Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 6:
Para el 7 de febrero de 2026
CONFIANZA SOLO EN CRISTO
Sábado 31 de enero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Filipenses 3:1–16; Romanos 2:25–29; Juan 9:1–39; Efesios 1:4, 10; 1 Corintios 9:24–27.
PARA MEMORIZAR: “A fin de conocer a Cristo, y la virtud de su resurrección, y participar de sus padecimientos, hasta llegar a ser semejante a él en su muerte, para llegar de algún modo a la resurrección de los muertos” (Fil. 3:10, 11).
Hay algo en nosotros que nos hace desconfiar de la salvación solo por la fe y aparte de las obras de la Ley. Es decir, por alguna razón, todos tendemos a apoyarnos en nuestras obras como si estas fueran parte de la fórmula para nuestra salvación. Pablo aborda este punto en una vigorosa polémica contra quienes insistían en que la circuncisión era necesaria para la salvación. Para evitar que algunos pensaran que sus obras, como la circuncisión, contribuían a su salvación, Pablo deja claro que la justicia procede de Cristo como un don que es aceptado por la fe y que no es fruto de la obediencia a la Ley.
Aunque la circuncisión puede no ser un problema hoy en ese sentido, el principio que estaba detrás de la insistencia en ella como requisito para la salvación sí lo es. La propia Reforma protestante comenzó con este mismo tema: el papel de la fe y las obras en la experiencia de un seguidor de Cristo. En definitiva, Cristo lo es todo para nosotros, “el autor y perfeccionador de la fe” (Heb. 12:2).
Si nuestras prioridades están en el lugar correcto, viviremos con la seguridad del amor de Dios y disfrutaremos de la promesa, incluso ahora, de la salvación, todo ello sin poner “nuestra confianza en la carne” (Fil. 3:3).
Domingo 1 de febrero
REGOCIJÁNDONOS EN EL SEÑOR
Lee Filipenses 3:1-3. ¿Qué notas positivas y negativas presenta Pablo aquí y cómo se relacionan entre sí? ¿Cómo describe a los creyentes? Pablo comienza con una nota muy positiva y daría la impresión de que estuviera concluyendo su carta. Pero no ha terminado, sino que retoma uno de los temas principales de la epístola: la alegría en el Señor, y presenta una serie de razones para ello. Lo más importante es que debemos tener confianza en Cristo, no en nosotros mismos: “Nos regocijamos en Cristo Jesús, y no ponemos nuestra confianza en la carne” (Fil. 3:3).
Muchos hemos sin duda aprendido de la peor manera a no confiar en la carne. La severa advertencia “guárdense” (repetida tres veces) no se encuentra en ningún otro lugar de las Escrituras. Aparentemente, lofilipenses sabían muy bien a qué amenaza se refería Pablo. Más que a tres problemas separados, la advertencia parece referirse a un grupo de falsos maestros descritos de tres maneras diferentes. En Israel, las personas malvadas o irreligiosas a veces eran llamadas “perros” (Fil. 3:2; comparar con Sal. 22:16; Isa. 56:10; Mat. 7:6; 2 Ped. 2:21, 22). Los falsos maestros también podían ser acertadamente descritos como “malos obreros”. Referirse a ellos como “los que mutilan el cuerpo” (Fil. 3:2) muestra que, al igual que en Galacia y otros lugares, trataban de imponer la circuncisión a los creyentes de origen pagano, contrariamente a lo dictaminado por el concilio apostólico (ver Hech. 15).
Curiosamente, parece que una solución para los desafíos espirituales, incluida la propagación de falsas enseñanzas, es “regocijarse en el Señor” (Fil. 3:1; comparar con Fil. 4:4). Todo aquello por lo que nos alegramos nos produce gozo (las dos palabras griegas que se encuentran detrás de estas ideas están relacionadas).
Dios quiere que estemos alegres, y su Palabra es una especie de manual de instrucciones para la verdadera felicidad y la alegría duradera. Entre ellas se incluyen recibir la misericordia de Dios (Sal. 31:7); depositar nuestra confianza en él (Sal. 5:11); recibir las bendiciones de la salvación (Sal. 9:14); adoptar la Ley de Dios como nuestra forma de vida (Sal. 119:14), incluida la observancia del sábado (Isa. 58:13, 14); creer en su Palabra (Sal. 119:162); y educar hijos piadosos (Prov. 23:24, 25). La vida puede ser muy difícil para nosotros, por muy bien que nos vayan las cosas en este momento. Pero, aunque ahora no vayan bien, ¿de qué cosas puedes y debes alegrarte? ¿Qué te impide hacerlo?
