Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 6: Para el 9 de mayo de 2026
GUERREROS DE ORACIÓN
Sábado 2 de mayo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Daniel 2: 20–23; 6: 10, 11; Hechos 20: 36; Génesis 5: 22–24; Éxodo 33: 15–23; 32: 31, 32.
PARA MEMORIZAR: «Amo al Señor, porque ha escuchado mi voz y mis súplicas, porque ha inclinado a mí su oído, por eso lo invocaré mientras yo viva» (Sal. 116: 1, 2). S i casi no hablaras con tu mejor amigo o con tu cónyuge, tu relación con esa persona pronto se malograría y surgirían problemas. De la misma manera, la oración es esencial para tener una relación cercana con Dios, un hábito devocional crucial que cada uno de nosotros necesita y puede fortalecer. Si no oramos a menudo, tarde o temprano nos alejaremos del Señor. La Biblia registra la experiencia de distintas personas que oraban de diferentes maneras.
Al estudiar el ejemplo de ellas podemos vislumbrar cómo su comunión con Dios influyó en su relación con él, cómo sus oraciones influyeron positivamente en la vida de otras personas, y cómo podríamos orar también nosotros para nuestro bien y el de los demás. Al igual que el estudio de la Biblia, el tema de la oración es importante y mucho más amplio de lo que se puede abarcar en solo dos semanas. En esta ocasión aprenderemos varias lecciones de algunos personajes de la Biblia que oraron y demostraron cuán importante es la oración para tener una relación sólida con Dios.
Domingo 3 de mayo
EL FIEL DANIEL
Daniel es uno de los grandes héroes de la Biblia. Sin duda recordamos el comienzo de su historia (ver Dan. 1): «Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la comida ni con el vino del rey» (Dan. 1: 8). Él y sus tres amigos recibieron de Dios «conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias. Además, Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños» (Dan. 1: 17). La Biblia dice que Daniel era sabio (Dan. 1: 20; 2: 14, 21, 23, 48) porque el Espíritu de Dios estaba en él (Dan. 4: 9, 18; 5: 14; 6: 3), y que era muy amado por el Cielo (Dan. 9: 23; 10: 11). Estos son algunos de los rasgos de un hombre que tenía una conexión sólida y constante con Dios.
Cuando el rey Nabucodonosor decretó la muerte de todos los sabios de Babilonia, Daniel pidió misericordia a Dios y que le revelara el sueño del rey y su significado (Dan. 2: 18). Cuando el Señor lo hizo, Daniel oró inmediatamente. Lee Daniel 2: 20 al 23. ¿Por qué oró Daniel y qué podemos aprender de su oración? Los años pasaron y distintos reyes ocuparon el trono, pero Daniel siguió siendo un valorado consejero de la corte y, «debido a la gran destreza administrativa de Daniel, el rey hizo planes para ponerlo frente al gobierno de todo el imperio» (Dan. 6: 3, NVI). «Era fiel y ningún vicio ni falta había en él» (Dan. 6: 4).
A pesar de la envidia de sus colegas y las conspiraciones malvadas en su contra (Dan. 6: 5-9), Daniel mantuvo su constante vida de oración. Lee Daniel 6: 10 y 11. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de Daniel? Ante las dificultades, Daniel oró. Aunque la amenaza iba directamente contra su vida, él se mantuvo firme y constante en la oración: tres veces al día, como era su costumbre. Además, era predecible; abría su ventana y oraba mirando hacia Jerusalén. Su oración incluía una acción concreta —se arrodillaba— y se centraba en la acción de gracias y la súplica. A la luz de una historia como esta, ¿cuán fundadas son tus excusas para no orar?
Lunes 4 de mayo
LA POSTURA DURANTE LA ORACIÓN
Cuando tenemos algún problema serio, la mayoría de nosotros llamamos a un amigo íntimo para hablar con él acerca de ello. Cuando tenemos buenas noticias, buscamos a alguien con quien compartirlas. Podemos hacer lo mismo con Dios, ya que «orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 138). La oración no solo nos mantiene conectados con Dios, sino también dice al Diablo a quién pertenecemos. Nuestra oración matutina de rodillas es una declaración que hacemos a los poderes de las tinieblas de que elegimos a Dios.
