Lección 7: Para el 16 de mayo de 2026
LA ORACIÓN
Sábado 9 de mayo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Reyes 19: 1–18; Mateo 6: 5–8; Lucas 11: 2–4; Mateo 6: 5–15; Daniel 9: 4–19; Romanos 8: 26, 27.
TEXTO PARA MEMORIZAR: «Pueblos, esperen en él en todo tiempo, derramen ante él su corazón. Dios es nuestro refugio» (Sal. 62: 8).
¿Cómo es tu vida de oración? ¿Con qué frecuencia oras? ¿Con cuánto fervor? ¿Con qué expectación? ¿Oras a diario o solo en situaciones de emergencia? Tus oraciones ¿son siempre de petición o también alabas a Dios en ellas? Además, ¿oras de mañana, antes de comer y quizás a lo largo de tu ajetreado día? Tal vez hayas formado parte de un grupo de oración regular o incluso hayas orado ininterrumpidamente de manera mental a lo largo del día. ¿Has experimentado por medio de la oración el poder y la presencia transformadora de Dios en tu vida?
La oración es la conexión constante entre nosotros (los sarmientos o ramas) y Jesús (la Vid). «Si queremos crecer y fructificar, tenemos que absorber continuamente savia y nutrición de la viviente Vid, porque separados de ella no tenemos fuerza» (Elena G. de White, Primeros escritos, p. 104). He allí la bendición de la oración permanente. Dios nos escucha y siempre responde a su tiempo y de la manera perfecta, aunque no siempre como esperamos. Esta semana estudiaremos el ejemplo de otros personajes bíblicos y consideraremos formas prácticas de fortalecer la oración en nuestra vida diaria.
Domingo 10 de mayo
ELÍAS: LA ORACIÓN EN MEDIO DE LA CRISIS
El fiel Elías vivió en tiempos difíciles, cuando el rey Acab hacía más «para provocar al Señor Dios de Israel que todos los reyes de Israel anteriores a él» (1 Rey. 16: 33). El momento más dramático de su vida fue la confrontación en el Monte Carmelo (ver 1 Rey. 18). En el clímax de esta increíble historia, Acab y su reino vieron con sus propios ojos que Dios responde a la oración. Aquel fue un momento inolvidable en la historia de Israel debido al repentino y asombroso giro en los acontecimientos. Lee 1 Reyes 19: 1 al 18. Centra tu atención en las oraciones de Elías y en la interacción de Dios con él. ¿A qué se debía el abatimiento de Elías? ¿En qué se diferencian las respuestas divinas aquí y en el Monte Carmelo?
Aunque Dios había respondido cada una de las oraciones de Elías, el estado emocional, mental y físico del profeta pronto cambió. El profeta había experimentado una gran victoria con Dios ese día, pero permitió que el temor a la muerte anulara súbitamente su fe en Dios. Lo sorprendente de esta historia es que, aunque Elías cedió al abatimiento y al desánimo, Dios acudió a él con ternura y le proveyó nuevamente alimento y agua (1 Rey. 19: 5, 6) suficientes para sostenerlo durante cuarenta días (1 Rey. 19: 8). Cuando Dios finalmente se reveló, lo hizo de una manera muy diferente de como lo había hecho antes. Dios nos responde a veces de maneras muy directas, poderosas e innegables. Esto fortalece nuestra fe y sentimos su cercanía en nuestra vida. Otras veces vacilamos y cedemos a la tentación, pensando que es demasiado difícil seguir a Dios con fe inquebrantable.
Buscamos respuestas divinas a la medida de nuestras expectativas, sin darnos cuenta de que sus pensamientos y sus caminos son mucho más elevados y sabios que los nuestros (Isa. 55: 8, 9). Así como existen muchos aspectos de la Creación de Dios que no entendemos, no debería sorprendernos que haya también muchas maneras divinas de obrar que resultan incomprensibles para nosotros. Dios, nuestro bondadoso Padre, sabe exactamente qué necesitas. ¿Cómo puedes confiar lo suficiente en él en toda circunstancia? Habla con él acerca de esto ahora.