Lunes 2 de febrero
LA “VIDA PASADA” DE PABLO
Es habitual que los cristianos conversos piensen en su experiencia espiritual contrastando la vida que llevaban antes de aceptar a Jesús con la que llevan desde ese momento. Pablo hace eso en Filipenses 3. A veces hablamos de quienes no son cristianos como “buenas personas”, y muchos sin duda lo son, al menos según los criterios del mundo. Sin embargo, nadie lo es según los criterios de Dios, ni siquiera los cristianos. En Filipenses 3:4-6, Pablo enumera algunas cosas de su vida pasada de las que alguna vez se enorgulleció. ¿Cuáles son? ¿Cómo describirías lo “bueno” de tu propia vida (pasada y presente)? Pablo establece un contraste implícito entre los creyentes de origen judío que difundían falsas doctrinas y los creyentes incircuncisos que confiaban plenamente en Cristo para su salvación y no ponían su confianza en meras obras humanas como la circuncisión (ver Heb. 6:1; 9:14; comparar con Rom. 2:25-29).
Aunque la vida pasada de Pablo y su linaje habrían sido bastante impresionantes para sus compatriotas judíos, ninguna de estas cosas había contribuido a su salvación. De hecho, la habían obstaculizado porque lo cegaron durante un tiempo acerca de su necesidad de Cristo. Pablo no solo estaba circuncidado: había sido “circuncidado al octavo día”. En otras palabras, era israelita de nacimiento y perteneciente al pueblo del Pacto. Además, pertenecía a la tribu de Benjamín, cuyo territorio incluía algunas de las ciudades más importantes de Israel. Pablo no solo sabía hebreo, sino también, como fariseo y alumno de Gamaliel el Viejo (Hech. 22:3; 26:4, 5), estaba empapado de conocimientos acerca de la Ley y de cómo debía ser aplicada en cada situación, al menos según la tradición.
Pablo era tan celoso de la Ley que persiguió a la iglesia por considerarla una amenaza para el estilo de vida judío que, según él, prescribía la Ley. Curiosamente, aunque “irreprensible” en términos de esa “justicia” de origen humano, Pablo se dio cuenta de que la Ley era en realidad mucho más profunda y exigente de lo que él podía imaginar, y de que, sin Cristo, estaba condenado ante ella. Compara Romanos 7:7-12 con Mateo 5:21, 22, 27, 28. ¿Qué punto crucial señalan tanto Jesús como Pablo acerca de la Ley, y por qué es la “fe en Cristo” (Fil. 3:9), no la Ley, la única fuente de justicia? ¿Cuán bien guardas la Ley, al menos como Jesús dijo que deberíamos hacerlo?
Martes 3 de febrero
LO IMPORTANTE
Como señalaba el estudio de ayer, las cosas que antes enorgullecían a Pablo eran en realidad obstáculos para la fe, porque le impedían percibir su necesidad de Cristo. Pablo utiliza el lenguaje del comercio, de las ganancias y las pérdidas, para describir cómo era su contabilidad espiritual antes de la fe. Aunque no nos gusta pensar mucho en ello, todo ser humano tiene un “libro de contabilidad espiritual”. Antes, el libro de contabilidad de Pablo se medía por los valores judíos de la época y no por los valores bíblicos, tal como los enseñó Jesús. Después de su conversión, su libro de contabilidad espiritual tuvo un aspecto muy diferente porque su escala de valores cambió drásticamente, de la “moneda” del judaísmo a la del Cielo. “El que descendió del Cielo puede hablar del Cielo, y presentar correctamente las cosas que constituyen la moneda del Cielo, en las que ha estampado su imagen y su inscripción.
Él conoce el peligro en que se hallan aquellos a quienes vino a levantar de la degradación y a exaltar a un lugar junto a sí en su trono. Señala el peligro que corren al prodigar su afecto a objetos inútiles y peligrosos. Trata de apartar la mente de lo terrenal hacia lo celestial, para que no desperdiciemos tiempo, talento y oportunidad en cosas que son totalmente vanidad” (Elena de White, “Spiritual Weakness Inexcusable”, Review and Herald, 1° de julio de 1890, p. 1). Pablo había sido una estrella en rápido ascenso en el mundo del judaísmo del primer siglo hasta que, al quedar ciego al ver a Jesús glorificado en el camino hacia Damasco (Hech. 9), su vista espiritual fue corregida y vio claramente.