Además, Dios responde a esa oración enviando a sus ángeles para que nos fortalezcan y nos resguarden de nuestro Enemigo, el Príncipe de las tinieblas (Sal. 91). El hecho de arrodillarse en actitud de sumisión expresa una disposición humilde y se diferencia de orar sentado o reclinado, aunque también podemos orar de esta manera. Sin embargo, cuando nos arrodillamos ante Dios, nuestro corazón se rinde más fácilmente, ya que nuestro cuerpo y nuestras palabras declaran que él es soberano y que somos sus hijos creados.
Lee los siguientes pasajes bíblicos y considera la vida de estas personas que oraron de rodillas: Daniel 6: 10; Lucas 22: 41; Hechos 7: 60; 9: 40 y 20: 36. Orar de pie era una práctica común en los tiempos bíblicos (2 Crón. 20: 5, 6, 13; 1 Sam. 1: 26; Job 30: 20; Luc. 18: 11). La Biblia también comparte ejemplos de personas que oraron sentadas (2 Sam. 7: 18; 2 Rey. 4: 38). Otros se postraban ante Dios, con el rostro en tierra, aunque esta postura estaba más bien asociada con la sumisión ante un superior (1 Rey. 1: 47; Mar. 14: 35). ¿Cuál es tu postura habitual cuando oras? La Biblia no exige una en particular, pero esta es importante, pues refleja nuestra reverencia, nuestros sentimientos y nuestro deseo de aceptar la soberanía de Dios en nuestra vida.
Algunas personas están imposibilitadas de arrodillarse, pero lo que importa es la postura del corazón. Si puedes arrodillarte, pero normalmente no lo haces, hazlo la próxima vez que ores y nota cómo influye eso en la calidad de tu diálogo con Dios. La Biblia nos invita a orar sin cesar (1 Tes. 5: 17), lo que implica perseverancia (Col. 4: 2) y constancia (Rom. 12: 12). Dirige ahora mismo tus pensamientos a Dios y háblale como a tu Amigo mientras estás de pie, sentado, reclinado o caminando.
Martes 5 de mayo
ENOC PRACTICABA LO QUE PREDICABA
Lee Génesis 5: 22 al 24. ¿Qué sabemos, en verdad, acerca de Enoc? La Biblia no dice mucho acerca de la vida de Enoc, pero sí que caminó con Dios durante trescientos años, hasta que Dios lo llevó al Cielo. ¡Cuán hermoso es que la devoción constante de una persona a Dios sea lo que defina su vida! Enoc era «constante en la oración» (Rom. 12: 12) y se mantenía cada día cerca de Dios, por medio de la fe, en sus circunstancias y experiencias.
El mundo se volvía cada vez más malvado en sus días, pero Enoc se mantenía ocupado sirviendo a Dios pues sabía que eso solamente era posible si permanecía en comunión con él. «En medio de una vida de activa labor, Enoc mantenía fielmente su comunión con Dios. Cuanto más intensas y urgentes eran sus labores, tanto más constantes y fervorosas eran sus oraciones. [...] Después de permanecer algún tiempo entre la gente, trabajando para beneficiarla mediante la instrucción y el ejemplo, se retiraba con el fin de estar solo, para satisfacer su sed y hambre de aquella divina sabiduría que únicamente Dios puede dar. Manteniéndose así en comunión con Dios, Enoc llegó a reflejar más y más la imagen divina. Tenía el rostro radiante de una santa luz, semejante a la que resplandece del rostro de Jesús.
Cuando regresaba de estar en comunión con Dios, hasta los impíos miraban con reverencia ese sello del cielo en su semblante» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 66). Dios no nos pide que vivamos como ermitaños o monjes, tan separados del mundo que no seamos útiles en la Tierra. Como Enoc, podemos ser productivos y conscientes de las necesidades que nos rodean, pero Dios solamente puede reflejar su maravilloso carácter a través de nosotros si mantenemos una relación estable y duradera con él. Podemos orar en cualquier momento y lugar. No hay ningún lugar en la Tierra donde Dios no nos vea u oiga (Sal. 139: 7-12). Él siempre escucha el clamor de nuestro corazón, sin importar dónde estemos (lee Lam. 3: 55-57). Sin embargo, hay una ventaja en el hecho de orar audiblemente, ya que cuando lo hacemos solo mentalmente es más factible que el pensamiento se desvíe hacia otros temas.
