Lección 9: Para el 29 de noviembre de 2025
HEREDEROS DE LAS PROMESAS, CAUTIVOS DE LA ESPERANZA
Sábado 22 de noviembre LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 3:17–24; Deuteronomio 6:3; Josué 13:1–7; Hebreos 12:28; Levítico 25:1–5, 8–13; Ezequiel 37:14, 25.
PARA MEMORIZAR: “Vuelvan a la fortaleza, ustedes, presos de esperanza. Hoy les anuncio que les restauraré todo al doble” (Zac. 9:12).
Josué 13 al 21 contiene largas listas de referencias geográficas que delimitan las porciones de tierra asignadas a las tribus de Israel. Esas listas pueden parecer irrelevantes para el lector moderno, pero se basan en una comprensión teológica de la Tierra Prometida que es significativa para nosotros hoy. Mediante estas listas de lugares concretos, Dios quería enseñar a los israelitas que la tierra no era un sueño. Les había prometido esa tierra de forma tangible y mensurable.
Pero tenían que hacer realidad esa promesa actuando en consecuencia. Dios iba a darles la tierra como un regalo, cumpliendo así la primesa que había hecho a sus padres: “Miren, yo les entrego el país. Entren y posean la tierra que el Señor juró dar a sus padres Abraham, Isaac y Jacob, y a sus descendientes después de ellos” (Deut. 1:8). Sin embargo, ellos debían hacer algo al respecto.
Esta semana examinaremos algunos conceptos teológicos relacionados con la Tierra Prometida y sus implicaciones espirituales para quienes reclaman las promesas contenidas en Jesús.
Domingo 23 de noviembre
EDÉN Y CANAÁN
Lee Génesis 2:15; 3:17-24. ¿Cuáles fueron las consecuencias de la Caída en relación con el espacio vital de la primera pareja humana? En ocasión de la Creación, Dios colocó a Adán y a Eva en un entorno perfecto, caracterizado por la abundancia y la belleza. La primera pareja humana se encontraba con su Creador en el marco de un espacio vital encantador que podía satisfacer todas sus necesidades físicas.
Además de la palabra divina hablada, el Jardín del Edén sirvió como centro de aprendizaje. Allí Adán y Eva adquirieron una visión significativa del carácter de Dios y de la existencia que él quería para ellos. Por lo tanto, cuando rompieron la relación de confianza con su Creador, su relación con el Jardín del Edén también cambió y, como señal de esa relación rota, tuvieron que abandonar ese ámbito perfecto. Perdieron el territorio que Dios les había dado. En consecuencia, el Jardín del Edén se convirtió en el símbolo de la vida abundante, como observaremos al tratar el tema de la Tierra Prometida. ¿Cómo percibieron los patriarcas la promesa de la tierra? (Ver Gén. 13:14, 15; 26:3, 24; 28:13). ¿Qué significa para nosotros, como adventistas, vivir como herederos de las promesas (Heb. 6:11-15)? Cuando Abraham entró en la tierra que Dios le había mostrado, esta se convirtió, por la fe, en la Tierra Prometida para él y sus descendientes; y así continuó siendo durante 400 años. Los patriarcas no eran realmente dueños de la tierra, ya que no podían legarla a sus hijos como herencia. En realidad, ella pertenecía a Dios, así como le había pertenecido el Jardín del Edén. De la misma manera en que Adán y Eva no hicieron nada que les diera derecho al Jardín del Edén, Israel tampoco había aportado nada para merecer la tierra.
La Tierra Prometida fue un regalo de Dios basado en su propia iniciativa. Israel no tenía ningún derecho inherente a poseerla (Deut. 9:4-6); solo podía poseerla por la gracia de Dios. Los patriarcas fueron herederos de las promesas hasta que estas se cumplieron. Nosotros, como seguidores de Cristo, hemos heredado promesas aún mejores (Heb. 8:6), que se cumplirán si llegamos a ser “imitadores de los que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Heb. 6:12).
