Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 7:
Para el 14 de febrero de 2026
UNA CIUDADANÍA CELESTIAL
Sábado 7 de febrero
LEE P A R A EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Filipenses 3:17–4:23; 1 Corintios 15:42‑44; Juan 14:27; Salmo 119:165; Job 1:21; 1 Timoteo 6:7.
PARA MEMORIZAR: “Por nada estén afanosos, sino presenten sus pedidos a Dios en oración, ruego y acción de gracias” (Fil. 4:6).
La lección de esta semana concluye nuestro estudio de Filipenses y está repleta de valiosas lecciones y máximas para la vida diaria. Parece que muchos de los elevados valores morales que guiaron la vida del apóstol Pablo se encuentran en los versículos finales de la epístola. Al igual que las enseñanzas de Jesús, que se centran en la persona interior, lo que Pablo comparte con nosotros son secretos para vivir una vida cristiana dichosa. Incluso cuando nuestras circunstancias son mucho menos que ideales, no tenemos por qué preocuparnos, angustiarnos o desanimarnos.
Por el contrario, hay principios que nos ayudarán a encontrar la fuerza para afrontar los retos que nos depara la vida, y así podremos experimentar la paz duradera que solo Dios puede otorgar. El presente y el futuro están en sus manos, y él suplirá todo lo que necesitemos. Lo más importante es no depositar nuestras esperanzas en los sistemas de gobierno terrenales, que nos decepcionan con frecuencia. Como cristianos, somos ciudadanos del reino celestial, y esa ciudadanía conlleva privilegios, maravillosos privilegios, y también responsabilidades.
Domingo 8 de febrero
MODELOS
Todos conocemos personas a las que admiramos y queremos emular. Tener buenos modelos es especialmente importante para los niños. Lo ideal sería que esos modelos fueran sus progenitores. A medida que crezcan, encontrarán otros modelos, quizá relacionados con la carrera que hayan elegido o incluso en biografías que hayan leído. También pueden obtener valiosas lecciones de cómo los personajes bíblicos enfrentaron diversos desafíos y comparar sus experiencias con las propias. Por desgracia, los medios de comunicación rebosan de malos modelos y nos bombardean con relatos acerca de los problemas escandalosos y las vidas desastrosas de los famosos. Aunque los lectores de Pablo en Filipos no tenían que lidiar con Internet, enfrentaban desafíos similares.
El mundo en el que Pablo vivía era muy corrupto, inmoral y malvado, al igual que el de hoy. La maldad siempre abundó y así seguirá siendo hasta el fin. La pregunta clave es: ¿Cómo reaccionamos ante esa realidad? Lee Filipenses 3:17-19. ¿Cómo describe Pablo los buenos y los malos modelos de conducta en este pasaje? ¿Qué claves comparte para distinguirlos? No debemos perder de vista el amor de Pablo hacia las personas con las que no estaba de acuerdo: ¡Llora de tristeza por ellos! Notemos también que no los llama “enemigos”, sino “enemigos de la cruz de Cristo” (Fil. 3:18). Pablo reconocía que estaban en juego cuestiones mucho más amplias, a saber, cómo la Cruz derriba barreras y nos coloca a todos al mismo nivel: como pecadores necesitados de un Salvador (ver Efe. 2:11-14).
Tampoco se debe pasar por alto el hecho de que Pablo insta a los filipenses a enfocarse en los buenos ejemplos –no en los malos–, a observar atentamente a las personas con una experiencia cristiana semejante a la suya. Curiosamente, Pablo utiliza un lenguaje similar al advertir a los romanos que “se guarden de los que causan divisiones y tropiezos contra la doctrina que ustedes han aprendido, y que se aparten de ellos” (Rom. 16:17).
Los engañadores que asechaban a los cristianos de Roma son descritos como personas que “no sirven al Señor nuestro Jesucristo sino a sus propios vientres” (Rom. 16:18). Aunque Jesús es el único modelo perfecto, hay personas que pueden ser ejemplos dignos de imitar en ciertas áreas. Por otra parte, ¿qué clase de modelo de conducta eres tú para los demás?