Juan 9 cuenta la historia de otro hombre que era ciego y luego vio a Jesús con claridad. Jesús dijo que había venido al mundo “para que los que no ven, vean; y los que creen que ven sean cegados” (Juan 9:39). ¿Cómo podrías aplicar este principio a tu propia vida? ¿Puede haber algo más valioso que la vida eterna en el Cielo y en la Tierra Nueva? Sin embargo, los valores mundanos ciegan a muchos para no ver esta realidad. Hay una competencia inherente entre las cosas que se valoran aquí (ver Mat. 13:22; Luc. 4:5, 6; 1 Juan 2:16) y las que valora el Cielo: la semejanza a Cristo y las almas salvadas.
El mundo puede cegarnos a las verdades espirituales y a lo realmente importante. ¿Cuál es la clave para mantener nuestros ojos enfocados en lo que realmente importa?
Miércoles 4 de febrero
LA FE DE CRISTO
No debemos pasar por alto el punto principal de Pablo. En el camino a Damasco experimentó un maravilloso intercambio, pues cambió su antigua vida basada en la Ley por la presencia de Cristo mismo: “Para ganar a Cristo y ser hallado en él” (Fil. 3:8, 9). La expresión “ser hallado en él”, es decir, en Cristo, es interesante. Lee Efesios 1:4; 2 Corintios 5:21; Colosenses 2:9; y Gálatas 2:20. A la luz de estos pasajes, ¿cuál es tu mayor interés?
¿Cómo entiendes las palabras de Pablo? La referencia de Pablo al hecho de estar en Cristo ha sido ampliamente debatida. No es sorprendente que quizá la mejor explicación provenga del propio Pablo: “Para que, llegado el tiempo, reuniera en él, bajo una sola cabeza, todo lo que está en el cielo y lo que está en la tierra” (Efe. 1:10).
Ese ha sido el propósito de Dios desde el principio. Y Pablo aclara cómo sucede: “Ustedes están en Cristo Jesús, quien nos fue hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Cor. 1:30). Estar “en Cristo” abarca todo lo que comprende el Plan de Salvación, desde el amanecer de nuestra inteligencia espiritual (sabiduría), pasando por la justificación por la fe (justicia) y la preparación para el cielo (santificación), hasta, finalmente, la glorificación en la Segunda Venida (redención). La salvación es obra de Cristo de principio a fin, por nosotros y en nosotros.
En consecuencia, al aceptar a Cristo tenemos todo lo que necesitamos. Lee Filipenses 3:9. ¿Qué dos cosas contrasta Pablo, y por qué es importante recordar siempre este contraste? Como Pablo llegó a comprender, la “propia justicia” no es verdadera justicia pues la Ley no puede dar vida (ver Gál. 3:21, 22). Solo Cristo puede otorgarla por medio de la fe, aunque no cualquier fe. Después de todo, los demonios creen y tiemblan (Sant. 2:19).
La única fe salvadora es “la fe en Cristo”. Solo su fe ha obedecido y puede obedecer plenamente. Pistis, la palabra griega traducida como fe, también significa fidelidad. Por lo tanto, si estamos en Cristo y él vive en nosotros (Gál. 2:20), vivimos por su fe y a través de nuestra fe en él.
Jueves 5 de febrero
SOLO UNA COSA: CONOCER A CRISTO
Lee Filipenses 3:10–16. ¿Cuáles son algunos de los puntos principales que Pablo destaca en este pasaje? No hay nada más importante que conocer a Cristo, lo cual es la garantía de que él nos conocerá y nos reconocerá ante el Padre (ver Mat. 7:21-23; 10:32, 33). ¿Cómo lo conocemos? A través de su Palabra escrita, leyéndola y poniéndola en práctica. No podemos conocerlo cara a cara como los discípulos, a pesar de lo cual no lograron comprender sus palabras. Esto subraya nuestra necesidad de que el Espíritu Santo nos dirija (ver Juan 16:13). Cuanto más lo conocemos, más nos acercamos a él, pues experimentamos “la virtud de su resurrección” (Fil. 3:10), que nos eleva a una “nueva vida” (Rom. 6:4). Otra forma de acercarnos a Jesús es “participar de sus padecimientos” (Fil. 3:10).
