Lección 5:
Para el 31 de enero de 2026
BRILLAR COMO LUCES EN LA NOCHE
Sábado 24 de enero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Filipenses 2:12–30; Romanos 3:23, 24; 5:8; 2 Timoteo 4:6; 1 Corintios 4:17; 2 Timoteo 4:13, 21; Lucas 7:2.
PARA MEMORIZAR: “Hagan todo sin queja ni discusión, para que sean irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación torcida y perversa, en la cual ustedes resplandecen como luces en el mundo” (Fil. 2:14, 15).
Dios dijo a los hebreos que su obediencia a la voluntad divina sería “su sabiduría y su inteligencia ante las naciones, que al oír todas estas leyes dirán: ‘¡Qué pueblo sabio y entendido, qué nación grande es esta!’ ” (Deut. 4:6). Siglos más tarde, Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). También dijo: “Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no puede esconderse” (Mat. 5:14). ¿Cómo podemos ser esa luz? Solo mediante una estrecha relación con Jesús, “la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo” (Juan 1:9). Como dice Filipenses 2:9 al 11: “Por eso Dios también lo exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla [...] y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor”.
La luz y el poder del Cielo están disponibles para quienes hemos entregado nuestra vida a Jesús, pero con demasiada frecuencia esperamos que Dios haga también nuestra parte o permitimos que nuestras propias ideas y planes se interpongan en el camino; de allí que las palabras de Pablo a los filipenses sean tan pertinentes hoy.
Domingo 25 de enero
MOSTRAMOS LO QUE DIOS PRODUCE
Tras presentar a Jesús como el ejemplo perfecto de humildad y obediencia a la voluntad de Dios, Pablo se dirige a los filipenses. Elogia su obediencia al Señor después de recibir el evangelio (ver Hech. 16:13-15, 32, 33) y los insta a seguir siendo obedientes. Tras presentar a Cristo como ejemplo y la Cruz como camino de salvación, Pablo se centra ahora en la aplicación de ello a la vida. Lee Filipenses 2:12, 13. ¿Qué significa la exhortación de Pablo: “Ocúpense en su salvación con temor y temblor”? ¿Cómo describirías la relación entre la fe y las obras? Pablo no presenta en estos dos versículos un evangelio diferente del que esboza en Romanos y en sus otras epístolas.
Podemos estar seguros de que su mensaje aquí concuerda con el evangelio de la justificación por la fe, que también predicó en Filipos y otros lugares. Pero también es importante tener en cuenta todo lo que la Biblia enseña acerca de un mismo tema, especialmente el de la salvación, que puede ser tan erróneamente interpretado. Lee Romanos 3:23, 24; Romanos 5:8; y Efesios 2:8-10. ¿Qué enseñan estos pasajes acerca de la salvación? La salvación es indudablemente obra de Dios y no podemos atribuirnos ningún mérito al respecto. Incluso la fe misma es un don estimulado por el Espíritu Santo. Nuestras propias obras no pueden salvarnos. Sin embargo, Dios nos vuelve a crear espiritualmente en virtud del nuevo nacimiento y nos capacita para vivir en armonía con su voluntad.
El Espíritu de Dios obra en nosotros fortaleciendo nuestra voluntad para que optemos por lo correcto, resistamos la tentación y tomemos decisiones apropiadas. De esa manera, ponemos por obra lo que Dios produce en nosotros, “con temor y temblor” (Fil. 2:12). ¿Significa eso que debemos temer el juicio adverso de Dios por nuestros débiles esfuerzos para obedecer? Por supuesto que no.
Esa frase se refiere a experimentar la presencia de Dios (ver Sal. 2:11) y a nuestra necesidad de serle obedientes. ¿Cómo has experimentado la obra de Cristo en ti? A pesar de ello, ¿de qué manera lucha tu naturaleza caída contra lo que Dios está haciendo en ti, y cómo puedes resistir esa influencia?
Lunes 26 de enero
LUCES EN LA OSCURIDAD
En Filipenses 2:14, Pablo insta a los creyentes a hacer todo “sin queja ni discusión”. Los desafíos a la unidad de la iglesia son tan serios que aquella no puede mantenerse sin un esfuerzo significativo de nuestra parte. La unidad dentro de la iglesia es el resultado de nuestra unión con Cristo y de la obediencia a su Palabra. Esto es vital para nuestro testimonio, ya que, como Pablo señala, hemos sido llamados a resplandecer como luces en el mundo (Fil. 2:15). En una noche sin luna y lejos del resplandor de las ciudades, las estrellas se hacen visibles y parecen brillar mucho más. Es el contraste lo que marca la diferencia. Cuanto más oscuro es el cielo, más se destacan las estrellas. Lo mismo ocurre con nuestro testimonio.
