Lección 8:
Para el 22 de noviembre de 2025
GIGANTES DE LA FE: JOSUÉ Y CALEB
Sábado 15 de noviembre
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA:
Números 13:6, 30–32; Josué 14:6–14; Lucas 18:1–5; Josué 19:49–51; 2 Corintios 3:18; Romanos 12:1, 2.
PARA MEMORIZAR: “Acuérdense de sus dirigentes que les hablaron la palabra de Dios; consideren el resultado de su vida e imiten su fe” (Heb. 13:7).
Todo padre sabe que los hijos aprenden con el ejemplo. De allí que muchos progenitores se sienten preocupados al ver que sus pequeños imitan sus malos rasgos de carácter en lugar de los buenos. Cualquiera sea nuestra edad, nos resulta más fácil obrar mal que hacer lo bueno. Eso es parte de lo que significa ser seres caídos. “Porque no hago lo que quiero sino lo que aborrezco” (Rom. 7:15). ¿Quién no se sentiría identificado con esto? Desde que nacemos, los seres humanos somos moldeados por el poder del ejemplo.
Aprendemos a hacer las cosas más básicas de la vida, como caminar, hablar y expresar nuestras emociones, imitando a quienes tenemos más cerca. Cuando ya somos adultos, seguimos necesitando modelos y, aunque no sean perfectos, podemos admirar y emular aquellos rasgos espirituales que los convirtieron en gigantes de la fe.
Esta semana profundizaremos en los ejemplos personales de dos gigantes de la fe que aparecen en el libro que estamos estudiando: Caleb y Josué. ¿Por qué se destacaron en medio de su generación y desempeñaron un papel clave en la vida del pueblo de Dios durante uno de los períodos más cruciales de la historia de Israel?
Domingo 16 de noviembre
FIDELIDAD
Lee Génesis 36:15; Números 13:6, 30-32 y Josué 14:6, 14. ¿Quién era Caleb? ¿Qué posición ocupaba en el pueblo de Israel? El nombre de Caleb proviene de la palabra hebrea keleb (“perro”), que aparece en el Antiguo Testamento siempre en un contexto negativo. Sin embargo, keleb se utiliza en cartas e himnos extrabíblicos para expresar el valor, la tenacidad y la fidelidad de un siervo a su amo. En este sentido, Caleb fue fiel a su nombre, demostrando a lo largo de su vida una lealtad inquebrantable a su Señor.
¿Qué dice de Caleb el hecho de que estuviera dispuesto a decir lo que pensaba a pesar de que la mayoría de los espías tenían una opinión completamente diferente y de que el pueblo de Israel lo amenazara de muerte? Ver Núm. 14:6-10, 21-25; 26:65; 32:12. Consideremos estos importantes líderes israelitas contemporáneos de Josué y Caleb: Samúa, Safat, Igal, Palti, Gadiel, Gadi, Amiel, Setur, Nahbi y Geuel. ¿Te resultan familiares estos nombres? Probablemente no. ¿Por qué? Porque son los nombres de los otros diez espías enviados por Moisés para explorar la tierra de Canaán.
Fueron olvidados porque sus nombres no eran dignos de ser recordados. El informe que trajeron describía la Tierra Prometida como imposible de conquistar. Se veían a sí mismos como langostas en comparación con los gigantes que habitaban algunas zonas de la región. En consecuencia, sus corazones se derritieron de temor ante los muros “inexpugnables” de las ciudades fortificadas de Canaán.
Caleb, uno de los dos espías que trajeron un informe positivo, tomó la iniciativa al presentar otra opción: la actitud de fe. Estaba dispuesto a defender lo que sabía que era correcto a pesar de la oposición, incluso ante la posibilidad de morir: “Entonces la multitud habló de apedrearlos” (Núm. 14:10). ¿Qué hacer cuando la mayoría de quienes te rodean parece tener una opinión diferente y contraria a tus convicciones más profundas?