Lunes 11 de mayo
CUANDO PARECE NO HABER RESPUESTA
Tal vez hayas orado por algo durante mucho tiempo, incluso años, y tengas la sensación de que Dios no ha escuchado tus plegarias. La Biblia nos dice: «Pidan, y les darán» (Mat. 7: 7), y «si pedimos algo conforme a su voluntad, él nos oye» (1 Juan 5: 14). ¿Qué opinas de estas promesas? Ana es el ejemplo de una mujer devota que oró por algo muy específico (1 Sam. 1: 10-17). Al principio parecía que Dios no contestaba sus oraciones, pero ella persistió y Dios respondió de acuerdo con su voluntad en el momento perfecto. A veces la espera profundiza nuestra experiencia con Dios, pues nos enseña a confiar más en él. El Salmo 62: 8 dice: «Pueblos, esperen en él en todo tiempo, derramen ante él su corazón.
Dios es nuestro refugio». ¿Confiamos en que él realmente sabe qué es lo mejor, incluso cuando no vemos una respuesta inmediata a nuestras oraciones? ¿Confiamos en que él responderá a su debido tiempo y a su manera? A veces nuestras oraciones pueden no ser contestadas tan rápidamente como deseamos o de la manera que esperamos. ¿Qué consejo nos da la Biblia al respecto?
• Procura que se cumpla la voluntad de Dios, no la tuya (Mat. 6: 10; 1 Juan 5: 14, 15).
• Considera los motivos por los que pides algo (Prov. 16: 2; Sant. 4: 3).
• Asegúrate de no estar acariciando algún pecado (Sal. 66: 18; Prov. 15: 29; 1 Ped. 3: 12).
• Permanece en Dios y en su Palabra (Juan 15: 7). • Ora con fe (Mat. 21: 22; Mar. 11: 24; Heb. 11: 6; Sant. 1: 6).
• Considera el estado de tu corazón (¿humilde u orgulloso?) (Sant. 4: 6; 1 Ped. 5: 6).
• Persevera en la oración (1 Tes. 5: 17, 18).
• Perdona a los demás (Mar. 11: 25, 26).
• En última instancia, Dios ve el panorama completo y sabe qué es lo mejor para nosotros (Jer. 29: 11-13; Rom. 8: 28; Efe. 3: 20).
Su respuesta es, a veces, simplemente la que dio a Pablo: «Bástate mi gracia» (2 Cor. 12: 9). Un hecho clave que determina nuestra respuesta a lo que parecen oraciones sin respuesta es la imagen que tenemos de Dios. Si creemos que Dios es alguien distante que no siente interés en nosotros, nuestra relación con él se debilitará. Si eso te ocurre, busca en la Biblia evidencias de su amor y su cuidado para contigo y ora para que la imagen distorsionada que tienes de él cambie.
Martes 12 de mayo
JESÚS NOS ENSEÑA CÓMO ORAR
En tiempos de Jesús, las oraciones prolongadas y cuidadosamente elaboradas, llenas de palabras complejas y a menudo memorizadas, eran muy apreciadas. Jesús no tenía nada bueno que decir acerca de este tipo de oraciones (ver Mat. 6: 5-8), sino que las definió como lo que eran: ostentosas muestras de presunta «piedad». Los discípulos vieron orar a Jesús y sabían que la oración era una parte vital de su vida (ver Mar. 1: 35; 6: 46; Luc. 5: 16; 6: 12; 9: 18; 22: 12; 24: 30). Mientras observaban al Maestro, notaron un contraste con los líderes religiosos y se dieron cuenta de que la oración era algo mucho más importante que lo que habían pensado.
Por lo tanto, se acercaron a Jesús y le pidieron: «Señor, enséñanos a orar» (Luc. 11: 1). Jesús enseñó a sus discípulos (y a nosotros) que podemos orar con sencillez y en un lenguaje cotidiano, y que nuestras oraciones deben ser sinceras. Lee Lucas 11: 2 al 4 y Mateo 6: 5 al 15, y observa los siguientes aspectos de la oración que Jesús enseñó:
• «Padre nuestro que estás en los cielos»: Necesitamos reconocer nuestra relación personal con el Padre de todos los seres humanos. • «Santificado sea tu nombre»: Reconocer la santidad de Dios nos acerca a él con reverencia y respeto.
• «Venga tu reino»: Anhelemos el regreso de Jesús y la presencia del Espíritu Santo hasta que ocurra la Segunda Venida.
• «Sea hecha tu voluntad en la tierra como en el cielo»: Aceptemos la soberanía divina y pidamos que se haga la voluntad de Dios en nuestra vida, confiando en que él sabe mejor que nosotros qué nos conviene, en lugar de pedirle que haga lo que queremos.
• «Danos hoy el pan nuestro de cada día»: Podemos pedir lo que necesitamos para vivir, tanto físicamente (alimento y agua) como espiritualmente (Jesús y su Palabra viva).