Cuanto mayor es la oscuridad moral que nos rodea, más marcado es el contraste entre la vida de los verdaderos seguidores de Dios y la de los mundanos. Cuán importante es, pues, no dejar que las luces artificiales de las ideas, presiones y prácticas mundanas hagan que nuestro testimonio se desvanezca o desaparezca por completo. Lee Filipenses 2:15, 16. ¿Cómo describe Pablo lo que debemos ser y hacer como hijos de Dios? “Sin culpa” significa “intachable”. Esta palabra es usada especialmente para describir el carácter de Job (ver Job 1:1, 8; 2:3; ver también 11:4; 33:9). La palabra griega traducida como “intachable” significa literalmente “sin mezcla, puro”. En vista de los ataques despiadados a los que probablemente se enfrentarán los testigos de Jesús, él nos anima a ser “sencillos como palomas” (Mat. 10:16).
Del mismo modo, Pablo nos insta a ser “inocentes acerca del mal” (Rom. 16:19). Mucho del contenido de los medios de comunicación modernos no es puro, edificante e inspirador. En tiempos como estos, la práctica de David es una gran regla para nosotros: “No pondré ante mis ojos cosa injusta” (Sal. 101:3). Nunca debemos temer ser diferentes. Nuestra fe debe distinguirnos cada vez más.
El objetivo es resplandecer “como luces en el mundo” (Fil. 2:15). La única manera de lograrlo es rechazar la conformidad con este mundo (Rom. 12:2) y permanecer “asidos de la palabra de vida” (Fil. 2:16). Nuestras decisiones determinarán finalmente si hemos vivido teniendo en cuenta “el día de Cristo” o si hemos “corrido en vano” (Fil. 2:16; comparar con 1 Cor. 9:24-27). ¿Cómo puedes purificar las áreas de tu vida contaminadas con mundanalidad?.
Martes 27 de enero
UN SACRIFICIO VIVIENTE
Lee Filipenses 2:17; 2 Timoteo 4:6; Romanos 12:1, 2; y 1 Corintios 11:1. ¿Qué dice Pablo en estos pasajes? El apóstol expresó una sorprendente ambivalencia acerca de si era mejor para él vivir o morir como parte de su servicio a Cristo (Fil. 1:20-23). Ahora sugiere la posibilidad muy real de “ser derramado en libación” (Fil. 2:17). Esta imagen se basa en la antigua práctica consistente en derramar un líquido (como aceite, vino o agua) como ofrenda para Dios (ver, por ejemplo, Gén. 35:14; Éxo. 29:40; 2 Sam. 23:15-17). El aparente “derroche” de un líquido valioso en un acto de devoción puede recordarnos la acción de María de ungir la cabeza y los pies de Jesús con el “perfume de nardo puro, de mucho precio” (Mar. 14:3-9; Juan 12:3).
Aunque no se trataba de una libación propiamente dicha, representó un gran desprendimiento que ilustró adecuadamente el sacrificio infinito hecho por Cristo para nuestra salvación. Si Pablo hubiera sido ejecutado por su labor de difusión del evangelio, él se habría regocijado porque su vida estaba siendo “derramada” como ofrenda a Dios. Dado que en el Antiguo Testamento las libaciones suelen acompañar un sacrificio (ver Núm. 15:1-10; 28:1-15), Pablo consideraría la entrega de su vida como el complemento adecuado del “sacrificio y servicio” de los creyentes de Filipos, quienes, por la fe, habían decidido dedicar su vida a Dios como un “sacrificio vivo” (Rom. 12:1).
Los primeros cristianos, incluidos los de Filipos (Fil. 1:27-29), compartían activamente su fe: iban difundiendo el evangelio de casa en casa (Hech. 5:42), abrían sus hogares para el estudio de las Escrituras (Hech. 12:12; 1 Cor. 16:19; Col. 4:15; File. 1:1, 2) y eran capaces de fundamentar con las Escrituras lo que creían (Hech. 17:11; 18:26; 1 Ped. 3:15). Nuestros pioneros adventistas hicieron lo mismo. En lugar de depender de los pastores para difundir el mensaje a sus vecinos, compartían su fe, daban estudios bíblicos y preparaban a las personas para el bautismo cuando el pastor volviera a visitarlos.
