Lección 8:
Para el 21 de febrero de 2026
LA PREEMINENCIA DE CRISTO
Sábado 14 de febrero
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 1:26, 27; Colosenses 1:13–19; Juan 1:1–3; Efesios 1:22; 1 Corintios 4:9; 12:12–27; Romanos 6:3, 4.
PARA MEMORIZAR: “Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. Por él fueron creadas todas las cosas, las que están en los cielos y las que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, dominios, principados o autoridades. Todo fue creado por medio de él y para él. Porque Cristo existía antes de todas las cosas, y todas las cosas subsisten en él” (Col. 1:15–17).
En la lección de esta semana reanudaremos nuestro estudio de Colosenses (ver las lecciones 1 y 2). En el material correspondiente al jueves de la lección 2, vimos que en Colosenses 1:9 al 12 Pablo pide a Dios en oración que los creyentes de Colosas vivan en armonía con la voluntad divina. En los versículos 12 y 13, contrasta el reino de la luz con el de las tinieblas. Dios el Padre nos ha capacitado para participar en la herencia eterna del reino de la luz, nos ha liberado del poder de las tinieblas y “nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados” (Col. 1:13, 14). En otras palabras, tenemos redención en Jesús, quien es también Dios y nuestro Creador.
Él obró nuestra redención y por la fe en él hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al de la luz. Esta semana analizaremos una de las afirmaciones más completas y sublimes del Nuevo Testamento acerca de Jesús. ¿Qué significa que él es “la imagen del Dios invisible” y, al mismo tiempo, “el primogénito de toda la creación” (Col. 1:15)? Estrategias y herramientas
Domingo 15 de febrero
LA IMAGEN DEL DIOS INVISIBLE
Cuando nos miramos en un espejo o en una fotografía, vemos apenas una imagen plana y bidimensional de nosotros mismos. En algunos aspectos, una escultura da una idea más clara de la realidad que representa, pero sigue siendo muy diferente de la persona viva y animada que sirvió como modelo. Aunque a veces se refiere a este tipo de representaciones menores, el concepto bíblico de imagen sugiere algo más amplio. Lee Génesis 1:26, 27; 5:3; 1 Corintios 15:49; 2 Corintios 3:18; y Hebreos 10:1. Resume los distintos significados de la palabra “imagen” usada en estos textos. ¿En qué se diferencian de la descripción de Jesús como imagen de Dios? Los seres humanos fueron creados para asemejarse física, espiritual, relacional y funcionalmente a Dios. Sin embargo, solo reflejan su imagen en ciertos aspectos, y el pecado ha malogrado incluso eso.
Pero Jesús nos permite “ver” al Dios invisible. “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”, dijo (Juan 14:9). Él es, por así decirlo, “la huella exacta” de la naturaleza de Dios (Heb. 1:3). Él es el pensamiento de Dios hecho audible y el carácter de Dios hecho visible. Lee Mateo 11:27 y Juan 1:1, 2, 14, 18. ¿Por qué Jesús es el único capaz de revelar al Padre?
Observa otras declaraciones en las que Jesús describió su relación con Dios el Padre:
• “Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo” (Juan 5:17).
• “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30).
• “Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6).
Jesús también se identificó en diversas ocasiones mediante la fórmula “Yo soy” (ver Éxo. 3:14), que Dios utilizó para referirse a sí mismo en el Antiguo Testamento: “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35); “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12); “Yo soy el buen pastor” (Juan 10:11, 14); “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25); “Yo soy en el Padre y el Padre en mí” (Juan 14:11); y “antes que Abraham existiera, Yo soy” (Juan 8:58). Si Jesús no fuera Dios, eso significaría que el Padre envió a un ser creado a morir por nosotros. ¿Por qué sería eso crucialmente distinto de que Dios mismo haya dado su vida por nosotros en la Persona de Cristo?