A diferencia de ello, cuando oramos en voz audible, ya sea como un susurro o en nuestro tono habitual, ello sirve como una especie de recordatorio de que Dios es real, que nos está escuchando y que tenemos algo específico acerca de lo cual dialogar con él. ¿Dónde o cómo susurrarás hoy una oración como parte de tu comunión con Jesús?
Miércoles 6 de mayo
MOISÉS, UN LÍDER CONSAGRADO
Aunque está claro que Enoc tenía una relación muy cercana con Dios, la Biblia contiene más información acerca de la relación de Moisés con el Señor e, incluso, registra numerosos diálogos entre ambos. A medida que pasamos revista a los altibajos de la experiencia de este humilde líder, observamos que la parte más importante de su vida y el secreto de su éxito como dirigente piadoso fue su comunicación constante con Dios y su relación permanente con él. Lee Éxodo 33: 15 al 23. ¿Cuál es el contenido y la forma del diálogo entre Moisés y el Señor? Imagina lo que significó, sin duda, hablar con Dios y oír claramente su voz. Es sorprendente que los israelitas no buscaran este tipo de comunión con Dios por sí mismos en lugar de rogar a Moisés que les hablara en nombre del Señor (Éxo. 20: 18-21).
No obstante, Dios había preparado a Moisés para esto ya desde su interacción con el futuro líder en la zarza ardiente, en ese mismo monte. Aunque la Biblia registra otras oraciones de Moisés, lo cierto es que él estaba casi continuamente en presencia de Dios, pidiéndole orientación e intercediendo por el pueblo al que dirigía. Moisés intercedió en dos ocasiones por algunos miembros de su familia. ¿Cuáles fueron las circunstancias que motivaron su mediación y qué habría sucedido si él no hubiera intervenido?
Aarón (Éxo. 32: 1-14, 31-34; Deut. 9: 20) _______________________________________________________ _______________________________
María (Núm. 12: 13) _______________________________________________________ _______________________________________________________ _________
Lo más sorprendente de la interacción en favor de María es que Moisés fue el destinatario de su maltrato y envidia. Él pudo haber permitido que Dios diera a María y Aarón el castigo que merecían. En cambio, perdonó a su hermana e intercedió por ella. ¡Qué poderoso reflejo de la gracia perdonadora de Dios para con los pecadores se ve aquí en las acciones de Moisés! Lee Mateo 5: 44 y Colosenses 3: 13. ¿Cómo puedes aprender a hacer lo que se te dice aquí? ¿Por qué es importante que lo hagas?
Jueves 7 de mayo
MOISÉS INTERCEDE POR LA NACIÓN
Lee Éxodo 32: 31 y 32. ¿Qué nos enseña este texto acerca de Moisés y la oración? Moisés intercedió audazmente por el pueblo de Dios una y otra vez. Acudió al Señor cuando los israelitas tenían sed (Éxo. 15: 25; 17: 2-6) y hambre (Núm. 11: 21, 22), y expresó su desesperación (Núm. 11: 11-15). Cuando el pueblo construyó el becerro de oro, inmediatamente después del pacto concertado con Dios, Moisés recordó: «Y temí el enojo y la ira que el Señor tenía contra ustedes para destruirlos. Pero el Señor me oyó aún esa vez» (Deut. 9: 19).
Cuando los espías regresaron de la Tierra Prometida, Moisés recordó: «Me postré ante el Señor. Cuarenta días y cuarenta noches estuve postrado, porque él había dicho que los iba a destruir» (Deut. 9: 25). Cuando Leví fue separado de las demás tribus para servir en el Santuario, Moisés recordó: «Yo estuve en el monte como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches. Y el Señor me oyó también esta vez, y no quiso destruirte» (Deut. 10: 10). Dios escuchó la súplica de Moisés. Podemos aprender mucho de la vida de Moisés en lo que se refiere a la oración y a aferrarnos a Dios: • Moisés sentía un profundo amor por Dios y tenía una idea clara del carácter divino. Dios se describió a sí mismo ante Moisés en Éxodo 34: 6: «¡Dios compasivo y bondadoso, lento para la ira, y grande en amor y fidelidad!». • Moisés fue valiente y fiel al aferrarse a Dios en los altibajos del extenuante viaje hacia la Tierra Prometida.