Cada prueba que afrontamos, cada experiencia dolorosa que sobrellevamos, nos ayudan a conocer y apreciar más lo que Jesús sufrió por nosotros, y también a comprenderlo a él y su voluntad con mayor claridad. Una tercera forma de acercarnos es “proseguir a la meta” (Fil. 3:14); La palabra griega así traducida (skopos) solo se usa aquí en el Nuevo Testamento y designa la línea de llegada en una carrera y el premio que se otorga al vencedor. Pablo lo llama “el premio del soberano llamado celestial en Cristo Jesús” (Fil. 3:14). Así como Cristo ascendió al Cielo en virtud de su muerte y su resurrección, Dios nos invita a recibir la misma recompensa celestial: la vida eterna.
Obviamente, todavía no la hemos alcanzado. No seremos perfeccionados en el sentido más pleno hasta que “el cuerpo de nuestra bajeza” sea transformado “para que sea semejante a su cuerpo de gloria” (Fil. 3:21). Pero, al conocerlo y recibir su presencia en nuestra vida, todos los días, avanzamos hacia la meta de ser como Jesús en todas las formas posibles ahora. Este fue también el centro de la vida de Pablo. Al igual que en una carrera (ver 1 Cor. 9:24-27), no prestamos atención al lugar que vamos dejando atrás o a quién nos sigue.
Nuestro único objetivo es lo que tenemos delante, el premio celestial que nos espera. La imagen aquí es vívida: un corredor totalmente concentrado en la meta, que esfuerza cada músculo y se inclina hacia adelante para alcanzar la meta. ¿Por qué es tan importante no mirar hacia atrás mientras caminas con el Señor, al menos hacia tus pecados y fracasos, sino hacia adelante, hacia lo que se te ha prometido ahora mismo en Cristo?
Viernes 6 de febrero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“El que desea adquirir un carácter fuerte y armónico, el que desea ser un cristiano equilibrado, debe darlo todo a Cristo y hacerlo todo por él; porque el Redentor no aceptará un servicio a medias. Debe aprender cada día el significado de la sumisión propia. Debe estudiar la Palabra de Dios para aprender su significado y obedecer sus preceptos.
De ese modo puede alcanzar la norma de la excelencia cristiana. Día a día Dios trabaja con él, para perfeccionar el carácter que será capaz de resistir en el momento de la prueba final. Y, día tras día, el creyente hace ante hombres y ángeles un experimento sublime, que demuestra lo que el evangelio puede hacer en favor de los seres humanos caídos” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, pp. 398, 399). “Quienes esperan la venida del Novio deben decir al pueblo: ‘¡Vean aquí a su Dios!’ Los últimos rayos de luz misericordiosa, el último mensaje de clemencia que debe darse al mundo, es una revelación de su carácter de amor. Los hijos de Dios deben manifestar su gloria. En su vida y su carácter deben revelar lo que la gracia de Dios ha hecho por ellos. “La luz del Sol de Justicia debe brillar en buenas obras: en palabras de verdad y hechos de santidad” (Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 342).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Reflexiona más acerca del regocijo en el Señor. Pablo no dice que te regocijes en tus pruebas (aunque eso también es bíblico), sino en el Señor. ¿Por qué es tan importante tener siempre ante nosotros al Señor, su bondad, su poder, su amor y su salvación? ¿Cómo te beneficiaría enormemente hacer eso en medio de las inevitables pruebas de la vida?
2. Observa cómo describen las citas anteriores el papel de la gracia en la producción de las “buenas obras” que realizamos como cristianos. ¿Por qué es tan importante esta función de la gracia mientras esperamos la pronta venida de Cristo? Es decir, aunque no somos salvos por las buenas obras, ¿podemos realmente ser salvos si no las tenemos?
3. Profundiza en la idea de no tener confianza en la carne. ¿Qué significa esto? ¿Por qué no debemos tener confianza en ella? ¿No es la carne un don de Dios?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

La esencia de la vida y del testimonio cristianos
Las cartas del apóstol Pablo a los corintios contienen un mensaje profundamente vigente para la iglesia de hoy. En medio de una sociedad marcada por la división, la inmoralidad y la idolatría, Pablo presenta una verdad inmutable: Jesucristo y su sacrificio en la cruz son el fundamento de la vida cristiana y la respuesta a los desafíos espirituales de cada generación.