Lunes 16 de febrero
EL PRIMOGÉNITO DE LA CREACIÓN
En el Nuevo Testamento, el término “primogénito” casi siempre se refiere a Jesús (ver Luc. 2:7; Rom. 8:29; Col. 1:15, 18; Heb. 1:6; Apoc. 1:5), pero aun en los textos donde la palabra designa a otras personas, estas no necesariamente nacieron cronológicamente primero dentro de sus familias. El concepto bíblico de “primogénito” enfatiza la relación especial que un hijo tiene con su padre, independientemente del orden en que haya nacido respecto de sus hermanos. Además, hay casos en los que los hijos más jóvenes son más prominentes. Tal es el caso de Isaac, Jacob y José, por nombrar algunos. David fue ungido rey a pesar de ser el menor de ocho hijos (1 Sam. 16:10-13).
No obstante, Dios dijo de él: “Lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra” (Sal. 89:27). También dijo a Moisés: “Israel es mi hijo, mi primogénito” (Éxo. 4:22). En este sentido, el término es usado con una connotación de preeminencia. Lee Colosenses 1:15-17. ¿Qué razones da Pablo para que Jesús sea llamado “el primogénito de toda la creación”? Es evidente que Pablo no estaba sugiriendo que Jesús fue el primer ser creado. De hecho, excluye categóricamente esa posibilidad cuando dice dos veces, y de maneras diferentes, que todo lo que existe fue creado por él y para él (Col. 1:16). En ambos casos, se señala a Jesús como el agente personal mediante el cual la Deidad llevó a cabo el proceso de la Creación (ver también Efe. 3:9; Juan 1:1-3; Apoc. 4:11). La afirmación de Pablo no podría ser más amplia. Todo significa todo: espacialmente (cielo y Tierra), ontológicamente (visible e invisible) y funcionalmente (tronos, dominios, principados, potestades).
Estos últimos términos se refieren normalmente a los seres angélicos (ver Efe. 3:10; 6:12). Para no dejar lugar a equívocos, Pablo señala también que Jesús existía “antes de todas las cosas” (Col. 1:17). La expresión griega traducida como “antes” significa precedencia tanto en sentido jerárquico como cronológico, pero en todos los demás textos donde Pablo la usa se refiere al tiempo (ver, por ejemplo, 1 Cor. 2:7; Gál. 1:17; Efe. 1:4). Otra razón que da Pablo para justificar la preeminencia de Jesús es que “todas las cosas subsisten en él” (Col. 1:17).
El verbo griego synistēmi significa literalmente “reunir” o “unir”. Jesús es el factor unificador del Universo, no solo por su papel como Creador, sino también porque es el Redentor. Dios, el Creador, murió por nosotros. ¿Qué podrían añadir a eso nuestras obras? ¿Por qué es blasfema la idea de que nuestras obras pueden o deben añadirse a lo que Cristo ya ha hecho por nosotros?
Martes 17 de febrero
LA CABEZA DE LA IGLESIA
Lee Efesios 1:22 y Colosenses 2:10. ¿A qué se refiere Pablo cuando llama a Jesús “cabeza de la iglesia” (Efe. 5:23)? Es común en numerosos idiomas referirse metafóricamente a una posición de liderazgo como “la cabeza”, algo que también se observa en la Biblia.
Nota el sentido de la palabra “cabeza” en los siguientes textos:
• Moisés escogió “varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por jefes (literalmente “cabezas”) sobre el pueblo, sobre mil, sobre cien, sobre cincuenta y sobre diez” (Éxo. 18:25).
• “Los jefes (literalmente “cabezas”) de la congregación” (Núm. 31:26).
• Dios pondría a Israel “por cabeza y no por cola” si le obedecían (Deut. 28:13).
• “Porque la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de Damasco, Rezín” (Isa. 7:8)
• “Y los hijos de Judá y de Israel […] levantarán para sí un jefe (literalmente “cabeza”)” (Ose. 1:11).
• “Jefes (literalmente “cabezas”) de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel” (Miq. 3:9).
• “Cristo es la cabeza de todo hombre” (1 Cor. 11:3).
Por lo tanto, Cristo, como cabeza de la iglesia, provee el liderazgo, la orientación y el sustento necesarios para su unidad y crecimiento (ver Col. 2:19). Lee 1 Corintios 12:12-27. Pablo describe aquí a la iglesia como un “cuerpo”. ¿Qué otros aspectos de la iglesia son representados mediante esta metáfora? Así como el cuerpo no puede vivir sin la cabeza, la vida puede resultar mucho más difícil cuando se pierde o se lesiona una de sus partes. A menudo, no reconocemos cuán importante es algo hasta que lo perdemos. Si tuvieras que renunciar a una parte de tu cuerpo, ¿cuál elegirías? ¿Qué te dice esto acerca de cuán vital es cada persona como miembro de la iglesia?