Aunque tuvo luchas personales, como cada uno de nosotros, confió en el poder, la presencia y la dirección de Dios en su vida (Éxo. 33: 13). • Moisés recordó a Dios su pacto (Éxo. 32: 13), reclamó sus promesas en nombre de su pueblo (Deut. 7: 8) y trajo a la memoria cómo los había guiado en el pasado (Deut. 8: 2). • Moisés aceptó las respuestas de Dios a sus oraciones. Estar en estrecha relación con Dios no significa automáticamente que siempre obtendremos lo que deseamos (Deut. 3: 23-29), pero aun así debemos orar con persistencia (Luc. 18: 1-8). ¿Quién necesita tus oraciones intercesoras en este momento? ¿Qué te im‑ pide orar ahora mismo?
Viernes 8 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
En última instancia, debemos orar porque amamos mucho a Dios y porque no podemos evitar compartir con él todo lo que ocurre en nuestra vida: nuestras alegrías y victorias, nuestras cargas y preocupaciones, nuestras peticiones y necesidades cotidianas. «Podemos mantenernos tan cerca de Dios que en cualquier prueba inesperada, nuestros pensamientos se vuelvan hacia él tan naturalmente como la flor se vuelve hacia el sol. »Presenta a Dios tus necesidades, tristezas, gozos, preocupaciones y temores; no puedes incomodarlo ni agobiarlo. El que tiene contados los cabellos de tu cabeza no es indiferente a las necesidades de sus hijos […].
Nuestras aflicciones conmueven su tierno corazón, especialmente cuando las compartimos con él. Llévale todo lo que confunde. No hay carga que resulte tan pesada que él no la pueda sobrellevar; pues él sostiene los mundos y rige el devenir del universo. Nada que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeño que él no lo note. No hay en nuestra experiencia ningún episodio tan oculto que él no lo haya conocido, ni perplejidad tan grande que no la pueda solventar.
Ninguna calamidad puede ocurrirle al más humilde de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltarlo, ningún gozo alegrarlo, ninguna oración sincera surgir de los labios, sin que el Padre celestial lo perciba y sin que él se tome en ello un interés inmediato. […] Las relaciones entre Dios y cada persona son tan especiales y únicas como si no hubiera habido otra de la que ocuparse ni por la cual haber entregado a su Hijo amado» (Elena G. de White, El camino a Cristo, pp. 148, 149).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Describirías la oración como algo hermoso o como una carga? ¿Qué ha contribuido a tu perspectiva?
2. La cita anterior contiene muchos mensajes perspicaces. ¿Qué pensamiento resuena especialmente en ti después de leerla? 3. ¿Con cuál de las tres vidas de oración estudiadas esta semana (Daniel, Enoc y Moisés) te sientes más identificado?
RESUMEN: Cuando leemos en la Biblia acerca de los gigantes de la oración, es fácil pensar que no podemos tener una relación tan estrecha con Dios o estar tan comprometidos con él. Pero sí podemos. Como Daniel, podemos ser firmes y fieles en arrodillarnos cada día a pesar de la oposición. Como Enoc, podemos decidir caminar y hablar con Dios, recurriendo a él antes de hacer el trabajo para el que nos ha llamado. Como Moisés, podemos guiar a quienes se encuentran en nuestra esfera de influencia e interceder por nuestras familias y por los miembros de nuestras comunidades si decidimos permanecer bajo la sombra protectora del Todopoderoso, nuestro Líder y Amigo.
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

La esencia de la vida y del testimonio cristianos
Las cartas del apóstol Pablo a los corintios contienen un mensaje profundamente vigente para la iglesia de hoy. En medio de una sociedad marcada por la división, la inmoralidad y la idolatría, Pablo presenta una verdad inmutable: Jesucristo y su sacrificio en la cruz son el fundamento de la vida cristiana y la respuesta a los desafíos espirituales de cada generación.