Lunes 9 de febrero
“PERMANEZCAN FIRMES EN EL SEÑOR”
Lee Filipenses 3:20, 21. ¿Cómo describe Pablo la “ciudadanía” cristiana? A diferencia de los enemigos de la Cruz, que “solo piensan en lo terrenal” y no tienen más dios que sus vientres (Fil. 3:19), la ciudadanía cristiana está en el Cielo, y nuestro soberano es Jesucristo. Para subrayar este punto, Pablo destaca la necesidad de que “el cuerpo de nuestra bajeza” (Fil. 3:21), sujeto a la enfermedad, el deterioro y la muerte, sea transformado para parecerse al glorioso cuerpo resucitado de Cristo. ¿Cómo describen los siguientes pasajes la condición glorificada? Job 19:25–27 ______________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________ Lucas 24:39 ______________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________ 1 Corintios 15:42–44 ________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________ 1 Corintios 15:50–54 ________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________ Colosenses 3:4 ________________________________________________________________________________________________ _____________________________________________________________________________________________________________
La muerte, “el último enemigo”, será finalmente destruida por medio de Jesús (1 Cor. 15:26). Esa es nuestra mayor esperanza, la última promesa que se nos ha hecho en Jesús: no solo el fin de la muerte, sino un cuerpo totalmente nuevo, un “cuerpo de gloria” (Fil. 3: 21). Luc Ferry, el autor ateo de un libro acerca de cómo lograr la “salvación” sin Dios, pretende que el hecho de superar el temor a la muerte constituye la “salvación”.
No obstante, admite que el cristianismo “hace posible no solo trascender el temor a la muerte, sino también vencerla, preservando la individualidad –no de manera anónima o abstracta–, con lo cual parece ser la única versión que ofrece la victoria definitiva de la inmortalidad personal sobre nuestra condición mortal” (Luc Ferry, A Brief History of Thought [Nueva York: HarperCollins, 2011], p. 90). Esa es una gran admisión, sobre todo porque proviene de un incrédulo.
De acuerdo con Pablo, nuestra ciudadanía celestial incluye la resurrección y la vida eterna como parte de una existencia totalmente nueva que apenas podemos imaginar. ¿Por qué la promesa de la vida eterna es tan crucial para todo lo que creemos? ¿Podría este mundo ofrecernos algo que merezca la pena como para renunciar a lo que Cristo nos ofrece?
Martes 10 de febrero
REGOCÍJENSE SIEMPRE EN EL SEÑOR
Lee Filipenses 4:4-7. ¿Cómo podemos experimentar “la paz de Dios”? Tras referirse nuevamente a la necesidad de la unidad (Fil. 4:1-3), Pablo pasa a otro tema: la alegría en el Señor (Fil. 4:4-7). ¿Cuántas veces te has inquietado por cuestiones que se desvanecieron casi tan pronto como aparecieron? Jesús insistió una y otra vez en que no debemos preocuparnos (ver Mat. 6:25-34; 10:19), y Pedro nos recuerda que podemos depositar todas nuestras preocupaciones o ansiedades en el Señor, “porque él cuida de ustedes” (1 Ped. 5:7). De hecho, el aumento de los problemas en el ámbito mundial debería estimular nuestra esperanza en la cercanía de la venida del Señor (Mat. 24:33; Luc. 21:28; Sant. 5:8).
El antídoto contra la ansiedad en cualquier situación es elevar una oración de fe (Fil. 4:6, 7). Ello implica creer y actuar como si nuestra oración hubiera sido contestada, incluso antes de que lo sea, pues se nos dice que debemos orar “con acción de gracias”. También se añade la palabra “ruego” (deēsis en griego), lo que sugiere circunstancias extremas y urgencias (ver, por ejemplo, Luc. 1:13; Fil. 1:19; 1 Tim. 5:5; Sant. 5:16). Nuestras oraciones siguen siendo “pedidos”, pero podemos estar seguros de que nuestras peticiones han sido recibidas siempre que pidamos “conforme a su voluntad” (1 Juan 5:14). Entonces podremos descansar y tener paz al saber que todas nuestras peticiones están en las manos de Dios. ¿Cómo amplían los siguientes pasajes nuestra comprensión acerca de la paz de Dios? Salmos 29:11; Isaías 9:6; Lucas 2:14; Juan 14:27; 1 Corintios 14:33.
La paz de Dios es algo que el mundo no puede dar, pues ella proviene de la seguridad de que tenemos el don de la vida eterna por medio de Jesús, nuestro Salvador (Rom. 5:1; 6:23). Esta paz incide en todos los aspectos de la vida y “supera todo entendimiento (griego nous)” (Fil. 4:7), lo que significa que no puede ser comprendida solo mental o racionalmente. ¿Cómo describirías a alguien lo que significa experimentar “la paz de Dios”?
