Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 8:
Para el 21 de febrero de 2026
LA PREEMINENCIA DE CRISTO
Sábado 14 de febrero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 1:26, 27; Colosenses 1:13–19; Juan 1:1–3; Efesios 1:22; 1 Corintios 4:9; 12:12–27; Romanos 6:3, 4.
PARA MEMORIZAR: “Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. Por él fueron creadas todas las cosas, las que están en los cielos y las que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, dominios, principados o autoridades. Todo fue creado por medio de él y para él. Porque Cristo existía antes de todas las cosas, y todas las cosas subsisten en él” (Col. 1:15–17).
En la lección de esta semana reanudaremos nuestro estudio de Colosenses (ver las lecciones 1 y 2). En el material correspondiente al jueves de la lección 2, vimos que en Colosenses 1:9 al 12 Pablo pide a Dios en oración que los creyentes de Colosas vivan en armonía con la voluntad divina. En los versículos 12 y 13, contrasta el reino de la luz con el de las tinieblas. Dios el Padre nos ha capacitado para participar en la herencia eterna del reino de la luz, nos ha liberado del poder de las tinieblas y “nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados” (Col. 1:13, 14). En otras palabras, tenemos redención en Jesús, quien es también Dios y nuestro Creador.
Él obró nuestra redención y por la fe en él hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al de la luz. Esta semana analizaremos una de las afirmaciones más completas y sublimes del Nuevo Testamento acerca de Jesús. ¿Qué significa que él es “la imagen del Dios invisible” y, al mismo tiempo, “el primogénito de toda la creación” (Col. 1:15)? Estrategias y herramientas
Domingo 15 de febrero
LA IMAGEN DEL DIOS INVISIBLE
Cuando nos miramos en un espejo o en una fotografía, vemos apenas una imagen plana y bidimensional de nosotros mismos. En algunos aspectos, una escultura da una idea más clara de la realidad que representa, pero sigue siendo muy diferente de la persona viva y animada que sirvió como modelo. Aunque a veces se refiere a este tipo de representaciones menores, el concepto bíblico de imagen sugiere algo más amplio. Lee Génesis 1:26, 27; 5:3; 1 Corintios 15:49; 2 Corintios 3:18; y Hebreos 10:1. Resume los distintos significados de la palabra “imagen” usada en estos textos. ¿En qué se diferencian de la descripción de Jesús como imagen de Dios? Los seres humanos fueron creados para asemejarse física, espiritual, relacional y funcionalmente a Dios. Sin embargo, solo reflejan su imagen en ciertos aspectos, y el pecado ha malogrado incluso eso.
Pero Jesús nos permite “ver” al Dios invisible. “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”, dijo (Juan 14:9). Él es, por así decirlo, “la huella exacta” de la naturaleza de Dios (Heb. 1:3). Él es el pensamiento de Dios hecho audible y el carácter de Dios hecho visible. Lee Mateo 11:27 y Juan 1:1, 2, 14, 18. ¿Por qué Jesús es el único capaz de revelar al Padre?
Observa otras declaraciones en las que Jesús describió su relación con Dios el Padre:
• “Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo” (Juan 5:17).
• “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30).
• “Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).
Jesús también se identificó en diversas ocasiones mediante la fórmula “Yo soy” (ver Éxo. 3:14), que Dios utilizó para referirse a sí mismo en el Antiguo Testamento: “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35); “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12); “Yo soy el buen pastor” (Juan 10:11, 14); “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25); “Yo soy en el Padre y el Padre en mí” (Juan 14:11); y “antes que Abraham existiera, Yo soy” (Juan 8:58). Si Jesús no fuera Dios, eso significaría que el Padre envió a un ser creado a morir por nosotros. ¿Por qué sería eso crucialmente distinto de que Dios mismo haya dado su vida por nosotros en la Persona de Cristo?
Lunes 16 de febrero
EL PRIMOGÉNITO DE LA CREACIÓN
En el Nuevo Testamento, el término “primogénito” casi siempre se refiere a Jesús (ver Luc. 2:7; Rom. 8:29; Col. 1:15, 18; Heb. 1:6; Apoc. 1:5), pero aun en los textos donde la palabra designa a otras personas, estas no necesariamente nacieron cronológicamente primero dentro de sus familias. El concepto bíblico de “primogénito” enfatiza la relación especial que un hijo tiene con su padre, independientemente del orden en que haya nacido respecto de sus hermanos. Además, hay casos en los que los hijos más jóvenes son más prominentes. Tal es el caso de Isaac, Jacob y José, por nombrar algunos. David fue ungido rey a pesar de ser el menor de ocho hijos (1 Sam. 16:10-13).
