Lección 8:
Para el 21 de febrero de 2026
LA PREEMINENCIA DE CRISTO
Sábado 14 de febrero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 1:26, 27; Colosenses 1:13–19; Juan 1:1–3; Efesios 1:22; 1 Corintios 4:9; 12:12–27; Romanos 6:3, 4.
PARA MEMORIZAR: “Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. Por él fueron creadas todas las cosas, las que están en los cielos y las que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, dominios, principados o autoridades. Todo fue creado por medio de él y para él. Porque Cristo existía antes de todas las cosas, y todas las cosas subsisten en él” (Col. 1:15–17).
En la lección de esta semana reanudaremos nuestro estudio de Colosenses (ver las lecciones 1 y 2). En el material correspondiente al jueves de la lección 2, vimos que en Colosenses 1:9 al 12 Pablo pide a Dios en oración que los creyentes de Colosas vivan en armonía con la voluntad divina. En los versículos 12 y 13, contrasta el reino de la luz con el de las tinieblas. Dios el Padre nos ha capacitado para participar en la herencia eterna del reino de la luz, nos ha liberado del poder de las tinieblas y “nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados” (Col. 1:13, 14). En otras palabras, tenemos redención en Jesús, quien es también Dios y nuestro Creador.
Él obró nuestra redención y por la fe en él hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al de la luz. Esta semana analizaremos una de las afirmaciones más completas y sublimes del Nuevo Testamento acerca de Jesús. ¿Qué significa que él es “la imagen del Dios invisible” y, al mismo tiempo, “el primogénito de toda la creación” (Col. 1:15)? Estrategias y herramientas
Domingo 15 de febrero
LA IMAGEN DEL DIOS INVISIBLE
Cuando nos miramos en un espejo o en una fotografía, vemos apenas una imagen plana y bidimensional de nosotros mismos. En algunos aspectos, una escultura da una idea más clara de la realidad que representa, pero sigue siendo muy diferente de la persona viva y animada que sirvió como modelo. Aunque a veces se refiere a este tipo de representaciones menores, el concepto bíblico de imagen sugiere algo más amplio. Lee Génesis 1:26, 27; 5:3; 1 Corintios 15:49; 2 Corintios 3:18; y Hebreos 10:1. Resume los distintos significados de la palabra “imagen” usada en estos textos. ¿En qué se diferencian de la descripción de Jesús como imagen de Dios? Los seres humanos fueron creados para asemejarse física, espiritual, relacional y funcionalmente a Dios. Sin embargo, solo reflejan su imagen en ciertos aspectos, y el pecado ha malogrado incluso eso.
Pero Jesús nos permite “ver” al Dios invisible. “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”, dijo (Juan 14:9). Él es, por así decirlo, “la huella exacta” de la naturaleza de Dios (Heb. 1:3). Él es el pensamiento de Dios hecho audible y el carácter de Dios hecho visible. Lee Mateo 11:27 y Juan 1:1, 2, 14, 18. ¿Por qué Jesús es el único capaz de revelar al Padre?
Observa otras declaraciones en las que Jesús describió su relación con Dios el Padre:
• “Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo” (Juan 5:17).
• “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30).
• “Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).
Jesús también se identificó en diversas ocasiones mediante la fórmula “Yo soy” (ver Éxo. 3:14), que Dios utilizó para referirse a sí mismo en el Antiguo Testamento: “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35); “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12); “Yo soy el buen pastor” (Juan 10:11, 14); “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25); “Yo soy en el Padre y el Padre en mí” (Juan 14:11); y “antes que Abraham existiera, Yo soy” (Juan 8:58). Si Jesús no fuera Dios, eso significaría que el Padre envió a un ser creado a morir por nosotros. ¿Por qué sería eso crucialmente distinto de que Dios mismo haya dado su vida por nosotros en la Persona de Cristo?
Lunes 16 de febrero
EL PRIMOGÉNITO DE LA CREACIÓN
En el Nuevo Testamento, el término “primogénito” casi siempre se refiere a Jesús (ver Luc. 2:7; Rom. 8:29; Col. 1:15, 18; Heb. 1:6; Apoc. 1:5), pero aun en los textos donde la palabra designa a otras personas, estas no necesariamente nacieron cronológicamente primero dentro de sus familias. El concepto bíblico de “primogénito” enfatiza la relación especial que un hijo tiene con su padre, independientemente del orden en que haya nacido respecto de sus hermanos. Además, hay casos en los que los hijos más jóvenes son más prominentes. Tal es el caso de Isaac, Jacob y José, por nombrar algunos. David fue ungido rey a pesar de ser el menor de ocho hijos (1 Sam. 16:10-13).