En resumen, con gran sacrificio personal, es decir, como un “sacrificio vivo”, trabajaban para difundir el evangelio. ¿Deberíamos hacer menos? Reflexiona acerca de lo que significaría para ti ser un “sacrificio vivo”. ¿Cuánto te sacrificas por el reino de Dios? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de ti mismo?.
Miércoles 28 de enero
UN CAR ÁCTER PROBADO
Ya se ha mencionado el papel de Timoteo como remitente adjunto de esta epístola (Fil. 1:1). Ahora Pablo comienza a detallar cuán valioso es Timoteo como uno de sus colaboradores. Se lo describe como un evangelista (2 Tim. 4:5) a quien Pablo había enviado a Macedonia (1 Tes. 3:2; comparar con Hech. 18:5; 19:22) y a Corinto en varias ocasiones (1 Cor. 4:17; 16:10). Anteriormente había trabajado con Pablo y Silas en Corinto (1 Tes. 1:1; 2 Tes. 1:1) y luego en Éfeso (1 Tim. 1:2, 3; comparar con Hech. 19:22). Pablo describe a Timoteo como alguien que “comparte mis sentimientos” (Fil. 2:20). La expresión griega así traducida significa literalmente “unánime” y sugiere que Timoteo era como Pablo en muchos aspectos, incluyendo su compromiso con Cristo, sus enérgicos esfuerzos por difundir el evangelio y su preocupación por los filipenses específicamente. ¿Por qué Pablo habla aquí tan positiva y extensamente de Timoteo (ver Fil. 2:19-23)? ¿Qué más dice el apóstol acerca de él (ver 1 Cor. 4:17; 2 Tim. 1:5)? Otro atributo de Timoteo que menciona Pablo son sus “probadas cualidades” (Fil. 2:22).
La palabra griega así traducida describe a una persona que ha sido puesta a prueba intensamente por las dificultades (Rom. 5:4) y cuyo carácter y servicio han demostrado ser genuinos (2 Cor. 2:9; 9:13). Pablo sabe que esto es cierto en el caso de Timoteo, pues lo ha visto demostrado en las numerosas ocasiones en que trabajaron juntos para difundir el evangelio. Las experiencias difíciles de la vida ponen a prueba nuestra entereza y demuestran quiénes somos realmente. Elena de White lo expresa de esta manera: “La vida es una disciplina. […] Habrá provocaciones que prueben su genio; y es afrontándolas con el espíritu debido como se desarrollan las gracias cristianas.
Si se soportan mansamente las injurias y los insultos, si se responde a ellas con contestaciones amables, y a los actos de opresión con la bondad, se dan evidencias de que el Espíritu de Cristo mora en el corazón”. Y añade que, si “las penurias y las molestias que fuimos llamados a soportar […] se soportan bien, desarrollan en el carácter virtudes como las de Cristo, y distinguen al cristiano del mundano” (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 323).
Piensa en las provocaciones, dificultades y molestias que has enfrentado recientemente. ¿Las has soportado pacientemente y sobrellevado bien? ¿Qué puedes hacer para que estas experiencias te ayuden a ser más disciplinado?
Jueves 29 de enero
“ESTIMEN A LOS QUE SON COMO ÉL”
Lee Filipenses 2:25-30. ¿Cómo describe Pablo a Epafrodito? ¿Qué actitudes y acciones específicas de este obrero cristiano revelan su carácter? Epafrodito solamente es mencionado en esta carta, pero aprendemos bastante acerca de él a partir de las breves menciones que aparecen en ella. A juzgar por su nombre (que hace referencia al culto de Afrodita), era un converso proveniente de un entorno pagano. El hecho de que Pablo lo llama su “colaborador” sugiere que estaba activo en el ministerio, quizá trabajando junto al apóstol en Filipos. La expresión “compañero de milicia” (comparar con Fil. 1:27) probablemente se refiera a un conflicto que Epafrodito habría afrontado para difundir el evangelio y a que estuvo dispuesto incluso a arriesgar su vida (Fil. 2:30).
Como “mensajero” (apostolos, en griego) designado por la iglesia de Filipos, Epafrodito fue enviado a atender a Pablo en la cárcel y a ocuparse de cualquier otra necesidad que el apóstol pudiera tener (Fil. 2:25). Fue a él a quien los filipenses confiaron sus ofrendas para Pablo (Fil. 4:18). Esa contribución monetaria era de vital importancia, ya que cualquier alimento, vestimenta, camastro u otras necesidades que los prisioneros romanos tuvieran debían ser provistas por ellos mismos, por familiares o amigos (comparar con Hech. 24:23).
