Lección 5: Para el 2 de mayo de 2026
CÓMO ESTUDIAR LA BIBLIA
Sábado 25 de abril
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 15: 1–8; Marcos 1: 35; 1 Crónicas 16: 11; Salmo 119: 105; Isaías 50: 4; 55: 1–13.
PARA MEMORIZAR: «Así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y prosperará en lo que le ordené» (Isa. 55: 11).
Piensa en la ocasión en que tuviste en tus manos tu primera Biblia. Tal vez eras niño y te la obsequió un pariente cristiano o la compraste tú mismo cuando ya eras adulto. Independientemente de cuánto tiempo hace que la tienes, considera el valor que das a ese libro sagrado. ¿Es una de tus posesiones más preciadas o das por sentado que tienes la Palabra viva de Dios al alcance de la mano? ¿Te cuesta ser constante en su lectura? ¿Te has preguntado alguna vez por dónde comenzar a leerla o cómo puedes leerla para acercarte más a Dios? Martín Lutero dijo en una ocasión: «Durante varios años he leído la Biblia dos veces al año. Si ella fuera un imponente árbol y todas sus palabras fueran pequeñas ramas, yo las habría tocado a todas con el anhelo de saber qué había en ellas y qué tenían para ofrecer».
Ya sea que estés dedicando cada día tiempo a la lectura provechosa de la Biblia o que esta permanezca casi siempre cerrada en un estante, lo cierto es que, mediante su estudio, todos podemos desarrollar nuestra relación con Dios. Esta semana exploraremos algunas maneras prácticas de estudiar apropiadamente la Palabra de Dios.
Domingo 26 de abril TIEMPO
¿Alguna vez has puesto el despertador un poco antes de lo habitual para leer la Biblia? ¿Has luchado en alguna ocasión para salir de la cama y luego, al mirar el reloj, has pensado: «Tengo apenas quince minutos para empezar el día; más vale que me dé prisa!»? ¿Alguna vez has hecho una breve oración o has hojeado un capítulo de la Biblia solo para tranquilizar tu conciencia, pero no tu corazón, antes de apresurarte a empezar el día? «Solo se obtiene un beneficio muy escaso de una lectura precipitada de las Sagradas Escrituras.
Uno puede leer toda la Biblia y quedarse, sin embargo, sin captar su belleza o comprender su sentido profundo y oculto» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 133). Si bien es cierto que la lectura de la Biblia reporta bendiciones, es posible leerla de tapa a tapa y de una sola vez, sin obtener todo el provecho disponible en ella. Dios nos dio su inspirada y preciosa Palabra para que conociéramos más acerca de él y de nosotros mismos.
Cuando dedicamos tiempo a contemplar el indescriptible y hermoso carácter de Dios, y las maneras en las que ha interactuado con la humanidad a lo largo de la historia, solo podemos amarlo más. El registro de sus interacciones está allí, a nuestro alcance, pero debemos dedicar tiempo a Dios a través de la lectura de su Palabra (Hech. 17: 11). Considera las siguientes sugerencias: Pide a Dios que ponga en tu corazón el deseo de acercarte a él. Reclama las promesas que se encuentran en Jeremías 29: 13 y Salmo 37: 4. Invítalo a que te despierte antes de lo habitual o a que te ayude a apartar un momento de tu día para estar en comunión con él. Consagra tu tiempo a Dios. Sí, estás ocupado y siempre aparecen cosas urgentes, pero el tiempo dedicado a estar con Dios tiene un valor incalculable. Ve a un lugar tranquilo donde puedas estar a solas y lee el Salmo 46: 10. Lee la letra del himno «Salvador, a ti me rindo» (Himnario adventista, Nº 261) o cántalo como una ofrenda de alabanza dedicada a él. Piensa en las áreas de tu vida que tal vez no estén rendidas a Dios y ofrécelas a él.
Dedica tiempo a estar con Dios, aunque no sientas deseos de hacerlo. Así como es necesaria una decisión consciente y un plan de acción para ser una persona saludable (hacer ejercicio, alimentarse adecuadamente, etc.), se necesita una decisión consciente para tener una relación estrecha con Dios. Recuerda que los nuevos hábitos pueden tardar al menos 21 días en formarse, y que no podemos tener éxito sin la ayuda del Espíritu Santo. Lee nuevamente Juan 15: 1 al 8. ¿Qué nos dice Jesús acerca de nuestra necesidad de permanecer en él y por qué es tan importante para nuestra fe?