No obstante, Dios dijo de él: “Lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra” (Sal. 89:27). También dijo a Moisés: “Israel es mi hijo, mi primogénito” (Éxo. 4:22). En este sentido, el término es usado con una connotación de preeminencia. Lee Colosenses 1:15-17. ¿Qué razones da Pablo para que Jesús sea llamado “el primogénito de toda la creación”? Es evidente que Pablo no estaba sugiriendo que Jesús fue el primer ser creado. De hecho, excluye categóricamente esa posibilidad cuando dice dos veces, y de maneras diferentes, que todo lo que existe fue creado por él y para él (Col. 1:16). En ambos casos, se señala a Jesús como el agente personal mediante el cual la Deidad llevó a cabo el proceso de la Creación (ver también Efe. 3:9; Juan 1:1-3; Apoc. 4:11). La afirmación de Pablo no podría ser más amplia. Todo significa todo: espacialmente (cielo y Tierra), ontológicamente (visible e invisible) y funcionalmente (tronos, dominios, principados, potestades).
Estos últimos términos se refieren normalmente a los seres angélicos (ver Efe. 3:10; 6:12). Para no dejar lugar a equívocos, Pablo señala también que Jesús existía “antes de todas las cosas” (Col. 1:17). La expresión griega traducida como “antes” significa precedencia tanto en sentido jerárquico como cronológico, pero en todos los demás textos donde Pablo la usa se refiere al tiempo (ver, por ejemplo, 1 Cor. 2:7; Gál. 1:17; Efe. 1:4). Otra razón que da Pablo para justificar la preeminencia de Jesús es que “todas las cosas subsisten en él” (Col. 1:17).
El verbo griego synistēmi significa literalmente “reunir” o “unir”. Jesús es el factor unificador del Universo, no solo por su papel como Creador, sino también porque es el Redentor. Dios, el Creador, murió por nosotros. ¿Qué podrían añadir a eso nuestras obras? ¿Por qué es blasfema la idea de que nuestras obras pueden o deben añadirse a lo que Cristo ya ha hecho por nosotros?
Martes 17 de febrero
LA CABEZA DE LA IGLESIA
Lee Efesios 1:22 y Colosenses 2:10. ¿A qué se refiere Pablo cuando llama a Jesús “cabeza de la iglesia” (Efe. 5:23)? Es común en numerosos idiomas referirse metafóricamente a una posición de liderazgo como “la cabeza”, algo que también se observa en la Biblia.
Nota el sentido de la palabra “cabeza” en los siguientes textos:
• Moisés escogió “varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por jefes (literalmente “cabezas”) sobre el pueblo, sobre mil, sobre cien, sobre cincuenta y sobre diez” (Éxo. 18:25).
• “Los jefes (literalmente “cabezas”) de la congregación” (Núm. 31:26).
• Dios pondría a Israel “por cabeza y no por cola” si le obedecían (Deut. 28:13).
• “Porque la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rezín” (Isa. 7:8)
• “Y los hijos de Judá y de Israel […] levantarán para sí un jefe (literalmente “cabeza”)” (Ose. 1:11).
• “Jefes (literalmente “cabezas”) de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel” (Miq. 3:9).
• “Cristo es la cabeza de todo hombre” (1 Cor. 11:3).
Por lo tanto, Cristo, como cabeza de la iglesia, provee el liderazgo, la orientación y el sustento necesarios para su unidad y crecimiento (ver Col. 2:19). Lee 1 Corintios 12:12-27. Pablo describe aquí a la iglesia como un “cuerpo”. ¿Qué otros aspectos de la iglesia son representados mediante esta metáfora? Así como el cuerpo no puede vivir sin la cabeza, la vida puede resultar mucho más difícil cuando se pierde o se lesiona una de sus partes. A menudo, no reconocemos cuán importante es algo hasta que lo perdemos. Si tuvieras que renunciar a una parte de tu cuerpo, ¿cuál elegirías? ¿Qué te dice esto acerca de cuán vital es cada persona como miembro de la iglesia?