• «Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal» (DHH): Necesitamos arrepentirnos, buscar el perdón y perdonar a quienes nos han hecho daño, así como Dios nos perdona a nosotros.
• «Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal»: Es esencial pedir protección y amparo contra el mal presente en este mundo (Sal. 91).
• «Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén»: Reconozcamos que todo lo que somos, poseemos y hacemos pertenece a Dios.
Solo él merece la gloria y la alabanza (1 Crón. 29: 11). ¿Deberíamos dedicar más tiempo a la oración y a encontrarnos cada ma‑ ñana con Aquel que nos ama más que nadie? ¿Qué te impide hacerlo? Ora ahora mismo tal como Jesús nos enseñó.
Miércoles 13 de mayo
ALABANZA, CONFESIÓN, PEDIDOS Y GRATITUD
Podemos hablar con Dios en oración de la manera sencilla en que Jesús nos instruyó a hacerlo, ya sea en privado, en familia o en la iglesia, recordando que orar es hablar con él como con un amigo. Con demasiada frecuencia nuestras oraciones están llenas de peticiones, pero Jesús nos ha enseñado a incluir mucho más que eso en nuestras plegarias.
Lee la oración de Daniel en Daniel 9: 4 al 19 e identifica sus distintas partes. Considera cómo podrías incluir los siguientes componentes en tus oraciones: Alabanza: La alabanza es una expresión de adoración a Dios en reconocimiento por ser quien es y por su carácter. Lee el hermoso cántico de alabanza a Dios registrado en el Salmo 100 y considera los diferentes nombres que se le dan a Dios y la descripción de su magnífico carácter. Alábalo por ser tu Redentor, Salvador, Consolador, Sanador, Buen Pastor, Alfa y Omega, y Roca, por mencionar solo algunos de los nombres con los que el salmista se refiere a Dios.
Confesión y perdón: Cuando dialogamos con Dios en oración y permanecemos en él, resulta inevitable desprendernos de todo lo que nos retiene o nos separa de él. Cuanto más cerca estamos de él, más conscientes somos de nuestra indignidad e indigencia. Esto nos hace rogarle que nos limpie de nuestros pecados y modele nuestro carácter a su semejanza. Si esperamos que Dios nos perdone, debemos estar dispuestos a perdonar también a los demás. «Por tanto, confiesen sus pecados unos a otros, y oren los unos por los otros, para que sean sanados.
La oración del justo es poderosa y eficaz» (Sant. 5: 16). Peticiones: ¿Estás enfrentando desafíos en relación con tu familia, tus amigos, tu salud, tus finanzas, tu trabajo o tus estudios? ¿En qué aspecto de tu vida necesitas específicamente la dirección de Dios? ¿Quién necesita tu apoyo y cuál es la mejor manera de brindárselo? Ora específicamente acerca de estas áreas y personas pidiendo que se haga la voluntad de Dios. Acción de gracias: Lee Filipenses 4: 6 y piensa en las bendiciones de tu vida.
Quizás vengan a tu mente cosas importantes, pero ¿qué decir acerca de las pequeñas cosas que a menudo damos por sentadas? Somos receptores constantes de las misericordias de Dios. Sin embargo, ¡cuán poca gratitud expresamos! ¡Cuán poco lo alabamos por lo que ha hecho y hace por nosotros! ¿Por qué cosas deberías alabar a Dios? ¿Qué necesitas confesarle, pedirle y agradecerle? ¿Por qué no hacerlo ahora mismo?
Jueves 14 de mayo
OTRAS PREGUNTAS ACERCA DE LA ORACIÓN
¿Por qué debemos orar si Dios lo sabe todo? Elena G. de White responde así esa pregunta: «No es que esto sea necesario para darle a conocer a Dios lo que somos, sino a fin de capacitarnos para aceptarlo a él. La oración no hace descender a Dios hasta nosotros, sino que nos eleva a nosotros hacia él» (El camino a Cristo, p. 138). En efecto, Dios conoce nuestros deseos y nuestras necesidades, y lee todas las intenciones de nuestro corazón. Sin embargo, orar es bueno para nosotros pues nos invita a hacer una pausa en nuestro ajetreo cotidiano, a reconocer que Dios es soberano sobre todo y a ponernos a sus pies.