No obstante, Dios dijo de él: “Lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra” (Sal. 89:27). También dijo a Moisés: “Israel es mi hijo, mi primogénito” (Éxo. 4:22). En este sentido, el término es usado con una connotación de preeminencia. Lee Colosenses 1:15-17. ¿Qué razones da Pablo para que Jesús sea llamado “el primogénito de toda la creación”? Es evidente que Pablo no estaba sugiriendo que Jesús fue el primer ser creado. De hecho, excluye categóricamente esa posibilidad cuando dice dos veces, y de maneras diferentes, que todo lo que existe fue creado por él y para él (Col. 1:16). En ambos casos, se señala a Jesús como el agente personal mediante el cual la Deidad llevó a cabo el proceso de la Creación (ver también Efe. 3:9; Juan 1:1-3; Apoc. 4:11). La afirmación de Pablo no podría ser más amplia. Todo significa todo: espacialmente (cielo y Tierra), ontológicamente (visible e invisible) y funcionalmente (tronos, dominios, principados, potestades).
Estos últimos términos se refieren normalmente a los seres angélicos (ver Efe. 3:10; 6:12). Para no dejar lugar a equívocos, Pablo señala también que Jesús existía “antes de todas las cosas” (Col. 1:17). La expresión griega traducida como “antes” significa precedencia tanto en sentido jerárquico como cronológico, pero en todos los demás textos donde Pablo la usa se refiere al tiempo (ver, por ejemplo, 1 Cor. 2:7; Gál. 1:17; Efe. 1:4). Otra razón que da Pablo para justificar la preeminencia de Jesús es que “todas las cosas subsisten en él” (Col. 1:17).
El verbo griego synistēmi significa literalmente “reunir” o “unir”. Jesús es el factor unificador del Universo, no solo por su papel como Creador, sino también porque es el Redentor. Dios, el Creador, murió por nosotros. ¿Qué podrían añadir a eso nuestras obras? ¿Por qué es blasfema la idea de que nuestras obras pueden o deben añadirse a lo que Cristo ya ha hecho por nosotros?
Martes 17 de febrero
LA CABEZA DE LA IGLESIA
Lee Efesios 1:22 y Colosenses 2:10. ¿A qué se refiere Pablo cuando llama a Jesús “cabeza de la iglesia” (Efe. 5:23)? Es común en numerosos idiomas referirse metafóricamente a una posición de liderazgo como “la cabeza”, algo que también se observa en la Biblia.
Nota el sentido de la palabra “cabeza” en los siguientes textos:
• Moisés escogió “varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por jefes (literalmente “cabezas”) sobre el pueblo, sobre mil, sobre cien, sobre cincuenta y sobre diez” (Éxo. 18:25).
• “Los jefes (literalmente “cabezas”) de la congregación” (Núm. 31:26).
• Dios pondría a Israel “por cabeza y no por cola” si le obedecían (Deut. 28:13).
• “Porque la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rezín” (Isa. 7:8)
• “Y los hijos de Judá y de Israel […] levantarán para sí un jefe (literalmente “cabeza”)” (Ose. 1:11).
• “Jefes (literalmente “cabezas”) de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel” (Miq. 3:9).
• “Cristo es la cabeza de todo hombre” (1 Cor. 11:3).
Por lo tanto, Cristo, como cabeza de la iglesia, provee el liderazgo, la orientación y el sustento necesarios para su unidad y crecimiento (ver Col. 2:19). Lee 1 Corintios 12:12-27. Pablo describe aquí a la iglesia como un “cuerpo”. ¿Qué otros aspectos de la iglesia son representados mediante esta metáfora? Así como el cuerpo no puede vivir sin la cabeza, la vida puede resultar mucho más difícil cuando se pierde o se lesiona una de sus partes. A menudo, no reconocemos cuán importante es algo hasta que lo perdemos. Si tuvieras que renunciar a una parte de tu cuerpo, ¿cuál elegirías? ¿Qué te dice esto acerca de cuán vital es cada persona como miembro de la iglesia?
Miércoles 18 de febrero
EL “PRINCIPIO” (E INICIADOR)
Lee Colosenses 1:18. ¿Qué relación existe entre la idea de Cristo como cabeza y la de él como “principio”? En hebreo, las palabras cabeza (ro’sh) y principio (rē’shit) están relacionadas. La última de ellas aparece por primera vez en las Escrituras en Génesis 1:1: “En el principio [rē’shit] Dios creó los cielos y la tierra”. Jesús es cabeza de la humanidad y de la iglesia, no solo por existir desde el principio de la eternidad, sino también por ser el Creador. La palabra griega arjē, traducida como “principio” en el Nuevo Testamento, tiene un significado amplio. En Colosenses 1:18, “principio” se refiere a Jesús como la fuente o iniciador de la iglesia y, por lo tanto, su Cabeza. Del mismo modo, él es el “principio” o iniciador de la Creación. Jesús no solo es el iniciador de la Creación y de la iglesia, sino también el de la nueva Creación en virtud de su resurrección de entre los muertos (Rom. 6:3, 4). Puesto que la paga o consecuencia del pecado es la muerte, su victoria sobre la muerte implica también su victoria sobre el pecado y su poder para recrearnos a su imagen.