Miércoles 18 de febrero
EL “PRINCIPIO” (E INICIADOR)
Lee Colosenses 1:18. ¿Qué relación existe entre la idea de Cristo como cabeza y la de él como “principio”? En hebreo, las palabras cabeza (ro’sh) y principio (rē’shit) están relacionadas. La última de ellas aparece por primera vez en las Escrituras en Génesis 1:1: “En el principio [rē’shit] Dios creó los cielos y la tierra”. Jesús es cabeza de la humanidad y de la iglesia, no solo por existir desde el principio de la eternidad, sino también por ser el Creador. La palabra griega arjē, traducida como “principio” en el Nuevo Testamento, tiene un significado amplio. En Colosenses 1:18, “principio” se refiere a Jesús como la fuente o iniciador de la iglesia y, por lo tanto, su Cabeza. Del mismo modo, él es el “principio” o iniciador de la Creación. Jesús no solo es el iniciador de la Creación y de la iglesia, sino también el de la nueva Creación en virtud de su resurrección de entre los muertos (Rom. 6:3, 4). Puesto que la paga o consecuencia del pecado es la muerte, su victoria sobre la muerte implica también su victoria sobre el pecado y su poder para recrearnos a su imagen.
Todo esto demuestra por qué él es “el primogénito de los muertos” (ver el estudio del lunes acerca del significado de la palabra “primogénito”). La suya es la resurrección preeminente, aunque no la primera cronológicamente (Moisés fue el primero en resucitar, razón por la cual se produjo la disputa con el Diablo por su cuerpo [Jud. 1:9]).
Si Cristo no hubiera vencido a la muerte, nadie más podría resucitar. En este punto es útil repasar brevemente las razones presentadas por Pablo acerca de la preeminencia de Jesús.
1. Él es la manifestación perfecta del Dios invisible.
2. Él es el Creador de todo lo que existe.
3. Él existía antes que todas las cosas, y estas son sostenidas por él.
4. Él es la Cabeza de la iglesia, que es su cuerpo.
5. Él es el iniciador de la Creación y de la nueva Creación.
6. Obtuvo la victoria sobre el pecado y la muerte, lo que le dio el derecho de resucitar a quienes ponen su confianza en él como Salvador.
7. Jesús siempre existió, pero ahora tiene la preeminencia como Cabeza de la humanidad y de la iglesia en virtud de lo anterior.
¿Qué cambios deberías hacer para experimentar de manera más plena la preeminencia de Cristo en tu propia vida?
Jueves 19 de febrero
PARA RECONCILIAR TODAS LAS COSAS
Lee Colosenses 1:19, 20. ¿En qué consiste esta reconciliación resultante de la Cruz y qué alcances tiene? Pablo utiliza una expresión griega muy interesante para concluir su descripción de Jesús, al señalar al Padre, que fue previamente mencionado en Colosenses 1:12. Es su plenitud la que el Padre se complació en hacer habitar en Jesús (comparar Col. 2:9). ¿Cuál es esa “plenitud”? Juan se refiere a ella como la gloria del Padre, “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Según este pasaje, esa “plenitud” abarca la eternidad y la existencia autónoma de Dios, su poder para crear y recrear, y su sabiduría, manifestada en su victoria sobre el pecado y la muerte mediante el instrumento más inimaginable: la cruz, ese objeto ignominioso transformado en un testimonio de su amor eterno por cada ser creado. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). La única manera en que el pecado podía ser derrotado para siempre y todas las cosas podían ser reconciliadas se resume en esa única verdad gloriosa: Dios amó al Universo, y nos amó tanto, que arriesgó todo para salvarnos a través de la muerte de Cristo en la cruz.
La palabra griega traducida como “mundo” es kosmos, la cual puede designar todo el Universo. Pablo se refiere a esta demostración universal en el contexto del discipulado en pos de Cristo: “Hemos llegado a ser un espectáculo para todo el universo [kosmos], tanto para los ángeles como para los hombres” (1 Cor. 4:9). “El Cielo contempló con pesar y asombro a Cristo colgado de la cruz. […] Por causa de una vida de rebelión, Satanás y todos los que se unen con él se colocan de tal manera en desarmonía con Dios que la misma presencia de él es para ellos un fuego consumidor. La gloria de quien es amor los destruye. “Al principio de la Gran Controversia, los ángeles no entendían esto. […] Pero no sucederá así cuando la Gran Controversia termine. Entonces, habiendo sido completado el Plan de la Redención, el carácter de Dios quedará revelado a todas las inteligencias creadas. […] “Por lo tanto, bien podían los ángeles regocijarse al mirar la Cruz del Salvador. […] Cristo mismo comprendió plenamente los resultados del sacrificio hecho en el Calvario. Vio todo eso por delante cuando en la Cruz exclamó: ‘Consumado es’ ” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 708, 709, 713).