Lunes 17 de noviembre
DAME ESE MONTE
Lee Josué 14:6-14; Números 14:24; 32:12; Deuteronomio 1:36 y Lucas 6:45. ¿Cómo describirías la actitud de Caleb y Josué? ¿Qué significa seguir plenamente al Señor? Caleb nunca olvidó la promesa que el Señor le había hecho por medio de Moisés: que entraría en la tierra que habían pisado sus pies (Núm. 14:24). Cuarenta años después, se refirió a su propio informe acerca de la tierra como su convicción profunda (Jos. 14:7). Su informe se basaba en su certeza de que Israel sería capaz de conquistar la tierra con la guía y la ayuda de Dios.
En contraste con el informe de los otros diez espías, que inspiraron temor entre los israelitas, Caleb manifestó una confianza y un compromiso sincero con la promesa del Señor. La frase hebrea traducida como “yo cumplí siguiendo al Señor” (Jos. 14:8) significa literalmente “estaba lleno tras el Señor”, y es probablemente una forma abreviada de un modismo más extenso: “Mi corazón estaba lleno siguiendo al Señor” o “Llené mi corazón para caminar tras el Señor”.
A diferencia de otros que caminaban tras dioses extraños y no seguían plenamente al Señor, el corazón de Caleb estaba totalmente consagrado a Dios. Esta se repite posteriormente dos veces para enfatizar la fidelidad de Caleb (Jos. 14:9, 14). Su propia caracterización está en armonía con lo que el Señor mismo llamó “otro espíritu” (Núm. 14:24), que lo distinguía a Caleb de los otros diez espías. Incluso a la edad de 85 años, seguía siendo un ejemplo de lo que el Señor puede lograr a través de personas cuyos corazones están totalmente dedicados a él y a su causa. Caleb comprendió que el territorio que cada tribu llegaría a poseer era directamente proporcional a la medida en que se atrevieran a reclamar las promesas del Señor y a la cantidad de tierra que estuvieran dispuestos a pisar por fe.
Las promesas de Dios no se cumplen automáticamente; es decir, no se hacen realidad independientemente de nuestra voluntad. Por el contrario, requieren fe acompañada de acción decidida. El término hebreo ‘ulay, traducido como “tal vez” (Jos. 14:12, LBLA), puede expresar temor y duda, pero normalmente denota esperanza y la anticipación de que algo positivo ocurrirá (Gén. 16:2; Núm. 22:6, 11; 23:3). ¿Qué “pequeñas” concesiones o transigencias pueden impedirnos seguir plenamente al Señor?
Martes 18 de noviembre
EL PODER DEL EJEMPLO
Lee Josué 15:16-19 y Jueces 1:13; 3:7-11. ¿Qué te dice esta historia acerca del poder del ejemplo? ¿Cómo se reprodujo la actitud de Caleb en la generación más joven? En este pasaje, Caleb ofrece a Axa, su hija, en matrimonio a quien conquiste Debir. Otoniel conquistó la ciudad y recibió a Axa por esposa. Esta historia es importante porque revela una vez más el valor, la fe y la disposición de Caleb para afrontar desafíos. También muestra que la siguiente generación de israelitas siguió el ejemplo de estos gigantes de la fe, Caleb y Josué.
A medida que la generación mayor concluía su ministerio, una nueva generación estaba dispuesta a afrontar los desafíos y a seguir cumpliendo el plan de Dios para Israel. Alentada por su marido, Axa muestra la misma fe y resolución que su padre cuando le pidió a Josué: “Dame la región montañosa” (LBLA). Con su determinación y audacia, Axa continúa la línea del ejemplo de Caleb en el cumplimiento de la promesa de poseer la tierra. De hecho, la tierra era un regalo de Dios para Israel, pero este debía tomar posesión de ella reclamando las promesas del Señor con fe y valentía.
La determinación de Axa prefigura la perseverancia de las mujeres que, según los Evangelios, no se dejaron intimidar por la multitud ni por los discípulos y no se rindieron hasta recibir la bendición de Jesús para ellas y sus familias. Lee Lucas 18:1-5. ¿Qué lección nos enseña este pasaje? Entregar la antorcha de la fe a la siguiente generación es crucial para el cumplimiento de la misión que Dios nos ha encomendado.
Piensa en los desafíos que supone transmitir la fe a la próxima generación y en las oportunidades que tienen los jóvenes de asumir más responsabilidades en la causa de Dios. ¿Qué podemos hacer a fin de facilitar ese proceso y formar a los jóvenes para que asuman un liderazgo consagrado? ¿Hasta qué punto es crucial nuestro ejemplo para que eso resulte posible?