Lunes 27 de abril
UN LUGAR
Jesús es nuestro ejemplo perfecto en todas las cosas, incluyendo la devoción personal. ¿Qué nos dice Marcos 1: 35 acerca del tiempo que Jesús pasaba con Dios? Aunque solo se trata de un versículo, podemos aprender mucho del ejemplo de Jesús. Jesús solía apartarse del ajetreo y del bullicio de la vida cotidiana para dirigirse a un lugar solitario y tranquilo para pasar tiempo con su Padre antes de que amaneciera. Imagina la siguiente escena: Jesús sentado junto al mar de Galilea o en la ladera de una colina orando y en comunión con su Padre antes de que el mundo a su alrededor despertara. Este versículo describe el compromiso de Jesús con la oración y muestra que ella era una prioridad para él.
Ese tiempo dedicado a la oración fue, sin duda, lo que le dio fuerzas para afrontar todo lo que tuvo que soportar. Si Jesús necesitaba esto para comenzar cada día, ¡cuánto más nosotros! Dios nos dice: «Busca mi rostro», y espera que nuestra respuesta sea: «Tu rostro buscaré, Señor» (Sal. 27: 8). ¿Qué dice 1 Crónicas 16: 11 acerca de cómo debemos buscar a Dios? ¿Hay algún lugar tranquilo en tu casa o al aire libre donde puedas encontrarte cada mañana con Dios y sentarte a los pies de Jesús para aprender de su Palabra (Luc. 10: 39-42)? Si desarrollas el hábito de ir diariamente a un lugar determinado para pasar tiempo con Dios, será más probable que regreses allí cada día.
No te desanimes si una emergencia inesperada te lo impide alguna vez, pero no dejes pasar demasiado tiempo sin hacerlo. Recuerda que una relación duradera con Dios requiere una decisión diaria y que puedes empezar de nuevo hoy mismo. ¿Cuánto tiempo dedicaste la semana pasada a la oración y a la lectura de la Biblia? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de los cambios que podrías tener que hacer en tus prioridades?
Martes 28 de abril
EL ESTUDIO PROFUNDO DE LA BIBLIA
Aunque no es necesario ser un erudito para estudiar la Biblia, ¿cómo puedes hacerlo en profundidad? Orar: Es imposible exagerar la importancia de la oración como parte de tu estudio de la Biblia. Elena G. de White dice que no estamos solos cuando leemos la Biblia. Al invitar al Espíritu Santo a ser nuestro guía, rechazamos todas las distracciones y el Enemigo huye. «Nunca se debería estudiar la Biblia sin oración. Solo el Espíritu Santo puede hacernos sentir la importancia de lo que es fácil comprender, o impedir que nos apartemos del sentido de las verdades de difícil comprensión» (El conflicto de los siglos, p. 585). Leer y escribir: Podría decirse que la acción de escribir marca la diferencia entre la mera lectura de la Biblia y su estudio.
Escribir nos ayuda a desacelerar nuestros pensamientos, a reflexionar acerca de la Palabra de Dios y a interactuar con ella a un ritmo que permite la observación, la interpretación, la aplicación y el compromiso. La acción de escribir también contribuye a que nuestras ideas inicialmente dispersas sean puestas en orden y terminen volviéndose acciones concretas durante el día. Además, es más probable que recordemos algo que hemos escrito (Sal. 119: 15, 16). Si no puedes escribir, haz la prueba de leer la Biblia en voz alta, o escuchar su lectura, y eleva luego tus pensamientos a Dios como si se tratara de una oración. Compartir: Cuéntale a alguien lo que has aprendido.