Miércoles 11 de febrero
PIENSEN EN ESTO
La paz que sobrepasa todo entendimiento también “guardará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:7). Nuestra vida interior necesita protección. Curiosamente, Filipenses 4:7 conecta la paz de Dios con una metáfora militar. El verbo griego froureō se usa para describir una guarnición de soldados que protegen una ciudad contra una invasión (2 Cor. 11:32; comparar con Hech. 9:24). Otro aspecto muy importante de la paz interior implica vivir en armonía con la voluntad de Dios. “Mucha paz gozan los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (Sal. 119:165). Lee Filipenses 4:8, 9. ¿Qué acciones específicas se recomiendan aquí? Pablo introduce Filipenses 4:8 y 9 con la expresión “por lo demás” y una lista de seis virtudes, seguida de un sucinto resumen de ellas y de una exhortación a imitar su ejemplo.
Esta exhortación final armoniza con el entorno grecorromano de Filipos, ya que enfatiza la virtud y el ejemplo. Curiosamente, sin embargo, se centra en ciertas virtudes bíblicas específicas, lo que resulta obvio por la omisión paulina de las cuatro virtudes cardinales griegas (prudencia, justicia, templanza y valentía). 1. No es casual que la lista comience con la virtud bíblica cardinal: lo verdadero, reiteradamente enfatizada por Jesús –quien solía decir: “Les aseguro...”– y por todo el Nuevo Testamento (ver, por ejemplo, Hech. 26:25; Rom. 1:18; 1 Cor. 13:6; 2 Cor. 4:2; Efe. 4:15; 1 Tim. 3:15; Sant. 1:18; 1 Ped. 1:22; 1 Juan 2:21). 2. Honorable.
La palabra griega así traducida se refiere a una virtud personal (comparar sus otros usos en 1 Tim. 3:8, 11; Tito 2:2, donde se traduce como “respetable” en la NVI). 3. Justo. Esta virtud es una de las características distintivas de Dios (comparar su uso en Fil. 1:7). 4. Puro. La palabra se refiere al pensamiento puro y a las acciones de esa misma naturaleza que fluyen de la justicia de Dios recibida por la fe en ocasión de la justificación (ver 1 Juan 3:3). 5. “Agradable” (DHH). El término designa una belleza estética como la atestiguada ampliamente en la Creación de Dios. 6. De buen nombre. Otras versiones traducen esta última virtud como “digno de admiración” (NVI): “honorable” (LBLA), “loable” (BNP), etc. Pablo hace dos salvedades más, para que no se atribuya un matiz pagano a ninguna de estas virtudes: “Si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza” (Fil. 4:8), debemos pensar en estas virtudes celestiales.
Luego, para despejar toda duda y evitar cualquier equívoco, el apóstol exhorta a los creyentes a practicar lo aprendido, recibido, oído y visto en su propio ejemplo (Fil. 4:9).
Jueves 12 de febrero
LAS CLAVES DEL CONTENTAMIENTO
Lee Filipenses 4:10-13, 19. ¿Qué claves revela Pablo para alcanzar una vida satisfecha y feliz? En circunstancias extremas (hambre, enfermedad, lesiones, decesos), las personas reflexionan acerca de lo realmente importante y consideran las bendiciones que normalmente se dan por sentadas. La fe entra en acción cuando estamos “en necesidad” (Fil. 4:12), “sufrimos escasez” (NVI) o “no tenemos nada” (DHH). Por el contrario, cuando “vivimos en abundancia”, debemos ser conscientes de que esta puede desaparecer en un instante (ver Prov. 23:5).
Como Job y Pablo nos recuerdan, nada trajimos al mundo cuando nacimos, y nada nos llevaremos a la tumba (Job 1:21; 1 Tim. 6:7). Considera las siguientes promesas y certidumbres bíblicas:
• “El Señor es mi Pastor, nada me faltará” (o “nada me falta”; DHH) (Sal. 23:1).
• “Su Padre celestial sabe [lo] que ustedes necesitan” (Mat. 6:32).
• “Echen toda su ansiedad sobre él, porque él cuida de ustedes” (1 Ped. 5:7).