En este estudio exploraremos cómo el evangelio transforma el carácter, fortalece la unidad de la iglesia, inspira el amor, promueve el uso correcto de los dones espirituales y nos prepara para la pronta venida de Cristo. A través de 1 y 2 Corintios descubriremos principios prácticos para vivir una fe auténtica, crecer en la gracia y mantenernos fieles al mensaje de la cruz en un mundo lleno de desafíos.
Lección 13:
Para el 26 de septiembre de 2026
GRACIA, AMOR Y COMUNIÓN
Sábado 19 de septiembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Corintios 8: 9; Romanos 16: 20; 1 Juan 4: 8-11; 2 Corintios 13: 11; Filipenses 2: 1-2; Gálatas 4: 4-6.
PARA MEMORIZAR: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13).
Pablo concluye 2 Corintios destacando nuevamente los elementos esenciales abordados en sus Cartas. Lo hace por medio de cinco imperativos (2 Cor. 13: 11). El primero, «tengan gozo», recuerda textos anteriores de las Cartas. El segundo imperativo, «busquen su restauración» (NVI), es la traducción de una sola palabra en griego (katartizō), que aparece aquí y en 1 Corintios 1: 10. El tercero, «anímense mutuamente», retoma 2 Corintios 1: 3-7.
Pablo comienza y termina su segunda Cartas con palabras de aliento. Recibimos ánimo de Dios para alentar a otros (2 Cor. 1: 4, 6). Los imperativos cuarto y quinto, «Sean de un mismo sentir y vivan en paz» (2 Cor. 13: 11), son un llamado a la unidad. Esta atmósfera de gozo, restauración, ánimo, unidad y paz es la condición para la presencia del «Dios de paz y amor» (2 Cor. 13: 11) y el resultado de su obra en el corazón humano (2 Cor. 13: 13). La gracia, el amor y la comunión son el resultado de la obra del Dios trino por nosotros. Estas tres características cristianas promueven un ambiente caracterizado por la presencia de Dios.
Domingo 20 de septiembre
LA GRACIA DE JESÚS
Resulta inspirador que al final de 2 Corintios, así como en su comienzo, veamos una referencia a la gracia de Jesús (2 Cor. 1: 2; 13: 13). Como vimos al comienzo de este trimestre, Pablo no podía dejar de pensar y hablar de Jesús. «Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza» (2 Cor. 8: 9). Cuán admirable es la gracia de Jesús. Dejó las riquezas de su existencia eterna en el cielo para hacerse pobre. Caminó por los polvorientos caminos de la antigua Galilea. «Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2: 8). Lo hizo para enriquecernos; es decir, para que tuviéramos la oportunidad de estar con él en el cielo.
Para nosotros, que solo hemos conocido un mundo de pecado, muerte y sufrimiento, es difícil siquiera empezar a comprender lo que significó para Jesús abandonar el cielo para venir aquí y ofrecer su vida por nosotros. Lee Romanos 16: 20, Gálatas 6: 18, Filipenses 4: 23 y 1 Tesalonicenses 5: 28. ¿Qué enseñanza importante ves en estos pasajes? Pablo se refiere muy a menudo a la gracia de Jesús en sus Cartas. Algunas perlas incluyen: «Se derramaron la gracia y el don sobre los muchos por la gracia de [...] Jesucristo» (Rom. 5: 15). Aquellos que reciben esta abundante gracia «reinarán en vida [...] por Jesucristo» (Rom. 5: 17). Al igual que en 2 Corintios, Pablo también comienza y termina otras Cartas mencionando la gracia de Jesús (Rom. 1: 7; 16: 20; 1 Cor. 1: 3; 16: 23; Gál. 1: 3; 6: 18; Fil. 1: 2; 4: 23).