Casi al final de su segundo encarcelamiento en Roma, Pablo pidió a Timoteo que procurara “venir antes del invierno” y traer consigo la capa que el apóstol había dejado en Troas (2 Tim. 4:21, 13). Al parecer, Pablo necesitaría ese grueso abrigo en su fría celda. También fue a Epafrodito a quien se encomendó llevar esta epístola en su viaje de regreso a Filipos (ver Elena de White, Los hechos de los apóstoles, p. 395). Tal vez debido a los problemas en Filipos (ver la lección 4), Pablo consideró necesario enviar a Epafrodito de regreso antes de lo previsto, y por ello instó a los filipenses a que lo recibieran “en el Señor con toda alegría” (Fil. 2:29). El apóstol quiso así asegurarse de que no se preocuparan por su situación en la cárcel. También destacó que Epafrodito era la clase de persona que los cristianos debían tener en gran estima, no por su riqueza o condición social, sino por su espíritu de sacrificio al seguir el ejemplo de Jesús (Fil. 2:6-11, 29, 30; comparar con Luc. 22:25-27).
La palabra griega que designa la estima o la honra solo aparece unas pocas veces en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, para referirse al siervo del centurión que era “muy estimado por su señor” (Luc. 7:2); para quienes se honra ubicándolos en lugar especial en un banquete (Luc. 14:8); y para Jesús como la “preciosa” piedra angular (1 Ped. 2:4, 6). El hecho de que Epafrodito fuera incluido en ese grupo significa, sin duda, que era un hombre fiel.
Viernes 30 de enero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“El que estará más cerca de Cristo será el que en la Tierra haya bebido más hondamente del espíritu de su amor desinteresado: amor que ‘no es jactancioso, no se envanece […] no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor’ (1 Cor. 13:4, 5); amor que mueve al discípulo, así como movía al Señor, a dar todo, a vivir, trabajar y sacrificarse, aun hasta la muerte, por la salvación de la humanidad. Este espíritu se puso de manifiesto en la vida de Pablo. Él dijo: ‘Porque para mí el vivir es Cristo’, porque su vida revelaba a Cristo ante los hombres; ‘y el morir es ganancia’, ganancia para Cristo; la muerte misma pondría de manifiesto el poder de su gracia y ganaría almas para él. Y dijo: ‘Será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte’ (Fil. 1:21, 20)” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 503). “No está lejos el tiempo cuando toda alma será probada.
Se nos querrá imponer la marca de la bestia. Para aquellos que han ido cediendo paso a paso a las exigencias del mundo y se han acomodado a sus costumbres, no será cosa difícil ceder ante las autoridades dominantes, antes que someterse al escarnio, a los insultos, a la amenaza de encarcelamiento y a la muerte. […] “Cuando multitudes de hermanos falsos se distingan de los verdaderos, entonces los que están ocultos se manifestarán, y con expresiones de alabanza en sus labios se alistarán bajo la bandera de Cristo.
Aquellos que han sido tímidos y vacilantes en la iglesia llegarán a ser como David: dispuestos a trabajar y arriesgarse. Mientras más oscura la noche para el pueblo de Dios, más resplandecientes las estrellas. Satanás acosará severamente a los fieles; pero saldrán más que vencedores en el Señor” (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 76, 77).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Piensa en la advertencia de la cita anterior acerca de los que “han ido cediendo paso a paso a las exigencias del mundo y se han acomodado a sus costumbres”. ¿Qué podría incluir esto y cómo podría aplicarse no solo a los individuos sino a la iglesia en su conjunto?
2. Dios dice: “Yo honro a los que me honran” (1 Sam. 2:30). ¿De qué manera honramos a Dios? ¿Es lo mismo honrar a Dios que “darle gloria” (Apoc. 14:7)? ¿Por qué sí o por qué no?
3. ¿Cómo podemos trabajar en nuestra propia salvación sin caer en la trampa del legalismo?
"Escuela Sabática adultos 2026, PRIMER trimestre (ENERO-MARZO). Estudio: Uniendo el cielo y la tierra, por Clinton Wahlen.."

Uniendo el Cielo y la Tierra
El Plan de Salvación tiene un propósito extraordinario: unir el Cielo y la Tierra, una tarea que parece humanamente imposible. Sin embargo, Jesús confió misiones así a sus discípulos y a Pablo, asegurándoles siempre su presencia y poder para cumplirlas. La Biblia muestra que Dios nunca encomienda una misión sin otorgar la capacidad para llevarla a cabo cuando confiamos en Él.