Además, Dios actúa en respuesta a nuestra petición. El Espíritu Santo intercede por nosotros cuando no sabemos orar como deberíamos (Rom. 8: 26, 27). ¿Por qué orar cuando todo está bien? La autosuficiencia y el orgullo (ver la lección 3) pueden ser algunos de los mayores obstáculos para una sólida vida de oración. Si nos diéramos cuenta de cuánto necesitamos a Dios, acudiríamos mucho más a él. Si los ángeles perfectos lo adoran y lo reverencian, ¿cómo podemos los seres humanos pecadores pensar que lo necesitamos menos? ¿Qué dicen Mateo 5: 6 e Isaías 44: 3 acerca de esto? ¿Cuál es el papel de la fe en la oración? Lee Hebreos 11: 6 y reflexiona acerca de la siguiente declaración: «La oración y la fe están íntimamente ligadas y necesitan ser tomadas en cuenta juntas.
En la oración de fe hay una ciencia divina; es una ciencia que debe comprender todo el que quiera tener éxito en la obra de su vida. Cristo dice: “Por eso les digo que obtendrán todo lo que pidan en oración, si tienen fe en que van a recibirlo” (Mar. 11: 24). El Señor aclara que “esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5: 14). Nuestras peticiones, pues, deben estar de acuerdo con lo que Dios ha prometido, y todo lo que recibamos ha de ser usado para cumplir con su voluntad. […] Cuando cumplimos con las condiciones, el cumplimiento de las promesas divinas nunca falla. […] No necesitamos buscar una evidencia palpable de la bendición» (Elena G. de White, La educación, pp. 232, 233). ¿Con quién debo orar?
En primer lugar, deberíamos orar a solas, solo Dios y nosotros, ya que la oración y el estudio de la Biblia son la savia de nuestra relación con él. Dedica tiempo a escudriñar tu corazón mientras hablas con Dios en oración y lo escuchas en su Palabra (Mat. 6: 6). También deberíamos orar con nuestra familia o en pequeños grupos (Hech. 12: 12), porque donde hay dos o tres reunidos, allí está Dios (Mat. 18: 20). Por último, debemos orar con nuestras comunidades eclesiales (Sant. 5: 13-16). Los tres tipos de oración son importantes. ¿Cómo debo escuchar? La oración es algo más que hablar con Dios; también debemos permitirle que nos «pode» y hable a nuestra vida. La forma más clara y segura de hacerlo es combinar la oración con el estudio de la Biblia como parte de tu devocional personal. Evita dejar tu mente vacía o escuchar tus propios pensamientos en lugar de escudriñar la Biblia. ¿Cuál de los puntos anteriores te parece más desafiante?
Viernes 15 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
«Si pensáramos y habláramos más del Señor Jesús y menos de nosotros mismos, gozaríamos mucho más de su presencia» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 151). «Si nos dejamos guiar por nuestras dudas y temores, o antes de tener fe procuramos resolver todo lo que no veamos claramente, las perplejidades no harán sino aumentar y agudizarse. Pero si nos acercamos a Dios, sintiéndonos desamparados y necesitados, como en realidad estamos, y con fe humilde y confiada presentamos nuestras necesidades ante Aquel cuyo conocimiento es infinito y que ve todas las obras de su creación y todo lo gobierna por su voluntad y palabra, él puede y quiere atender nuestro clamor, y hará resplandecer la luz en nuestro corazón» (El camino a Cristo, p. 143). «El espíritu puede elevarse hacia el cielo en las alas de la alabanza.
Dios es adorado con cánticos y música en las mansiones celestiales, y al expresar nuestra gratitud nos aproximamos al culto que le rinden los seres celestiales. […] Presentémonos, pues, con gozo reverente delante de nuestro Creador, con “alegría, cantos de alabanza y son de música” (Isa. 51: 3)» (El camino a Cristo, p. 154).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Cuál de los conceptos de las citas anteriores te parece más inspirador? ¿Cuál de ellos representa un desafío mayor para ti?
2. ¿Qué lecciones adicionales podemos aprender de la vida de oración de otros personajes bíblicos? (Ver, por ejemplo, Esd. 10: 1; Neh. 1: 4-11; 1 Rey. 8: 22-54; 2 Rey. 13: 4; 19: 14-19; Jer. 32: 16-25; Jon. 4: 2, 3; Hab. 3: 1).
3. ¿Cuál es el papel del ayuno junto con la oración?
4. ¿Hay algo que te gustaría modificar o algo nuevo que desearías poner en práctica en tu vida de oración como resultado de la lección de esta semana? Comienza a hacer esos cambios ahora mismo.