Miércoles 18 de febrero
EL “PRINCIPIO” (E INICIADOR)
Lee Colosenses 1:18. ¿Qué relación existe entre la idea de Cristo como cabeza y la de él como “principio”? En hebreo, las palabras cabeza (ro’sh) y principio (rē’shit) están relacionadas. La última de ellas aparece por primera vez en las Escrituras en Génesis 1:1: “En el principio [rē’shit] Dios creó los cielos y la tierra”. Jesús es cabeza de la humanidad y de la iglesia, no solo por existir desde el principio de la eternidad, sino también por ser el Creador. La palabra griega arjē, traducida como “principio” en el Nuevo Testamento, tiene un significado amplio. En Colosenses 1:18, “principio” se refiere a Jesús como la fuente o iniciador de la iglesia y, por lo tanto, su Cabeza. Del mismo modo, él es el “principio” o iniciador de la Creación. Jesús no solo es el iniciador de la Creación y de la iglesia, sino también el de la nueva Creación en virtud de su resurrección de entre los muertos (Rom. 6:3, 4). Puesto que la paga o consecuencia del pecado es la muerte, su victoria sobre la muerte implica también su victoria sobre el pecado y su poder para recrearnos a su imagen.
Todo esto demuestra por qué él es “el primogénito de los muertos” (ver el estudio del lunes acerca del significado de la palabra “primogénito”). La suya es la resurrección preeminente, aunque no la primera cronológicamente (Moisés fue el primero en resucitar, razón por la cual se produjo la disputa con el Diablo por su cuerpo [Jud. 1:9]).
Si Cristo no hubiera vencido a la muerte, nadie más podría resucitar. En este punto es útil repasar brevemente las razones presentadas por Pablo acerca de la preeminencia de Jesús.
1. Él es la manifestación perfecta del Dios invisible.
2. Él es el Creador de todo lo que existe.
3. Él existía antes que todas las cosas, y estas son sostenidas por él.
4. Él es la Cabeza de la iglesia, que es su cuerpo.
5. Él es el iniciador de la Creación y de la nueva Creación.
6. Obtuvo la victoria sobre el pecado y la muerte, lo que le dio el derecho de resucitar a quienes ponen su confianza en él como Salvador.
7. Jesús siempre existió, pero ahora tiene la preeminencia como Cabeza de la humanidad y de la iglesia en virtud de lo anterior.
¿Qué cambios deberías hacer para experimentar de manera más plena la preeminencia de Cristo en tu propia vida?
Jueves 19 de febrero
PARA RECONCILIAR TODAS LAS COSAS
Lee Colosenses 1:19, 20. ¿En qué consiste esta reconciliación resultante de la Cruz y qué alcances tiene? Pablo utiliza una expresión griega muy interesante para concluir su descripción de Jesús, al señalar al Padre, que fue previamente mencionado en Colosenses 1:12. Es su plenitud la que el Padre se complació en hacer habitar en Jesús (comparar Col. 2:9). ¿Cuál es esa “plenitud”? Juan se refiere a ella como la gloria del Padre, “lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Según este pasaje, esa “plenitud” abarca la eternidad y la existencia autónoma de Dios, su poder para crear y recrear, y su sabiduría, manifestada en su victoria sobre el pecado y la muerte mediante el instrumento más inimaginable: la cruz, ese objeto ignominioso transformado en un testimonio de su amor eterno por cada ser creado. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). La única manera en que el pecado podía ser derrotado para siempre y todas las cosas podían ser reconciliadas se resume en esa única verdad gloriosa: Dios amó al Universo, y nos amó tanto, que arriesgó todo para salvarnos a través de la muerte de Cristo en la cruz.