Esto lo consolidará en tu mente y animará a la otra persona. Elige un libro breve de la Biblia para empezar (por ejemplo, Jonás, Marcos, Filipenses o 1 Juan) y avanza poco a poco. Este es un método sencillo que puedes aplicar a un versículo, a un pasaje o a un capítulo entero:
1. Ora para que el Espíritu Santo dirija tu mente y sensibilice tu corazón mientras lees.
2. Elige un versículo o un pasaje más extenso de la Biblia.
3. Escribe el pasaje o porciones destacadas mientras lees.
4. Vuelve a leer el pasaje mientras oras mentalmente y subraya las ideas clave.
5. Escribe lo que te dicen las ideas subrayadas.
6. Ora acerca de estas ideas pidiendo a Dios que influyan en tu relación con él.
7. Piensa con quién podrías compartir esto hoy.
«A medida que los hijos de Dios crezcan en la gracia, obtendrán cada vez más clara comprensión de su Palabra, y discernirán nueva luz y belleza en sus verdades sagradas. Esto ha venido sucediendo en la historia de la iglesia a lo largo de todas las edades, y así seguirá siendo hasta el fin» (Elena G. de White, El otro poder, p. 32). ¿Cómo has comprobado que el mensaje de la cita anterior se aplica a ti? Considera también el Salmo 119: 105.
Miércoles 29 de abril
UNA BENDICIÓN DOBLE
Hay muchas maneras de estudiar la Biblia: versículo por versículo, por capítulos, temas, palabras o libros completos. Podemos estudiarla con una concordancia y un diccionario bíblico o leerla en paralelo con la serie «El Gran Conflicto» (por ejemplo, leer los Evangelios junto con El Deseado de todas gentes) para obtener información adicional. Podemos dar un paseo por la naturaleza mientras escuchamos la lectura de la Biblia o reunirnos con un amigo o un grupo pequeño para estudiar juntos. Así como mantenemos vivas nuestras amistades al participar con ellas de actividades diversas y novedosas, deberíamos mantener fresco y vibrante nuestro encuentro diario con Dios utilizando diferentes métodos al estudiar la Biblia.
Siempre hay algo más que aprender. Algo que hará de tu estudio de la Biblia una experiencia vibrante es compartir con otros lo que has descubierto. Cuando explicamos lo que hemos aprendido, el proceso de sintetizar y compartir consolida nuestros pensamientos. Esto nos ayuda a retener el conocimiento. La doble bendición consiste en que, cuando compartimos con otros algo que hemos aprendido, la conversación espiritual resulta motivadora y enriquecedora para ambas partes. Aprendemos algo con mayor profundidad cuando lo compartimos con alguien.
También descubrirás que lo que estudias cada día no es solo un mensaje de Dios para ti, sino también para los demás. Lee Isaías 50: 4. ¿Qué nos dice este versículo sobre nuestra relación con Dios y sobre cómo esa relación puede influir en la manera en que tratamos a los demás? El tiempo que dedicamos cada día al estudio de la Biblia no solo nos fortalece, sino también nos permite animar a aquellas personas con las que entramos en contacto, convirtiéndose así en una doble bendición.
Nuestra vida espiritual se asemeja a un maratón. Pide al Señor que te ayude a seguir corriendo la carrera cristiana con constancia y a mantener tus ojos en la meta (Fil. 3: 14). No te desanimes si tu rendimiento ha sido bajo durante algún tiempo, pero haz los cambios necesarios para que tu relación con Dios sea vibrante gracias al estudio de la Biblia y la oración, ya que, como dice Juan, la vida eterna consiste en conocer a Dios cada día (Juan 17: 3). Nuestro compromiso diario de permanecer en él y en su Palabra transforma la vida. Lee el texto para memorizar de esta semana y medita acerca de su significado. ¿Qué estás estudiando en este momento? ¿Con quién podrías compartirlo?
Jueves 30 de abril
¡CUÁN DULCE!
Piensa en tu postre favorito. Tal vez contiene miel como ingrediente endulzante. Si alguna vez probaste el panal de miel, sabes por experiencia cuán dulce es su suave textura mientras se deshace en tu boca. En el Salmo 119: 103 y 104, la Biblia es descrita metafóricamente como un delicioso panal: «¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia». ¿Qué significa la expresión «de tus mandamientos he adquirido inteligencia»? (Sal. 119: 104). ¿Por qué es importante esta idea para comprender lo que el estudio de la Biblia hace por nosotros? Las palabras de Dios son realmente dulces para nuestra alma y no se parecen a nada de lo que el mundo ofrece.