RESUMEN:
La Biblia relata historias de personas que tenían una vida de oración vibrante y sostenida, y de otras que no la tenían. Al buscar en las páginas sagradas, siempre encontraremos a alguien con quien podamos identificarnos, independientemente del estado de nuestra relación con Dios. También encontraremos muchas promesas que nos animarán y guiarán en nuestra vida devocional. El crecimiento espiritual debe ser nuestra meta: nuestros ojos puestos en Jesús, el Ejemplo supremo en todas las cosas y el Autor y Consumador de nuestra fe.
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

«Creciendo en nuestra relación con Dios» – Nina Atcheson
Tu relación con Dios es el aspecto más importante de tu vida. Por eso, es fundamental desarrollarla, fortalecerla y hacerla cada día más firme y significativa.
En este segundo trimestre de 2026, la lección de Escuela Sabática se centra en el tema de las relaciones, especialmente en tu conexión personal con Dios. Esta guía de estudio presenta un enfoque diferente, con un estilo más cercano, práctico y reflexivo.
Las lecciones están diseñadas para ayudarte a comprender que Dios es un ser personal que desea tener una relación íntima contigo. A través de cada estudio semanal, podrás profundizar tu vida espiritual, fortalecer tu fe y crecer en una comunión diaria con Él.
Lección 8: Para el 23 de mayo de 2026
LA FE
Sábado 16 de mayo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Marcos 8: 11, 12; Mateo 15: 21–28; Lucas 7: 1–10; Efesios 2: 8; Hebreos 11; Apocalipsis 14: 12.
PARA MEMORIZAR: «La fe es la certeza de lo que esperamos, la convicción de lo que no vemos» (Heb. 11: 1).
Alguien dijo en cierta ocasión: «La fe es como el wifi. Es invisible, pero tiene el poder de conectarte con lo que necesitas». De hecho, la relación con Dios no es posible sin fe. ¿Cómo está tu fe hoy? ¿Ha tambaleado tu fe en Dios alguna vez? Tal vez hayas experimentado algo que te ha desafiado hasta el punto de no saber cómo seguir adelante en tu relación con Dios. ¿O es tu fe como una rosa que se desarrolla a partir de un frágil tallo hasta convertirse en una bella flor que llena con su fragancia el lugar donde se encuentra? «La fe es la certeza de lo que esperamos, la convicción de lo que no vemos» (Heb. 11: 1).
No es algo que podamos generar, sino que está en consonancia con «la medida de fe que Dios repartió a cada uno» (Rom. 12: 3). La fe es un don de Dios (Efe. 2: 8, 9) y solo es posible gracias a lo que Dios ya está haciendo en nosotros y por nosotros. Esta semana exploraremos el tema de la fe: qué hacer con la duda y la incredulidad; en qué consiste, según Jesús, una fe sólida; y qué significa tener «la fe de Jesús».
Domingo 17 de mayo
¡SOLO DAME UNA SEÑAL!
Quizás hayas oído a alguien decir: «Si pudiera ver cómo se divide el Mar Rojo, o el maná cayendo sobre la tierra, o a Jesús curando a un ciego, creería». Tal vez tú mismo hayas tenido ese tipo de pensamientos alguna vez. Sin embargo, ¿podría ser más fácil para nosotros tener fe que para quienes vivieron en los tiempos bíblicos? Los israelitas no poseían la totalidad de la Biblia, ni tenían, como nosotros, una larga historia previa que pudieran mirar retrospectivamente.
Moisés destacó la importancia de mirar hacia atrás para recordar la guía y la bondad de Dios (ver Deut. 4: 7-10; 8: 2, 3). A diferencia de los israelitas, nosotros disponemos de seis mil años de historia bíblica (ver Juan 20: 30, 31). Cada generación quiere una señal, y la nuestra no es diferente. No obstante, las señales están a nuestro alrededor. Si lees Mateo 24, verás cuántas señales profetizadas se han cumplido y se están cumpliendo incluso ahora, ante nuestros propios ojos. En la época de Jesús, la gente quería una señal de que Jesús era realmente el Hijo de Dios a pesar de que habían sido testigos de muchas señales de ello. ¿Cómo respondió Jesús? (Ver Mar. 8: 11, 12). ¿Discutimos con Jesús y lo ponemos a prueba como hicieron los fariseos? ¿Le hacemos suspirar profundamente (Mar. 8: 12) por nuestra falta de fe, a pesar de que ya nos ha dado todo lo que necesitamos para creer? «Estas señales no eran lo que los judíos necesitaban.