Viernes 20 de febrero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Un hombre que fue meramente un hombre y que dijo las cosas que dijo Jesús no sería un gran maestro moral. Sería un lunático […] o si no sería el mismísimo demonio. Tienen que escoger. O ese hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor. Pueden hacerlo callar por necio, pueden escupirle y matarlo como si fuese un demonio, o pueden caer a sus pies y llamarlo Dios y Señor. Pero no salgamos ahora con insensateces paternalistas acerca de que fue un gran maestro moral. Él no nos dejó abierta esa posibilidad” (C. S. Lewis, Mero cristianismo [Nueva York: Rayo, 2006], p. 69). “El Padre es toda la plenitud de la Deidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales.
El Hijo es toda plenitud de la Deidad manifestada. La Palabra de Dios declara que él es ‘la imagen misma de su sustancia’ (Heb. 1:3)” (Elena de White, El evangelismo [Florida: ACES, 2015], p. 614). “Cristo es el Hijo de Dios preexistente y existente por sí mismo. […] Al hablar de esta preexistencia, Cristo hace retroceder la mente hacia las edades sin fin. Nos asegura que nunca hubo un tiempo cuando él no haya estado en estrecha relación con el Dios eterno. […] Era igual a Dios, infinito y omnipotente. […] Es el Hijo eterno y existente por sí mismo” (Elena de White, El evangelismo, p. 616).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Reflexiona acerca de la divinidad eterna de Jesús. Piensa en lo que habría implicado para el Plan de Salvación y para el sacrificio en la Cruz el hecho de que él no hubiera sido el Dios increado que existe desde la eternidad. ¿Por qué es tan importante esta enseñanza? Dialoguen en la clase acerca de lo que significaría que Jesús no fuera eterno, sino un ser creado.
2. Cuando pensamos en Jesús, en el evangelio y en el Plan de Salvación, ¿por qué no debemos perder de vista la participación y el interés de todo el Universo en lo que Jesús hizo? ¿Qué habrá pensado el Universo no caído cuando vio a su Creador en la cruz, aquel a quien conocieron antes rodeado de gloria eterna? ¿Qué debió pasar por sus mentes mientras veían morir en la cruz a Aquel a quien habían adorado en el Cielo?
3. ¿Qué le dirías a alguien que no cree que el Padre y el Hijo siempre han coexistido? ¿Por qué es esta una verdad tan importante? ¿Cómo explicarías que nunca hubo un momento en el que el Padre estuvo sin el Hijo, excepto en la Cruz, cuando hubo una temporaria “separación de los poderes divinos” (Comentario bíblico adventista del séptimo día-Comentarios de E. G. de White [Florida: ACES, 1994], t. 7-A, p. 936)?
"Escuela Sabática adultos 2026, PRIMER trimestre (ENERO-MARZO). Estudio: Uniendo el cielo y la tierra, por Clinton Wahlen.."

Uniendo el Cielo y la Tierra
El Plan de Salvación tiene un propósito extraordinario: unir el Cielo y la Tierra, una tarea que parece humanamente imposible. Sin embargo, Jesús confió misiones así a sus discípulos y a Pablo, asegurándoles siempre su presencia y poder para cumplirlas. La Biblia muestra que Dios nunca encomienda una misión sin otorgar la capacidad para llevarla a cabo cuando confiamos en Él.
Las epístolas de Pablo a Filipenses y Colosenses revelan a Cristo como el único capaz de unir lo divino y lo humano. A través de estas cartas, vemos a Jesús como Redentor e Intercesor, y a Pablo enfrentando grandes desafíos desde la prisión, fortaleciendo a la iglesia y llamándola a mantenerse unida y enfocada en su misión.
Este estudio invita a la iglesia actual a depender de Cristo, a vivir conectada con el Cielo y a cumplir fielmente su misión en el tiempo final, proclamando el mensaje del evangelio al mundo.
