Tercer Trimestre 2026, preparado por la División Intereuropea de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En esta sección encontrarás las historias misioneras oficiales que acompañan las lecciones de la Escuela Sabática durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2026.
Conoce testimonios inspiradores, proyectos de evangelismo, experiencias de fe y el avance de la obra misionera en los países que conforman la División Intereuropea. Cada relato fortalece el compromiso con la misión mundial, motiva a orar por los campos misioneros y promueve el apoyo a través de las ofrendas misioneras de la Escuela Sabática.
Accede de forma gratuita al Informe Misionero Mundial Adultos 2026 (3.er Trimestre) en formato PDF y acompaña cada semana el estudio de la lección con historias reales de personas transformadas por el poder del evangelio. Este recurso es ideal para maestros de Escuela Sabática, líderes de iglesia, estudiantes de la Biblia y todos aquellos que desean conocer cómo Dios continúa obrando alrededor del mundo mediante la misión adventista.
Lección 9: Para el 29 de noviembre de 2025
HEREDEROS DE LAS PROMESAS, CAUTIVOS DE LA ESPERANZA
Sábado 22 de noviembre LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 3:17–24; Deuteronomio 6:3; Josué 13:1–7; Hebreos 12:28; Levítico 25:1–5, 8–13; Ezequiel 37:14, 25.
PARA MEMORIZAR: “Vuelvan a la fortaleza, ustedes, presos de esperanza. Hoy les anuncio que les restauraré todo al doble” (Zac. 9:12).
Josué 13 al 21 contiene largas listas de referencias geográficas que delimitan las porciones de tierra asignadas a las tribus de Israel. Esas listas pueden parecer irrelevantes para el lector moderno, pero se basan en una comprensión teológica de la Tierra Prometida que es significativa para nosotros hoy. Mediante estas listas de lugares concretos, Dios quería enseñar a los israelitas que la tierra no era un sueño. Les había prometido esa tierra de forma tangible y mensurable.
Pero tenían que hacer realidad esa promesa actuando en consecuencia. Dios iba a darles la tierra como un regalo, cumpliendo así la primesa que había hecho a sus padres: “Miren, yo les entrego el país. Entren y posean la tierra que el Señor juró dar a sus padres Abraham, Isaac y Jacob, y a sus descendientes después de ellos” (Deut. 1:8). Sin embargo, ellos debían hacer algo al respecto.
Esta semana examinaremos algunos conceptos teológicos relacionados con la Tierra Prometida y sus implicaciones espirituales para quienes reclaman las promesas contenidas en Jesús.
Domingo 23 de noviembre
EDÉN Y CANAÁN
Lee Génesis 2:15; 3:17-24. ¿Cuáles fueron las consecuencias de la Caída en relación con el espacio vital de la primera pareja humana? En ocasión de la Creación, Dios colocó a Adán y a Eva en un entorno perfecto, caracterizado por la abundancia y la belleza. La primera pareja humana se encontraba con su Creador en el marco de un espacio vital encantador que podía satisfacer todas sus necesidades físicas.
Además de la palabra divina hablada, el Jardín del Edén sirvió como centro de aprendizaje. Allí Adán y Eva adquirieron una visión significativa del carácter de Dios y de la existencia que él quería para ellos. Por lo tanto, cuando rompieron la relación de confianza con su Creador, su relación con el Jardín del Edén también cambió y, como señal de esa relación rota, tuvieron que abandonar ese ámbito perfecto. Perdieron el territorio que Dios les había dado. En consecuencia, el Jardín del Edén se convirtió en el símbolo de la vida abundante, como observaremos al tratar el tema de la Tierra Prometida. ¿Cómo percibieron los patriarcas la promesa de la tierra? (Ver Gén. 13:14, 15; 26:3, 24; 28:13). ¿Qué significa para nosotros, como adventistas, vivir como herederos de las promesas (Heb. 6:11-15)? Cuando Abraham entró en la tierra que Dios le había mostrado, esta se convirtió, por la fe, en la Tierra Prometida para él y sus descendientes; y así continuó siendo durante 400 años. Los patriarcas no eran realmente dueños de la tierra, ya que no podían legarla a sus hijos como herencia. En realidad, ella pertenecía a Dios, así como le había pertenecido el Jardín del Edén. De la misma manera en que Adán y Eva no hicieron nada que les diera derecho al Jardín del Edén, Israel tampoco había aportado nada para merecer la tierra.