• “Mi Dios, pues, suplirá toda necesidad de ustedes, conforme a su gloriosa riqueza en Cristo Jesús” (Fil. 4:19). Y he aquí lo más maravilloso: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Quizá ninguno de nosotros pueda comprender plenamente lo que implica la palabra “todo”. Ciertamente, como en el caso de cualquier petición a Dios por su ayuda y fuerza, debemos pedir que se haga su voluntad. Sin embargo, muchas veces ni siquiera pedimos cosas que sabemos que se ajustan a su voluntad. Por eso Santiago 4:2 dice: “No tienen lo que desean, porque no piden”. He aquí algunas cosas que podemos pedir con confianza porque sabemos que están en armonía con la voluntad de Dios:
• Salvación de un ser querido o de un amigo (1 Tim. 2:3, 4).
• Valor para compartir nuestra fe (Apoc. 22:17).
• Perdón cuando confesamos y abandonamos el mal (1 Juan 1:9).
• Fortaleza para obedecer los mandamientos de Dios (Heb. 13:20, 21). • Amor por quienes nos odian y maltratan (Mat. 5:44).
• Sabiduría en situaciones difíciles (Sant. 1:5).
• Comprensión de la verdad revelada en la Palabra de Dios (Juan 8:32). ¿Cómo reaccionas cuando no recibes lo que has pedido en oración o ante la posibilidad de que nunca lo recibas?
Viernes 13 de febrero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Únicamente los que estén recibiendo constantemente nueva provisión de gracia tendrán una fuerza proporcional a su necesidad diaria y a su capacidad de emplearla. En vez de esperar algún tiempo futuro en que, mediante el otorgamiento de un poder espiritual especial, sean milagrosamente hechos idóneos para ganar almas, se entregan diariamente a Dios, para que los haga vasos dignos de ser empleados por él. Diariamente están a su alcance.
Diariamente están testificando por el Maestro dondequiera que estén, ora sea en alguna humilde esfera de trabajo o en el hogar, o en un ramo público de utilidad. “Para el obrero consagrado, es una maravillosa fuente de consuelo el saber que aun Cristo durante su vida terrenal buscaba a su Padre diariamente en procura de nuevas provisiones de gracia necesaria; y de esta comunión con Dios salía para fortalecer y bendecir a otros. […] “Todo obrero que sigue el ejemplo de Cristo será preparado para recibir y usar el poder que Dios ha prometido a su iglesia para la maduración de la mies de la Tierra” (Elena de White, La maravillosa gracia de Dios [Florida: ACES, 1973], p. 117). “Dios conoce nuestras necesidades y ha hecho provisión para satisfacerlas. El Señor tiene una tesorería con abundantes provisiones para sus hijos, y puede darles lo que necesitan en todas las circunstancias.
Entonces ¿por qué no confiáis en él? Ha hecho preciosas promesas a sus hijos a condición de que obedezcan fielmente sus preceptos. No hay ninguna carga que no pueda quitar, ninguna tiniebla que no pueda disipar, ninguna debilidad que no pueda transformar en poder, ningún temor que no pueda apaciguar, ninguna aspiración digna que no pueda guiar y justificar. “No debemos mirarnos a nosotros mismos. Cuanto más consideremos nuestras imperfecciones, menos fuerza tendremos para vencerlas” (Elena de White, A fin de conocerle [Nampa, ID: Pacific Press, 2008], p. 226).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Piensa en algunas de tus experiencias más felices en las que tus oraciones fueron contestadas por Dios. ¿Cómo te han ayudado a experimentar la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento? ¿Cómo puedes seguir experimentando esa paz cuando tus oraciones no son contestadas, al menos de acuerdo con tus expectativas?
2. En el contexto de Filipenses 4:8, ¿qué ocupa tus pensamientos? ¿En qué medida lo que piensas fortalece tu fe y tu relación con el Señor?
3. Analiza la cita final anterior. ¿Qué implicaciones tiene la afirmación: “Cuanto más nos detengamos en nuestras imperfecciones, menos fuerza tendremos para superarlas”? ¿Cuál es, entonces, la clave de la superación?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

La esencia de la vida y del testimonio cristianos
Las cartas del apóstol Pablo a los corintios contienen un mensaje profundamente vigente para la iglesia de hoy. En medio de una sociedad marcada por la división, la inmoralidad y la idolatría, Pablo presenta una verdad inmutable: Jesucristo y su sacrificio en la cruz son el fundamento de la vida cristiana y la respuesta a los desafíos espirituales de cada generación.