Lunes 24 de noviembre
LA TIERRA COMO UN DON
Lee Éxodo 3:8; Levítico 20:22; 25:23; Números 13:27; Deuteronomio 4:1, 25, 26; 6:3; Salmo 24:1. ¿Qué relación especial existía entre Dios, Israel y la Tierra Prometida? En un nivel muy básico, la tierra ofrece identidad física a una nación. Al ubicar la nación, también determina su ocupación y estilo de vida. Los esclavos estaban desarraigados y no pertenecían a un lugar en particular. Eran otros los que disfrutaban de los resultados de su trabajo. Tener tierra significaba libertad.
La identidad del pueblo elegido estaba fuertemente vinculada a su morada en la tierra. Había una relación especial entre Dios, Israel y la tierra. Israel recibió de Dios la tierra como un don, no como un derecho inalienable. El pueblo elegido podía poseer la tierra siempre que mantuviera una relación de pacto con el Señor y respetara los preceptos de ese acuerdo. En otras palabras, no podían tener la tierra y sus bendiciones sin la bendición de Dios. Al mismo tiempo, la tierra proporcionaba una lente a través de la cual Israel podía entender mejor a Dios. Vivir en la tierra les recordaría siempre a un Dios fiel que cumple sus promesas y es digno de confianza. Ni la tierra ni Israel habrían existido sin la iniciativa de Dios como fuente y fundamento de su existencia. Mientras los israelitas estuvieron en Egipto, el Nilo y el sistema de irrigación, unidos al intenso trabajo, les proporcionaron las cosechas que necesitaban para subsistir.
Canaán era diferente. Dependían de la lluvia para la abundancia de sus cosechas, y solo Dios podía controlar el clima. En consecuencia, la tierra recordaba a Israel su constante dependencia de Dios. Aunque Israel recibiera la tierra como un regalo de Dios, él seguía siendo el propietario de ella en última instancia. Como verdadero dueño de toda la tierra (Sal. 24:1), él tenía el derecho de asignarla a Israel o de quitársela. Si el Señor es el dueño de la tierra, los israelitas y, por extensión, todos los seres humanos, son extranjeros o huéspedes de Dios en la tierra que le pertenece. A la luz de 1 Pedro 2:11 y Hebreos 11:9-13, ¿qué significa para ti vivir como extranjero y peregrino a la espera de la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios?
Martes 25 de noviembre
EL DESAFÍO DE LA TIERRA
Lee Josué 13:1-7. Aunque la tierra de Canaán fue un regalo de Dios, ¿cuáles fueron algunos de los desafíos que supuso poseerla? Dado que durante siglos los israelitas habían vivido como esclavos, carecían de habilidades militares para conquistar la tierra. Ni siquiera sus amos, los egipcios, con sus ejércitos hábiles y bien equipados, fueron capaces de ocuparla permanentemente. Los egipcios nunca conquistaron Canaán por completo debido a lo inexpugnable de sus ciudades amuralladas. Ahora se le decía a una nación de antiguos esclavos que conquistara una tierra que sus antiguos amos habían sido incapaces de someter.
Eso solo sería posible por la gracia de Dios, no por su propio esfuerzo. Los capítulos 13 a 21 de Josué se refieren a la distribución de la tierra entre las distintas tribus de Israel. Tal distribución incluye no solo lo que había sido asignado a Israel, sino también lo que este debía aún ocupar dentro de ese territorio. Los israelitas podían vivir con seguridad en la tierra que Dios les había concedido como herencia. Eran, por así decirlo, los legítimos inquilinos de la tierra que pertenece a Dios. Sin embargo, la iniciativa de Dios debía estar acompañada de una respuesta humana. La primera mitad del libro muestra cómo Dios otorgó la tierra a su pueblo, desposeyendo a los cananeos. La segunda mitad relata cómo Israel tomó la tierra y se asentó en ella.
Esta complejidad de la conquista ilustra la dinámica de nuestra salvación. Al igual que Israel, no podemos hacer nada para obtener la salvación (Efe. 2:8, 9), ya que esta es un regalo, así como la tierra fue un regalo de Dios a Israel basado en la relación de pacto entre ambos. Ciertamente, no se basó en los méritos del pueblo (ver Deut. 9:5). Sin embargo, para que los israelitas pudieran disfrutar del regalo de Dios, tuvieron que asumir todas las responsabilidades que conllevaba vivir en la tierra. De manera semejante, nosotros debemos pasar por el proceso de la santificación, la obediencia amorosa a los requerimientos divinos, para ser ciudadanos del Reino de Dios. A pesar de las diferencias entre esas dos realidades, el paralelismo entre la recepción de la tierra por gracia y el acceso a la salvación por gracia se asemejan considerablemente.