La Tierra Prometida fue un regalo de Dios basado en su propia iniciativa. Israel no tenía ningún derecho inherente a poseerla (Deut. 9:4-6); solo podía poseerla por la gracia de Dios. Los patriarcas fueron herederos de las promesas hasta que estas se cumplieron. Nosotros, como seguidores de Cristo, hemos heredado promesas aún mejores (Heb. 8:6), que se cumplirán si llegamos a ser “imitadores de los que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:12).
Lunes 24 de noviembre
LA TIERRA COMO UN DON
Lee Éxodo 3:8; Levítico 20:22; 25:23; Números 13:27; Deuteronomio 4:1, 25, 26; 6:3; Salmo 24:1. ¿Qué relación especial existía entre Dios, Israel y la Tierra Prometida? En un nivel muy básico, la tierra ofrece identidad física a una nación. Al ubicar la nación, también determina su ocupación y estilo de vida. Los esclavos estaban desarraigados y no pertenecían a un lugar en particular. Eran otros los que disfrutaban de los resultados de su trabajo. Tener tierra significaba libertad.
La identidad del pueblo elegido estaba fuertemente vinculada a su morada en la tierra. Había una relación especial entre Dios, Israel y la tierra. Israel recibió de Dios la tierra como un don, no como un derecho inalienable. El pueblo elegido podía poseer la tierra siempre que mantuviera una relación de pacto con el Señor y respetara los preceptos de ese acuerdo. En otras palabras, no podían tener la tierra y sus bendiciones sin la bendición de Dios. Al mismo tiempo, la tierra proporcionaba una lente a través de la cual Israel podía entender mejor a Dios. Vivir en la tierra les recordaría siempre a un Dios fiel que cumple sus promesas y es digno de confianza. Ni la tierra ni Israel habrían existido sin la iniciativa de Dios como fuente y fundamento de su existencia. Mientras los israelitas estuvieron en Egipto, el Nilo y el sistema de irrigación, unidos al intenso trabajo, les proporcionaron las cosechas que necesitaban para subsistir.
Canaán era diferente. Dependían de la lluvia para la abundancia de sus cosechas, y solo Dios podía controlar el clima. En consecuencia, la tierra recordaba a Israel su constante dependencia de Dios. Aunque Israel recibiera la tierra como un regalo de Dios, él seguía siendo el propietario de ella en última instancia. Como verdadero dueño de toda la tierra (Sal. 24:1), él tenía el derecho de asignarla a Israel o de quitársela. Si el Señor es el dueño de la tierra, los israelitas y, por extensión, todos los seres humanos, son extranjeros o huéspedes de Dios en la tierra que le pertenece. A la luz de 1 Pedro 2:11 y Hebreos 11:9-13, ¿qué significa para ti vivir como extranjero y peregrino a la espera de la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios?
Martes 25 de noviembre
EL DESAFÍO DE LA TIERRA
Lee Josué 13:1-7. Aunque la tierra de Canaán fue un regalo de Dios, ¿cuáles fueron algunos de los desafíos que supuso poseerla? Dado que durante siglos los israelitas habían vivido como esclavos, carecían de habilidades militares para conquistar la tierra. Ni siquiera sus amos, los egipcios, con sus ejércitos hábiles y bien equipados, fueron capaces de ocuparla permanentemente. Los egipcios nunca conquistaron Canaán por completo debido a lo inexpugnable de sus ciudades amuralladas. Ahora se le decía a una nación de antiguos esclavos que conquistara una tierra que sus antiguos amos habían sido incapaces de someter.
Eso solo sería posible por la gracia de Dios, no por su propio esfuerzo. Los capítulos 13 a 21 de Josué se refieren a la distribución de la tierra entre las distintas tribus de Israel. Tal distribución incluye no solo lo que había sido asignado a Israel, sino también lo que este debía aún ocupar dentro de ese territorio. Los israelitas podían vivir con seguridad en la tierra que Dios les había concedido como herencia. Eran, por así decirlo, los legítimos inquilinos de la tierra que pertenece a Dios. Sin embargo, la iniciativa de Dios debía estar acompañada de una respuesta humana. La primera mitad del libro muestra cómo Dios otorgó la tierra a su pueblo, desposeyendo a los cananeos. La segunda mitad relata cómo Israel tomó la tierra y se asentó en ella.