En este estudio exploraremos cómo el evangelio transforma el carácter, fortalece la unidad de la iglesia, inspira el amor, promueve el uso correcto de los dones espirituales y nos prepara para la pronta venida de Cristo. A través de 1 y 2 Corintios descubriremos principios prácticos para vivir una fe auténtica, crecer en la gracia y mantenernos fieles al mensaje de la cruz en un mundo lleno de desafíos.
Lección 13:
Para el 26 de septiembre de 2026
GRACIA, AMOR Y COMUNIÓN
Sábado 19 de septiembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Corintios 8: 9; Romanos 16: 20; 1 Juan 4: 8-11; 2 Corintios 13: 11; Filipenses 2: 1-2; Gálatas 4: 4-6.
PARA MEMORIZAR: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13).
Pablo concluye 2 Corintios destacando nuevamente los elementos esenciales abordados en sus Cartas. Lo hace por medio de cinco imperativos (2 Cor. 13: 11). El primero, «tengan gozo», recuerda textos anteriores de las Cartas. El segundo imperativo, «busquen su restauración» (NVI), es la traducción de una sola palabra en griego (katartizō), que aparece aquí y en 1 Corintios 1: 10. El tercero, «anímense mutuamente», retoma 2 Corintios 1: 3-7.
Pablo comienza y termina su segunda Cartas con palabras de aliento. Recibimos ánimo de Dios para alentar a otros (2 Cor. 1: 4, 6). Los imperativos cuarto y quinto, «Sean de un mismo sentir y vivan en paz» (2 Cor. 13: 11), son un llamado a la unidad. Esta atmósfera de gozo, restauración, ánimo, unidad y paz es la condición para la presencia del «Dios de paz y amor» (2 Cor. 13: 11) y el resultado de su obra en el corazón humano (2 Cor. 13: 13). La gracia, el amor y la comunión son el resultado de la obra del Dios trino por nosotros. Estas tres características cristianas promueven un ambiente caracterizado por la presencia de Dios.
Domingo 20 de septiembre
LA GRACIA DE JESÚS
Resulta inspirador que al final de 2 Corintios, así como en su comienzo, veamos una referencia a la gracia de Jesús (2 Cor. 1: 2; 13: 13). Como vimos al comienzo de este trimestre, Pablo no podía dejar de pensar y hablar de Jesús. «Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza» (2 Cor. 8: 9). Cuán admirable es la gracia de Jesús. Dejó las riquezas de su existencia eterna en el cielo para hacerse pobre. Caminó por los polvorientos caminos de la antigua Galilea. «Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2: 8). Lo hizo para enriquecernos; es decir, para que tuviéramos la oportunidad de estar con él en el cielo.
Para nosotros, que solo hemos conocido un mundo de pecado, muerte y sufrimiento, es difícil siquiera empezar a comprender lo que significó para Jesús abandonar el cielo para venir aquí y ofrecer su vida por nosotros. Lee Romanos 16: 20, Gálatas 6: 18, Filipenses 4: 23 y 1 Tesalonicenses 5: 28. ¿Qué enseñanza importante ves en estos pasajes? Pablo se refiere muy a menudo a la gracia de Jesús en sus Cartas. Algunas perlas incluyen: «Se derramaron la gracia y el don sobre los muchos por la gracia de [...] Jesucristo» (Rom. 5: 15). Aquellos que reciben esta abundante gracia «reinarán en vida [...] por Jesucristo» (Rom. 5: 17). Al igual que en 2 Corintios, Pablo también comienza y termina otras Cartas mencionando la gracia de Jesús (Rom. 1: 7; 16: 20; 1 Cor. 1: 3; 16: 23; Gál. 1: 3; 6: 18; Fil. 1: 2; 4: 23).
Este tema ocupaba sus pensamientos y quería que también llenara la mente de los corintios. Ese era su deseo para todas las iglesias. Observa lo que dice a los efesios: «La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable» (Efe. 6: 24). Si estuviera entre nosotros, Pablo sin duda desearía que también nosotros amáramos a Jesús con un amor eterno. Podemos estar seguros de eso porque su deseo era que la gracia de Jesús llegara «a más y más personas» (2 Cor. 4: 15, NVI) y fuera suficiente para ellas, tal como lo fue para él (2 Cor. 12: 9). Piensa en la gracia de la que Dios te ha hecho inmerecidamente objeto a pesar de tus palabras y acciones.