En este estudio exploraremos cómo el evangelio transforma el carácter, fortalece la unidad de la iglesia, inspira el amor, promueve el uso correcto de los dones espirituales y nos prepara para la pronta venida de Cristo. A través de 1 y 2 Corintios descubriremos principios prácticos para vivir una fe auténtica, crecer en la gracia y mantenernos fieles al mensaje de la cruz en un mundo lleno de desafíos.
Lección 13:
Para el 26 de septiembre de 2026
GRACIA, AMOR Y COMUNIÓN
Sábado 19 de septiembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 2 Corintios 8: 9; Romanos 16: 20; 1 Juan 4: 8-11; 2 Corintios 13: 11; Filipenses 2: 1-2; Gálatas 4: 4-6.
PARA MEMORIZAR: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13).
Pablo concluye 2 Corintios destacando nuevamente los elementos esenciales abordados en sus Cartas. Lo hace por medio de cinco imperativos (2 Cor. 13: 11). El primero, «tengan gozo», recuerda textos anteriores de las Cartas. El segundo imperativo, «busquen su restauración» (NVI), es la traducción de una sola palabra en griego (katartizō), que aparece aquí y en 1 Corintios 1: 10. El tercero, «anímense mutuamente», retoma 2 Corintios 1: 3-7.
Pablo comienza y termina su segunda Cartas con palabras de aliento. Recibimos ánimo de Dios para alentar a otros (2 Cor. 1: 4, 6). Los imperativos cuarto y quinto, «Sean de un mismo sentir y vivan en paz» (2 Cor. 13: 11), son un llamado a la unidad. Esta atmósfera de gozo, restauración, ánimo, unidad y paz es la condición para la presencia del «Dios de paz y amor» (2 Cor. 13: 11) y el resultado de su obra en el corazón humano (2 Cor. 13: 13). La gracia, el amor y la comunión son el resultado de la obra del Dios trino por nosotros. Estas tres características cristianas promueven un ambiente caracterizado por la presencia de Dios.
Domingo 20 de septiembre
LA GRACIA DE JESÚS
Resulta inspirador que al final de 2 Corintios, así como en su comienzo, veamos una referencia a la gracia de Jesús (2 Cor. 1: 2; 13: 13). Como vimos al comienzo de este trimestre, Pablo no podía dejar de pensar y hablar de Jesús. «Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza» (2 Cor. 8: 9). Cuán admirable es la gracia de Jesús. Dejó las riquezas de su existencia eterna en el cielo para hacerse pobre. Caminó por los polvorientos caminos de la antigua Galilea. «Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil. 2: 8). Lo hizo para enriquecernos; es decir, para que tuviéramos la oportunidad de estar con él en el cielo.
Para nosotros, que solo hemos conocido un mundo de pecado, muerte y sufrimiento, es difícil siquiera empezar a comprender lo que significó para Jesús abandonar el cielo para venir aquí y ofrecer su vida por nosotros. Lee Romanos 16: 20, Gálatas 6: 18, Filipenses 4: 23 y 1 Tesalonicenses 5: 28. ¿Qué enseñanza importante ves en estos pasajes? Pablo se refiere muy a menudo a la gracia de Jesús en sus Cartas. Algunas perlas incluyen: «Se derramaron la gracia y el don sobre los muchos por la gracia de [...] Jesucristo» (Rom. 5: 15). Aquellos que reciben esta abundante gracia «reinarán en vida [...] por Jesucristo» (Rom. 5: 17). Al igual que en 2 Corintios, Pablo también comienza y termina otras Cartas mencionando la gracia de Jesús (Rom. 1: 7; 16: 20; 1 Cor. 1: 3; 16: 23; Gál. 1: 3; 6: 18; Fil. 1: 2; 4: 23).
Este tema ocupaba sus pensamientos y quería que también llenara la mente de los corintios. Ese era su deseo para todas las iglesias. Observa lo que dice a los efesios: «La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable» (Efe. 6: 24). Si estuviera entre nosotros, Pablo sin duda desearía que también nosotros amáramos a Jesús con un amor eterno. Podemos estar seguros de eso porque su deseo era que la gracia de Jesús llegara «a más y más personas» (2 Cor. 4: 15, NVI) y fuera suficiente para ellas, tal como lo fue para él (2 Cor. 12: 9). Piensa en la gracia de la que Dios te ha hecho inmerecidamente objeto a pesar de tus palabras y acciones.