Miércoles 19 de noviembre
UN HÉROE HUMILDE
Las listas de nombres de lugares que constituían los puntos de referencia en los límites de los territorios asignados a las tribus de Israel se completan con el informe de la asignación de tierras a Caleb y Josué, los dos héroes de la misión de reconocimiento previo. Caleb fue el primero en recibir su parte del territorio, mientras que Josué recibió la suya en último lugar, después de distribuir la tierra entre las tribus de Israel. Ahora era el momento de que el pueblo de Israel entregara a Josué la parte que le correspondía.
Lee Josué 19:49-51. ¿Qué implica el hecho de que el gran líder de Israel, quien repartió la tierra, recibiera su herencia en último lugar? Josué recibió la ciudad de Timnath-serah, nombre compuesto por dos palabras. La primera, Timnath, deriva del verbo manah (“contar” o “asignar”) y significa “porción” o “territorio”. La segunda palabra deriva tal vez del verbo hebreo seraj, que significa “exceso” o “sobrante” (comparar con Éxo. 26:12). El nombre de la ciudad de Josué puede traducirse como “la porción sobrante” o “el territorio restante”.
El nombre de la ciudad que Josué eligió de entre lo que quedaba da testimonio de su noble carácter como líder de Israel. En primer lugar, esperó hasta que todo el pueblo recibiera su parte. Luego, no eligió como herencia uno de los territorios densamente poblados ni las ciudades más impresionantes, sino una ciudad modesta, o tal vez las ruinas de ella, para reconstruirla con arduo trabajo (comparar con Jos. 19:50). Además, Timnath-serah estaba situada cerca de Silo, en las inmediaciones del Santuario, lo que demuestra dónde estaban las prioridades de Josué y hacia dónde se dirigía su corazón. Ciertamente, después de que la recién nacida nación de Israel fue conducida a la Tierra Prometida y el territorio correspondiente a cada tribu y familia quedó asegurado con la ayuda de Dios, no habría habido objeción a la demanda de Josué de una herencia más significativa.
Sin embargo, él se contentó con vivir una vida sencilla centrada en lo más importante, encarnando así la oración expresada más tarde por David: “Una sola cosa he demandado al Señor, esta buscaré: que esté yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor e inquirir en su templo” (Sal. 27:4). ¿Qué lecciones puedes aprender de la actitud de Josué y cómo podrías aplicarla a ti mismo ahora?
Jueves 20 de noviembre
TRANSFOR MADOS POR LA CONTEMPLACIÓN
Contemplar el ejemplo de vida de los grandes héroes de la fe es esencial para nuestro crecimiento espiritual. Al mismo tiempo, nuestro ejemplo supremo es Jesucristo: su vida y sus enseñanzas. ¿Cómo nos transforma el hecho de enfocarnos en la vida de Jesús? Ver Heb. 12:1, 2; 2 Cor. 3:18. Marco Iacoboni, científico de la Universidad de California, en Los Ángeles, Estados Unidos, investigó la función de las neuronas espejo. Estos pequeños circuitos celulares se activan cuando realizamos una determinada acción, como reír o abrazar a alguien, y también cuando observamos a otra persona realizando esa misma acción.
La actividad de estas neuronas reduce la distinción entre observar algo y hacerlo. Elena de White habla de la importancia de contemplar el carácter de Jesús: “Mirando a Jesús obtenemos vislumbres más claras y distintas de Dios, y por la contemplación somos transformados. La bondad, el amor por nuestros semejantes, llega a ser nuestro instinto natural. Desarrollamos un carácter que será la copia del carácter divino. Creciendo a su semejanza, ampliamos nuestra capacidad de conocer a Dios. Entramos cada vez en mayor relación con el mundo celestial, y llegamos a poseer un poder creciente para recibir las riquezas del conocimiento y la sabiduría de la eternidad” (Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro, pp. 289, 290).