Las epístolas de Pablo a Filipenses y Colosenses revelan a Cristo como el único capaz de unir lo divino y lo humano. A través de estas cartas, vemos a Jesús como Redentor e Intercesor, y a Pablo enfrentando grandes desafíos desde la prisión, fortaleciendo a la iglesia y llamándola a mantenerse unida y enfocada en su misión.
Este estudio invita a la iglesia actual a depender de Cristo, a vivir conectada con el Cielo y a cumplir fielmente su misión en el tiempo final, proclamando el mensaje del evangelio al mundo.
Lección 6:
Para el 7 de febrero de 2026
CONFIANZA SOLO EN CRISTO
Sábado 31 de enero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Filipenses 3:1–16; Romanos 2:25–29; Juan 9:1–39; Efesios 1:4, 10; 1 Corintios 9:24–27.
PARA MEMORIZAR: “A fin de conocer a Cristo, y la virtud de su resurrección, y participar de sus padecimientos, hasta llegar a ser semejante a él en su muerte, para llegar de algún modo a la resurrección de los muertos” (Fil. 3:10, 11).
Hay algo en nosotros que nos hace desconfiar de la salvación solo por la fe y aparte de las obras de la Ley. Es decir, por alguna razón, todos tendemos a apoyarnos en nuestras obras como si estas fueran parte de la fórmula para nuestra salvación. Pablo aborda este punto en una vigorosa polémica contra quienes insistían en que la circuncisión era necesaria para la salvación. Para evitar que algunos pensaran que sus obras, como la circuncisión, contribuían a su salvación, Pablo deja claro que la justicia procede de Cristo como un don que es aceptado por la fe y que no es fruto de la obediencia a la Ley.
Aunque la circuncisión puede no ser un problema hoy en ese sentido, el principio que estaba detrás de la insistencia en ella como requisito para la salvación sí lo es. La propia Reforma protestante comenzó con este mismo tema: el papel de la fe y las obras en la experiencia de un seguidor de Cristo. En definitiva, Cristo lo es todo para nosotros, “el autor y perfeccionador de la fe” (Heb. 12:2).
Si nuestras prioridades están en el lugar correcto, viviremos con la seguridad del amor de Dios y disfrutaremos de la promesa, incluso ahora, de la salvación, todo ello sin poner “nuestra confianza en la carne” (Fil. 3:3).
Domingo 1 de febrero
REGOCIJÁNDONOS EN EL SEÑOR
Lee Filipenses 3:1-3. ¿Qué notas positivas y negativas presenta Pablo aquí y cómo se relacionan entre sí? ¿Cómo describe a los creyentes? Pablo comienza con una nota muy positiva y daría la impresión de que estuviera concluyendo su carta. Pero no ha terminado, sino que retoma uno de los temas principales de la epístola: la alegría en el Señor, y presenta una serie de razones para ello. Lo más importante es que debemos tener confianza en Cristo, no en nosotros mismos: “Nos regocijamos en Cristo Jesús, y no ponemos nuestra confianza en la carne” (Fil. 3:3).
Muchos hemos sin duda aprendido de la peor manera a no confiar en la carne. La severa advertencia “guárdense” (repetida tres veces) no se encuentra en ningún otro lugar de las Escrituras. Aparentemente, lofilipenses sabían muy bien a qué amenaza se refería Pablo. Más que a tres problemas separados, la advertencia parece referirse a un grupo de falsos maestros descritos de tres maneras diferentes. En Israel, las personas malvadas o irreligiosas a veces eran llamadas “perros” (Fil. 3:2; comparar con Sal. 22:16; Isa. 56:10; Mat. 7:6; 2 Ped. 2:21, 22). Los falsos maestros también podían ser acertadamente descritos como “malos obreros”. Referirse a ellos como “los que mutilan el cuerpo” (Fil. 3:2) muestra que, al igual que en Galacia y otros lugares, trataban de imponer la circuncisión a los creyentes de origen pagano, contrariamente a lo dictaminado por el concilio apostólico (ver Hech. 15).
Curiosamente, parece que una solución para los desafíos espirituales, incluida la propagación de falsas enseñanzas, es “regocijarse en el Señor” (Fil. 3:1; comparar con Fil. 4:4). Todo aquello por lo que nos alegramos nos produce gozo (las dos palabras griegas que se encuentran detrás de estas ideas están relacionadas).