Lunes 21 de septiembre
EL AMOR DE DIOS
«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13). Pablo termina su segunda Carta con este versículo. Nota que menciona a las tres personas de la Trinidad en este orden: Hijo, Padre y Espíritu Santo. A través de la obra de los tres podemos comprender mejor cómo es Dios y lo que ha hecho por nosotros. Lee Juan 3: 16-17, Romanos 8: 37-39 y 1 Juan 4: 8-11. ¿Qué nos dicen estos pasajes acerca del amor de Dios? El conocido versículo de 1 Juan 4: 8 dice que «Dios es amor».
El amor es un atributo esencial de la Deidad. Jesús destaca el hecho de que Dios demostró su amor al dar a su único Hijo para que muriera por nosotros (Juan 3: 16). Él envió a Jesús en una misión de rescate (Juan 3: 17), y esto era parte del proyecto de salvación (Hech. 3: 20-21; 1 Juan 4: 10, 14). Jesús afirmó varias veces en los evangelios que el Padre lo envió (Mat. 10: 40; Mar. 9: 37). En una declaración notable, Pablo dice: «Dios demuestra su amor hacia nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rom. 5: 8). Podemos vislumbrar el amor de Dios en la dulce relación existente entre los cónyuges, entre padres e hijos, en las amistades sinceras, etc. La naturaleza también da testimonio de ese amor.
Respecto de esto, Elena G. de White dice: «“Dios es amor” está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la hierba que crece. Las lindas avecillas que llenan el aire de melodías con sus dulces trinos, las flores exquisitamente matizadas que en su perfección perfuman el ambiente, los imponentes árboles del bosque con su rico follaje de esplendoroso verdor; todo ello atestigua el tierno y paternal cuidado de nuestro Dios y de su deseo de hacer felices a sus hijos» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 15).
Sin embargo, nada es más convincente que el hecho de que Dios haya entregado a Jesús como sacrificio por nuestros pecados. Cuando comprendemos que Dios nos amó hasta el punto de enviar a Jesús para que diera su vida por nosotros, nuestra respuesta es la disposición a «dar nuestra vida por los hermanos» (1 Juan 3: 16). Pablo quería que los corintios vivieran en unidad, pero no es posible sin amor. Por eso les enseñó que «el amor edifica» (1 Cor. 8: 1) y que todo es inútil y vacío donde no lo hay (1 Cor. 13: 1-3). Por lo tanto, todo debe ser hecho con amor (1 Cor. 16: 14), un amor que es una extensión del de Dios. ¿Qué perderíamos en el evangelio si Jesús mismo no fuera plena y eternamente Dios?
Martes 22 de septiembre
EL DIOS DE AMOR
En el antiguo mundo pagano, la gente no creía que los dioses amaran a los seres humanos. Por el contrario, las deidades eran malévolas y furiosas, y debían ser apaciguadas. La idea de un Dios de amor, tal y como la vemos en la Biblia, era entonces una novedad. Por sorprendente que fuera esta afirmación en su época, Pablo caracteriza a nuestro Dios como «el Dios de paz y de amor» (2 Cor. 13: 11). Lee 2 Corintios 13: 11. ¿Cómo puedes obtener esperanza de lo que se dice aquí? ¿Cómo puedes experimentar mejor lo que enseña? La expresión «el Dios de paz y de amor» puede ser interpretada de dos maneras. Por un lado, Dios es la fuente del amor y la paz.
Por otro, Dios se caracteriza por el amor y la paz. Sin embargo, no es necesario decidir entre las dos. Debido a que el amor y la paz son características intrínsecas de Dios, él nos otorga amor y paz. En otro lugar, Pablo se refiere a Dios como «el Dios de la paciencia y el consuelo» (Rom. 15: 5); «de la esperanza» (Rom. 15: 13); «de paz» (Rom. 15: 33; 16: 20; 1 Cor. 14: 33; Fil. 4: 9; 1 Tes. 5: 23), «Padre de compasión» (2 Cor. 1: 3) y «Dios de todo consuelo» (2 Cor. 1: 3). Dios es la fuente de todas estas bendiciones. Él nos las concede por su amor inquebrantable. Además, aunque la expresión «Dios de paz» es bastante común en la Biblia, la expresión «Dios [...] de amor» solo aparece aquí (2 Cor. 13: 11) y, por lo tanto, merece nuestra más profunda reflexión.