La palabra griega traducida como “mundo” es kosmos, la cual puede designar todo el Universo. Pablo se refiere a esta demostración universal en el contexto del discipulado en pos de Cristo: “Hemos llegado a ser un espectáculo para todo el universo [kosmos], tanto para los ángeles como para los hombres” (1 Cor. 4:9). “El Cielo contempló con pesar y asombro a Cristo colgado de la cruz. […] Por causa de una vida de rebelión, Satanás y todos los que se unen con él se colocan de tal manera en desarmonía con Dios que la misma presencia de él es para ellos un fuego consumidor. La gloria de quien es amor los destruye. “Al principio de la Gran Controversia, los ángeles no entendían esto. […] Pero no sucederá así cuando la Gran Controversia termine. Entonces, habiendo sido completado el Plan de la Redención, el carácter de Dios quedará revelado a todas las inteligencias creadas. […] “Por lo tanto, bien podían los ángeles regocijarse al mirar la Cruz del Salvador. […] Cristo mismo comprendió plenamente los resultados del sacrificio hecho en el Calvario. Vio todo eso por delante cuando en la Cruz exclamó: ‘Consumado es’ ” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, pp. 708, 709, 713).
Viernes 20 de febrero
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“Un hombre que fue meramente un hombre y que dijo las cosas que dijo Jesús no sería un gran maestro moral. Sería un lunático […] o si no sería el mismísimo demonio. Tienen que escoger. O ese hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor. Pueden hacerlo callar por necio, pueden escupirle y matarlo como si fuese un demonio, o pueden caer a sus pies y llamarlo Dios y Señor. Pero no salgamos ahora con insensateces paternalistas acerca de que fue un gran maestro moral. Él no nos dejó abierta esa posibilidad” (C. S. Lewis, Mero cristianismo [Nueva York: Rayo, 2006], p. 69). “El Padre es toda la plenitud de la Deidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales.
El Hijo es toda plenitud de la Deidad manifestada. La Palabra de Dios declara que él es ‘la imagen misma de su sustancia’ (Heb. 1:3)” (Elena de White, El evangelismo [Florida: ACES, 2015], p. 614). “Cristo es el Hijo de Dios preexistente y existente por sí mismo. […] Al hablar de esta preexistencia, Cristo hace retroceder la mente hacia las edades sin fin. Nos asegura que nunca hubo un tiempo cuando él no haya estado en estrecha relación con el Dios eterno. […] Era igual a Dios, infinito y omnipotente. […] Es el Hijo eterno y existente por sí mismo” (Elena de White, El evangelismo, p. 616).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Reflexiona acerca de la divinidad eterna de Jesús. Piensa en lo que habría implicado para el Plan de Salvación y para el sacrificio en la Cruz el hecho de que él no hubiera sido el Dios increado que existe desde la eternidad. ¿Por qué es tan importante esta enseñanza? Dialoguen en la clase acerca de lo que significaría que Jesús no fuera eterno, sino un ser creado.
2. Cuando pensamos en Jesús, en el evangelio y en el Plan de Salvación, ¿por qué no debemos perder de vista la participación y el interés de todo el Universo en lo que Jesús hizo? ¿Qué habrá pensado el Universo no caído cuando vio a su Creador en la cruz, aquel a quien conocieron antes rodeado de gloria eterna? ¿Qué debió pasar por sus mentes mientras veían morir en la cruz a Aquel a quien habían adorado en el Cielo?
3. ¿Qué le dirías a alguien que no cree que el Padre y el Hijo siempre han coexistido? ¿Por qué es esta una verdad tan importante? ¿Cómo explicarías que nunca hubo un momento en el que el Padre estuvo sin el Hijo, excepto en la Cruz, cuando hubo una temporaria “separación de los poderes divinos” (Comentario bíblico adventista del séptimo día-Comentarios de E. G. de White [Florida: ACES, 1994], t. 7-A, p. 936)?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

«Creciendo en nuestra relación con Dios» – Nina Atcheson
Tu relación con Dios es el aspecto más importante de tu vida. Por eso, es fundamental desarrollarla, fortalecerla y hacerla cada día más firme y significativa.
En este segundo trimestre de 2026, la lección de Escuela Sabática se centra en el tema de las relaciones, especialmente en tu conexión personal con Dios. Esta guía de estudio presenta un enfoque diferente, con un estilo más cercano, práctico y reflexivo.