Todo esto demuestra por qué él es “el primogénito de los muertos” (ver el estudio del lunes acerca del significado de la palabra “primogénito”). La suya es la resurrección preeminente, aunque no la primera cronológicamente (Moisés fue el primero en resucitar, razón por la cual se produjo la disputa con el Diablo por su cuerpo [Jud. 1:9]).
Si Cristo no hubiera vencido a la muerte, nadie más podría resucitar. En este punto es útil repasar brevemente las razones presentadas por Pablo acerca de la preeminencia de Jesús.
1. Él es la manifestación perfecta del Dios invisible.
2. Él es el Creador de todo lo que existe.
3. Él existía antes que todas las cosas, y estas son sostenidas por él.
4. Él es la Cabeza de la iglesia, que es su cuerpo.
5. Él es el iniciador de la Creación y de la nueva Creación.
6. Obtuvo la victoria sobre el pecado y la muerte, lo que le dio el derecho de resucitar a quienes ponen su confianza en él como Salvador.
7. Jesús siempre existió, pero ahora tiene la preeminencia como Cabeza de la humanidad y de la iglesia en virtud de lo anterior.
¿Qué cambios deberías hacer para experimentar de manera más plena la preeminencia de Cristo en tu propia vida?
Jueves 19 de febrero
PARA RECONCILIAR TODAS LAS COSAS
Lee Colosenses 1:19, 20. ¿En qué consiste esta reconciliación resultante de la Cruz y qué alcances tiene? Pablo utiliza una expresión griega muy interesante para concluir su descripción de Jesús, al señalar al Padre, que fue previamente mencionado en Colosenses 1:12. Es su plenitud la que el Padre se complació en hacer habitar en Jesús (comparar Col. 2:9). ¿Cuál es esa “plenitud”? Juan se refiere a ella como la gloria del Padre, “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Según este pasaje, esa “plenitud” abarca la eternidad y la existencia autónoma de Dios, su poder para crear y recrear, y su sabiduría, manifestada en su victoria sobre el pecado y la muerte mediante el instrumento más inimaginable: la cruz, ese objeto ignominioso transformado en un testimonio de su amor eterno por cada ser creado. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). La única manera en que el pecado podía ser derrotado para siempre y todas las cosas podían ser reconciliadas se resume en esa única verdad gloriosa: Dios amó al Universo, y nos amó tanto, que arriesgó todo para salvarnos a través de la muerte de Cristo en la cruz.
La palabra griega traducida como “mundo” es kosmos, la cual puede designar todo el Universo. Pablo se refiere a esta demostración universal en el contexto del discipulado en pos de Cristo: “Hemos llegado a ser un espectáculo para todo el universo [kosmos], tanto para los ángeles como para los hombres” (1 Cor. 4:9). “El Cielo contempló con pesar y asombro a Cristo colgado de la cruz. […] Por causa de una vida de rebelión, Satanás y todos los que se unen con él se colocan de tal manera en desarmonía con Dios que la misma presencia de él es para ellos un fuego consumidor. La gloria de quien es amor los destruye. “Al principio de la Gran Controversia, los ángeles no entendían esto. […] Pero no sucederá así cuando la Gran Controversia termine. Entonces, habiendo sido completado el Plan de la Redención, el carácter de Dios quedará revelado a todas las inteligencias creadas. […] “Por lo tanto, bien podían los ángeles regocijarse al mirar la Cruz del Salvador. […] Cristo mismo comprendió plenamente los resultados del sacrificio hecho en el Calvario. Vio todo eso por delante cuando en la Cruz exclamó: ‘Consumado es’ ” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 708, 709, 713).
Viernes 20 de febrero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Un hombre que fue meramente un hombre y que dijo las cosas que dijo Jesús no sería un gran maestro moral. Sería un lunático […] o si no sería el mismísimo demonio. Tienen que escoger. O ese hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor. Pueden hacerlo callar por necio, pueden escupirle y matarlo como si fuese un demonio, o pueden caer a sus pies y llamarlo Dios y Señor. Pero no salgamos ahora con insensateces paternalistas acerca de que fue un gran maestro moral. Él no nos dejó abierta esa posibilidad” (C. S. Lewis, Mero cristianismo [Nueva York: Rayo, 2006], p. 69). “El Padre es toda la plenitud de la Deidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales.
El Hijo es toda plenitud de la Deidad manifestada. La Palabra de Dios declara que él es ‘la imagen misma de su sustancia’ (Heb. 1:3)” (Elena de White, El evangelismo [Florida: ACES, 2015], p. 614). “Cristo es el Hijo de Dios preexistente y existente por sí mismo. […] Al hablar de esta preexistencia, Cristo hace retroceder la mente hacia las edades sin fin. Nos asegura que nunca hubo un tiempo cuando él no haya estado en estrecha relación con el Dios eterno. […] Era igual a Dios, infinito y omnipotente. […] Es el Hijo eterno y existente por sí mismo” (Elena de White, El evangelismo, p. 616).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Reflexiona acerca de la divinidad eterna de Jesús. Piensa en lo que habría implicado para el Plan de Salvación y para el sacrificio en la Cruz el hecho de que él no hubiera sido el Dios increado que existe desde la eternidad. ¿Por qué es tan importante esta enseñanza? Dialoguen en la clase acerca de lo que significaría que Jesús no fuera eterno, sino un ser creado.