A diferencia de muchos postres, la dulzura de la Palabra de Dios sana nuestro espíritu y transforma nuestro carácter. Si has estado distante de Dios, puedes abrir con reverencia su Palabra y beber del agua viva, la única que te satisfará. En Isaías 55: 1 al 13, el profeta amplía el mensaje antes mencionado. Dedica algún tiempo a leer este capítulo y responde luego las siguientes preguntas: ¿Qué da el Señor a quienes acuden a él para alimentarse de su Palabra? ¿Qué invitación te hace Dios aquí? ¿Cuál es su desafío? ¿Cuál es su promesa?
La Palabra viva y poderosa de Dios llega directamente a nuestro corazón y nos desafía a crecer en Cristo solo en la medida en que dedicamos tiempo y esfuerzo a profundizar en ella con una actitud sumisa y humilde, y con la disposición a poner en práctica lo que enseña. ¿De qué manera concreta puedes «buscar al Señor mientras pueda ser ha‑ llado» (Isa. 55: 6)?
Viernes 1° de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
El propósito del estudio de la Biblia es conocer a Dios y crecer en tu relación con él, porque en esto consiste la vida eterna, en estar con aquel a quien amamos (Juan 5: 39; 17: 3). El compromiso mutuo es parte de cualquier relación. Jesús dice, en Apocalipsis 3: 20, que desea entablar ese tipo de vínculo con nosotros para que podamos aprender más acerca de él, nuestro Creador. Debemos explorar constantemente la Biblia como un minero que busca gemas preciosas. Siempre hay algo más que espigar, no importa cuántas veces hayamos leído ciertas historias o pasajes bíblicos. «Cualquiera que sea el alcance intelectual del hombre, no crea ni por un instante que no necesita escudriñar cabalmente de continuo las Escrituras para obtener mayor luz.
Como pueblo, somos llamados individualmente a ser estudiantes de la profecía» (Elena G. de White, El otro poder, p. 34). No debemos pretender que la Biblia coincida con nuestras opiniones o pensamientos. «¿Cómo investigaremos las Escrituras? ¿Hemos de clavar las estacas doctrinales una por una y luego procurar que la Escritura se ajuste a nuestras opiniones establecidas? ¿O tomaremos nuestras ideas y conceptos de la Escritura y mediremos nuestras teorías desde todo ángulo por la Palabra de verdad? Muchos que leen y enseñan la Biblia no comprenden la preciosa verdad que están estudiando o enseñando. [...] Muchos dan a la Palabra de Dios un significado que se adecua a sus propias opiniones» (Elena G. de White, El otro poder, pp. 30, 31).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Con qué actitud sueles acercarte a la Biblia? ¿Hay algo que debas modificar? ¿Por qué es tan crucial una actitud de humildad y consagración a la Palabra?
2. ¿Hay alguna opinión preconcebida que debas abandonar para permitir que las Escrituras hablen por sí mismas? Si es así, ora acerca de ello ya mismo.
3. ¿Cómo puede el deseo de encontrar algo novedoso en la Biblia, especialmente con propósitos egoístas, convertirse en una piedra de tropiezo en la relación de una persona con Dios?
RESUMEN: El estudio personal de la Biblia está en el centro mismo de una relación vibrante y duradera con Dios. La Palabra de Dios habla a nuestra realidad actual de manera significativa, al igual que lo ha hecho a lo largo de la historia. Así como mantenemos viva cualquier amistad, debemos buscar formas de mantener viva nuestra vida devocional mientras permanecemos en Jesús, confiando en su promesa de que «mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía, antes hará lo que yo quiero, y prosperará en lo que le ordené» (Isa. 55: 11).
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

«Creciendo en nuestra relación con Dios» – Nina Atcheson
Tu relación con Dios es el aspecto más importante de tu vida. Por eso, es fundamental desarrollarla, fortalecerla y hacerla cada día más firme y significativa.
En este segundo trimestre de 2026, la lección de Escuela Sabática se centra en el tema de las relaciones, especialmente en tu conexión personal con Dios. Esta guía de estudio presenta un enfoque diferente, con un estilo más cercano, práctico y reflexivo.