Lunes 21 de septiembre
EL AMOR DE DIOS
«La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes» (2 Cor. 13: 13). Pablo termina su segunda Carta con este versículo. Nota que menciona a las tres personas de la Trinidad en este orden: Hijo, Padre y Espíritu Santo. A través de la obra de los tres podemos comprender mejor cómo es Dios y lo que ha hecho por nosotros. Lee Juan 3: 16-17, Romanos 8: 37-39 y 1 Juan 4: 8-11. ¿Qué nos dicen estos pasajes acerca del amor de Dios? El conocido versículo de 1 Juan 4: 8 dice que «Dios es amor».
El amor es un atributo esencial de la Deidad. Jesús destaca el hecho de que Dios demostró su amor al dar a su único Hijo para que muriera por nosotros (Juan 3: 16). Él envió a Jesús en una misión de rescate (Juan 3: 17), y esto era parte del proyecto de salvación (Hech. 3: 20-21; 1 Juan 4: 10, 14). Jesús afirmó varias veces en los evangelios que el Padre lo envió (Mat. 10: 40; Mar. 9: 37). En una declaración notable, Pablo dice: «Dios demuestra su amor hacia nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rom. 5: 8). Podemos vislumbrar el amor de Dios en la dulce relación existente entre los cónyuges, entre padres e hijos, en las amistades sinceras, etc. La naturaleza también da testimonio de ese amor.
Respecto de esto, Elena G. de White dice: «“Dios es amor” está escrito en cada capullo de flor que se abre, en cada tallo de la hierba que crece. Las lindas avecillas que llenan el aire de melodías con sus dulces trinos, las flores exquisitamente matizadas que en su perfección perfuman el ambiente, los imponentes árboles del bosque con su rico follaje de esplendoroso verdor; todo ello atestigua el tierno y paternal cuidado de nuestro Dios y de su deseo de hacer felices a sus hijos» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 15).
Sin embargo, nada es más convincente que el hecho de que Dios haya entregado a Jesús como sacrificio por nuestros pecados. Cuando comprendemos que Dios nos amó hasta el punto de enviar a Jesús para que diera su vida por nosotros, nuestra respuesta es la disposición a «dar nuestra vida por los hermanos» (1 Juan 3: 16). Pablo quería que los corintios vivieran en unidad, pero no es posible sin amor. Por eso les enseñó que «el amor edifica» (1 Cor. 8: 1) y que todo es inútil y vacío donde no lo hay (1 Cor. 13: 1-3). Por lo tanto, todo debe ser hecho con amor (1 Cor. 16: 14), un amor que es una extensión del de Dios. ¿Qué perderíamos en el evangelio si Jesús mismo no fuera plena y eternamente Dios?
Martes 22 de septiembre
EL DIOS DE AMOR
En el antiguo mundo pagano, la gente no creía que los dioses amaran a los seres humanos. Por el contrario, las deidades eran malévolas y furiosas, y debían ser apaciguadas. La idea de un Dios de amor, tal y como la vemos en la Biblia, era entonces una novedad. Por sorprendente que fuera esta afirmación en su época, Pablo caracteriza a nuestro Dios como «el Dios de paz y de amor» (2 Cor. 13: 11). Lee 2 Corintios 13: 11. ¿Cómo puedes obtener esperanza de lo que se dice aquí? ¿Cómo puedes experimentar mejor lo que enseña? La expresión «el Dios de paz y de amor» puede ser interpretada de dos maneras. Por un lado, Dios es la fuente del amor y la paz.
Por otro, Dios se caracteriza por el amor y la paz. Sin embargo, no es necesario decidir entre las dos. Debido a que el amor y la paz son características intrínsecas de Dios, él nos otorga amor y paz. En otro lugar, Pablo se refiere a Dios como «el Dios de la paciencia y el consuelo» (Rom. 15: 5); «de la esperanza» (Rom. 15: 13); «de paz» (Rom. 15: 33; 16: 20; 1 Cor. 14: 33; Fil. 4: 9; 1 Tes. 5: 23), «Padre de compasión» (2 Cor. 1: 3) y «Dios de todo consuelo» (2 Cor. 1: 3). Dios es la fuente de todas estas bendiciones. Él nos las concede por su amor inquebrantable. Además, aunque la expresión «Dios de paz» es bastante común en la Biblia, la expresión «Dios [...] de amor» solo aparece aquí (2 Cor. 13: 11) y, por lo tanto, merece nuestra más profunda reflexión.