Lee Romanos 12:1, 2. ¿Qué dos procesos tienen propósitos opuestos en nuestra vida? ¿Cómo podemos estar seguros de que damos espacio al correcto? En el capítulo resumen de su epístola a los Romanos, el apóstol Pablo habla de dos fuerzas antagónicas que intentan moldear nuestras vidas. Por un lado, el mundo circundante trata de forzarnos cada día a amoldarnos a él mediante sus diversas influencias, efectuando en nosotros una transformación que actúa desde el exterior hacia el interior.
Para contrarrestar este impacto, el Espíritu Santo es capaz de transformarnos actuando desde nuestro interior, de un modo similar a como una oruga se convierte en una hermosa mariposa. Pero para que ese proceso ocurra, necesitamos consagrarnos a Dios y pedirle que continúe la buena obra que ha comenzado en nosotros (Fil. 1:6). Para ello, debemos decidir cada momento vivir de acuerdo con el Espíritu.
Viernes 21 de noviembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
“La fe de Caleb era en esa época la misma que tenía cuando su testimonio contradijo el informe desfavorable de los espías. Él había creído en la promesa de Dios, de que pondría a su pueblo en posesión de la tierra de Canaán, y en esto había seguido fielmente al Señor. Había sobrellevado con su pueblo la larga peregrinación por el desierto, y compartido las desilusiones y las cargas de los culpables; no obstante, no se quejó de eso, sino que ensalzó la misericordia de Dios que le había guardado en el desierto cuando sus hermanos eran eliminados.
En medio de las penurias, los peligros y las plagas de las peregrinaciones en el desierto, durante los años de guerra desde que entraron en Canaán, el Señor le había guardado; y ahora que tenía más de 80 años su vigor no había disminuido. No pidió una tierra ya conquistada, sino el sitio que por sobre todos los demás los espías habían considerado imposible de subyugar. Con la ayuda de Dios, quería arrebatar aquella fortaleza de manos de los mismos gigantes cuyo poder había hecho tambalear la fe de Israel.
Al hacer su petición no fue movido Caleb por el deseo de conseguir honores o engrandecimiento. El valiente y viejo guerrero deseaba dar al pueblo un ejemplo que honrara a Dios, y alentar a las tribus para que subyugaran completamente la tierra que sus padres habían considerado inconquistable” (Elena de White, Patriarcas y profetas, pp. 547, 548). “Fue la fe de Caleb en Dios lo que le dio valor, lo mantuvo alejado del temor humano y lo capacitó para mantenerse audaz e inquebrantablemente en defensa de lo recto.
Al confiar en el mismo poder, el poderoso General de los ejércitos del Cielo, todo verdadero soldado de la cruz puede recibir fortaleza y valor para vencer los obstáculos que parecen insuperables” (Elena de White, “How to Meet Trial and Difficulty”, Review and Herald, 30 de mayo de 1912, p. 4).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Analiza el poder de la presión grupal y el valor que se necesita para hablar cuando otros no lo hacen. ¿Cuál es el papel de la valentía en la práctica de nuestra fe? ¿Cómo podemos evitar ser groseros mientras defendemos lo que creemos que es correcto?
2. Comparte en tu clase ejemplos de fe de algunos integrantes de tu iglesia o comunidad que hayan moldeado tu vida y tu carácter. ¿Cuáles son los rasgos de estas personas que vale la pena imitar?
3. Piensa y dialoga con los miembros de tu clase acerca de la influencia que los medios de comunicación tienen en nuestra vida. ¿Cómo podemos evitar su efecto negativo y, al mismo tiempo, aprovechar su potencial para los buenos propósitos?
4. Reflexiona más acerca de la humildad de Josué como líder y su deseo de vivir cerca del Santuario. ¿De qué manera te habla su ejemplo?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

«Creciendo en nuestra relación con Dios» – Nina Atcheson
Tu relación con Dios es el aspecto más importante de tu vida. Por eso, es fundamental desarrollarla, fortalecerla y hacerla cada día más firme y significativa.
En este segundo trimestre de 2026, la lección de Escuela Sabática se centra en el tema de las relaciones, especialmente en tu conexión personal con Dios. Esta guía de estudio presenta un enfoque diferente, con un estilo más cercano, práctico y reflexivo.