2. Cuando pensamos en Jesús, en el evangelio y en el Plan de Salvación, ¿por qué no debemos perder de vista la participación y el interés de todo el Universo en lo que Jesús hizo? ¿Qué habrá pensado el Universo no caído cuando vio a su Creador en la cruz, aquel a quien conocieron antes rodeado de gloria eterna? ¿Qué debió pasar por sus mentes mientras veían morir en la cruz a Aquel a quien habían adorado en el Cielo?
3. ¿Qué le dirías a alguien que no cree que el Padre y el Hijo siempre han coexistido? ¿Por qué es esta una verdad tan importante? ¿Cómo explicarías que nunca hubo un momento en el que el Padre estuvo sin el Hijo, excepto en la Cruz, cuando hubo una temporaria “separación de los poderes divinos” (Comentario bíblico adventista del séptimo día-Comentarios de E. G. de White [Florida: ACES, 1994], t. 7-A, p. 936)?
"Escuela Sabática adultos 2026, cuarto trimestre (octubre - diciembre). Estudio: Don de Profesias

EL DON DE PROFECÍA
Una voz de Dios para un mundo que necesita dirección
Desde el principio, Dios ha buscado comunicarse con la humanidad. Aun después de que el pecado rompiera la comunión entre Dios y el ser humano, el Señor no abandonó a sus criaturas. Al contrario, continuó acercándose, revelando su voluntad, mostrando el camino de salvación y señalando constantemente hacia Jesucristo.
Los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para escuchar y comprender el lenguaje. Desde los primeros meses de vida, nuestro cerebro está preparado para reconocer sonidos y aprender a comunicarnos. De manera semejante, Dios desea que sus criaturas puedan escuchar su voz y comprender su voluntad. A través de los siglos, Dios ha hablado «muchas veces y de muchas maneras» por medio de sus profetas, y finalmente nos habló por medio de su Hijo, Jesucristo.
En este trimestre estudiaremos el don de profecía, uno de los dones espirituales otorgados por el Espíritu Santo para comunicar el mensaje de Dios a su pueblo. Descubriremos por qué Dios utiliza a los profetas, cuál es su función dentro de la iglesia y cómo podemos reconocer si un mensaje profético procede realmente de Él.
La profecía no tiene como propósito despertar únicamente nuestra curiosidad sobre el futuro. Su propósito principal es revelar a Dios y su verdad, orientar a su pueblo, fortalecer a la iglesia, llamar al arrepentimiento y conducir al ser humano hacia Cristo.
A lo largo de las trece lecciones estudiaremos el llamado de los profetas, su ministerio, la revelación y la inspiración, los escritos proféticos y los principios necesarios para interpretarlos correctamente. También aprenderemos cómo poner a prueba los mensajes proféticos y comprender su autoridad, relevancia y aplicación para la iglesia.
📖 LAS 13 LECCIONES DEL TRIMESTRE
1. El Creador habla
26 de septiembre – 2 de octubre
Comenzaremos estudiando el deseo de Dios de comunicarse con sus criaturas y la manera en que el Creador ha hablado a la humanidad.
2. El llamado de un profeta
3 – 9 de octubre
Analizaremos cómo Dios llama a sus mensajeros, qué implica el ministerio profético y cuál es la responsabilidad de quienes reciben un mensaje de Dios.
3. Profetas del Antiguo Testamento
10 – 16 de octubre
Estudiaremos ejemplos de profetas del Antiguo Testamento y la manera en que Dios utilizó sus vidas y mensajes para guiar a su pueblo.
4. Profetas del Nuevo Testamento
17 – 23 de octubre
Veremos la presencia y función del don profético durante la época del Nuevo Testamento y su relación con la iglesia cristiana.
5. Revelación e inspiración
24 – 30 de octubre
Profundizaremos en conceptos fundamentales para comprender cómo Dios comunica sus mensajes y cómo estos llegan a sus mensajeros.
6. Los escritos proféticos
31 de octubre – 6 de noviembre
Analizaremos los escritos producidos por los profetas y la importancia de comprender correctamente su naturaleza y propósito.
7. ¡Escuchen esto!
7 – 13 de noviembre
Una invitación a prestar atención a los mensajes que Dios comunica y a reconocer la importancia de escuchar su Palabra.
8. Interpretación de los escritos proféticos
14 – 20 de noviembre
Estudiaremos principios que nos ayudarán a interpretar correctamente los mensajes proféticos, evitando conclusiones equivocadas o fuera de contexto.