Ninguna simple evidencia externa podía beneficiarlos. Lo que necesitaban no era ilustración intelectual, sino renovación espiritual» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 379). ¿Podría ser que nosotros también necesitáramos una renovación espiritual, una experiencia genuina, real, momento a momento, con Dios? Quizás en realidad no necesitemos una señal, porque tenemos mucho conocimiento a nuestro alcance, especialmente en nuestras propias Biblias.
Por ello, en lugar de hacer que Jesús «[suspire] profundamente» por nuestra falta de fe, recordemos las palabras que él dirigió a Tomás: «¡Dichosos los que no vieron y creyeron!» (Juan 20: 29; ver también Heb. 11: 1). Dios no nos pide que tengamos una fe ciega: ya nos ha dado muchas razones para creer. Sin embargo, siempre hay lugar para la duda a pesar de todas estas razones. La clave es centrarse en lo que consolida la fe, no en lo que genera dudas. ¿Cómo describirías tu fe en Dios en solo sesenta segundos? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de tu experiencia con él?
Lunes 18 de mayo
JESÚS VE NUESTRA FE
Compara la fe de los discípulos, que describió Jesús en Marcos 4: 40, con la de la mujer en Mateo 15: 21 al 28. El hecho de que sigamos a Jesús no significa automáticamente que nuestra fe sea sólida. De hecho, algunas personas decían creer, pero Jesús discernió lo que realmente había en sus corazones (Juan 2: 23-25). Lee Lucas 7: 1 al 10. ¿Qué aprendemos de este relato acerca de la fe? Leemos en Marcos 9 acerca del hombre que acudió a Jesús para que expulsara el demonio que atormentaba a su hijo, pero que solo pudo reunir la fe suficiente para decir: «¡Creo! ¡Ayuda mi poca fe!» (Mar. 9: 24).
En cada una de estas interacciones, Jesús fue consciente de la fe o de la falta de fe de las personas y realizó milagros como resultado de esa fe o para fortalecerla. Así como el Espíritu Santo nos insta a creer, el enemigo de las almas quiere que dudemos o descartemos la intervención de Dios en nuestra vida. «La incredulidad que se acaricia en el alma tiene un poder hechizante. Las semillas de duda que han estado sembrando producirán su fruto. Deben desarraigar cada raíz de incredulidad. Cuando estas plantas venenosas son arrancadas, dejan de crecer por falta del abono que reciben de nuestras palabras y acciones.
El alma necesita que las preciosas plantas de la fe y el amor sean sembradas y entronizadas en el terreno del corazón» (Elena G. de White, Fe y obras, p. 20). Cuando tenemos dudas acerca de Dios, de su carácter o de su Palabra, ¿qué hacemos con ellas? Dios no ignora ni elude la razón humana, pues nos creó a su imagen y nos invita a dialogar de manera racional con él, como lo hizo con Abraham, Moisés y Job. Dios nos invita a aprender a trabajar dentro de sus grandes e infinitos patrones racionales, aunque en algún momento debamos rendirnos ante lo que no comprendemos del todo. Piensa en todas las razones lógicas que tienes para creer. Al mismo tiem‑ po, ¿en qué momento se acaba la lógica y es necesario ejercer la fe, una fe sólida y razonable?
Martes 19 de mayo
LA FE NO ES UN SENTIMIENTO
Jesús dijo que una fe tan pequeña como una semilla de mostaza es suficiente para mover montañas (Mat. 17: 20). Si alguna vez viste una de esas semillas, sabes cuán diminuta es. Sin embargo, aun una fe tan pequeña puede producir grandes cambios. En vista de ello, la fe es muy importante y suficientemente poderosa como para hacer algo sobrehumano. Sin embargo, así como una semilla de mostaza puede convertirse en un gran árbol (Mat. 13: 31, 32), nuestra fe debe crecer y no permanecer estática.
De hecho, necesitamos cierta medida de fe para iniciar una relación con Dios (ver Rom. 12: 3). ¿Qué dice Efesios 2: 8 acerca del papel de la fe en la salvación? ¿Por qué no es posible decir: «No tengo fe porque Dios no me la ha dado»? En primer lugar, debemos comprender que la fe no es algo material, sino una respuesta humana impulsada por el Espíritu Santo. Dios es el iniciador misericordioso que, a través del Espíritu Santo, nos atrae hacia él cuando se lo permitimos (Jer. 31: 3). Somos salvos por medio de la fe, que es una respuesta a la gracia divina manifestada en la muerte de Jesús.