Las lecciones están diseñadas para ayudarte a comprender que Dios es un ser personal que desea tener una relación íntima contigo. A través de cada estudio semanal, podrás profundizar tu vida espiritual, fortalecer tu fe y crecer en una comunión diaria con Él.
Lección 13:
Para el 27 de junio de 2026
HACIA LA ETERNIDAD
Sábado 20 de junio
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Salmo 80; 1 Tesalonicenses 4: 17; Apocalipsis 21: 9–27; Isaías 25: 8; Apocalipsis 7: 17; 21: 4; Juan 6: 44.
PARA MEMORIZAR: «Amados, ahora ya somos hijos de Dios; y, aunque no se ve aún lo que hemos de ser, sabemos que cuando Cristo aparezca seremos semejantes a él, porque lo veremos como es él» (1 Juan 3: 2).
¿Qué te depara el futuro? Ese interrogante puede resultarte desalentador, emocionante, aterrador o maravilloso. Cualquiera que sea el caso, recuerda que Jesús es fiel y que sus palabras son dignas de confianza (Apoc. 3: 14). Vendrán tiempos turbulentos (Mat. 24: 21, 22), pero él ha prometido que nunca te dejará ni te desamparará (Heb. 13: 5). Él hará exactamente lo que prometió, pues siempre ha cumplido y cumplirá sus promesas (Heb. 10: 23). «El que persevere hasta el fin, ese será salvo» (Mat. 24: 13).
Independientemente de cuánto tiempo nos quede en la Tierra, debemos fijar nuestros ojos en Jesús. Esto no siempre resulta fácil en un mundo que clama por nuestra atención, pero podemos decir como David: «Mis ojos están siempre vueltos hacia el Señor, porque él sacará mis pies de la red» (Sal. 25: 15).
Esta semana conoceremos la recompensa del Cielo (Mat. 5: 12; Apoc. 22: 12); es decir, cómo será ese lugar y la maravillosa experiencia de estar finalmente con aquel que nos creó, nos amó hasta la muerte, nos ha redimido de nuestro pecado y pronto regresará. Debemos esperar con fe hasta entonces.
Domingo 21 de junio
VIVIENDO HOY
Cuando miramos a nuestro alrededor, vemos que el mundo se agita y gime, y que las señales de las que Jesús nos habló se están cumpliendo ante nuestros ojos. Guerras y rumores de guerras, naciones que se levantan contra otras, hambres, pestilencias, terremotos y persecuciones (Mat. 24: 6-11) están sucediendo a nuestro alrededor y parece que se intensifican a medida que el tiempo transcurre.
Ciertamente vivimos tiempos difíciles, en los que necesitamos una relación sólida con Dios. Se nos dice: «El fin de todas las cosas se acerca. Sean, pues, sensatos y sobrios, y velen en oración» (1 Ped. 4: 7). Ahora es el momento de fortalecer nuestra relación con Dios, pues, independientemente de cuánto tiempo quede, nuestra vida es breve. «Oigan ahora ustedes que dicen: “Hoy y mañana iremos a tal ciudad. Estaremos allá un año, y negociaremos y ganaremos”, y no saben lo que sucederá mañana. Porque, ¿qué es su vida? Apenas un vapor que aparece por poco tiempo y pronto se desvanece» (Sant. 4: 13, 14). Sabemos cuán cierta es esa advertencia. Tú o yo podríamos no estar vivos antes de que termine el día.
Esto forma parte de la triste realidad de vivir en un mundo caído. ¡Cuán crucial es, entonces, asegurarnos de tener una relación correcta con Dios y vivir siempre conscientes de nuestra necesidad de él y de su gracia salvadora! El Salmo 80 ofrece una hermosa súplica a Dios. Léelo y considera particularmente los versículos 1 al 3, 14 al 17, 18 y 19, y aplica a ti lo que se dice allí acerca del pueblo de Dios. Independientemente de cuán diferentes hayan sido el momento histórico, el lugar y el contexto de este salmo, ¿de qué manera puedes sentirte identificado con su contenido? Todos necesitamos un reavivamiento espiritual.
