sublime la gracia de Jesús?
2. La parábola del hijo pródigo constituye una hermosa representación del amor de Dios. ¿Cómo sabemos que el padre de esta parábola es amoroso?
3. ¿Cómo pueden las iglesias locales demostrar que la «comunión del Espíritu» es una realidad allí?