Las lecciones están diseñadas para ayudarte a comprender que Dios es un ser personal que desea tener una relación íntima contigo. A través de cada estudio semanal, podrás profundizar tu vida espiritual, fortalecer tu fe y crecer en una comunión diaria con Él.
Lección 13:
Para el 27 de junio de 2026
HACIA LA ETERNIDAD
Sábado 20 de junio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Salmo 80; 1 Tesalonicenses 4: 17; Apocalipsis 21: 9–27; Isaías 25: 8; Apocalipsis 7: 17; 21: 4; Juan 6: 44.
PARA MEMORIZAR: «Amados, ahora ya somos hijos de Dios; y, aunque no se ve aún lo que hemos de ser, sabemos que cuando Cristo aparezca seremos semejantes a él, porque lo veremos como es él» (1 Juan 3: 2).
¿Qué te depara el futuro? Ese interrogante puede resultarte desalentador, emocionante, aterrador o maravilloso. Cualquiera que sea el caso, recuerda que Jesús es fiel y que sus palabras son dignas de confianza (Apoc. 3: 14). Vendrán tiempos turbulentos (Mat. 24: 21, 22), pero él ha prometido que nunca te dejará ni te desamparará (Heb. 13: 5). Él hará exactamente lo que prometió, pues siempre ha cumplido y cumplirá sus promesas (Heb. 10: 23). «El que persevere hasta el fin, ese será salvo» (Mat. 24: 13).
Independientemente de cuánto tiempo nos quede en la Tierra, debemos fijar nuestros ojos en Jesús. Esto no siempre resulta fácil en un mundo que clama por nuestra atención, pero podemos decir como David: «Mis ojos están siempre vueltos hacia el Señor, porque él sacará mis pies de la red» (Sal. 25: 15).
Esta semana conoceremos la recompensa del Cielo (Mat. 5: 12; Apoc. 22: 12); es decir, cómo será ese lugar y la maravillosa experiencia de estar finalmente con aquel que nos creó, nos amó hasta la muerte, nos ha redimido de nuestro pecado y pronto regresará. Debemos esperar con fe hasta entonces.
Domingo 21 de junio
VIVIENDO HOY
Cuando miramos a nuestro alrededor, vemos que el mundo se agita y gime, y que las señales de las que Jesús nos habló se están cumpliendo ante nuestros ojos. Guerras y rumores de guerras, naciones que se levantan contra otras, hambres, pestilencias, terremotos y persecuciones (Mat. 24: 6-11) están sucediendo a nuestro alrededor y parece que se intensifican a medida que el tiempo transcurre.
Ciertamente vivimos tiempos difíciles, en los que necesitamos una relación sólida con Dios. Se nos dice: «El fin de todas las cosas se acerca. Sean, pues, sensatos y sobrios, y velen en oración» (1 Ped. 4: 7). Ahora es el momento de fortalecer nuestra relación con Dios, pues, independientemente de cuánto tiempo quede, nuestra vida es breve. «Oigan ahora ustedes que dicen: “Hoy y mañana iremos a tal ciudad. Estaremos allá un año, y negociaremos y ganaremos”, y no saben lo que sucederá mañana. Porque, ¿qué es su vida? Apenas un vapor que aparece por poco tiempo y pronto se desvanece» (Sant. 4: 13, 14). Sabemos cuán cierta es esa advertencia. Tú o yo podríamos no estar vivos antes de que termine el día.
Esto forma parte de la triste realidad de vivir en un mundo caído. ¡Cuán crucial es, entonces, asegurarnos de tener una relación correcta con Dios y vivir siempre conscientes de nuestra necesidad de él y de su gracia salvadora! El Salmo 80 ofrece una hermosa súplica a Dios. Léelo y considera particularmente los versículos 1 al 3, 14 al 17, 18 y 19, y aplica a ti lo que se dice allí acerca del pueblo de Dios. Independientemente de cuán diferentes hayan sido el momento histórico, el lugar y el contexto de este salmo, ¿de qué manera puedes sentirte identificado con su contenido? Todos necesitamos un reavivamiento espiritual.