Lección 9:
Para el 28 de febrero de 2026
RECONCILIACIÓN Y ESPERANZA
Sábado 21 de febrero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Colosenses 1:20–29; Efesios 5:27; Efesios 3:17; Romanos 8:18; Efesios 1:7–10; Efesios 3:3–6; Proverbios 14:12.
PARA MEMORIZAR: “Al que no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21).
Pablo continúa con el tema de la reconciliación, tan vívidamente destacado en Colosenses 1:20 (ver el contenido correspondiente al jueves de la lección 8). Allí describió su alcance cósmico, mientras que lo que sigue se convierte en personal e individual. Mediante su muerte en la Cruz, Jesús logró la reconciliación de todos y de todo, especialmente de los seres humanos, que estaban alejados de la vida eterna y de Dios a causa del pecado, pero que ahora, por medio de Jesús, pueden ser reconciliados por él mediante la fe. El proceso de reconciliación individual es explicado en el versículo para memorizar de esta semana. Al igual que en el ámbito cósmico, se produce mediante la muerte de Cristo.
En el plano individual, la Cruz, lejos de ser un símbolo pasivo, se convierte en una realidad activa en virtud de la cual el amor de Dios transforma a las personas cuando escuchan el evangelio y aceptan a Cristo, la esperanza de gloria. Pablo habla también del “misterio que había estado oculto desde los siglos y generaciones” (Col. 1:26). ¿En qué consiste este misterio y qué prevé, tanto para el individuo como para el Universo? ¿Cómo se relaciona este “misterio” con el evangelio que Pablo ha proclamado con tanta pasión? Estrategias y herramientas
Domingo 22 de febrero
RECONCILIADOS DE MALAS OBRAS
Lee Colosenses 1:21, 22. ¿A qué se refiere Pablo cuando habla del alejamiento y la enemistad con Dios? ¿Cuál es el resultado final esperado de la muerte de Cristo (ver también Efe. 5:27)? Pablo es consistente en su retrato desfavorable de la humanidad, al menos de la que está alejada de la justicia de Cristo. Hoy, casi dos mil años después, nadie podría cuestionar esa percepción. Alguien dijo en cierta ocasión que la única doctrina cristiana que no necesita ser aceptada por fe es la de la pecaminosidad de la humanidad. No obstante, y a pesar de nuestra maldad, Dios ha tomado la iniciativa de reconciliarnos con él desde la aparición misma del pecado en el mundo.
Dios ha obrado desde el principio para resolver el problema del pecado, aunque la solución solo se encontraba en su propia muerte en la Cruz. En el Edén, Dios preguntó a Adán, la obra maestra de su Creación: “¿Dónde estás?” (Gén. 3:9). Y hoy sigue buscando a su única oveja perdida: nosotros. Nos busca uno por uno. Tiene un plan perfecto para alcanzarnos: aplica la promesa del evangelio en ciernes que aparece ya en Génesis 3:15 al poner enemistad entre nosotros y Satanás.
El evangelio es convertido a veces en algo tan complicado y teórico que tiene poco significado práctico para la vida del siglo XXI. Por el contrario, es muy sencillo y directo. El evangelio consta de tres partes:
1. Jesús vino y murió por nuestros pecados pues somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos (ver Rom. 5:6-8).
2. Al aceptar su muerte como nuestro Sustituto, somos justificados y liberados de la condenación del pecado mediante la fe, el arrepentimiento y el bautismo (ver Rom. 5:9-11; 6:6, 7).
3. La vida del cristiano que ha sido justificado por la fe en el sacrificio vicario de Cristo es el resultado de su unidad con Cristo, de su poder recreador y de la presencia del Espíritu Santo en nosotros (ver 2 Cor. 5:17-21; Gál. 2:20).
Estas tres experiencias no ocurren necesariamente de forma separada, sino que pueden darse simultáneamente cuando aceptamos a Jesús, y pueden ser renovadas diariamente al entregarnos a él cada mañana. Independientemente de cómo haya experimentado cada persona la obra salvadora de Cristo en su vida, el fundamento descansa siempre sobre la muerte de Jesús. Debemos volver siempre a ella. Cuando evalúas tu carácter y lo más íntimo de tu ser, ¿qué te dice lo que ves acerca de tu necesidad de la Cruz?