Como han señalado muchos intérpretes, la referencia de Pablo al Dios de amor unos versículos antes de la bendición trinitaria en 2 Corintios 13: 13 sugiere que él concibe a la Deidad como integrada por tres personas. «Aunque aquí utiliza la palabra “Dios” en referencia a uno de los tres, su comprensión de Jesús y del Espíritu en otras partes de sus Cartas [...] nos obliga a ver toda la frase como una descripción del único Dios que la iglesia primitiva llegó a ver en forma trina. Pasaría más de un siglo antes de que los teólogos [...] comenzaran a utilizar palabras como “trinidad” como una forma abreviada de expresar lo que Pablo ya estaba articulando» (Tom Wright, 2 Corinthians [Londres: SPCK, 2004], p. 148).
Creemos en un solo Dios; es decir, en la unidad de tres personas que viven eternamente en una relación de amor. Este Dios trino nos ama y nos llama a amarnos unos a otros de una manera que refleje el amor que existe entre ellos.
Miércoles 23 de septiembre
LA COMUNIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
La gracia de Jesús no solo revela el amor que Dios siente por nosotros, sino también nos otorga la comunión del Espíritu como un efecto adicional de ese amor. Al mismo tiempo, la comunión tiene su origen en el amor de Dios, ya que ella no es posible sin amor. Como escribe Pablo: «Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si alguna ternura y compasión; completen mi gozo, tengan el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (Fil. 2: 1-2).
Algunas personas sostienen que el Espíritu Santo es solo una fuerza o influencia. ¿Qué sentido tendría que Pablo mencionara a dos personas —el Padre y el Hijo— junto con una mera «fuerza» en una fórmula trinitaria? Eso no tendría sentido. Así como el Padre y el Hijo se presentan en una relación personal (2 Cor. 1: 3; 11: 31), la relación del Espíritu con las personas nos lleva a la conclusión de que él también es una persona (Rom. 8: 15-16; ver también Juan 14: 16-17, 26; 15: 26). La expresión «comunión del Espíritu» (Fil. 2: 1) puede entenderse de dos maneras.
Puede significar la comunión entre nosotros concedida por el Espíritu, o la comunión con el Espíritu mismo. Varios intérpretes de la Biblia sostienen que estos sentidos no son mutuamente excluyentes. Después de todo, la comunión entre nosotros es la consecuencia de la comunión con el Espíritu. Lee 1 Corintios 2: 10-11; 3: 16; 12: 11; 2 Corintios 3: 6-17. ¿Qué enseñó Pablo a los corintios acerca del Espíritu?
Pablo tiene mucho que decir acerca de la obra del Espíritu. En 1 y 2 Corintios existen más de cuarenta referencias al Espíritu Santo, quien promueve la edificación de la iglesia (1 Cor. 14: 12), capacita a las personas para la misión (1 Cor. 2: 4-5), nos revela las cosas profundas de Dios (1 Cor. 2: 10-11) y nos las enseña (1 Cor. 2: 13), mora en nosotros (1 Cor. 3: 16; 6: 19), coopera con Cristo para nuestra justificación (1 Cor. 6: 11), otorga dones espirituales a la iglesia (1 Cor. 12-14), nos sella para la salvación (2 Cor. 1: 22), imprime la ley en los corazones humanos (2 Cor. 3: 3), y da nueva vida en Cristo (2 Cor. 3: 6) y libertad del pecado (2 Cor. 3: 17).
Sin duda, no podemos vivir sin el Espíritu Santo. ¿Por qué es importante comprender la divinidad del Espíritu Santo para entender plenamente el amor de Dios por nosotros?