Es muy fácil caer en la complacencia o incluso olvidar lo que Dios ha hecho y está haciendo por nosotros. ¿Qué creyente fiel, aunque tenga luchas, no podría elevar una plegaria como la siguiente?: «¡Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos!» (Sal. 80: 19)? Cuando aceptas lo que Jesús ha hecho por ti, cuando sabes que tus pecados han sido perdonados y que estás cubierto por su perfecta justicia, acreditada a ti por la fe, puedes estar seguro de que eres salvo en él. ¿Qué significa que Dios haga «resplandecer» su rostro sobre ti, especial‑ mente en el contexto de que solo su justicia te salva?
Lunes 22 de junio
FINALMENTE, CARA A CARA
Fuimos creados para estar cerca de Dios (Gén. 2: 7). Desde que entró el pecado, el Señor lo ha dado todo para restaurar nuestra relación rota con él (Juan 3: 16). Ha puesto el anhelo de eternidad en nuestros corazones, aunque los seres humanos no podamos comprender completamente todo lo que Dios ha hecho (Ecl. 3: 11). Somos parte del gran conflicto que se libra a nuestro alrededor y dentro de nosotros.
Sin embargo, no solemos detenernos lo suficiente a considerar el gran costo que ha significado para Dios la restauración de la relación que él desea tener con nosotros. Demasiado absortos en nuestras luchas y pruebas terrenales, olvidamos a menudo que «nuestra ciudadanía está en el cielo, de donde esperamos ansiosamente al Salvador, al Señor Jesucristo, quien transformará el cuerpo de nuestra bajeza para que sea semejante a su cuerpo de gloria, por el poder que tiene de sujetar todas las cosas a sí» (Fil. 3: 20, 21).
Sabemos que un día aparecerá una pequeña nube blanca en el cielo, sobre la cual veremos a «uno sentado semejante al Hijo del hombre, con una corona de oro en su cabeza, y en su mano una hoz aguda» (Apoc. 14: 14). Jesús estará acompañado por miles de ángeles (Mat. 25: 31) y todo ojo lo verá (Apoc. 1: 7). Cuando descienda, oiremos su voz semejante a un toque de trompeta, y quienes durmieron en Cristo resucitarán primero (1 Tes. 4: 16) y reconocerán la voz de aquel que los llama (Juan 5: 28). ¿Qué ocurrirá luego? Lee 1 Tesalonicenses 4: 17. Lo que Pablo describe en Filipenses 2: 10 y 11 resonará finalmente en todo el universo. ¡Qué pensamiento tan asombroso y magnífico! Un día veremos a Jesús, oiremos su voz y confesaremos que él es el Señor, Aquel de quien hemos leído, en cuyo nombre hemos orado y de quien hemos hablado a otros. Veremos cara a cara a Aquel a quien nuestros corazones han anhelado.
Podemos estar seguros de ello, porque Dios es fiel y sus promesas son verdaderas (Apoc. 22: 6). En ese momento, cuando suene la trompeta, cuando todo ojo vea a Jesús y los redimidos contemplemos su rostro, sabremos que la espera, junto con cada oración perseverante, cada momento de comunión con él, cada testimonio audaz dado acerca de él y cada prueba valieron la pena y no fueron en vano (Apoc. 22: 4).
Martes 23 de junio
LA NOVIA
Mientras estaba exiliado en la isla de Patmos, el discípulo Juan contempló en visión cómo será nuestro encuentro con Dios para estar con él por la eternidad. Lee Apocalipsis 21: 9 al 11. ¿Qué analogía se usa aquí para representar al pueblo fiel de Dios y por qué crees que se la utiliza? La novia es hermosa, y el día de su boda es el punto de inflexión de una nueva vida en común para los contrayentes. Lo mismo ocurrirá con nuestra relación con Dios cuando él regrese. Jesús ha estado preparando un lugar indescriptiblemente hermoso para nosotros (Juan 14: 1-3). «El lenguaje humano no alcanza a describir la recompensa de los justos. Solo la conocerán quienes la contemplen.
Ninguna inteligencia limitada puede comprender la gloria del paraíso de Dios» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 654). Aunque no podemos comprender realmente cómo serán el cielo y la Tierra nuevos, Dios mostró a Juan una visión de ese lugar para que esperemos con ilusión la «boda» que pronto tendrá lugar. De hecho, se nos exhorta a poner la mira «en las cosas de arriba, no en las de la tierra» (Col. 3: 2). Dios está preparando cuidadosamente ese acontecimiento y no quiere que esta «boda» nos tome por sorpresa (ver Mat. 22: 1-14; 25: 1-13).