Dios quiere que estemos alegres, y su Palabra es una especie de manual de instrucciones para la verdadera felicidad y la alegría duradera. Entre ellas se incluyen recibir la misericordia de Dios (Sal. 31:7); depositar nuestra confianza en él (Sal. 5:11); recibir las bendiciones de la salvación (Sal. 9:14); adoptar la Ley de Dios como nuestra forma de vida (Sal. 119:14), incluida la observancia del sábado (Isa. 58:13, 14); creer en su Palabra (Sal. 119:162); y educar hijos piadosos (Prov. 23:24, 25). La vida puede ser muy difícil para nosotros, por muy bien que nos vayan las cosas en este momento. Pero, aunque ahora no vayan bien, ¿de qué cosas puedes y debes alegrarte? ¿Qué te impide hacerlo?
Lunes 2 de febrero
LA “VIDA PASADA” DE PABLO
Es habitual que los cristianos conversos piensen en su experiencia espiritual contrastando la vida que llevaban antes de aceptar a Jesús con la que llevan desde ese momento. Pablo hace eso en Filipenses 3. A veces hablamos de quienes no son cristianos como “buenas personas”, y muchos sin duda lo son, al menos según los criterios del mundo. Sin embargo, nadie lo es según los criterios de Dios, ni siquiera los cristianos. En Filipenses 3:4-6, Pablo enumera algunas cosas de su vida pasada de las que alguna vez se enorgulleció. ¿Cuáles son? ¿Cómo describirías lo “bueno” de tu propia vida (pasada y presente)? Pablo establece un contraste implícito entre los creyentes de origen judío que difundían falsas doctrinas y los creyentes incircuncisos que confiaban plenamente en Cristo para su salvación y no ponían su confianza en meras obras humanas como la circuncisión (ver Heb. 6:1; 9:14; comparar con Rom. 2:25-29).
Aunque la vida pasada de Pablo y su linaje habrían sido bastante impresionantes para sus compatriotas judíos, ninguna de estas cosas había contribuido a su salvación. De hecho, la habían obstaculizado porque lo cegaron durante un tiempo acerca de su necesidad de Cristo. Pablo no solo estaba circuncidado: había sido “circuncidado al octavo día”. En otras palabras, era israelita de nacimiento y perteneciente al pueblo del Pacto. Además, pertenecía a la tribu de Benjamín, cuyo territorio incluía algunas de las ciudades más importantes de Israel. Pablo no solo sabía hebreo, sino también, como fariseo y alumno de Gamaliel el Viejo (Hech. 22:3; 26:4, 5), estaba empapado de conocimientos acerca de la Ley y de cómo debía ser aplicada en cada situación, al menos según la tradición.
Pablo era tan celoso de la Ley que persiguió a la iglesia por considerarla una amenaza para el estilo de vida judío que, según él, prescribía la Ley. Curiosamente, aunque “irreprensible” en términos de esa “justicia” de origen humano, Pablo se dio cuenta de que la Ley era en realidad mucho más profunda y exigente de lo que él podía imaginar, y de que, sin Cristo, estaba condenado ante ella. Compara Romanos 7:7-12 con Mateo 5:21, 22, 27, 28. ¿Qué punto crucial señalan tanto Jesús como Pablo acerca de la Ley, y por qué es la “fe en Cristo” (Fil. 3:9), no la Ley, la única fuente de justicia? ¿Cuán bien guardas la Ley, al menos como Jesús dijo que deberíamos hacerlo?
Martes 3 de febrero
LO IMPORTANTE
Como señalaba el estudio de ayer, las cosas que antes enorgullecían a Pablo eran en realidad obstáculos para la fe, porque le impedían percibir su necesidad de Cristo. Pablo utiliza el lenguaje del comercio, de las ganancias y las pérdidas, para describir cómo era su contabilidad espiritual antes de la fe. Aunque no nos gusta pensar mucho en ello, todo ser humano tiene un “libro de contabilidad espiritual”. Antes, el libro de contabilidad de Pablo se medía por los valores judíos de la época y no por los valores bíblicos, tal como los enseñó Jesús. Después de su conversión, su libro de contabilidad espiritual tuvo un aspecto muy diferente porque su escala de valores cambió drásticamente, de la “moneda” del judaísmo a la del Cielo. “El que descendió del Cielo puede hablar del Cielo, y presentar correctamente las cosas que constituyen la moneda del Cielo, en las que ha estampado su imagen y su inscripción.