Como han señalado muchos intérpretes, la referencia de Pablo al Dios de amor unos versículos antes de la bendición trinitaria en 2 Corintios 13: 13 sugiere que él concibe a la Deidad como integrada por tres personas. «Aunque aquí utiliza la palabra “Dios” en referencia a uno de los tres, su comprensión de Jesús y del Espíritu en otras partes de sus Cartas [...] nos obliga a ver toda la frase como una descripción del único Dios que la iglesia primitiva llegó a ver en forma trina. Pasaría más de un siglo antes de que los teólogos [...] comenzaran a utilizar palabras como “trinidad” como una forma abreviada de expresar lo que Pablo ya estaba articulando» (Tom Wright, 2 Corinthians [Londres: SPCK, 2004], p. 148).
Creemos en un solo Dios; es decir, en la unidad de tres personas que viven eternamente en una relación de amor. Este Dios trino nos ama y nos llama a amarnos unos a otros de una manera que refleje el amor que existe entre ellos.
Miércoles 23 de septiembre
LA COMUNIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
La gracia de Jesús no solo revela el amor que Dios siente por nosotros, sino también nos otorga la comunión del Espíritu como un efecto adicional de ese amor. Al mismo tiempo, la comunión tiene su origen en el amor de Dios, ya que ella no es posible sin amor. Como escribe Pablo: «Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si alguna ternura y compasión; completen mi gozo, tengan el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (Fil. 2: 1-2).
Algunas personas sostienen que el Espíritu Santo es solo una fuerza o influencia. ¿Qué sentido tendría que Pablo mencionara a dos personas —el Padre y el Hijo— junto con una mera «fuerza» en una fórmula trinitaria? Eso no tendría sentido. Así como el Padre y el Hijo se presentan en una relación personal (2 Cor. 1: 3; 11: 31), la relación del Espíritu con las personas nos lleva a la conclusión de que él también es una persona (Rom. 8: 15-16; ver también Juan 14: 16-17, 26; 15: 26). La expresión «comunión del Espíritu» (Fil. 2: 1) puede entenderse de dos maneras.
Puede significar la comunión entre nosotros concedida por el Espíritu, o la comunión con el Espíritu mismo. Varios intérpretes de la Biblia sostienen que estos sentidos no son mutuamente excluyentes. Después de todo, la comunión entre nosotros es la consecuencia de la comunión con el Espíritu. Lee 1 Corintios 2: 10-11; 3: 16; 12: 11; 2 Corintios 3: 6-17. ¿Qué enseñó Pablo a los corintios acerca del Espíritu?
Pablo tiene mucho que decir acerca de la obra del Espíritu. En 1 y 2 Corintios existen más de cuarenta referencias al Espíritu Santo, quien promueve la edificación de la iglesia (1 Cor. 14: 12), capacita a las personas para la misión (1 Cor. 2: 4-5), nos revela las cosas profundas de Dios (1 Cor. 2: 10-11) y nos las enseña (1 Cor. 2: 13), mora en nosotros (1 Cor. 3: 16; 6: 19), coopera con Cristo para nuestra justificación (1 Cor. 6: 11), otorga dones espirituales a la iglesia (1 Cor. 12-14), nos sella para la salvación (2 Cor. 1: 22), imprime la ley en los corazones humanos (2 Cor. 3: 3), y da nueva vida en Cristo (2 Cor. 3: 6) y libertad del pecado (2 Cor. 3: 17).
Sin duda, no podemos vivir sin el Espíritu Santo. ¿Por qué es importante comprender la divinidad del Espíritu Santo para entender plenamente el amor de Dios por nosotros?
Jueves 24 de septiembre
NUESTRO DIOS TRINO
Al leer 2 Corintios 13: 13, alguien podría pensar que Cristo es la única fuente de gracia, que Dios es la única fuente de amor y que el Espíritu Santo es la única fuente de comunión, pero nada podría estar más lejos de la verdad. Lee 1 Corintios 1: 3-4, 9; 10: 16; 2 Corintios 1: 2, 12; Romanos 8: 35; 15: 30; Gálatas 2: 20; Efesios 3: 19. ¿Qué dicen estos pasajes acerca de la gracia, el amor y la comunión en relación con los miembros de la Trinidad? El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo trabajan juntos para nuestra salvación. La gracia, el amor y la comunión no provienen solo de uno de ellos, sino de los tres. Sin embargo, cada uno tiene funciones específicas en la historia de la salvación.