El universo será testigo de este acontecimiento, y nosotros somos algunas de las figuras centrales de esta historia. Nos uniremos a la «novia», esta ciudad a la que Jesús nos llevará en ocasión de su segunda venida. Curiosamente, el pueblo de Dios (los santos) también son llamados «la novia» (ver Apoc. 19: 7), tal vez porque están en «la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, engalanada como una novia para su esposo» (Apoc. 21: 2). Esta hermosa descripción de la Ciudad Santa muestra que existe una conexión íntima entre el pueblo de Dios y la ciudad, ya que ambos son llamados «la novia».
La Biblia revela una descripción detallada de «la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que es la capital del reino y lo representa, se llama “la novia, la esposa del Cordero”» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 422). Lee Apocalipsis 21: 9 al 27. ¿Por qué nos resulta tan difícil imaginar lo allí des‑ crito? ¿Cómo podemos siquiera empezar a comprender lo que se nos promete aquí?
Miércoles 24 de junio
SEGUIR AL CORDERO
¿Te han preguntado alguna vez qué es lo que más anhelas de la Eternidad? Si se lo preguntas a un niño, podría decir: «Montar un tigre», «Deslizarme por el cuello de una jirafa» o «Viajar a diferentes planetas». Si se lo preguntas a un adolescente, tal vez diría: «No tener que hacer más tareas escolares» o «Explorar el universo con mis amigos». Y, si se lo preguntaras a un grupo de adultos, quizá responderían: «Estar en un lugar donde ya no habrá dolor, sufrimiento ni muerte» o «Reunirme nuevamente con mis seres queridos que murieron». Todas esas respuestas son correctas, y hay mucho que esperar en el nuevo cielo y la nueva Tierra.
La Eternidad arde en nuestros corazones pues el ser humano tiene la convicción innata de que debe haber algo más que el aquí y el ahora. ¿Qué otras bendiciones podemos esperar en la Eternidad? Lee Isaías 25: 8; y Apocalipsis 7: 17 y 21: 4. Seguramente la mayor bendición del Cielo será ver finalmente a Jesús y agradecerle personalmente lo que ha hecho por nosotros en esta Tierra caída. Querremos prodigarle nuestra adoración por habernos salvado de la muerte eterna mediante su sacrificio en la Cruz. «El Cordero que fue muerto es digno de recibir poder y riquezas, sabiduría y fortaleza, honra, gloria y alabanza» (Apoc. 5: 12). Juan el Bautista presentó a Jesús como «el Cordero de Dios» (Juan 1: 35-37).
Los discípulos lo siguieron de cerca y Apocalipsis 14: 4 dice que nosotros haremos lo mismo. Estos son «los que siguen al Cordero por dondequiera que va» (Apoc. 14: 4). Sin embargo, para que anhelemos seguirlo en el Cielo, debemos primero seguirlo aquí en la Tierra. Jesús, el Cordero, es también nuestro Pastor y quien nos guía en nuestros caminos como ningún otro puede hacerlo.
Esto es muy tranquilizador para nosotros mientras luchamos en estos tiempos difíciles, pero Jesús nunca dejará de guiarnos, incluso en el Cielo. Apocalipsis 7: 17 dice: «El Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a fuentes de agua viva». Como su pueblo y sus ovejas, seguiremos a Jesús en el Cielo, deseosos de estar siempre en su presencia. Una característica que define al pueblo de Dios es que «su nombre estará en sus frentes» (Apoc. 22: 4). Siempre estaremos pensando en él.
Jueves 25 de junio
«¡VEN!»
Hoy también se nos extiende la invitación a venir. Lee los siguientes textos y nota su invitación a venir a él: Mateo 11: 28‑30; Isaías 55: 1-3; Juan 6: 44. El Espíritu Santo quiere acercarte a Jesús hoy. Jesús te invita a venir a él y a permanecer en él hoy y cada día hasta que venga. Cuando respondas y vengas a él, cuando tu corazón se enternezca y tu mente se rinda, sentirás paz porque tendrás la certeza de que él te recibirá en sus brazos, ya sea que estés vivo o que resucites, no importa cuán indigno seas, en el día final de esta Tierra.