Jueves 24 de septiembre
NUESTRO DIOS TRINO
Al leer 2 Corintios 13: 13, alguien podría pensar que Cristo es la única fuente de gracia, que Dios es la única fuente de amor y que el Espíritu Santo es la única fuente de comunión, pero nada podría estar más lejos de la verdad. Lee 1 Corintios 1: 3-4, 9; 10: 16; 2 Corintios 1: 2, 12; Romanos 8: 35; 15: 30; Gálatas 2: 20; Efesios 3: 19. ¿Qué dicen estos pasajes acerca de la gracia, el amor y la comunión en relación con los miembros de la Trinidad? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan juntos para nuestra salvación. La gracia, el amor y la comunión no provienen solo de uno de ellos, sino de los tres. Sin embargo, cada uno tiene funciones específicas en la historia de la salvación.
Pablo es consciente de ello y enfatiza esta enseñanza en sus Cartas. Por ejemplo, el plan de salvación es presentado con una asombrosa economía de palabras en Gálatas 4: 4-6 y con la participación de los tres miembros de la Trinidad. Dios Padre envió a Jesús, lo que sugiere que el Padre es la fuente de ese plan (Gál. 4: 4). El Hijo nació de una mujer (Gál. 4: 4), lo que es una referencia a la encarnación y señala el cumplimiento de una antigua promesa (Gén. 3: 15). El Hijo nos redimió y restauró nuestra relación correcta con el Padre, quien había sido difamado por Satanás (Gén. 3: 5). Por su parte, el Espíritu Santo legitima nuestra identidad como hijos de Dios (Gál. 4: 6). Existen otras referencias a la Trinidad en las cartas paulinas.
Sus integrantes actúan juntos, capacitando a la iglesia para la misión (1 Cor. 12: 4-6), nos fortalecen espiritualmente (Efe. 3: 14-19) y promueven una profunda unidad entre los miembros de la iglesia, una unidad que refleja la unidad que caracteriza la relación existente entre los miembros de la Trinidad (Efe. 4: 4-6). Según Pablo, no solo Dios es trino, sino que las tres Personas de la Trinidad obran juntas para nuestra salvación (Efe. 1: 3, 13-14). En Efesios, Pablo llega incluso a mencionar que debemos ser llenos de la plenitud del Padre (Efe. 3: 19), del Hijo (Efe. 4: 13) y del Espíritu Santo (Efe. 5: 18).
Al concluir la correspondencia con los corintios (2 Cor. 13: 13), Pablo no pudo terminar con un final mejor: la promesa de que las tres Dignidades del universo, el Trío celestial, estarían con nosotros ahora y en la era venidera. ¿Cómo debería reflejar la comunión entre los miembros de la iglesia la hermosa relación existente entre los integrantes de la Trinidad?
Viernes 25 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo «No se turbe vuestro corazón», en El Deseado de todas las gentes (pp. 633-650), de Elena G. de White. «Solo la gracia de Jesucristo puede transformar un corazón de piedra en uno de carne y hacerlo vivir para Dios. Los hombres no tienen poder para justificar el alma ni santificar el corazón. La enfermedad moral solo puede ser sanada por el poder del gran Médico. El don más elevado del cielo, el Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad, es el único capaz de redimir a los perdidos» (Elena G. de White, «The Fullness of Christ’s Grace», Signs of the Times, 2 de mayo de 1892). «“Dios es amor”. Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre, y lo serán para siempre. “El Alto y Sublime, el que habita la eternidad”, cuyos “caminos son eternos”, no cambia. En él “no hay mudanza, ni sombra de variación”. »Cada manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito.
La soberanía de Dios encierra plenitud de bendiciones para todos los seres creados. [...] »La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado, es también una demostración del inmutable amor de Dios» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, pp. 11-12). «El Espíritu Santo tiene una personalidad, de lo contrario no podría dar testimonio a nuestros espíritus y con nuestros espíritus de que somos hijos de Dios.
Debe ser una persona divina, además, porque en caso contrario no podría escudriñar los secretos que están ocultos en la mente de Dios» (Elena G. de White, El evangelismo, p. 461). «Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— son bautizados los que aceptan a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo» (Elena G. de White, El evangelismo, pp. 459-460).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Un conocido himno cristiano se titula «Sublime gracia». ¿Por qué es sublime la gracia de Jesús?
2. La parábola del hijo pródigo constituye una hermosa representación del amor de Dios. ¿Cómo sabemos que el padre de esta parábola es amoroso?
3. ¿Cómo pueden las iglesias locales demostrar que la «comunión del Espíritu» es una realidad allí?