Él conoce el peligro en que se hallan aquellos a quienes vino a levantar de la degradación y a exaltar a un lugar junto a sí en su trono. Señala el peligro que corren al prodigar su afecto a objetos inútiles y peligrosos. Trata de apartar la mente de lo terrenal hacia lo celestial, para que no desperdiciemos tiempo, talento y oportunidad en cosas que son totalmente vanidad” (Elena de White, “Spiritual Weakness Inexcusable”, Review and Herald, 1° de julio de 1890, p. 1). Pablo había sido una estrella en rápido ascenso en el mundo del judaísmo del primer siglo hasta que, al quedar ciego al ver a Jesús glorificado en el camino hacia Damasco (Hech. 9), su vista espiritual fue corregida y vio claramente.
Juan 9 cuenta la historia de otro hombre que era ciego y luego vio a Jesús con claridad. Jesús dijo que había venido al mundo “para que los que no ven, vean; y los que creen que ven sean cegados” (Juan 9:39). ¿Cómo podrías aplicar este principio a tu propia vida? ¿Puede haber algo más valioso que la vida eterna en el Cielo y en la Tierra Nueva? Sin embargo, los valores mundanos ciegan a muchos para no ver esta realidad. Hay una competencia inherente entre las cosas que se valoran aquí (ver Mat. 13:22; Luc. 4:5, 6; 1 Juan 2:16) y las que valora el Cielo: la semejanza a Cristo y las almas salvadas.
El mundo puede cegarnos a las verdades espirituales y a lo realmente importante. ¿Cuál es la clave para mantener nuestros ojos enfocados en lo que realmente importa?
Miércoles 4 de febrero
LA FE DE CRISTO
No debemos pasar por alto el punto principal de Pablo. En el camino a Damasco experimentó un maravilloso intercambio, pues cambió su antigua vida basada en la Ley por la presencia de Cristo mismo: “Para ganar a Cristo y ser hallado en él” (Fil. 3:8, 9). La expresión “ser hallado en él”, es decir, en Cristo, es interesante. Lee Efesios 1:4; 2 Corintios 5:21; Colosenses 2:9; y Gálatas 2:20. A la luz de estos pasajes, ¿cuál es tu mayor interés?
¿Cómo entiendes las palabras de Pablo? La referencia de Pablo al hecho de estar en Cristo ha sido ampliamente debatida. No es sorprendente que quizá la mejor explicación provenga del propio Pablo: “Para que, llegado el tiempo, reuniera en él, bajo una sola cabeza, todo lo que está en el cielo y lo que está en la tierra” (Efe. 1:10).
Ese ha sido el propósito de Dios desde el principio. Y Pablo aclara cómo sucede: “Ustedes están en Cristo Jesús, quien nos fue hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Cor. 1:30). Estar “en Cristo” abarca todo lo que comprende el Plan de Salvación, desde el amanecer de nuestra inteligencia espiritual (sabiduría), pasando por la justificación por la fe (justicia) y la preparación para el cielo (santificación), hasta, finalmente, la glorificación en la Segunda Venida (redención). La salvación es obra de Cristo de principio a fin, por nosotros y en nosotros.
En consecuencia, al aceptar a Cristo tenemos todo lo que necesitamos. Lee Filipenses 3:9. ¿Qué dos cosas contrasta Pablo, y por qué es importante recordar siempre este contraste? Como Pablo llegó a comprender, la “propia justicia” no es verdadera justicia pues la Ley no puede dar vida (ver Gál. 3:21, 22). Solo Cristo puede otorgarla por medio de la fe, aunque no cualquier fe. Después de todo, los demonios creen y tiemblan (Sant. 2:19).
La única fe salvadora es “la fe en Cristo”. Solo su fe ha obedecido y puede obedecer plenamente. Pistis, la palabra griega traducida como fe, también significa fidelidad. Por lo tanto, si estamos en Cristo y él vive en nosotros (Gál. 2:20), vivimos por su fe y a través de nuestra fe en él.