Las lecciones están diseñadas para ayudarte a comprender que Dios es un ser personal que desea tener una relación íntima contigo. A través de cada estudio semanal, podrás profundizar tu vida espiritual, fortalecer tu fe y crecer en una comunión diaria con Él.
Lección 13:
Para el 27 de junio de 2026
HACIA LA ETERNIDAD
Sábado 20 de junio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Salmo 80; 1 Tesalonicenses 4: 17; Apocalipsis 21: 9–27; Isaías 25: 8; Apocalipsis 7: 17; 21: 4; Juan 6: 44.
PARA MEMORIZAR: «Amados, ahora ya somos hijos de Dios; y, aunque no se ve aún lo que hemos de ser, sabemos que cuando Cristo aparezca seremos semejantes a él, porque lo veremos como es él» (1 Juan 3: 2).
¿Qué te depara el futuro? Ese interrogante puede resultarte desalentador, emocionante, aterrador o maravilloso. Cualquiera que sea el caso, recuerda que Jesús es fiel y que sus palabras son dignas de confianza (Apoc. 3: 14). Vendrán tiempos turbulentos (Mat. 24: 21, 22), pero él ha prometido que nunca te dejará ni te desamparará (Heb. 13: 5). Él hará exactamente lo que prometió, pues siempre ha cumplido y cumplirá sus promesas (Heb. 10: 23). «El que persevere hasta el fin, ese será salvo» (Mat. 24: 13).
Independientemente de cuánto tiempo nos quede en la Tierra, debemos fijar nuestros ojos en Jesús. Esto no siempre resulta fácil en un mundo que clama por nuestra atención, pero podemos decir como David: «Mis ojos están siempre vueltos hacia el Señor, porque él sacará mis pies de la red» (Sal. 25: 15).
Esta semana conoceremos la recompensa del Cielo (Mat. 5: 12; Apoc. 22: 12); es decir, cómo será ese lugar y la maravillosa experiencia de estar finalmente con aquel que nos creó, nos amó hasta la muerte, nos ha redimido de nuestro pecado y pronto regresará. Debemos esperar con fe hasta entonces.
Domingo 21 de junio
VIVIENDO HOY
Cuando miramos a nuestro alrededor, vemos que el mundo se agita y gime, y que las señales de las que Jesús nos habló se están cumpliendo ante nuestros ojos. Guerras y rumores de guerras, naciones que se levantan contra otras, hambres, pestilencias, terremotos y persecuciones (Mat. 24: 6-11) están sucediendo a nuestro alrededor y parece que se intensifican a medida que el tiempo transcurre.
Ciertamente vivimos tiempos difíciles, en los que necesitamos una relación sólida con Dios. Se nos dice: «El fin de todas las cosas se acerca. Sean, pues, sensatos y sobrios, y velen en oración» (1 Ped. 4: 7). Ahora es el momento de fortalecer nuestra relación con Dios, pues, independientemente de cuánto tiempo quede, nuestra vida es breve. «Oigan ahora ustedes que dicen: “Hoy y mañana iremos a tal ciudad. Estaremos allá un año, y negociaremos y ganaremos”, y no saben lo que sucederá mañana. Porque, ¿qué es su vida? Apenas un vapor que aparece por poco tiempo y pronto se desvanece» (Sant. 4: 13, 14). Sabemos cuán cierta es esa advertencia. Tú o yo podríamos no estar vivos antes de que termine el día.
Esto forma parte de la triste realidad de vivir en un mundo caído. ¡Cuán crucial es, entonces, asegurarnos de tener una relación correcta con Dios y vivir siempre conscientes de nuestra necesidad de él y de su gracia salvadora! El Salmo 80 ofrece una hermosa súplica a Dios. Léelo y considera particularmente los versículos 1 al 3, 14 al 17, 18 y 19, y aplica a ti lo que se dice allí acerca del pueblo de Dios. Independientemente de cuán diferentes hayan sido el momento histórico, el lugar y el contexto de este salmo, ¿de qué manera puedes sentirte identificado con su contenido? Todos necesitamos un reavivamiento espiritual.