Esta complejidad de la conquista ilustra la dinámica de nuestra salvación. Al igual que Israel, no podemos hacer nada para obtener la salvación (Efe. 2:8, 9), ya que esta es un regalo, así como la tierra fue un regalo de Dios a Israel basado en la relación de pacto entre ambos. Ciertamente, no se basó en los méritos del pueblo (ver Deut. 9:5). Sin embargo, para que los israelitas pudieran disfrutar del regalo de Dios, tuvieron que asumir todas las responsabilidades que conllevaba vivir en la tierra. De manera semejante, nosotros debemos pasar por el proceso de la santificación, la obediencia amorosa a los requerimientos divinos, para ser ciudadanos del Reino de Dios. A pesar de las diferencias entre esas dos realidades, el paralelismo entre la recepción de la tierra por gracia y el acceso a la salvación por gracia se asemejan considerablemente.
Hemos recibido un don maravilloso, pero podemos perderlo si no somos cuidadosos. ¿Cómo se enfrentan hoy los cristianos a desafíos similares a los relacionados con la ocupación de la Tierra Prometida? Ver Filipenses 2:12 y Hebreos 12:28.
Miércoles 26 de noviembre
EL JUBILEO
La tierra era tan fundamental para la existencia de Israel como pueblo de Dios que debía distribuirse entre las tribus y las familias (Núm. 34:13-18) para evitar que se convirtiera en posesión de unas pocas élites dirigentes. Lee Levítico 25:1-5, 8-13. ¿Cuál era la finalidad del año sabático y del jubileo? En contraste con Egipto, donde los ciudadanos perdían regularmente sus tierras y se convertían en siervos del faraón, el propósito de Dios para los israelitas era que nunca quedaran indefinidamente privados de su propiedad y sus derechos. Nadie fuera de las familias a las que la tierra había sido asignada originalmente podría poseerla.
De hecho, según el plan de Dios, la tierra nunca podría ser vendida, sino solo arrendada según su valor establecido, y solo durante el número de años que restaban hasta el siguiente Jubileo. Por lo tanto, los parientes de una persona que se había visto obligada por las circunstancias a “vender” su tierra ancestral tenían el deber de rescatarla incluso antes de que llegara el Jubileo (Lev. 25:25). La adjudicación de la tierra se convirtió, por así decirlo, en una ventana que permitía contemplar el corazón de Dios. Como nuestro Padre Celestial, él quería que sus hijos fueran generosos con los menos afortunados y permitieran que sus tierras los alimentaran cada séptimo año.
El año sabático aplicaba el principio del mandamiento del sábado a mayor escala. Además de valorar y fomentar el trabajo, la propiedad de la tierra también exigía respeto y amabilidad hacia quienes enfrentaban a dificultades económicas. La legislación acerca de la propiedad de la tierra proporcionaba a cada israelita la oportunidad de liberarse de circunstancias opresivas heredadas o propias y de tener un nuevo comienzo en la vida. En esencia, este es el principal propósito del Evangelio: borrar la distinción entre ricos y pobres, empresarios y empleados, privilegiados y desfavorecidos, poniéndonos a todos en pie de igualdad al reconocer nuestra total necesidad de la gracia de Dios.
Desgraciadamente, Israel no cumplió la norma establecida por Dios y, al cabo de los siglos, se hicieron realidad las advertencias de desposesión (2 Crón. 36:20, 21). ¿Cómo pueden los principios de la asignación de tierras a Israel y el sábado recordarnos que, a los ojos de Dios, todos somos iguales? ¿Cómo puede el sábado ayudarnos a decir “no” a la explotación y el consumismo que arruinan a muchas sociedades?
Jueves 27 de noviembre
LA TIERRA RESTAURADA
Lee Jeremías 24:6; 31:16; Ezequiel 11:17; 28:25; 37:14, 25. ¿Cuál fue la promesa de Dios acerca del regreso de Israel a la Tierra Prometida y cómo se cumplió? Durante el exilio babilónico, los israelitas experimentaron la triste realidad del desarraigo, pero también la promesa de que su relación con Dios no estaba condicionada ni limitada a la posesión de la tierra. Cuando los israelitas confesaron sus pecados, se arrepintieron y buscaron al Señor de todo corazón, Dios cumplió de nuevo su promesa y los llevó nuevamente a su tierra como señal de su restauración. Eso significaba que él era su Dios aun cuando no estuvieran en la tierra. Sin embargo, así como la promesa de que Israel poseería la tierra para siempre era condicional (Deut. 28:63, 64; Jos. 23:13, 15; 1 Rey. 9:7; 2 Rey. 17:23; Jer. 12:10-12), también lo era la promesa de reasentar y hacer prosperar a Israel en la tierra después del exilio. Al mismo tiempo, los profetas del Antiguo Testamento apuntaban a una restauración que sería obra de un futuro rey davídico (Isa. 9:6, 7; Zac. 9:9, 16).