Somos salvos porque creemos en Dios como resultado de su gracia. Esto se encuentra en el centro mismo de nuestra relación con él. Luego, debemos recordar que la fe no es un sentimiento. «Muchos no ejercitan la fe que es su privilegio y deber ejercitar, y a menudo esperan aquel sentimiento íntimo que solo la fe puede dar. El sentimiento de por sí no es fe. […] A nosotros nos toca ejercitar la fe; pero el sentimiento gozoso y sus beneficios nos son dados por Dios» (Primeros escritos, p. 103). Algunas personas pueden creer que no tienen fe porque no se sienten cerca de Dios o no son lo que deberían como cristianos. Pero la fe consiste en creer y confiar en Dios no solo en los buenos momentos, sino también en la oscuridad o en la tormenta, o incluso cuando no entendemos del todo lo que ocurre en nuestra vida. Los sentimientos nunca deben dominar nuestra experiencia religiosa ni nuestra relación con Dios.
Es precisamente cuando pensamos que estamos alejados de Dios cuando necesitamos ejercitar nuestra fe e invocarlo (como hizo el padre en Marcos 9: 24). Lee los siguientes versículos y reclámalos como un acto de fe para fortalecer hoy tu relación con Dios: Hebreos 12: 1, 2; 2 Crónicas 15: 7; Romanos 3: 23-26; Lucas 7: 50. Léelos en voz audible como parte de tu oración a Dios.
Miércoles 20 de mayo
EJEMPLOS DE FE
Dedica hoy algún tiempo a estudiar Hebreos 11, el gran capítulo de la fe. Léelo de corrido y en voz audible. Vuelve a leerlo y escribe lo que piensas en respuesta a las siguientes preguntas:
• Considera el versículo 1. ¿Qué esperas hoy que aún no puedes ver? (Piensa en necesidades inmediatas y anhelos relacionados con la Eternidad).
• ¿Qué papel cumple la fe en tu testimonio personal y en tu conversión?
• Vuelve a leer el versículo 3, que habla acerca de Dios y la Creación. ¿Por qué la existencia del Dios creador debería ser, en muchos sentidos, lo más fácil de asumir por fe?
• Lee el versículo 6 y resume su mensaje con tus propias palabras.
• Los versículos 7 al 40 consignan la vida de varios personajes bíblicos.
¿Por qué la fe es el factor principal de la sólida relación de esas personas con Dios? Conocer a Dios y tener una relación viva y sólida con él requiere fe. ¿Cómo puedes fortalecer tu fe o animar a alguien cuya fe vacila? He aquí algunas ideas: Una fe pequeña como una semilla de mostaza es poderosa y es todo lo que necesitas para cultivar una relación con Dios (Mat. 17: 20). Si estás dispuesto a cooperar con él, hará que tu fe crezca. La fe es el resultado de escuchar a Dios hablándonos por medio de su Palabra, la Biblia (Rom. 10: 17). Comprométete a estudiar la Biblia y a orar diariamente. Pide a Dios que aumente tu fe (Luc. 17: 5).
Al igual que el padre que acudió a Jesús con su hijo endemoniado y clamó con lágrimas: «¡Creo! ¡Ayuda mi poca fe!» (Mar. 9: 24), podemos reconocer nuestra incredulidad y pedir a Dios que aumente nuestra fe. La fe y la duda pueden coexistir (Mar. 9: 24). No te alejes de Dios simplemente porque tengas dudas. Más bien, ocúpate en tu salvación con temor y temblor (Fil. 2: 12-16) y ejercita tu fe en lugar de depender de la fe de otros, como intentaron hacer cinco de las vírgenes (Mat. 25: 8).
Responde al Espíritu Santo y pídele que aumente su presencia en tu vida. Ejercita tu fe. Recuerda que la fe no es un sentimiento, sino la decisión de creer y que Dios está presente incluso cuando no puedes verlo (2 Cor. 5: 7). Considera las palabras del himno titulado «Grande, Señor, es tu misericordia» (Himnario Adventista, Nº 55) como una oración personal de gratitud a Dios por ser tan fiel.