Lunes 23 de febrero
SI CONTINÚAN EN LA FE
Lee Colosenses 1:23. ¿A qué se refiere Pablo cuando habla de permanecer “fundados y firmes” en la fe? (ver también Col. 2:5; Efe. 3:17). En griego existen cuatro tipos de enunciados condicionales, cada uno con matices distintos. El que aparece en Colosenses 1:23 da por sentado que la condición para que algo ocurra está dada. Es decir, Pablo anima a los colosenses con la idea de que, en efecto, perseverarán en la fe, ya que, como el apóstol indica enseguida, tiene evidencias de la constancia y la fe de ellos (Col. 2:5).
Sin embargo, su esperanza sigue estando condicionada a que persistan en el camino de la fe que han emprendido. La palabra griega traducida como “permanecer” (Col. 1:23) denota persistencia y es utilizada, por ejemplo, en el caso de los escribas y los fariseos que requerían insistentemente una respuesta de Jesús acerca de lo que se debía hacer con la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8:7); también cuando Pedro siguió llamando a la puerta después de que Rode fue a dar la buena noticia a los demás discípulos en lugar de dejarlo entrar (Hech. 12:16).
A su vez, Pablo utiliza ese mismo término cuando anima a Timoteo a permanecer fiel a las instrucciones doctrinales y prácticas que le dio (1 Tim. 4:16). Su significado aquí es similar, salvo que se aplica a los creyentes en general. Como veremos en la próxima lección, Pablo temía que los colosenses aceptaran falsas formas humanas de salvación en lugar de aferrarse a la esperanza que ofrece el evangelio (ver, por ejemplo, Col. 2:8, 20-22). La palabra “fundados” se refiere a establecer una base sólida de fe y amor fundamentada en la Palabra de Dios (ver Mat. 7:25; Efe. 2:20; 3:17). La palabra griega traducida como “firmes” está relacionada con la idea anterior y se refiere a una estructura inamovible y, por extensión, a un cristiano que no puede “moverse de la esperanza del evangelio” (Col. 1:23).
El mismo vocablo aparece en 1 Corintios 15:58: “Estén firmes y constantes, abundando en la obra del Señor siempre, sabiendo que su trabajo en el Señor no es en vano”. Contrariamente a la creencia según la cual “una vez salvo, siempre salvo”, Pablo estaba diciendo algo completamente diferente. ¿Cuál ha sido tu experiencia con respecto a la importancia de continuar ejercitando la fe? ¿Por qué es necesario sostener la decisión consciente de hacerlo? ¿Qué ocurrirá si no lo haces?
Martes 24 de febrero
EL PLAN ETERNO DE DIOS
Lee Colosenses 1:24, 25. ¿Qué dice Pablo acerca de su sufrimiento por causa de Cristo? Aunque Pablo escribió Colosenses mientras estaba bajo arresto domiciliario en Roma, quizá su mayor sufrimiento se haya debido a no poder trabajar intensamente yendo de un lugar a otro y de una casa en otra como antes (Hech. 20:20). Estas aflicciones o tribulaciones, de las que Cristo nos advirtió (Mat. 24:9; Juan 16:33), “no son comparables con la gloria venidera que se ha de manifestar en nosotros” (Rom. 8:18). Como les había dicho a los filipenses, ahora se alegra de sus sufrimientos por el bien de los colosenses (Col. 1:24).
Aunque Pablo estaba en la cárcel, “la palabra de Dios no está presa” (2 Tim. 2:9) y allí en su celda vieron la luz sus cartas a los Filipenses, a los Efesios y a Filemón. Tras su liberación, Dios le inspiró los importantes consejos registrados en 1 Timoteo y Tito. Luego, durante su último encarcelamiento en una prisión romana, escribió 2 Timoteo. En resumen, estos últimos años brindaron a Pablo la oportunidad de escribir una parte significativa del Nuevo Testamento, incluyendo Hebreos. El plan eterno de Dios preveía todo esto y más. La palabra griega que Pablo utiliza en Colosenses 1:25, generalmente traducida como “administración”, es oikonomia. Usada en un sentido limitado (como, por ejemplo, en 1 Tim. 1:4), se refiere a “la manera que tiene Dios de ordenar las cosas” (Luke Timothy Johnson, The First and Second Letters to Timothy [Nueva York: Doubleday, 2001], p. 164).