Esta promesa se cumplió en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, en quien se harían realidad todas las promesas hechas al antiguo Israel. En el Nuevo Testamento no se menciona directamente la Tierra Prometida, pero se nos dice que las promesas de Dios se han cumplido en Jesucristo y por medio de él (Rom. 15:8; 2 Cor. 1:20). En consecuencia, la tierra es reinterpretada a la luz de Cristo y se convierte en el símbolo de las bendiciones espirituales que Dios planea dar a su pueblo fiel aquí y ahora (Efe. 2:6), y en el futuro.
El cumplimiento definitivo de la promesa divina del reposo, la abundancia y el bienestar en la tierra tendrá lugar en la Tierra Nueva, liberada del pecado y sus consecuencias. En ese sentido, nuestra esperanza como cristianos se basa en la promesa del regreso de Cristo, quien establecerá su Reino eterno en la Tierra hecha nueva tras un período de mil años en el Cielo. Este será el cumplimiento final de todas las promesas acerca de la Tierra. Lee Juan 14:1-3; Tito 2:13 y Apocalipsis 21:1-3. ¿Qué esperanza final encontramos en estos versículos y por qué la muerte de Jesús nos garantiza su cumplimiento?
Viernes 28 de noviembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee las páginas 730-737 del capítulo “El fin del conflicto” en el libro El conflicto de los siglos, de Elena de White. “Estaremos eternamente salvados cuando entremos por las puertas en la ciudad. Entonces podremos alegrarnos de que estamos salvados, eternamente salvados. Hasta entonces, debemos prestar atención al mandato del apóstol: ‘Siendo que la promesa de entrar en su reposo permanece aún, cuiden que ninguno de ustedes parezca rezagado’ [Heb. 4:1].
El conocimiento acerca de Canaán, la entonación de sus cánticos y el regocijo ante la perspectiva de entrar en ella no llevaron a los hijos de Israel a los viñedos y olivares de la Tierra Prometida. Solo podían hacerla suya ocupándola, cumpliendo las condiciones para ello, ejerciendo una fe viva en Dios y apropiándose de sus promesas” (Elena de White, “Christlike religion”, The Youth’s Instructor, 17 de febrero de 1898). “En la Biblia se llama a la herencia de los bienaventurados ‘una patria’ (Heb. 11:14-16).
Allí el Pastor divino conduce a su rebaño a los manantiales de aguas vivas. El árbol de vida da su fruto cada mes, y las hojas del árbol son para la utilidad de las naciones. Allí hay corrientes que manan eternamente, claras como el cristal, al lado de las cuales se mecen árboles que echan su sombra sobre los senderos preparados para los redimidos del Señor. Allí las vastas planicies alternan con bellísimas colinas y las montañas de Dios elevan sus majestuosas cumbres. En esas pacíficas llanuras, al borde de esas corrientes vivas, el pueblo de Dios que por tanto tiempo anduvo peregrino y errante, encontrará un hogar” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 733).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Piensa en la Tierra Prometida como un símbolo de la vida abundante que Cristo ofrece a sus seguidores en Juan 10:10. ¿De qué manera los beneficios de vivir en una tierra de abundancia ilustran las bendiciones de la salvación?
2. ¿Qué relación existe entre ser ciudadanos de una tierra en particular y tener un determinado estilo de vida? ¿Cómo afecta una cosa a la otra? ¿Qué implica ser un ciudadano del Reino de Dios?
3. Como seres humanos nos vemos constantemente decepcionados por las promesas que otros nos hacen y, a veces, por las que nos hacemos a nosotros mismos. ¿Por qué puedes confiar en las promesas de Dios?
4. ¿Cómo podemos hacer que la promesa de la tierra nueva forme parte de nuestro futuro de manera real y concreta, incluso ahora?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

La esencia de la vida y del testimonio cristianos
Las cartas del apóstol Pablo a los corintios contienen un mensaje profundamente vigente para la iglesia de hoy. En medio de una sociedad marcada por la división, la inmoralidad y la idolatría, Pablo presenta una verdad inmutable: Jesucristo y su sacrificio en la cruz son el fundamento de la vida cristiana y la respuesta a los desafíos espirituales de cada generación.
En este estudio exploraremos cómo el evangelio transforma el carácter, fortalece la unidad de la iglesia, inspira el amor, promueve el uso correcto de los dones espirituales y nos prepara para la pronta venida de Cristo. A través de 1 y 2 Corintios descubriremos principios prácticos para vivir una fe auténtica, crecer en la gracia y mantenernos fieles al mensaje de la cruz en un mundo lleno de desafíos.