Es muy fácil caer en la complacencia o incluso olvidar lo que Dios ha hecho y está haciendo por nosotros. ¿Qué creyente fiel, aunque tenga luchas, no podría elevar una plegaria como la siguiente?: «¡Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos!» (Sal. 80: 19)? Cuando aceptas lo que Jesús ha hecho por ti, cuando sabes que tus pecados han sido perdonados y que estás cubierto por su perfecta justicia, acreditada a ti por la fe, puedes estar seguro de que eres salvo en él. ¿Qué significa que Dios haga «resplandecer» su rostro sobre ti, especial‑ mente en el contexto de que solo su justicia te salva?
Lunes 22 de junio
FINALMENTE, CARA A CARA
Fuimos creados para estar cerca de Dios (Gén. 2: 7). Desde que entró el pecado, el Señor lo ha dado todo para restaurar nuestra relación rota con él (Juan 3: 16). Ha puesto el anhelo de eternidad en nuestros corazones, aunque los seres humanos no podamos comprender completamente todo lo que Dios ha hecho (Ecl. 3: 11). Somos parte del gran conflicto que se libra a nuestro alrededor y dentro de nosotros.
Sin embargo, no solemos detenernos lo suficiente a considerar el gran costo que ha significado para Dios la restauración de la relación que él desea tener con nosotros. Demasiado absortos en nuestras luchas y pruebas terrenales, olvidamos a menudo que «nuestra ciudadanía está en el cielo, de donde esperamos ansiosamente al Salvador, al Señor Jesucristo, quien transformará el cuerpo de nuestra bajeza para que sea semejante a su cuerpo de gloria, por el poder que tiene de sujetar todas las cosas a sí» (Fil. 3: 20, 21).
Sabemos que un día aparecerá una pequeña nube blanca en el cielo, sobre la cual veremos a «uno sentado semejante al Hijo del hombre, con una corona de oro en su cabeza, y en su mano una hoz aguda» (Apoc. 14: 14). Jesús estará acompañado por miles de ángeles (Mat. 25: 31) y todo ojo lo verá (Apoc. 1: 7). Cuando descienda, oiremos su voz semejante a un toque de trompeta, y quienes durmieron en Cristo resucitarán primero (1 Tes. 4: 16) y reconocerán la voz de aquel que los llama (Juan 5: 28). ¿Qué ocurrirá luego? Lee 1 Tesalonicenses 4: 17. Lo que Pablo describe en Filipenses 2: 10 y 11 resonará finalmente en todo el universo. ¡Qué pensamiento tan asombroso y magnífico! Un día veremos a Jesús, oiremos su voz y confesaremos que él es el Señor, Aquel de quien hemos leído, en cuyo nombre hemos orado y de quien hemos hablado a otros. Veremos cara a cara a Aquel a quien nuestros corazones han anhelado.
Podemos estar seguros de ello, porque Dios es fiel y sus promesas son verdaderas (Apoc. 22: 6). En ese momento, cuando suene la trompeta, cuando todo ojo vea a Jesús y los redimidos contemplemos su rostro, sabremos que la espera, junto con cada oración perseverante, cada momento de comunión con él, cada testimonio audaz dado acerca de él y cada prueba valieron la pena y no fueron en vano (Apoc. 22: 4).
Martes 23 de junio
LA NOVIA
Mientras estaba exiliado en la isla de Patmos, el discípulo Juan contempló en visión cómo será nuestro encuentro con Dios para estar con él por la eternidad. Lee Apocalipsis 21: 9 al 11. ¿Qué analogía se usa aquí para representar al pueblo fiel de Dios y por qué crees que se la utiliza? La novia es hermosa, y el día de su boda es el punto de inflexión de una nueva vida en común para los contrayentes. Lo mismo ocurrirá con nuestra relación con Dios cuando él regrese. Jesús ha estado preparando un lugar indescriptiblemente hermoso para nosotros (Juan 14: 1-3). «El lenguaje humano no alcanza a describir la recompensa de los justos. Solo la conocerán quienes la contemplen.
Ninguna inteligencia limitada puede comprender la gloria del paraíso de Dios» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 654). Aunque no podemos comprender realmente cómo serán el cielo y la Tierra nuevos, Dios mostró a Juan una visión de ese lugar para que esperemos con ilusión la «boda» que pronto tendrá lugar. De hecho, se nos exhorta a poner la mira «en las cosas de arriba, no en las de la tierra» (Col. 3: 2). Dios está preparando cuidadosamente ese acontecimiento y no quiere que esta «boda» nos tome por sorpresa (ver Mat. 22: 1-14; 25: 1-13).