Eso incluiría el apostolado de Pablo. Pero, en un sentido más amplio, incluye todas las disposiciones divinas que integran el Plan de Salvación. El ministerio de Pablo, el de los demás apóstoles e incluso el de los profetas del Antiguo Testamento (Efe. 2:20; 3:5), incluido Moisés, estaba destinado a “que anuncie la palabra de Dios” (Col. 1:25), todo ello en relación con este plan divino. Aunque analizaremos este tema con más detenimiento en el estudio de mañana, resulta útil en este momento observar que Pablo reconocía que su ministerio no era más que una pequeña parte de un plan divino mucho más amplio y de largo alcance que comenzó a ponerse en práctica “desde la creación del mundo” (Mat. 13:35; Efe. 1:4). ¿Cómo armonizan todas tus decisiones con el plan más amplio de Dios? ¿Podemos saber realmente si una decisión es “pequeña”? ¿Cómo puede tener ramificaciones mayores que solo se harán evidentes más tarde?
Miércoles 25 de febrero
LA REVELACIÓN DEL MISTERIO DE DIOS
Lee Colosenses 1:26, 27. Pablo habla dos veces del “misterio”. ¿A qué se refiere? En otro lugar, Pablo se refiere al “misterio de Dios”, que es el propósito eterno de Cielo, “que desde el principio Dios destinó para nuestra gloria” (1 Cor. 2:7) y fue revelado o puesto de manifiesto mediante el Plan de Salvación. Pedro habla de esto como algo que los profetas anticiparon, que “los ángeles ansían contemplar” (1 Ped. 1:10-12), que fue concebido “antes de la creación del mundo” (vers. 20) y que estuvo “oculto desde los tiempos eternos” (Rom. 16:25).
Sin embargo, este misterio ha sido revelado en virtud de la vida, muerte y resurrección de Cristo (2 Cor. 3:14). ¿Cómo iluminan las siguientes referencias al misterio de Dios diversos aspectos del Plan de Salvación?
Efesios 1:7–10 ___________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________
Efesios 3:3–6 ___________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________ __________________________________________________________________________________________________________________________________
Finalmente, “todo lo que está en el cielo y lo que está en la tierra” se unirá en Cristo. Este fue el tema central de la oración de Jesús en Juan 17. La manera exacta en esto sucedería era un misterio que ha sido revelado por medio del evangelio. El asombroso amor de Dios por nosotros, que lo llevó a dar a Jesús, el invaluable tesoro del Cielo, para nuestra salvación, será nuestro tema de estudio durante toda la eternidad. Pero sabemos esto: Cristo “por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Cor. 5:15). En consecuencia, todos los que creen en Cristo, ya sea que provengan del judaísmo o del paganismo, participan por igual de las promesas de Dios por medio del evangelio y han sido reunidos en un solo cuerpo: la iglesia.
La expresión “Cristo en ustedes” (Col. 1:27) se refiere a la presencia de Jesús en el corazón en virtud de la fe (Efe. 3:17; comparar con Gál. 2:20). Esta unión espiritual con Cristo permite a los creyentes, incluso ahora, sentarse “en el cielo con Cristo Jesús” (Efe. 2:6) y disfrutar de “las poderosas maravillas del siglo venidero” (Heb. 6:5). La presencia de Cristo en nuestra vida hace posible que él nos una con el Cielo desde ahora. El evangelio que obra en el corazón de los creyentes “nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” (Col. 1:12).
Jueves 26 de febrero
EL PODER DEL EVANGELIO
Lee Colosenses 1:28, 29. ¿Cuál es el enfoque de Pablo aquí? ¿Por qué crees que el adjetivo “todo” se repite en tres ocasiones en diferentes formas (“todos”, “toda”, “todo”)? El centro de la predicación de Pablo era Cristo y este crucificado (1 Cor. 1:23). Según Efesios 5:27, el propósito del sacrificio de Cristo es “presentarla para sí una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante; antes, que sea santa e inmaculada”. Por lo tanto, el objetivo de la predicación del evangelio por parte de Pablo era “presentar a todo hombre perfecto en Cristo” (Col. 1:28). Lo hace enseñando y amonestando; es decir, exponiendo los diversos puntos de la doctrina y la práctica cristianas (2 Tes. 2:15; 1 Tim. 4:11; 5:7; Tito 1:9) y advirtiendo acerca de las consecuencias de rechazar el evangelio y de los peligros de los falsos maestros (Hech. 20:29-31; Rom. 16:17).