Lección 6: Para el 8 de agosto de 2026
DONES ESPIRITUALES
Sábado 1.° de agosto
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 1 Corintios 12; Efesios 4: 11-13; 1 Corintios 13; 1 Pedro 4: 8-11; 1 Corintios 14: 27; Amós 3: 7.
PARA MEMORIZAR: «Sigan el amor, y procuren los dones espirituales, pero sobre todo que pro feticen» (1 Cor. 14: 1).
Al igual que el cuerpo humano, la iglesia es una, pero tiene muchos miem bros, cada uno con diferentes roles, funciones y dones. Empleados con amor, estos dones espirituales promueven un sentido de unidad que refleja el carácter del Dios trino. Esta semana examinaremos 1 Corintios 12-14 y su enseñanza acerca de los dones espirituales. Esta sección forma parte de una unidad un poco más am plia, en la que Pablo aborda el comportamiento cristiano esperado en el ámbito religioso (1 Cor. 11-14).
La principal preocupación de Pablo tiene que ver con el problema de las reuniones desordenadas. Su respuesta a este problema es que la iglesia es un todo cuyas partes tienen diferentes funciones que contribuyen a «la edificación del cuerpo de Cristo» (Efe. 4: 12). En resumen, Dios dio a la iglesia dones espirituales para promover la unidad a través de la diversidad. Sin duda, Pablo sigue teniendo en mente el problema de las facciones abor dado en los cuatro primeros capítulos de 1 Corintios, donde la respuesta a la falta de acuerdo entre los miembros de la iglesia es la unidad en Cristo. Ahora, desarrolla esa idea presentando su comprensión del papel de los dones espi rituales. Según Pablo, la unidad en Cristo y en el Espíritu es el único medio de evitar las divisiones.
Domingo 2 de agosto
DIVERSIDAD DE DONES
Pablo introduce un nuevo tema en 1 Corintios 12: 1 con la fórmula «acerca de». Los eruditos discuten si se refiere a los «dones espirituales» o a las «per sonas espirituales», ya que la expresión griega tōn pneumatikōn permite ambas interpretaciones. La traducción «dones espirituales» es preferible a la luz de 1 Corintios 12: 4, donde Pablo se refiere claramente a ellos. En 1 Corintios 12: 2-3, el apóstol señala que el primer don del Espíritu es la confesión audaz de que Jesús es el Señor.
En los tiempos del Nuevo Testamento, llamar Señor a Jesús equivalía a decir que el César no lo era (Hech. 17: 7; ver también Juan 19: 12, 15). Esto era considerado un acto de sedición contra el poder imperial y, por lo tanto, se lo castigaba con la muerte. Jesús y Pablo enfatizaron que la fe en Dios, incluso ante la persecución y la amenaza de muerte, es un don del Espíritu. En realidad, la fe es el más básico de los dones. No es, pues, de extrañar que ella ocupe el primer lugar en la lista de 1 Corintios 13: 13.
El hecho de que la fe es un don espiritual queda claro en 1 Corintios 12: 9. Sin embargo, hay muchos otros dones. El hecho de que el Espíritu Santo distribuya los diferentes tipos de dones «a cada uno en particular como él quiere» (1 Cor. 12: 11) demuestra que todos ellos son necesarios. Lee 1 Corintios 12: 1-6. ¿Cuál es el énfasis de este pasaje? La repetición de la palabra «diversos» en los versículos 4 y 5 enfatiza la multiplicidad de dones. Lo que Pablo denomina «dones espirituales» en 1 Co rintios 12: 1 es desarrollado en los versículos 4-6 desde tres ángulos diferentes, a saber: «dones» (jarisma); «servicios», o «ministerios» (diakonia); y «activi dades» (energēma).
Aunque estas palabras tienen significados diferentes, es importante no establecer una distinción demasiado marcada entre ellas en vista del paralelismo existente en el pasaje. También es necesario tener en cuenta que los dones espirituales tienen el propósito de promover la unidad basada en el carácter trino de Dios (ver también Efe. 4: 8-11). El Espíritu concede dones a los creyentes, mientras que Dios da a estos la capacidad de servir a Cristo en la comunidad de creyentes merced a esos dones (1 Cor. 12: 5-6). Cada cristiano recibe dones en particular (1 Cor. 12: 11), pero todos ellos deben beneficiar a la comunidad de creyentes como conjunto. Nota nuevamente el énfasis de Pablo en la unidad. ¿Por qué es tan impor tante para la iglesia?