9. Poniendo a prueba a los profetas
21 – 27 de noviembre
La Biblia presenta criterios para examinar los mensajes proféticos. En esta lección estudiaremos cómo evaluar la autenticidad de un profeta de acuerdo con las Escrituras.
10. Autoridad y relevancia proféticas
28 de noviembre – 4 de diciembre
Reflexionaremos sobre la autoridad de los mensajes proféticos y su relevancia para la vida espiritual y la misión de la iglesia.
11. Manifestación profética en momentos cruciales
5 – 11 de diciembre
Analizaremos cómo Dios ha utilizado el don profético en momentos decisivos de la historia para orientar, advertir y fortalecer a su pueblo.
12. Revelaciones proféticas del fin de los tiempos
12 – 18 de diciembre
Estudiaremos las profecías relacionadas con los acontecimientos finales y la esperanza que Dios presenta para su pueblo ante el cumplimiento de su plan.
13. Bendiciones de la palabra profética
19 – 25 de diciembre
Concluiremos el trimestre reflexionando sobre las bendiciones que recibimos cuando aceptamos, estudiamos y aplicamos correctamente la Palabra profética.
✨ UNA INVITACIÓN A ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
Este trimestre nos llevará desde el Creador que habla hasta las bendiciones de escuchar su Palabra profética. Aprenderemos que la profecía no es simplemente información acerca del futuro: es un medio mediante el cual Dios busca transformar el presente de sus hijos y conducirlos hacia una relación más profunda con Él.
Cada lección nos ayudará a comprender mejor cómo Dios ha hablado, cómo debemos examinar sus mensajes y cómo podemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida.
Estudiemos este trimestre con un corazón dispuesto a escuchar, una mente abierta para examinar las Escrituras y una vida preparada para obedecer la voz de Dios.
📅 Calendario del trimestre
LecciónTemaFecha
1El Creador habla26 sep – 2 oct
2El llamado de un profeta3 – 9 oct
3Profetas del Antiguo Testamento10 – 16 oct
4Profetas del Nuevo Testamento 17 – 23 oct
5Revelación e inspiración 24 – 30 oct
6Los escritos proféticos 31 oct – 6 nov
7¡Escuchen esto! 7 – 13 nov
8Interpretación de los escritos proféticos14 – 20 nov
9Poniendo a prueba a los PROFETAS 21– 27 nov
10Autoridad y relevancia proféticas 28 nov – 4 dic
11Manifestación profética en momentos cruciales 5 – 11 dic
12Revelaciones proféticas del fin de los tiempos 12 – 18 dic
13Bendiciones de la palabra profética 19 – 25 dic
Lección 6:
Para el 7 de noviembre de 2026
LOS ESCRITOS PROFÉTICOS
Sábado 31 de octubre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Éxodo 17:14; Isaías 13:1; Jeremías 36:17‑18; Romanos 16:22; Lucas 1:1-4; Judas 1:14-15; 2 Corintios 4:7.
PARA MEMORIZAR: «Todo lo que antes fue escrito, para nuestra enseñanza fue escrito, para que por la paciencia y el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza» (Rom. 15:4).
¿T e gustaría que te enseñaran una canción compuesta por Dios mismo? En Deuteronomio 32, Moisés puso por escrito la letra de su cántico siguiendo las instrucciones de Dios (Deut. 31:19-22). Normalmente no asociamos los escritos proféticos con canciones, aunque muchos de los salmos son, de hecho, canciones inspiradas, a pesar de que sus letras no hayan sido dictadas por el Señor.
La Biblia describe tres formas principales en que los profetas comunicaban los mensajes de Dios: (1) oralmente; (2) por escrito; y (3) mediante acciones simbólicas o dramatizaciones. Esta semana nos centraremos en los escritos de la Biblia. La Escritura registra la Palabra de Dios tal y como fue expresada por sus mensajeros, incluyendo los sermones y los discursos de los profetas.
Pensemos en la variedad de estilos y géneros literarios de los escritos proféticos: narrativa, historia, poesía, lamentaciones y cartas, por nombrar solo algunos. Hombres y mujeres elegidos plasmaron en lenguaje humano lo que el Espíritu Santo les inspiró para comunicar. Esta semana veremos sus escritos, el uso de secretarios o asistentes literarios y lo que debe tenerse en cuenta al estudiar pasajes difíciles.
Domingo 1.° de noviembre
EL LLAMADO A ESCRIBIR
El primer método que Dios utilizó para transmitir mensajes a la humanidad fue la comunicación oral directa; es decir, voces audibles, sueños o mensajes comunicados verbalmente por ángeles. No fue hasta la época de Moisés cuando las Escrituras registran la primera instrucción divina relativa a estas experiencias, que consistía en escribir en un «libro» lo que Dios había dicho. ¿Cuál es la primera mención de la escritura en la Biblia? Lee Éxodo 17:14. El Antiguo Testamento registra varios ejemplos de la orden dada por Dios a sus mensajeros para que preservaran por escrito sus palabras para su pueblo.