Es muy fácil caer en la complacencia o incluso olvidar lo que Dios ha hecho y está haciendo por nosotros. ¿Qué creyente fiel, aunque tenga luchas, no podría elevar una plegaria como la siguiente?: «¡Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos!» (Sal. 80: 19)? Cuando aceptas lo que Jesús ha hecho por ti, cuando sabes que tus pecados han sido perdonados y que estás cubierto por su perfecta justicia, acreditada a ti por la fe, puedes estar seguro de que eres salvo en él. ¿Qué significa que Dios haga «resplandecer» su rostro sobre ti, especial‑ mente en el contexto de que solo su justicia te salva?
Lunes 22 de junio
FINALMENTE, CARA A CARA
Fuimos creados para estar cerca de Dios (Gén. 2: 7). Desde que entró el pecado, el Señor lo ha dado todo para restaurar nuestra relación rota con él (Juan 3: 16). Ha puesto el anhelo de eternidad en nuestros corazones, aunque los seres humanos no podamos comprender completamente todo lo que Dios ha hecho (Ecl. 3: 11). Somos parte del gran conflicto que se libra a nuestro alrededor y dentro de nosotros.
Sin embargo, no solemos detenernos lo suficiente a considerar el gran costo que ha significado para Dios la restauración de la relación que él desea tener con nosotros. Demasiado absortos en nuestras luchas y pruebas terrenales, olvidamos a menudo que «nuestra ciudadanía está en el cielo, de donde esperamos ansiosamente al Salvador, al Señor Jesucristo, quien transformará el cuerpo de nuestra bajeza para que sea semejante a su cuerpo de gloria, por el poder que tiene de sujetar todas las cosas a sí» (Fil. 3: 20, 21).
Sabemos que un día aparecerá una pequeña nube blanca en el cielo, sobre la cual veremos a «uno sentado semejante al Hijo del hombre, con una corona de oro en su cabeza, y en su mano una hoz aguda» (Apoc. 14: 14). Jesús estará acompañado por miles de ángeles (Mat. 25: 31) y todo ojo lo verá (Apoc. 1: 7). Cuando descienda, oiremos su voz semejante a un toque de trompeta, y quienes durmieron en Cristo resucitarán primero (1 Tes. 4: 16) y reconocerán la voz de aquel que los llama (Juan 5: 28). ¿Qué ocurrirá luego? Lee 1 Tesalonicenses 4: 17. Lo que Pablo describe en Filipenses 2: 10 y 11 resonará finalmente en todo el universo. ¡Qué pensamiento tan asombroso y magnífico! Un día veremos a Jesús, oiremos su voz y confesaremos que él es el Señor, Aquel de quien hemos leído, en cuyo nombre hemos orado y de quien hemos hablado a otros. Veremos cara a cara a Aquel a quien nuestros corazones han anhelado.
Podemos estar seguros de ello, porque Dios es fiel y sus promesas son verdaderas (Apoc. 22: 6). En ese momento, cuando suene la trompeta, cuando todo ojo vea a Jesús y los redimidos contemplemos su rostro, sabremos que la espera, junto con cada oración perseverante, cada momento de comunión con él, cada testimonio audaz dado acerca de él y cada prueba valieron la pena y no fueron en vano (Apoc. 22: 4).
Martes 23 de junio
LA NOVIA
Mientras estaba exiliado en la isla de Patmos, el discípulo Juan contempló en visión cómo será nuestro encuentro con Dios para estar con él por la eternidad. Lee Apocalipsis 21: 9 al 11. ¿Qué analogía se usa aquí para representar al pueblo fiel de Dios y por qué crees que se la utiliza? La novia es hermosa, y el día de su boda es el punto de inflexión de una nueva vida en común para los contrayentes. Lo mismo ocurrirá con nuestra relación con Dios cuando él regrese. Jesús ha estado preparando un lugar indescriptiblemente hermoso para nosotros (Juan 14: 1-3). «El lenguaje humano no alcanza a describir la recompensa de los justos. Solo la conocerán quienes la contemplen.