Lunes 3 de agosto
UNIDAD EN LA DIVERSIDAD
El lenguaje de la unidad introducido en 1 Corintios 12: 4-6 («el Espíritu es el mismo», «el Señor es el mismo» y «Dios es el mismo») es desarrollado en el resto de 1 Corintios 12. Esto resulta evidente por el uso que hace Pablo de ex presiones como «el mismo Espíritu» (1 Cor. 12: 11), «el cuerpo es uno» (1 Cor. 12: 12), «un solo cuerpo» (1 Cor. 12: 12-13, 20), «un Espíritu» y «un mismo Espíritu» (1 Cor. 12: 13), «los miembros se preocupen los unos por los otros» (1 Cor. 12: 25).
Junto con el concepto de unidad, Pablo destaca la diversidad de miembros en el cuerpo de Cristo a través de expresiones como «muchos miembros» (1 Cor. 12: 12, 20), «fuimos todos bautizados» (1 Cor. 12: 13), «el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos» (1 Cor. 12: 14), «todo el cuerpo» (1 Cor. 12: 17), «cada miembro en el cuerpo» (1 Cor. 12: 18), «miembros del cuerpo» (1 Cor. 12: 22-23), «todos los miembros» (1 Cor. 12: 26). Este énfasis tanto en la unidad como en la diversidad indica que los dones espirituales tienen como objetivo promover la unidad a través de la diversidad.
Esta unidad en medio de la diversidad debe reflejar el carácter de Dios. El Padre es una persona, el Hijo es otra persona y el Espíritu Santo es otra. Los tres conservan su individualidad mientras trabajan juntos para edificar a la iglesia y darle poder para cumplir la misión (1 Cor. 12: 4-6; Efe. 4: 11-13). Lee 1 Corintios 12: 12–31. ¿Por qué la analogía de un cuerpo con muchas partes es apropiada para representar a la iglesia y a sus miembros? Una idea central en 1 Corintios 12 es que, aunque los miembros del cuerpo son individualmente muy diferentes entre sí (1 Cor. 12: 15-20), todos dependen unos de otros (1 Cor. 12: 21-26). Los pies dependen de los ojos para ver por dónde deben caminar; a su vez, los ojos no pueden tocar nada; solo las manos pueden hacerlo.
Además, la idea de que algunos miembros son más débiles (1 Cor. 12: 22) o menos honrosos (1 Cor. 12: 23) que otros es solo una impresión, ya que todos son necesarios (1 Cor. 12: 22). Desgraciadamente, existía entre los corintios la tendencia a valorar algunos dones y descuidar otros. Para evitar que cometieran este error, Pablo dirigió la atención de ellos al amor, el cual es «un camino aún más excelente» (1 Cor. 12: 31). En otras palabras, cualquier don resulta agradable para Dios si es empleado con sabiduría y amor. Lee las listas de dones en 1 Corintios 12: 8-10, 28, Romanos 12: 6-8 y Efesios 4: 11. ¿Cuál es tu don? ¿Cómo puedes utilizarlo para edificar el cuerpo de Cristo?
Martes 4 de agosto
«UN CAMINO MÁS EXCELENTE»
«El amor no es un don entre muchos; es el medio a través del cual todos los dones alcanzan su propósito final» (Carl P. Cosaert, «1 Corintios», Comentario bíblico Andrews [Doral, FL: IADPA, 2024], t. 2, p. 543). Lee 1 Corintios 13: 1-7 y 1 Pedro 4: 8-11. ¿Cuál es el papel del amor en lo que respecta a los dones espirituales? El capítulo 13 de 1 Corintios enseña que los dones espirituales solo pueden ser usados adecuadamente mediante el amor. Pablo inicia este capítulo aludiendo a los dones mencionados en el capítulo previo para enfatizar que carecen de valor si no están motivados por el amor.
Por lo tanto, el conocimiento (1 Cor. 12: 8) y la fe (1 Cor. 12: 9), incluso una fe «que trasladara los montes» (1 Cor. 13: 2), no son nada sin amor (1 Cor. 13: 2). Sin amor, la capacidad de hablar en lenguas (1 Cor. 12: 10, 28, 30) se reduce simplemente a «un metal que resuena o un platillo que hace ruido» (1 Cor. 13: 1, NVI). Del mismo modo, incluso el importante don de la profecía no es nada sin amor (1 Cor. 13: 2). En 1 Corintios 13: 4-7, Pablo se enfoca en definir el amor genuino diciendo en qué consiste; es decir, qué hace y qué no hace. Los verbos que eligió para caracterizar el amor indican que este no es tanto algo que sentimos como algo que practicamos.