Jueves 5 de febrero
SOLO UNA COSA: CONOCER A CRISTO
Lee Filipenses 3:10–16. ¿Cuáles son algunos de los puntos principales que Pablo destaca en este pasaje? No hay nada más importante que conocer a Cristo, lo cual es la garantía de que él nos conocerá y nos reconocerá ante el Padre (ver Mat. 7:21-23; 10:32, 33). ¿Cómo lo conocemos? A través de su Palabra escrita, leyéndola y poniéndola en práctica. No podemos conocerlo cara a cara como los discípulos, a pesar de lo cual no lograron comprender sus palabras. Esto subraya nuestra necesidad de que el Espíritu Santo nos dirija (ver Juan 16:13). Cuanto más lo conocemos, más nos acercamos a él, pues experimentamos “la virtud de su resurrección” (Fil. 3:10), que nos eleva a una “nueva vida” (Rom. 6:4). Otra forma de acercarnos a Jesús es “participar de sus padecimientos” (Fil. 3:10).
Cada prueba que afrontamos, cada experiencia dolorosa que sobrellevamos, nos ayudan a conocer y apreciar más lo que Jesús sufrió por nosotros, y también a comprenderlo a él y su voluntad con mayor claridad. Una tercera forma de acercarnos es “proseguir a la meta” (Fil. 3:14); La palabra griega así traducida (skopos) solo se usa aquí en el Nuevo Testamento y designa la línea de llegada en una carrera y el premio que se otorga al vencedor. Pablo lo llama “el premio del soberano llamado celestial en Cristo Jesús” (Fil. 3:14). Así como Cristo ascendió al Cielo en virtud de su muerte y su resurrección, Dios nos invita a recibir la misma recompensa celestial: la vida eterna.
Obviamente, todavía no la hemos alcanzado. No seremos perfeccionados en el sentido más pleno hasta que “el cuerpo de nuestra bajeza” sea transformado “para que sea semejante a su cuerpo de gloria” (Fil. 3:21). Pero, al conocerlo y recibir su presencia en nuestra vida, todos los días, avanzamos hacia la meta de ser como Jesús en todas las formas posibles ahora. Este fue también el centro de la vida de Pablo. Al igual que en una carrera (ver 1 Cor. 9:24-27), no prestamos atención al lugar que vamos dejando atrás o a quién nos sigue.
Nuestro único objetivo es lo que tenemos delante, el premio celestial que nos espera. La imagen aquí es vívida: un corredor totalmente concentrado en la meta, que esfuerza cada músculo y se inclina hacia adelante para alcanzar la meta. ¿Por qué es tan importante no mirar hacia atrás mientras caminas con el Señor, al menos hacia tus pecados y fracasos, sino hacia adelante, hacia lo que se te ha prometido ahora mismo en Cristo?
Viernes 6 de febrero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“El que desea adquirir un carácter fuerte y armónico, el que desea ser un cristiano equilibrado, debe darlo todo a Cristo y hacerlo todo por él; porque el Redentor no aceptará un servicio a medias. Debe aprender cada día el significado de la sumisión propia. Debe estudiar la Palabra de Dios para aprender su significado y obedecer sus preceptos.
De ese modo puede alcanzar la norma de la excelencia cristiana. Día a día Dios trabaja con él, para perfeccionar el carácter que será capaz de resistir en el momento de la prueba final. Y, día tras día, el creyente hace ante hombres y ángeles un experimento sublime, que demuestra lo que el evangelio puede hacer en favor de los seres humanos caídos” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, pp. 398, 399). “Quienes esperan la venida del Novio deben decir al pueblo: ‘¡Vean aquí a su Dios!’ Los últimos rayos de luz misericordiosa, el último mensaje de clemencia que debe darse al mundo, es una revelación de su carácter de amor. Los hijos de Dios deben manifestar su gloria. En su vida y su carácter deben revelar lo que la gracia de Dios ha hecho por ellos. “La luz del Sol de Justicia debe brillar en buenas obras: en palabras de verdad y hechos de santidad” (Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 342).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Reflexiona más acerca del regocijo en el Señor. Pablo no dice que te regocijes en tus pruebas (aunque eso también es bíblico), sino en el Señor. ¿Por qué es tan importante tener siempre ante nosotros al Señor, su bondad, su poder, su amor y su salvación? ¿Cómo te beneficiaría enormemente hacer eso en medio de las inevitables pruebas de la vida?
2. Observa cómo describen las citas anteriores el papel de la gracia en la producción de las “buenas obras” que realizamos como cristianos. ¿Por qué es tan importante esta función de la gracia mientras esperamos la pronta venida de Cristo? Es decir, aunque no somos salvos por las buenas obras, ¿podemos realmente ser salvos si no las tenemos?
3. Profundiza en la idea de no tener confianza en la carne. ¿Qué significa esto? ¿Por qué no debemos tener confianza en ella? ¿No es la carne un don de Dios?