Ninguna inteligencia limitada puede comprender la gloria del paraíso de Dios» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 654). Aunque no podemos comprender realmente cómo serán el cielo y la Tierra nuevos, Dios mostró a Juan una visión de ese lugar para que esperemos con ilusión la «boda» que pronto tendrá lugar. De hecho, se nos exhorta a poner la mira «en las cosas de arriba, no en las de la tierra» (Col. 3: 2). Dios está preparando cuidadosamente ese acontecimiento y no quiere que esta «boda» nos tome por sorpresa (ver Mat. 22: 1-14; 25: 1-13).
El universo será testigo de este acontecimiento, y nosotros somos algunas de las figuras centrales de esta historia. Nos uniremos a la «novia», esta ciudad a la que Jesús nos llevará en ocasión de su segunda venida. Curiosamente, el pueblo de Dios (los santos) también son llamados «la novia» (ver Apoc. 19: 7), tal vez porque están en «la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, engalanada como una novia para su esposo» (Apoc. 21: 2). Esta hermosa descripción de la Ciudad Santa muestra que existe una conexión íntima entre el pueblo de Dios y la ciudad, ya que ambos son llamados «la novia».
La Biblia revela una descripción detallada de «la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que es la capital del reino y lo representa, se llama “la novia, la esposa del Cordero”» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 422). Lee Apocalipsis 21: 9 al 27. ¿Por qué nos resulta tan difícil imaginar lo allí des‑ crito? ¿Cómo podemos siquiera empezar a comprender lo que se nos promete aquí?
Miércoles 24 de junio
SEGUIR AL CORDERO
¿Te han preguntado alguna vez qué es lo que más anhelas de la Eternidad? Si se lo preguntas a un niño, podría decir: «Montar un tigre», «Deslizarme por el cuello de una jirafa» o «Viajar a diferentes planetas». Si se lo preguntas a un adolescente, tal vez diría: «No tener que hacer más tareas escolares» o «Explorar el universo con mis amigos». Y, si se lo preguntaras a un grupo de adultos, quizá responderían: «Estar en un lugar donde ya no habrá dolor, sufrimiento ni muerte» o «Reunirme nuevamente con mis seres queridos que murieron». Todas esas respuestas son correctas, y hay mucho que esperar en el nuevo cielo y la nueva Tierra.
La Eternidad arde en nuestros corazones pues el ser humano tiene la convicción innata de que debe haber algo más que el aquí y el ahora. ¿Qué otras bendiciones podemos esperar en la Eternidad? Lee Isaías 25: 8; y Apocalipsis 7: 17 y 21: 4. Seguramente la mayor bendición del Cielo será ver finalmente a Jesús y agradecerle personalmente lo que ha hecho por nosotros en esta Tierra caída. Querremos prodigarle nuestra adoración por habernos salvado de la muerte eterna mediante su sacrificio en la Cruz. «El Cordero que fue muerto es digno de recibir poder y riquezas, sabiduría y fortaleza, honra, gloria y alabanza» (Apoc. 5: 12). Juan el Bautista presentó a Jesús como «el Cordero de Dios» (Juan 1: 35-37).
Los discípulos lo siguieron de cerca y Apocalipsis 14: 4 dice que nosotros haremos lo mismo. Estos son «los que siguen al Cordero por dondequiera que va» (Apoc. 14: 4). Sin embargo, para que anhelemos seguirlo en el Cielo, debemos primero seguirlo aquí en la Tierra. Jesús, el Cordero, es también nuestro Pastor y quien nos guía en nuestros caminos como ningún otro puede hacerlo.
Esto es muy tranquilizador para nosotros mientras luchamos en estos tiempos difíciles, pero Jesús nunca dejará de guiarnos, incluso en el Cielo. Apocalipsis 7: 17 dice: «El Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a fuentes de agua viva». Como su pueblo y sus ovejas, seguiremos a Jesús en el Cielo, deseosos de estar siempre en su presencia. Una característica que define al pueblo de Dios es que «su nombre estará en sus frentes» (Apoc. 22: 4). Siempre estaremos pensando en él.
Jueves 25 de junio
«¡VEN!»
Hoy también se nos extiende la invitación a venir. Lee los siguientes textos y nota su invitación a venir a él: Mateo 11: 28‑30; Isaías 55: 1-3; Juan 6: 44. El Espíritu Santo quiere acercarte a Jesús hoy. Jesús te invita a venir a él y a permanecer en él hoy y cada día hasta que venga. Cuando respondas y vengas a él, cuando tu corazón se enternezca y tu mente se rinda, sentirás paz porque tendrás la certeza de que él te recibirá en sus brazos, ya sea que estés vivo o que resucites, no importa cuán indigno seas, en el día final de esta Tierra.