En tal sentido, él dice que el amor (1) es paciente (NVI); (2) bon dadoso (NVI); (3) se regocija con la verdad (NVI); (4) todo lo sufre o disculpa (NVI); (5) todo lo cree; (6) todo lo espera; (7) todo lo soporta.
Por el contrario, el amor (1) no siente envidia; (2) no es jactancioso; (3) no es presumido ni or gulloso (NVI); (4) no se comporta con rudeza (NVI); (5) no busca lo suyo (no es egoísta, NVI); (6) no se irrita fácilmente; (7) no guarda rencor; (8) no se deleita en la maldad o injusticia (NVI).
Este total de 15 verbos proporciona una guía sólida para el comportamiento adecuado en la práctica de los dones. Cabe destacar que esta discusión acerca de la verdadera naturaleza del amor se encuentra precisamente entre 1 Corintios 12 y 14, donde Pablo aborda el conflicto relacionado con los dones espirituales.
De hecho, el amor es la clave para el uso sabio de ellos y es colocado junto a la fe y la esperanza, «pero el mayor es el amor» (1 Cor. 13: 13). ¿Por qué el amor es tan importante respecto de la fe? ¿Qué mejor manera de experimentar la realidad del amor de Dios que reflejarlo, por su gracia y mediante la oración, en nuestra relación con los demás?
Miércoles 5 de agosto
EL DON DE LENGUAS
¿Qué podemos decir del don de lenguas? En consonancia con la manifesta ción del don en otras partes de la Biblia (Mar. 16: 17; Hech. 2: 1-13; 10: 44-48; 19: 6), el don de lenguas en 1 Corintios es probablemente la capacidad otorgada por el Espíritu para hablar en idiomas diferentes del propio. Pablo incluye el don de lenguas en la lista de 1 Corintios 12: 8-10 (ver también 1 Cor. 12: 28, 30; 13: 1, 8) y también se refiere a él repetidamente en 1 Corintios 14.
De hecho, la palabra griega glōssa («lengua», o «idioma») aparece más de veinte veces en 1 Corintios 12-14, quince de ellas en el capítulo 14. Además de estas, la palabra griega heteroglōssos («otra lengua») también aparece en 1 Corintios 14: 21. Este gran número de referencias al don de lenguas sugiere que el asunto era de especial interés para Pablo. El mal uso y el abuso de este don por parte de la iglesia de Corinto causaron desorden y confusión en el culto público (1 Cor. 14: 23, 27, 33, 40). Lee 1 Corintios 14: 5, 13, 26-27 y 1 Corintios 12: 10 y 30. ¿Qué instrucción particular dio Pablo con respecto al don de lenguas? La razón por la que el don de hablar en lenguas debe ir acompañado del don de interpretarlas es que ellas deben resultar comprensibles (1 Cor. 14: 9); de lo contrario, no hay beneficio alguno en ese don (1 Cor. 14: 6).
Esto explica por qué Pablo puso tanto énfasis en la interpretación y la comprensión. Obviamente, no está criticando el don de lenguas en sí, sino (como veremos mañana) la importancia excesiva que los corintios le atribuían, lo que llevaba a descuidar el don de profecía. En este punto, es importante señalar que, aunque Pablo deseaba que todos los corintios pudieran hablar lenguas extranjeras (1 Cor. 14: 5), no esperaba que eso sucediera (1 Cor. 12: 10).
Por lo tanto, la idea de que «todos deben hablar en lenguas antes de reclamar el bautismo en el Espíritu Santo es una perversión de la enseñanza de Pablo en 1 Corintios 12 y 14» (George E. Rice, «Dones espiri tuales», Tratado de teología adventista del séptimo día [Florida: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009], p. 697). ¿Hay personas en tu iglesia que hablan otros idiomas? ¿Cómo pueden usar esta habilidad para alcanzar a otras personas para Cristo? ¿Cómo puede este hecho ayudarnos a comprender la verdadera naturaleza de las lenguas a las que se refiere Pablo?
Jueves 6 de agosto
EL DON DE PROFECÍA
El don de profecía ocupa un lugar destacado en la discusión de Pablo acerca de los dones espirituales. Curiosamente, este don suele ser mencionado antes que el de lenguas (1 Cor. 12: 10, 28; 13: 8), el cual aparece primero en algunas ocasiones solo para enfatizar su importancia relativa en comparación con el de profecía (1 Cor. 14: 4-6, 22). Lee Efesios 4: 11-13 y 1 Corintios 14: 3-4. ¿Qué dicen estos pasajes acerca del propósito de los dones espirituales en general y del don de profecía en particular? El don de profecía tiene como objetivo edificar, exhortar y consolar (1 Cor. 14: 3; comparar con Hech. 15: 32).