El universo será testigo de este acontecimiento, y nosotros somos algunas de las figuras centrales de esta historia. Nos uniremos a la «novia», esta ciudad a la que Jesús nos llevará en ocasión de su segunda venida. Curiosamente, el pueblo de Dios (los santos) también son llamados «la novia» (ver Apoc. 19: 7), tal vez porque están en «la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, engalanada como una novia para su esposo» (Apoc. 21: 2). Esta hermosa descripción de la Ciudad Santa muestra que existe una conexión íntima entre el pueblo de Dios y la ciudad, ya que ambos son llamados «la novia».
La Biblia revela una descripción detallada de «la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que es la capital del reino y lo representa, se llama “la novia, la esposa del Cordero”» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 422). Lee Apocalipsis 21: 9 al 27. ¿Por qué nos resulta tan difícil imaginar lo allí des‑ crito? ¿Cómo podemos siquiera empezar a comprender lo que se nos promete aquí?
Miércoles 24 de junio
SEGUIR AL CORDERO
¿Te han preguntado alguna vez qué es lo que más anhelas de la Eternidad? Si se lo preguntas a un niño, podría decir: «Montar un tigre», «Deslizarme por el cuello de una jirafa» o «Viajar a diferentes planetas». Si se lo preguntas a un adolescente, tal vez diría: «No tener que hacer más tareas escolares» o «Explorar el universo con mis amigos». Y, si se lo preguntaras a un grupo de adultos, quizá responderían: «Estar en un lugar donde ya no habrá dolor, sufrimiento ni muerte» o «Reunirme nuevamente con mis seres queridos que murieron». Todas esas respuestas son correctas, y hay mucho que esperar en el nuevo cielo y la nueva Tierra.
La Eternidad arde en nuestros corazones pues el ser humano tiene la convicción innata de que debe haber algo más que el aquí y el ahora. ¿Qué otras bendiciones podemos esperar en la Eternidad? Lee Isaías 25: 8; y Apocalipsis 7: 17 y 21: 4. Seguramente la mayor bendición del Cielo será ver finalmente a Jesús y agradecerle personalmente lo que ha hecho por nosotros en esta Tierra caída. Querremos prodigarle nuestra adoración por habernos salvado de la muerte eterna mediante su sacrificio en la Cruz. «El Cordero que fue muerto es digno de recibir poder y riquezas, sabiduría y fortaleza, honra, gloria y alabanza» (Apoc. 5: 12). Juan el Bautista presentó a Jesús como «el Cordero de Dios» (Juan 1: 35-37).
Los discípulos lo siguieron de cerca y Apocalipsis 14: 4 dice que nosotros haremos lo mismo. Estos son «los que siguen al Cordero por dondequiera que va» (Apoc. 14: 4). Sin embargo, para que anhelemos seguirlo en el Cielo, debemos primero seguirlo aquí en la Tierra. Jesús, el Cordero, es también nuestro Pastor y quien nos guía en nuestros caminos como ningún otro puede hacerlo.
Esto es muy tranquilizador para nosotros mientras luchamos en estos tiempos difíciles, pero Jesús nunca dejará de guiarnos, incluso en el Cielo. Apocalipsis 7: 17 dice: «El Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a fuentes de agua viva». Como su pueblo y sus ovejas, seguiremos a Jesús en el Cielo, deseosos de estar siempre en su presencia. Una característica que define al pueblo de Dios es que «su nombre estará en sus frentes» (Apoc. 22: 4). Siempre estaremos pensando en él.
Jueves 25 de junio
«¡VEN!»
Hoy también se nos extiende la invitación a venir. Lee los siguientes textos y nota su invitación a venir a él: Mateo 11: 28‑30; Isaías 55: 1-3; Juan 6: 44. El Espíritu Santo quiere acercarte a Jesús hoy. Jesús te invita a venir a él y a permanecer en él hoy y cada día hasta que venga. Cuando respondas y vengas a él, cuando tu corazón se enternezca y tu mente se rinda, sentirás paz porque tendrás la certeza de que él te recibirá en sus brazos, ya sea que estés vivo o que resucites, no importa cuán indigno seas, en el día final de esta Tierra.