Este tema ocupaba sus pensamientos y quería que también llenara la mente de los corintios. Ese era su deseo para todas las iglesias. Observa lo que dice a los efesios: «La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable» (Efe. 6: 24). Si estuviera entre nosotros, Pablo sin duda desearía que también nosotros amáramos a Jesús con un amor eterno. Podemos estar seguros de eso porque su deseo era que la gracia de Jesús llegara «a más y más personas» (2 Cor. 4: 15, NVI) y fuera suficiente para ellas, tal como lo fue para él (2 Cor. 12: 9). Piensa en la gracia de la que Dios te ha hecho inmerecidamente objeto a pesar de tus palabras y acciones.
Lunes 21 de septiembre
EL AMOR DE DIOS
«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13). Pablo termina su segunda Carta con este versículo. Nota que menciona a las tres personas de la Trinidad en este orden: Hijo, Padre y Espíritu Santo. A través de la obra de los tres podemos comprender mejor cómo es Dios y lo que ha hecho por nosotros. Lee Juan 3: 16-17, Romanos 8: 37-39 y 1 Juan 4: 8-11. ¿Qué nos dicen estos pasajes acerca del amor de Dios? El conocido versículo de 1 Juan 4: 8 dice que «Dios es amor».
El amor es un atributo esencial de la Deidad. Jesús destaca el hecho de que Dios demostró su amor al dar a su único Hijo para que muriera por nosotros (Juan 3: 16). Él envió a Jesús en una misión de rescate (Juan 3: 17), y esto era parte del proyecto de salvación (Hech. 3: 20-21; 1 Juan 4: 10, 14). Jesús afirmó varias veces en los evangelios que el Padre lo envió (Mat. 10: 40; Mar. 9: 37). En una declaración notable, Pablo dice: «Dios demuestra su amor hacia nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rom. 5: 8). Podemos vislumbrar el amor de Dios en la dulce relación existente entre los cónyuges, entre padres e hijos, en las amistades sinceras, etc. La naturaleza también da testimonio de ese amor.
Respecto de esto, Elena G. de White dice: «“Dios es amor” está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la hierba que crece. Las lindas avecillas que llenan el aire de melodías con sus dulces trinos, las flores exquisitamente matizadas que en su perfección perfuman el ambiente, los imponentes árboles del bosque con su rico follaje de esplendoroso verdor; todo ello atestigua el tierno y paternal cuidado de nuestro Dios y de su deseo de hacer felices a sus hijos» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 15).
Sin embargo, nada es más convincente que el hecho de que Dios haya entregado a Jesús como sacrificio por nuestros pecados. Cuando comprendemos que Dios nos amó hasta el punto de enviar a Jesús para que diera su vida por nosotros, nuestra respuesta es la disposición a «dar nuestra vida por los hermanos» (1 Juan 3: 16). Pablo quería que los corintios vivieran en unidad, pero no es posible sin amor. Por eso les enseñó que «el amor edifica» (1 Cor. 8: 1) y que todo es inútil y vacío donde no lo hay (1 Cor. 13: 1-3). Por lo tanto, todo debe ser hecho con amor (1 Cor. 16: 14), un amor que es una extensión del de Dios. ¿Qué perderíamos en el evangelio si Jesús mismo no fuera plena y eternamente Dios?
Martes 22 de septiembre
EL DIOS DE AMOR
En el antiguo mundo pagano, la gente no creía que los dioses amaran a los seres humanos. Por el contrario, las deidades eran malévolas y furiosas, y debían ser apaciguadas. La idea de un Dios de amor, tal y como la vemos en la Biblia, era entonces una novedad. Por sorprendente que fuera esta afirmación en su época, Pablo caracteriza a nuestro Dios como «el Dios de paz y de amor» (2 Cor. 13: 11). Lee 2 Corintios 13: 11. ¿Cómo puedes obtener esperanza de lo que se dice aquí? ¿Cómo puedes experimentar mejor lo que enseña? La expresión «el Dios de paz y de amor» puede ser interpretada de dos maneras. Por un lado, Dios es la fuente del amor y la paz.
Por otro, Dios se caracteriza por el amor y la paz. Sin embargo, no es necesario decidir entre las dos. Debido a que el amor y la paz son características intrínsecas de Dios, él nos otorga amor y paz. En otro lugar, Pablo se refiere a Dios como «el Dios de la paciencia y el consuelo» (Rom. 15: 5); «de la esperanza» (Rom. 15: 13); «de paz» (Rom. 15: 33; 16: 20; 1 Cor. 14: 33; Fil. 4: 9; 1 Tes. 5: 23), «Padre de compasión» (2 Cor. 1: 3) y «Dios de todo consuelo» (2 Cor. 1: 3). Dios es la fuente de todas estas bendiciones. Él nos las concede por su amor inquebrantable. Además, aunque la expresión «Dios de paz» es bastante común en la Biblia, la expresión «Dios [...] de amor» solo aparece aquí (2 Cor. 13: 11) y, por lo tanto, merece nuestra más profunda reflexión.