Esto sugiere que la profecía no se refiere tanto a pre decir el futuro como a la manera apropiada de vivir en el presente. El verbo griego profēteuō puede significar «decir algo por adelantado» o «decir algo en nombre de otra persona». El primer sentido se observa en Hechos 2: 29-31 (comparar con Amós 3: 7), donde la idea de que David es un profeta se explica como la acción de «ver de antemano», o prever. El segundo sentido se advierte en Hechos 15: 32, donde Judas y Silas son identificados como profetas. Sin embargo, su «profecía» consistía en consolar y confirmar «a los hermanos con abundancia de palabra». Efesios 4: 11-13 señala que los dones espirituales no cesarían en la era apos tólica, sino que estarían presentes hasta el fin (Hech. 2: 39). Sin embargo, si alguien afirma ser profeta, debe ser evaluado según las Escrituras.
En términos generales, deben cumplirse cuatro reglas. Primero, las profecías o predicciones anunciadas por la persona deben cumplirse (Deut. 18: 22; Jer. 28: 8-9). Segundo, el mensaje debe concordar o estar en armonía con el de los profetas anteriores (Deut. 13: 1-3; Isa. 8: 20). Tercero, la vida o conducta de la persona debe demos trar un compromiso con Cristo (1 Juan 4: 1-3). Cuarto, Jesús dijo que los falsos profetas serían reconocidos por sus frutos (Mat. 7: 15-20). Esto también se aplica a los verdaderos profetas.
El libro de Apocalipsis indica que el don de profecía es una característica distintiva de la iglesia remanente (Apoc. 12: 17; 19: 10). Como adventistas del séptimo día, creemos que este don fue otorgado a Elena G. de White y que se pone de manifiesto en sus escritos. ¿Cuáles son las razones que tenemos para creer en el don profético de Elena G. de White? ¿Qué preguntas quedan acerca de su papel y autoridad?
Viernes 7 de agosto
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee, de Roswell F. Cottrell, «Introducción», en Primeros escritos (pp. 175-183), de Elena G. de White. «Que los hombres salgan a trabajar confiando en el Señor, y él irá con ellos convenciendo y convirtiendo almas. Un obrero puede ser un buen orador, otro un buen escritor, otro puede tener el don de la oración sincera y ferviente, otro el don del canto. Otro puede tener un poder especial para explicar la Palabra de Dios con claridad. Cada don se convertirá en un poder para Dios porque él coopera con el obrero. Dios da a uno la palabra de sabiduría, a otro conocimiento, a otro fe.
Pero todos deben trabajar bajo la misma autoridad. La diversidad de dones conduce a una diversidad de operaciones, “pero Dios, que efectúa todas las cosas en todos, es el mismo” (1 Cor. 12: 6). »Que nadie menosprecie los dones supuestamente menores. Que todos se pongan a trabajar. Que nadie cruce los brazos con incredulidad porque piensa que no puede hacer obras poderosas. Dejen de mirarse a sí mismos. Miren a su Líder. Con mansedumbre, sinceridad y amor, hagan lo que puedan» (Elena G. de White, «Depending on Christ», Review and Herald, 12 de abril de 1906, p. 8). «Todos necesitamos la ayuda que podemos recibir de otros. Dios obrará en otras mentes además de las nuestras.
Los diversos dones entregados a diferentes individuos deben combinarse para “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efe. 4: 12). [...] »Siempre habrá obstáculos delante de nosotros, pero hemos de seguir a nuestro Líder y enfrentar nuestras dificultades en forma unida, tomados de la mano» (Elena G. de White, Alza tus ojos, p. 139).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Reflexiona acerca del don de profecía. ¿Por qué es más importante que el de lenguas si estas no son interpretadas? Si es necesario, lee nuevamente 1 Corintios 14 para recordar los argumentos de Pablo.
2. Habla en la clase acerca de la vida y el ministerio de Elena G. de White y de por qué nuestra iglesia cree que ella fue realmente una manifestación genuina del don de profecía. ¿Qué grandes bendiciones recibe la iglesia gracias a este don? ¿Cuáles son los desafíos para utilizar mejor este don?
3. Piensa en varias personas que te aman. ¿Cómo sabes que su amor para contigo es verdadero? ¿Qué te dice esto acerca de por qué Pablo habló tan to del amor en su discusión sobre los dones espirituales?
4. Por muy importante que sea el amor, ¿por qué no debe ser el único cri terio para juzgar si alguien dice la verdad y es digno de ser escuchado?