Jesús dijo: «Al que viene a mí, nunca lo echo fuera» (Juan 6: 37). Debemos sentir la urgencia de cooperación con el Espíritu Santo para llamar a otros a entrar en una relación salvadora con Jesús. «El Espíritu y la esposa dicen: “¡Ven!” Y el que oiga también diga: “¡Ven!” Y el que tiene sed venga, y el que quiera tome del agua de la vida gratuitamente» (Apoc. 22: 17). La invitación es gratuita, es un don proveniente de la gracia divina. Cuando aceptamos a Dios y lo amamos con todo nuestro corazón (mente), nuestro ser y nuestras fuerzas (Deut. 6: 5), nuestra vida cambia para siempre, aquí y en la Eternidad.
La Biblia termina con una promesa: «“Ciertamente, vengo en breve”. ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!» (Apoc. 22: 20). ¿Cuándo ocurrirá eso? Si morimos antes de que Cristo vuelva, lo primero que veremos al abrir nuevamente nuestros ojos será el regreso de Cristo. Nuestra vida transcurre rápidamente, y así de rápido regresará Jesús por nosotros. Si morimos antes de que Cristo regrese, tal vez nuestro primer pensamiento cuando resucitemos será: «¡Vaya, Señor, ¡tu venida ocurrió verdaderamente pronto!». Nuestra percepción actual es limitada, pero entonces veremos a Jesús cara a cara.
No te canses de esperar. Mantén vivo ese anhelo, siempre ante ti, con fe y confianza en el amor y la bondad de Dios. Di con Juan: «Señor Jesús, ¡ven, por favor!». Ora ahora mismo para que tu fe perdure y te permita entregarte completa‑ mente a Aquel que murió por ti y volverá pronto a buscarte.
Viernes 26 de junio
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
«Si no recibimos la religión de Cristo por alimentarnos de la Palabra de Dios, no tendremos derecho a la entrada en la ciudad de Dios. Habiéndonos alimentado de manjares terrenales, habiendo educado nuestros gustos en el amor a las cosas mundanas, no estaremos capacitados para entrar en las cortes celestiales; no apreciaríamos las puras corrientes celestiales que circulan en el Cielo.
No nos satisfarían las voces de los ángeles ni la música de sus arpas. La ciencia del Cielo resultaría un enigma para nuestra mente. Necesitamos tener hambre y sed de la justicia de Cristo; necesitamos ser modelados y formados por la influencia transformadora de su gracia a fin de que seamos idóneos para la sociedad de los ángeles celestiales. [...] »Entonces las naciones no tendrán otra ley que la Ley del Cielo.
Constituirán una familia unida y feliz vestida con el ropaje de la alabanza y la gratitud. [...] Sobre la escena, todas las estrellas matutinas cantarán y los hijos de Dios gritarán de gozo mientras Dios y Cristo se unan para exclamar: “¡No habrá más pecado, ni muerte!”» (Elena G. de White, La fe por la cual vivo, p. 367).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Escucha o lee la visión que Elena G. de White tuvo del Cielo y que se encuentra en Primeros escritos, pp. 38 a la 43. ¿Qué es lo que más te llama la atención de esta descripción?
2. ¿Qué aspecto de las lecciones de este trimestre deseas recordar más para mantener firme tu relación con Dios hasta que veas a Jesús cara a cara?
3. ¿Quiénes de entre tus conocidos necesitan escuchar acerca de la esperanza del Cielo? Comprométete a compartirla con ellos lo antes posible. Recuerda que no puedes compartir con otros una esperanza que tú mismo no tienes.
RESUMEN: Mientras mantenemos nuestros ojos en la meta, estemos seguros de que «el que empezó» en nosotros «la buena obra, la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo» (Fil. 1: 6). Dios inició la relación que tiene contigo, y él la completará. Que crezcamos en amor y en fe mientras esperamos ese día, descansando siempre solo en la justicia de Cristo, que nos es acreditada por la fe.