Como han señalado muchos intérpretes, la referencia de Pablo al Dios de amor unos versículos antes de la bendición trinitaria en 2 Corintios 13: 13 sugiere que él concibe a la Deidad como integrada por tres personas. «Aunque aquí utiliza la palabra “Dios” en referencia a uno de los tres, su comprensión de Jesús y del Espíritu en otras partes de sus Cartas [...] nos obliga a ver toda la frase como una descripción del único Dios que la iglesia primitiva llegó a ver en forma trina. Pasaría más de un siglo antes de que los teólogos [...] comenzaran a utilizar palabras como “trinidad” como una forma abreviada de expresar lo que Pablo ya estaba articulando» (Tom Wright, 2 Corinthians [Londres: SPCK, 2004], p. 148).
Creemos en un solo Dios; es decir, en la unidad de tres personas que viven eternamente en una relación de amor. Este Dios trino nos ama y nos llama a amarnos unos a otros de una manera que refleje el amor que existe entre ellos.
Miércoles 23 de septiembre
LA COMUNIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
La gracia de Jesús no solo revela el amor que Dios siente por nosotros, sino también nos otorga la comunión del Espíritu como un efecto adicional de ese amor. Al mismo tiempo, la comunión tiene su origen en el amor de Dios, ya que ella no es posible sin amor. Como escribe Pablo: «Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si alguna ternura y compasión; completen mi gozo, tengan el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (Fil. 2: 1-2).
Algunas personas sostienen que el Espíritu Santo es solo una fuerza o influencia. ¿Qué sentido tendría que Pablo mencionara a dos personas —el Padre y el Hijo— junto con una mera «fuerza» en una fórmula trinitaria? Eso no tendría sentido. Así como el Padre y el Hijo se presentan en una relación personal (2 Cor. 1: 3; 11: 31), la relación del Espíritu con las personas nos lleva a la conclusión de que él también es una persona (Rom. 8: 15-16; ver también Juan 14: 16-17, 26; 15: 26). La expresión «comunión del Espíritu» (Fil. 2: 1) puede entenderse de dos maneras.
Puede significar la comunión entre nosotros concedida por el Espíritu, o la comunión con el Espíritu mismo. Varios intérpretes de la Biblia sostienen que estos sentidos no son mutuamente excluyentes. Después de todo, la comunión entre nosotros es la consecuencia de la comunión con el Espíritu. Lee 1 Corintios 2: 10-11; 3: 16; 12: 11; 2 Corintios 3: 6-17. ¿Qué enseñó Pablo a los corintios acerca del Espíritu?
Pablo tiene mucho que decir acerca de la obra del Espíritu. En 1 y 2 Corintios existen más de cuarenta referencias al Espíritu Santo, quien promueve la edificación de la iglesia (1 Cor. 14: 12), capacita a las personas para la misión (1 Cor. 2: 4-5), nos revela las cosas profundas de Dios (1 Cor. 2: 10-11) y nos las enseña (1 Cor. 2: 13), mora en nosotros (1 Cor. 3: 16; 6: 19), coopera con Cristo para nuestra justificación (1 Cor. 6: 11), otorga dones espirituales a la iglesia (1 Cor. 12-14), nos sella para la salvación (2 Cor. 1: 22), imprime la ley en los corazones humanos (2 Cor. 3: 3), y da nueva vida en Cristo (2 Cor. 3: 6) y libertad del pecado (2 Cor. 3: 17).
Sin duda, no podemos vivir sin el Espíritu Santo. ¿Por qué es importante comprender la divinidad del Espíritu Santo para entender plenamente el amor de Dios por nosotros?