Al igual que a Moisés, se dijo a Jeremías: «Toma un rollo de libro y escribe en él todas las palabras que te hablé contra Israel y Judá, y contra todas las naciones, desde que empecé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy» (Jer. 36:2). También se le dijo por qué debía escribir las profecías: «Quizá la casa de Judá oiga todo el mal que pienso hacerles y se arrepientan de su mal camino, para que yo perdone su maldad y su pecado» (Jer. 36:3).
Las predicciones tenían el propósito de salvar al pueblo, no de satisfacer la curiosidad acerca del futuro. Los mensajeros de Dios escribieron en circunstancias muy diversas. Moisés escribió los cinco primeros libros de la Biblia mientras estaba en el desierto. David compuso varios de sus salmos mientras era perseguido por Saúl (ver Sal. 52, 54, 57 y 59). Daniel escribió sus visiones mientras servía en las cortes de Babilonia y Medopersia. A diferencia de ello, Pablo escribió sus cartas a los efesios, filipenses, colosenses y a Filemón mientras estaba en prisión, y Juan puso por escrito el Apocalipsis cuando estuvo exiliado en Patmos.
Es evidente que los mensajeros de Dios impelidos a poner por escrito sus mensajes fueron asistidos por el Espíritu Santo independientemente de sus circunstancias. Es llamativo que todas las enseñanzas de Jesús fueron preservadas por escrito por aquellos a quienes Dios eligió para confiarles tan preciosas verdades. Esto muestra la certeza divina de que los mensajes inspirados por Dios serían fielmente registrados y preservados por sus mensajeros. ¿Cómo responderías a quien dijera que no podemos confiar en la Biblia porque no contamos con los manuscritos originales? ¿Por qué es ese un argumento débil?
Lunes 2 de noviembre
GÉNEROS Y ESTILOS LITERARIOS
La Biblia consta de diversos géneros y estilos literarios utilizados por los mensajeros inspirados por Dios. Algunos se asemejan a un diario (ver Núm. 33:1-49). A su vez, los libros de Daniel, Zacarías y Juan contienen ejemplos de escritura apocalíptica, caracterizada por su simbolismo, sus temas cósmicos y sus descripciones de seres celestiales además de otros rasgos distintivos. Lee Isaías 13:1. ¿Cómo se refiere la Biblia aquí al mensaje de Isaías? Las visiones recibidas por los profetas son a veces denominadas «oráculos»; es decir, comunicaciones o revelaciones de Dios (algunas versiones traducen la palabra hebrea original con la que comienza Isaías 13:1 como «carga»).
Las traducciones más recientes de la Biblia muestran que muchas visiones fueron escritas en forma poética, a menudo utilizando un recurso conocido como paralelismo, en el cual las líneas posteriores se repiten o, a veces, contrastan con las líneas anteriores. Por ejemplo: «En ese día el hombre mirará a su Creador, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel» (Isa. 17:7). «Creador» y «Santo» están en paralelo. De ese modo, una imagen literaria o identificación aporta información adicional acerca de otra. Los profetas también utilizaban recursos literarios como las metáforas (símbolos) y las hipérboles (exageraciones).
Para comprender y aplicar mejor sus mensajes, es importante reconocer el tipo de escritura que utilizaron. Otro estilo literario que se encuentra con frecuencia en las Escrituras es el «juicio del pacto». Por ejemplo, en Jeremías 2:4-9, el profeta presenta la denuncia legal de Dios contra su pueblo por haber transgredido las estipulaciones del pacto y no cumplir sus obligaciones. Utilizando imágenes de un tribunal, el autor retrata a Dios como el fiscal que expone los fundamentos de su acusación. Las Escrituras también contienen escritos proféticos, historia, canciones y parábolas. Dios ordenó a Jeremías que compusiera un libro con todos sus mensajes (Jer. 36:2), mientras que gran parte de los escritos del Nuevo Testamento consisten en cartas dirigidas a individuos o comunidades cristianas.
La Biblia no hace distinción alguna en materia de autoridad entre diferentes estilos. Las cartas de Pablo debían ser consideradas tan autoritativas como las de los profetas del Antiguo Testamento, pues el apóstol da evidencias claras en sus cartas de que eran documentos inspirados por el Espíritu Santo (ver 1 Cor. 7:10, 12, 40). Algunos estudiosos enfatizan el elemento humano en las Escrituras a expensas del divino. ¿Por qué es ese un camino que conduce a la ruina espiritual?
Martes 3 de noviembre
ASISTENTES LITERARIOS
Lee Jeremías 36:17-18 y Romanos 16:22. ¿Qué dicen estos versículos acerca del uso de asistentes literarios por parte de los escritores bíblicos? Jeremías mismo podría haber puesto por escrito lo que le fue revelado, pero, en lugar de ello, pidió a un escriba de confianza que registrara fielmente sus mensajes proféticos y los compartiera con los líderes de la nación. Él no es el único profeta bíblico que utilizó los servicios de un asistente literario para comunicar sus mensajes de origen divino.