Jueves 21 de mayo
LA FE DE JESÚS
Mientras el fin de este mundo se acerca, parte del mensaje de los tres ángeles dice que el pueblo de Dios guarda los mandamientos de Dios y tiene la fe de Jesús. Lee Apocalipsis 14: 12. ¿Qué significa «la fe de Jesús»? Si estudias cómo han entendido los adventistas del séptimo día la justificación por la fe, verás que en la década de 1890 se consolidó en la iglesia una comprensión del concepto de la fe de Jesús y el mensaje de los tres ángeles. Hasta entonces, la iglesia había puesto mucho énfasis en la Ley y necesitaba más énfasis en el evangelio. Elena G. de White resumió bien esa situación: «Los mandamientos de Dios han sido proclamados, pero la justicia de Jesús, dándole igual importancia, no ha sido presentada por los adventistas del séptimo día, haciendo que la Ley y el evangelio vayan de la mano» (Mensajes selectos, t. 3, p. 202).
Aunque Hebreos 11 enumera una serie de hombres piadosos que tuvieron una fe firme y sólida, nadie ha tenido una fe comparable a la de Jesús. Lee Mateo 26: 36 al 42. ¿Qué nos dice acerca de la fe de Jesús en este momento crucial? Tener la fe de Jesús significa no solo ser obediente a él y a su Palabra, a semejanza de la fe que él tenía en Dios, sino también tener una experiencia diaria y vital con Jesús; es entender, y actuar en consecuencia, que solo si Jesús es el centro de nuestra vida diaria podemos tener una relación salvadora con Dios. Tener la fe de Jesús significa que él y su fe habita en nosotros pues él es el verdadero fundamento de nuestra fe.
Nuestra fe puede a veces ser endeble, pero Jesús es digno (Apoc. 5: 9) y podemos reflejar su fe en nuestra propia experiencia, además de que nos sea acreditada por el don de su gracia concedida a todos los que creen. ¿Cuánto deseas la fe de Jesús? Pídela humildemente a Dios y haz de Hebreos 11: 6 tu oración personal, diciendo: «Señor, sin fe es imposible agradarte. Vengo a ti y creo que tú me recompensarás si te busco diligentemente. Así lo hago ahora».
Viernes 22 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Somos justificados (perdonados y reconciliados con Dios) por la fe (Rom. 5: 1). También somos santificados (se nos da poder para ser como Jesús) por la fe (Hech. 26: 18). Cuando invitamos a Jesús a nuestra vida, también nos convertimos en hijos de Dios por la fe (Juan 1: 12). Vivimos por la fe en el Hijo de Dios (Gál. 2: 20). «No hay nada al parecer tan débil, y no obstante tan invencible, como el alma que siente su insignificancia y confía por completo en los méritos del Salvador. Mediante la oración, el estudio de su Palabra y el creer que su presencia mora en el corazón, el más débil ser humano puede vincularse con el Cristo vivo, quien lo tendrá de la mano y nunca lo soltará» (Elena G. de White, El ministerio de curación, pp. 114, 115). «Su fe debía ser fortalecida por la oración ferviente, el ayuno y la humillación del corazón. Debían despojarse del yo y ser henchidos del espíritu y del poder de Dios.
La súplica ferviente y perseverante dirigida a Dios con una fe que induce a confiar completamente en él y a consagrarse sin reservas a su obra, es la única que puede prevalecer para traer a los hombres la ayuda del Espíritu Santo en la batalla contra los principados y potestades, los gobernadores de las tinieblas de este mundo y las huestes espirituales de iniquidad en las regiones celestiales» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 405).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Qué cinco puntos principales se destacan en la última cita en lo tocante a colaborar con el Espíritu Santo contra el Enemigo?
2. ¿Qué papel juega la fe en esta batalla?
3. ¿Cómo ves esto ahora mismo en tu propia vida?
4. Lee Hebreos 10: 23. ¿Por qué es importante aferrarnos a nuestra confesión de fe? 5. ¿Con qué frecuencia consideras el hecho de que cuando te sientes impotente tienes la oportunidad de confiar más plenamente en Jesús?
RESUMEN: Dios da a cada persona una medida de fe como fundamento para desarrollar una relación con él. Como Autor y Consumador de nuestra fe, Jesús fue nuestro ejemplo acerca del poder de ella para nosotros. Si nuestra fe es pequeña pero acudimos a él con un corazón dispuesto, Dios obrará milagros en nuestra vida (ver Jer. 31: 2-4, 9, 11, 12). Él nos guiará por sus caminos rectos para que no tropecemos más, y tendremos paz. Jesús es nuestro ejemplo perfecto en todas las cosas, y tener su fe nos identificará como su pueblo en los últimos tiempos.