Así es como crecemos para convertirnos en cristianos maduros, aceptando las enseñanzas de las Escrituras y prestando atención a sus advertencias. La madurez es un concepto importante. Los padres de un bebé recién nacido celebran cada hito del desarrollo de su hijo: las primeras palabras, los primeros pasos y las primeras frases leídas. ¿Qué padre no se alarmaría si su hijo no caminara o no hablara después de varios años? El crecimiento y el desarrollo son normales y esperables. Lo mismo ocurre en la vida cristiana. La palabra griega traducida como “perfecto” (teleios) significa “maduro”, “completo”, “plenamente desarrollado”. A medida que el cristiano crece y se desarrolla espiritualmente, percibe cada vez mejor la profundidad de la Ley de Dios y el hecho de que sus requisitos son “inmensos” (Sal. 119:96) y que su jurisdicción se extiende a “los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb. 4:12).
De allí que Pablo utilice la palabra “amonestando” o “aconsejando” (NVI) en Colosenses 1:28, pues hay camino que “parece derecho, pero al fin conduce a la muerte” (Prov. 14:12). El discernimiento espiritual proviene del conocimiento de la Palabra de Dios y de la dirección del Espíritu. Las falsas enseñanzas suelen tener algo de verdad, pero añaden o quitan algo a lo que dice la Biblia (ver Isa. 8:20). Por eso suelen tener éxito, ya sea haciendo que las personas duden de lo que Dios dice o al menos cuestionando si ello es realmente posible o aplicable a nuestros días. Debemos ser prudentes como serpientes, pero sencillos como palomas a la hora de distinguir entre la verdad doctrinal y el error. ¿Qué significa ser “perfecto en Cristo” (Col. 1:28)? ¿De qué manera la comprensión de lo que Jesús hizo por nosotros en la Cruz responde esta pregunta?
Viernes 27 de febrero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“No tenemos justicia con que cumplir las demandas de la Ley de Dios. Pero Cristo nos ha preparado una vía de escape. [...] Si te entregas a él y lo aceptas como tu Salvador, entonces, por pecaminosa que haya sido tu vida, eres considerado justo por consideración a él. El carácter de Cristo toma el lugar del tuyo, y eres aceptado delante de Dios como si jamás hubieses pecado. “Más aún, Cristo cambia el corazón. Él habita en tu corazón por medio de la fe. Debes mantener esta conexión con Cristo por medio de la fe y la entrega continua de tu voluntad a él; mientras hagas esto, él obrará en ti el querer y el hacer de acuerdo con su buen propósito. […] “Así pues, no hay nada en nosotros mismos de qué jactarnos.
No tenemos motivo para enaltecernos. El único motivo de nuestra esperanza está en la justicia de Cristo imputada a nosotros, y la producida por su Espíritu obrando en nosotros y por medio de nosotros” (Elena de White, El camino a Cristo [Florida: ACES, 2025], p. 53). “Entre las revelaciones que he recibido se destaca con fuerza la de que muchos se apartarán de nosotros, dando oído a espíritus seductores y doctrinas de demonios. El Señor desea que toda alma que pretende creer la verdad tenga un conocimiento inteligente de lo que es esa verdad” (Elena de White, El evangelismo [Florida: ACES, 2015], pp. 365, 366).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Lee nuevamente el texto para memorizar: “Al que no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:21). ¿Qué significa la afirmación de que Cristo se convirtió en pecado por nosotros y cómo debería ayudarnos eso a entender la naturaleza sustitutoria de la Cruz? ¿Qué significa llegar a ser “justicia de Dios en él”?
2. Reflexiona sobre la afirmación “una vez salvo, siempre salvo”, en la que creen muchos cristianos. ¿Por qué es una doctrina falsa? ¿Qué peligros evidentes conlleva para quienes la creen? ¿Cómo podemos tener la seguridad de la salvación aunque no creamos en ese concepto?
3. ¿Cuán “fundado y firme” (Col. 1:23) estás en tu fe? ¿Cuán bien conoces lo que crees y por qué lo crees? ¿Cómo puedes conocer mejor lo que crees? ¿Por qué es tan importante que estés “fundado y firme” en la fe?