En el Nuevo Testamento, aunque Tercio dice que escribió la epístola a los Romanos (Rom. 16:22), queda claro desde el comienzo del documento que escribió lo que Pablo le indicó. Tercio era el amanuense o secretario del apóstol, un asistente literario que ponía por escrito las palabras de Pablo. Esta práctica no era inusual para el apóstol, ya que concluye sus cartas a los colosenses y los tesalonicenses incluyendo su saludo autógrafo (Col. 4:18; 2 Tes. 3:17) como forma de autenticar todo el documento. Esto sugiere que confiaba en otra persona para que escribiera las cartas por él.
Puesto que esto podía suscitar dudas acerca de si la carta lo representaba correctamente —o, peor aún, sospechas de que no era suya—, Pablo agregaba su propia nota manuscrita al final como evidencia de autenticidad. Muchos comentaristas atribuyen la variación en el estilo literario en las cartas de Pablo al uso que hizo de asistentes. Se supone lo mismo respecto de las dos cartas de Pedro: «Aunque es un hecho que el estilo del lenguaje de 2 Pedro es diferente del de la primera epístola, puede explicarse razonablemente, pues es probable que Pedro —un palestino de poca cultura, cuya lengua materna era el arameo— sin duda recurrió a la ayuda de un secretario para la redacción de una epístola que fue escrita en griego.
Si Pablo, que manejaba la lengua griega con soltura, evidentemente usó secretarios, es aún más lógico suponer que Pedro hubiera buscado la ayuda de secretarios y que estos hubieran influido mucho en la redacción de sus cartas en griego» (Comentario bíblico adventista del séptimo día [Florida: ACES, 1996], t. 7, p. 612). Esto sugiere que, aunque fiel a los pensamientos y a la intención de los mensajeros de Dios en materia de significado, el vocabulario y la construcción de las frases podrían reflejar las diferentes habilidades literarias de los ayudantes que empleaban. Los pensamientos de los mensajeros de Dios son el objeto de la inspiración divina, pero no necesariamente las palabras específicas utilizadas para expresar esos pensamientos inspirados.
Miércoles 4 de noviembre
FUENTES LITERARIAS
«Además de ser sabio, el Predicador enseñó sabiduría al pueblo. Consideró, y compuso muchos proverbios. Procuró hallar las palabras adecuadas, y lo que escribió fue recto y verdadero» (Ecl. 12:9-10). Este pasaje puede interpretarse en el sentido de que Salomón no fue el autor de todos los proverbios que registró. Bajo la inspiración de Dios, «consideró» muchos dichos y trató de encontrar «palabras adecuadas». De hecho, la descripción tan citada de la mujer virtuosa en Proverbios 31 es atribuida a la madre de un rey llamado Lemuel y no a Salomón (Prov. 31:1). La evidencia apunta también a la influencia de la literatura egipcia en los Proverbios.
Del mismo modo, los historiadores inspirados del Antiguo Testamento reconocen que consultaron archivos y otros registros para narrar fielmente la historia del pueblo de Dios. Lee 1 Reyes 11:41; Lucas 1:1-4; Judas 1:14-15. ¿Qué dicen estos versículos acerca del uso que los escritores inspirados hacían a veces de fuentes no bíblicas? Esdras y Nehemías son otros ejemplos de escritores bíblicos que se basaron en registros históricos para documentar sus relatos. El primero incluye copias de cartas y decretos reales relacionados con Jerusalén y Persia (ver Esd. 4-7), mientras que Nehemías menciona los registros genealógicos que encontró e incorporó a su narración (ver Neh. 7:5-72).
Este hecho se observa también en el Nuevo Testamento. «Por lo que sucedió con Lucas, se deduce claramente que la Inspiración funciona en armonía con la operación natural de las facultades mentales sin prescindir de ellas. Aquí vemos a un autor inspirado, guiado por el Espíritu Santo, para examinar en forma diligente los registros ya escritos y los orales que había sobre la vida de Cristo; y luego, impulsado a organizar la información recopilada en una narración» (Comentario bíblico adventista del séptimo día [Florida: ACES, 1995], t. 5, p. 654) Judas parece estar citando 1 Enoc 1:9, una obra judía intertestamentaria no canónica.
Pablo también citó a filósofos griegos sin identificarlos (ver Hech. 17:28; Tito 1:12). Aunque los escritores bíblicos a menudo se guiaban por revelaciones directas recibidas mediante visiones y sueños, esto no excluía que el Espíritu Santo también los guiara para seleccionar material de otras fuentes. ¿Por qué es importante tener esto presente?