Jesús dijo: «Al que viene a mí, nunca lo echo fuera» (Juan 6: 37). Debemos sentir la urgencia de cooperación con el Espíritu Santo para llamar a otros a entrar en una relación salvadora con Jesús. «El Espíritu y la esposa dicen: “¡Ven!” Y el que oiga también diga: “¡Ven!” Y el que tiene sed venga, y el que quiera tome del agua de la vida gratuitamente» (Apoc. 22: 17). La invitación es gratuita, es un don proveniente de la gracia divina. Cuando aceptamos a Dios y lo amamos con todo nuestro corazón (mente), nuestro ser y nuestras fuerzas (Deut. 6: 5), nuestra vida cambia para siempre, aquí y en la Eternidad.
La Biblia termina con una promesa: «“Ciertamente, vengo en breve”. ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!» (Apoc. 22: 20). ¿Cuándo ocurrirá eso? Si morimos antes de que Cristo vuelva, lo primero que veremos al abrir nuevamente nuestros ojos será el regreso de Cristo. Nuestra vida transcurre rápidamente, y así de rápido regresará Jesús por nosotros. Si morimos antes de que Cristo regrese, tal vez nuestro primer pensamiento cuando resucitemos será: «¡Vaya, Señor, ¡tu venida ocurrió verdaderamente pronto!». Nuestra percepción actual es limitada, pero entonces veremos a Jesús cara a cara.
No te canses de esperar. Mantén vivo ese anhelo, siempre ante ti, con fe y confianza en el amor y la bondad de Dios. Di con Juan: «Señor Jesús, ¡ven, por favor!». Ora ahora mismo para que tu fe perdure y te permita entregarte completa‑ mente a Aquel que murió por ti y volverá pronto a buscarte.
Viernes 26 de junio
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
«Si no recibimos la religión de Cristo por alimentarnos de la Palabra de Dios, no tendremos derecho a la entrada en la ciudad de Dios. Habiéndonos alimentado de manjares terrenales, habiendo educado nuestros gustos en el amor a las cosas mundanas, no estaremos capacitados para entrar en las cortes celestiales; no apreciaríamos las puras corrientes celestiales que circulan en el Cielo.
No nos satisfarían las voces de los ángeles ni la música de sus arpas. La ciencia del Cielo resultaría un enigma para nuestra mente. Necesitamos tener hambre y sed de la justicia de Cristo; necesitamos ser modelados y formados por la influencia transformadora de su gracia a fin de que seamos idóneos para la sociedad de los ángeles celestiales. [...] »Entonces las naciones no tendrán otra ley que la Ley del Cielo.
Constituirán una familia unida y feliz vestida con el ropaje de la alabanza y la gratitud. [...] Sobre la escena, todas las estrellas matutinas cantarán y los hijos de Dios gritarán de gozo mientras Dios y Cristo se unan para exclamar: “¡No habrá más pecado, ni muerte!”» (Elena G. de White, La fe por la cual vivo, p. 367).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Escucha o lee la visión que Elena G. de White tuvo del Cielo y que se encuentra en Primeros escritos, pp. 38 a la 43. ¿Qué es lo que más te llama la atención de esta descripción?
2. ¿Qué aspecto de las lecciones de este trimestre deseas recordar más para mantener firme tu relación con Dios hasta que veas a Jesús cara a cara?
3. ¿Quiénes de entre tus conocidos necesitan escuchar acerca de la esperanza del Cielo? Comprométete a compartirla con ellos lo antes posible. Recuerda que no puedes compartir con otros una esperanza que tú mismo no tienes.
RESUMEN: Mientras mantenemos nuestros ojos en la meta, estemos seguros de que «el que empezó» en nosotros «la buena obra, la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo» (Fil. 1: 6). Dios inició la relación que tiene contigo, y él la completará. Que crezcamos en amor y en fe mientras esperamos ese día, descansando siempre solo en la justicia de Cristo, que nos es acreditada por la fe.