Jueves 24 de septiembre
NUESTRO DIOS TRINO
Al leer 2 Corintios 13: 13, alguien podría pensar que Cristo es la única fuente de gracia, que Dios es la única fuente de amor y que el Espíritu Santo es la única fuente de comunión, pero nada podría estar más lejos de la verdad. Lee 1 Corintios 1: 3-4, 9; 10: 16; 2 Corintios 1: 2, 12; Romanos 8: 35; 15: 30; Gálatas 2: 20; Efesios 3: 19. ¿Qué dicen estos pasajes acerca de la gracia, el amor y la comunión en relación con los miembros de la Trinidad? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan juntos para nuestra salvación. La gracia, el amor y la comunión no provienen solo de uno de ellos, sino de los tres. Sin embargo, cada uno tiene funciones específicas en la historia de la salvación.
Pablo es consciente de ello y enfatiza esta enseñanza en sus Cartas. Por ejemplo, el plan de salvación es presentado con una asombrosa economía de palabras en Gálatas 4: 4-6 y con la participación de los tres miembros de la Trinidad. Dios Padre envió a Jesús, lo que sugiere que el Padre es la fuente de ese plan (Gál. 4: 4). El Hijo nació de una mujer (Gál. 4: 4), lo que es una referencia a la encarnación y señala el cumplimiento de una antigua promesa (Gén. 3: 15). El Hijo nos redimió y restauró nuestra relación correcta con el Padre, quien había sido difamado por Satanás (Gén. 3: 5). Por su parte, el Espíritu Santo legitima nuestra identidad como hijos de Dios (Gál. 4: 6). Existen otras referencias a la Trinidad en las cartas paulinas.
Sus integrantes actúan juntos, capacitando a la iglesia para la misión (1 Cor. 12: 4-6), nos fortalecen espiritualmente (Efe. 3: 14-19) y promueven una profunda unidad entre los miembros de la iglesia, una unidad que refleja la unidad que caracteriza la relación existente entre los miembros de la Trinidad (Efe. 4: 4-6). Según Pablo, no solo Dios es trino, sino que las tres Personas de la Trinidad obran juntas para nuestra salvación (Efe. 1: 3, 13-14). En Efesios, Pablo llega incluso a mencionar que debemos ser llenos de la plenitud del Padre (Efe. 3: 19), del Hijo (Efe. 4: 13) y del Espíritu Santo (Efe. 5: 18).
Al concluir la correspondencia con los corintios (2 Cor. 13: 13), Pablo no pudo terminar con un final mejor: la promesa de que las tres Dignidades del universo, el Trío celestial, estarían con nosotros ahora y en la era venidera. ¿Cómo debería reflejar la comunión entre los miembros de la iglesia la hermosa relación existente entre los integrantes de la Trinidad?
Viernes 25 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo «No se turbe vuestro corazón», en El Deseado de todas las gentes (pp. 633-650), de Elena G. de White. «Solo la gracia de Jesucristo puede transformar un corazón de piedra en uno de carne y hacerlo vivir para Dios. Los hombres no tienen poder para justificar el alma ni santificar el corazón. La enfermedad moral solo puede ser sanada por el poder del gran Médico. El don más elevado del cielo, el Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad, es el único capaz de redimir a los perdidos» (Elena G. de White, «The Fullness of Christ’s Grace», Signs of the Times, 2 de mayo de 1892). «“Dios es amor”. Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre, y lo serán para siempre. “El Alto y Sublime, el que habita la eternidad”, cuyos “caminos son eternos”, no cambia. En él “no hay mudanza, ni sombra de variación”. »Cada manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito.
La soberanía de Dios encierra plenitud de bendiciones para todos los seres creados. [...] »La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado, es también una demostración del inmutable amor de Dios» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, pp. 11-12). «El Espíritu Santo tiene una personalidad, de lo contrario no podría dar testimonio a nuestros espíritus y con nuestros espíritus de que somos hijos de Dios.
Debe ser una persona divina, además, porque en caso contrario no podría escudriñar los secretos que están ocultos en la mente de Dios» (Elena G. de White, El evangelismo, p. 461). «Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— son bautizados los que aceptan a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo» (Elena G. de White, El evangelismo, pp. 459-460).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Un conocido himno cristiano se titula «Sublime gracia». ¿Por qué es sublime la gracia de Jesús?
2. La parábola del hijo pródigo constituye una hermosa representación del amor de Dios. ¿Cómo sabemos que el padre de esta parábola es amoroso?
3. ¿Cómo pueden las iglesias locales demostrar que la «comunión del Espíritu» es una realidad allí?