Jueves 5 de noviembre
EL MENSAJE DIVINO Y LAS IMPERFECCIONES HUMANAS
¿Qué dice Pablo sobre el tesoro de Dios en 2 Corintios 4:7? Pablo dice que el tesoro de Dios ha sido confiado a «vasos de barro» (seres humanos), para que el poder de Dios se manifieste en contraste con nuestras debilidades. Las Escrituras revelan que, así como los mensajeros de Dios no fueron preservados sobrenaturalmente de los fracasos personales (Moisés, Elías, David, Jonás y Pedro, por ejemplo), sus escritos tampoco estuvieron exentos de las imperfecciones propias del entendimiento y la comunicación humanos. «La unión de lo divino y lo humano que se manifestó en Cristo existe también en la Biblia.
Las verdades reveladas son todas inspiradas divinamente; pero están expresadas en las palabras de los hombres y se adaptan a las necesidades humanas» (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 698). La humanidad de los mensajeros de Dios no es suprimida a causa de su llamado divino a comunicar los tesoros de la verdad, como escribió el apóstol Pablo en 2 Corintios 4:7. Tampoco parece que el Espíritu Santo considerara oportuno impedir que sus mensajeros hicieran declaraciones y escribieran palabras que hoy nos resultan difíciles de armonizar o explicar. Los versículos que representan esas dificultades son tan pocos que solo una mente muy estrecha tropezaría a causa de ellos.
Como cristianos que creemos en la Biblia, debemos rendirnos a la Palabra de Dios en la medida en que la entendemos y confiamos en el Señor, y a pesar de lo que aún no comprendemos. Algunas discrepancias pueden atribuirse a errores sin importancia cometidos por copistas posteriores, o a fuentes divergentes en las que se basaron los autores inspirados. Al considerar los pasajes problemáticos, debemos preguntarnos si comprendemos plenamente el significado de las palabras del escritor y si un estudio más profundo podría resolver la dificultad. Incluso si no somos capaces de resolver todos los aparentes errores o discrepancias, encontramos que son irrelevantes para la esencia del mensaje presentado.
Podemos confiar en que las verdades divinas de las Escrituras han sido reveladas y comunicadas fidedignamente a pesar de las imperfecciones de los mensajeros de Dios. ¿Por qué eligió Dios utilizar a seres humanos falibles en lugar de ángeles sin pecado como sus mensajeros?
Viernes 6 de noviembre
LOS ESCRITOS DE ELENA DE WHITE
La experiencia y los escritos de Elena de White son muy similares a los de los mensajeros bíblicos de Dios cuya obra hemos estudiado esta semana. Ella también recibió la comisión divina de poner por escrito lo que se le había revelado. Elena de White escribió en 1909: «Debido al accidente que casi me costó la vida, mi salud era débil y no podía escribir. […] Pero el ángel del Señor se me presentó una noche y me dijo: “Debes escribir lo que te comunico”. Le respondí: “No puedo escribir”. Él repitió la orden: “Escribe lo que te digo”. Decidí intentarlo, tomé con qué escribir, comencé a hacerlo y descubrí que podía registrar las palabras con facilidad» («Let Us Publish Salvation», The General Conference Bulletin, 31 de mayo de 1909, p. 225).
Al igual que los escritores bíblicos inspirados, Elena de White empleó asistentes literarios. Sus secretarios hacían el trabajo propio de los editores: ayudar a los autores a expresar sus ideas con claridad sin insertar ideas propias. No eran personas que escribían en lugar de ella ni coautores. Su trabajo dependía del material que la propia Elena de White producía, ya fuera de manera manuscrita u oral. En sus escritos, Elena de White también citaba y adaptaba material de otras fuentes literarias para presentar de manera más adecuada sus mensajes.
El hecho de que recomendara a sus lectores algunos de los libros que ella misma utilizó en tal sentido es evidencia de que no pretendía engañar a su público ni atribuirse la autoría de esos materiales citados o adaptados, sino que lo hacía porque encontraba en esas fuentes expresiones adecuadas para transmitir las verdades que deseaba comunicar. ¿Qué decir de las discrepancias o inexactitudes? «Acerca de la infalibilidad, nunca pretendí tenerla», ella escribió. «Solo Dios es infalible» (Mensajes selectos, t. 1, p. 44). Sus escritos contienen algunas afirmaciones difíciles de entender o de armonizar con otras.
La humanidad de Elena de White no fue suprimida por su llamado divino. Como todos nosotros, ella también creció y maduró, como puede apreciarse en sus escritos. Como ya se ha dicho, Elena de White corrigió a quienes creían erróneamente que cada palabra que escribía provenía directamente del cielo. «Hay oportunidades cuando deben declararse cosas comunes, pensamientos comunes deben ocupar la mente, deben escribirse cartas comunes y se debe dar información que ha pasado de un obrero a otro.
Tales palabras, tal información, no son dadas bajo la inspiración especial del Espíritu de Dios» (Mensajes selectos, t. 3, pp. 66-67). Para conocer más acerca de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 3, pp. 102-145; William C. White, cartas en Apéndice C de Mensajes selectos, t. 3, pp. 528-544.