Pablo es consciente de ello y enfatiza esta enseñanza en sus Cartas. Por ejemplo, el plan de salvación es presentado con una asombrosa economía de palabras en Gálatas 4: 4-6 y con la participación de los tres miembros de la Trinidad. Dios Padre envió a Jesús, lo que sugiere que el Padre es la fuente de ese plan (Gál. 4: 4). El Hijo nació de una mujer (Gál. 4: 4), lo que es una referencia a la encarnación y señala el cumplimiento de una antigua promesa (Gén. 3: 15). El Hijo nos redimió y restauró nuestra relación correcta con el Padre, quien había sido difamado por Satanás (Gén. 3: 5). Por su parte, el Espíritu Santo legitima nuestra identidad como hijos de Dios (Gál. 4: 6). Existen otras referencias a la Trinidad en las cartas paulinas.
Sus integrantes actúan juntos, capacitando a la iglesia para la misión (1 Cor. 12: 4-6), nos fortalecen espiritualmente (Efe. 3: 14-19) y promueven una profunda unidad entre los miembros de la iglesia, una unidad que refleja la unidad que caracteriza la relación existente entre los miembros de la Trinidad (Efe. 4: 4-6). Según Pablo, no solo Dios es trino, sino que las tres Personas de la Trinidad obran juntas para nuestra salvación (Efe. 1: 3, 13-14). En Efesios, Pablo llega incluso a mencionar que debemos ser llenos de la plenitud del Padre (Efe. 3: 19), del Hijo (Efe. 4: 13) y del Espíritu Santo (Efe. 5: 18).
Al concluir la correspondencia con los corintios (2 Cor. 13: 13), Pablo no pudo terminar con un final mejor: la promesa de que las tres Dignidades del universo, el Trío celestial, estarían con nosotros ahora y en la era venidera. ¿Cómo debería reflejar la comunión entre los miembros de la iglesia la hermosa relación existente entre los integrantes de la Trinidad?
Viernes 25 de septiembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee el capítulo «No se turbe vuestro corazón», en El Deseado de todas las gentes (pp. 633-650), de Elena G. de White. «Solo la gracia de Jesucristo puede transformar un corazón de piedra en uno de carne y hacerlo vivir para Dios. Los hombres no tienen poder para justificar el alma ni santificar el corazón. La enfermedad moral solo puede ser sanada por el poder del gran Médico. El don más elevado del cielo, el Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad, es el único capaz de redimir a los perdidos» (Elena G. de White, «The Fullness of Christ’s Grace», Signs of the Times, 2 de mayo de 1892). «“Dios es amor”. Su naturaleza y su ley son amor. Lo han sido siempre, y lo serán para siempre. “El Alto y Sublime, el que habita la eternidad”, cuyos “caminos son eternos”, no cambia. En él “no hay mudanza, ni sombra de variación”. »Cada manifestación del poder creador es una expresión del amor infinito.
La soberanía de Dios encierra plenitud de bendiciones para todos los seres creados. [...] »La historia del gran conflicto entre el bien y el mal, desde que principió en el cielo hasta el final abatimiento de la rebelión y la total extirpación del pecado, es también una demostración del inmutable amor de Dios» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, pp. 11-12). «El Espíritu Santo tiene una personalidad, de lo contrario no podría dar testimonio a nuestros espíritus y con nuestros espíritus de que somos hijos de Dios.
Debe ser una persona divina, además, porque en caso contrario no podría escudriñar los secretos que están ocultos en la mente de Dios» (Elena G. de White, El evangelismo, p. 461). «Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— son bautizados los que aceptan a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo» (Elena G. de White, El evangelismo, pp. 459-460).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Un conocido himno cristiano se titula «Sublime gracia». ¿Por qué es sublime la gracia de Jesús?
2. La parábola del hijo pródigo constituye una hermosa representación del amor de Dios. ¿Cómo sabemos que el padre de esta parábola es amoroso?
3. ¿Cómo pueden las iglesias locales demostrar que la «comunión del Espíritu» es una realidad allí?