Jesús dijo: «Al que viene a mí, nunca lo echo fuera» (Juan 6: 37). Debemos sentir la urgencia de cooperación con el Espíritu Santo para llamar a otros a entrar en una relación salvadora con Jesús. «El Espíritu y la esposa dicen: “¡Ven!” Y el que oiga también diga: “¡Ven!” Y el que tiene sed venga, y el que quiera tome del agua de la vida gratuitamente» (Apoc. 22: 17). La invitación es gratuita, es un don proveniente de la gracia divina. Cuando aceptamos a Dios y lo amamos con todo nuestro corazón (mente), nuestro ser y nuestras fuerzas (Deut. 6: 5), nuestra vida cambia para siempre, aquí y en la Eternidad.
La Biblia termina con una promesa: «“Ciertamente, vengo en breve”. ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!» (Apoc. 22: 20). ¿Cuándo ocurrirá eso? Si morimos antes de que Cristo vuelva, lo primero que veremos al abrir nuevamente nuestros ojos será el regreso de Cristo. Nuestra vida transcurre rápidamente, y así de rápido regresará Jesús por nosotros. Si morimos antes de que Cristo regrese, tal vez nuestro primer pensamiento cuando resucitemos será: «¡Vaya, Señor, ¡tu venida ocurrió verdaderamente pronto!». Nuestra percepción actual es limitada, pero entonces veremos a Jesús cara a cara.
No te canses de esperar. Mantén vivo ese anhelo, siempre ante ti, con fe y confianza en el amor y la bondad de Dios. Di con Juan: «Señor Jesús, ¡ven, por favor!». Ora ahora mismo para que tu fe perdure y te permita entregarte completa‑ mente a Aquel que murió por ti y volverá pronto a buscarte.
Viernes 26 de junio
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
«Si no recibimos la religión de Cristo por alimentarnos de la Palabra de Dios, no tendremos derecho a la entrada en la ciudad de Dios. Habiéndonos alimentado de manjares terrenales, habiendo educado nuestros gustos en el amor a las cosas mundanas, no estaremos capacitados para entrar en las cortes celestiales; no apreciaríamos las puras corrientes celestiales que circulan en el Cielo.
No nos satisfarían las voces de los ángeles ni la música de sus arpas. La ciencia del Cielo resultaría un enigma para nuestra mente. Necesitamos tener hambre y sed de la justicia de Cristo; necesitamos ser modelados y formados por la influencia transformadora de su gracia a fin de que seamos idóneos para la sociedad de los ángeles celestiales. [...] »Entonces las naciones no tendrán otra ley que la Ley del Cielo.
Constituirán una familia unida y feliz vestida con el ropaje de la alabanza y la gratitud. [...] Sobre la escena, todas las estrellas matutinas cantarán y los hijos de Dios gritarán de gozo mientras Dios y Cristo se unan para exclamar: “¡No habrá más pecado, ni muerte!”» (Elena G. de White, La fe por la cual vivo, p. 367).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Escucha o lee la visión que Elena G. de White tuvo del Cielo y que se encuentra en Primeros escritos, pp. 38 a la 43. ¿Qué es lo que más te llama la atención de esta descripción?
2. ¿Qué aspecto de las lecciones de este trimestre deseas recordar más para mantener firme tu relación con Dios hasta que veas a Jesús cara a cara?
3. ¿Quiénes de entre tus conocidos necesitan escuchar acerca de la esperanza del Cielo? Comprométete a compartirla con ellos lo antes posible. Recuerda que no puedes compartir con otros una esperanza que tú mismo no tienes.
RESUMEN: Mientras mantenemos nuestros ojos en la meta, estemos seguros de que «el que empezó» en nosotros «la buena obra, la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo» (Fil. 1: 6). Dios inició la relación que tiene contigo, y él la completará. Que crezcamos en amor y en fe mientras esperamos ese día, descansando siempre solo en la justicia de Cristo, que nos es acreditada por la fe.