Hemos recibido un don maravilloso, pero podemos perderlo si no somos cuidadosos. ¿Cómo se enfrentan hoy los cristianos a desafíos similares a los relacionados con la ocupación de la Tierra Prometida? Ver Filipenses 2:12 y Hebreos 12:28.
Miércoles 26 de noviembre
EL JUBILEO
La tierra era tan fundamental para la existencia de Israel como pueblo de Dios que debía distribuirse entre las tribus y las familias (Núm. 34:13-18) para evitar que se convirtiera en posesión de unas pocas élites dirigentes. Lee Levítico 25:1-5, 8-13. ¿Cuál era la finalidad del año sabático y del jubileo? En contraste con Egipto, donde los ciudadanos perdían regularmente sus tierras y se convertían en siervos del faraón, el propósito de Dios para los israelitas era que nunca quedaran indefinidamente privados de su propiedad y sus derechos. Nadie fuera de las familias a las que la tierra había sido asignada originalmente podría poseerla.
De hecho, según el plan de Dios, la tierra nunca podría ser vendida, sino solo arrendada según su valor establecido, y solo durante el número de años que restaban hasta el siguiente Jubileo. Por lo tanto, los parientes de una persona que se había visto obligada por las circunstancias a “vender” su tierra ancestral tenían el deber de rescatarla incluso antes de que llegara el Jubileo (Lev. 25:25). La adjudicación de la tierra se convirtió, por así decirlo, en una ventana que permitía contemplar el corazón de Dios. Como nuestro Padre Celestial, él quería que sus hijos fueran generosos con los menos afortunados y permitieran que sus tierras los alimentaran cada séptimo año.
El año sabático aplicaba el principio del mandamiento del sábado a mayor escala. Además de valorar y fomentar el trabajo, la propiedad de la tierra también exigía respeto y amabilidad hacia quienes enfrentaban a dificultades económicas. La legislación acerca de la propiedad de la tierra proporcionaba a cada israelita la oportunidad de liberarse de circunstancias opresivas heredadas o propias y de tener un nuevo comienzo en la vida. En esencia, este es el principal propósito del Evangelio: borrar la distinción entre ricos y pobres, empresarios y empleados, privilegiados y desfavorecidos, poniéndonos a todos en pie de igualdad al reconocer nuestra total necesidad de la gracia de Dios.
Desgraciadamente, Israel no cumplió la norma establecida por Dios y, al cabo de los siglos, se hicieron realidad las advertencias de desposesión (2 Crón. 36:20, 21). ¿Cómo pueden los principios de la asignación de tierras a Israel y el sábado recordarnos que, a los ojos de Dios, todos somos iguales? ¿Cómo puede el sábado ayudarnos a decir “no” a la explotación y el consumismo que arruinan a muchas sociedades?
Jueves 27 de noviembre
LA TIERRA RESTAURADA
Lee Jeremías 24:6; 31:16; Ezequiel 11:17; 28:25; 37:14, 25. ¿Cuál fue la promesa de Dios acerca del regreso de Israel a la Tierra Prometida y cómo se cumplió? Durante el exilio babilónico, los israelitas experimentaron la triste realidad del desarraigo, pero también la promesa de que su relación con Dios no estaba condicionada ni limitada a la posesión de la tierra. Cuando los israelitas confesaron sus pecados, se arrepintieron y buscaron al Señor de todo corazón, Dios cumplió de nuevo su promesa y los llevó nuevamente a su tierra como señal de su restauración. Eso significaba que él era su Dios aun cuando no estuvieran en la tierra. Sin embargo, así como la promesa de que Israel poseería la tierra para siempre era condicional (Deut. 28:63, 64; Jos. 23:13, 15; 1 Rey. 9:7; 2 Rey. 17:23; Jer. 12:10-12), también lo era la promesa de reasentar y hacer prosperar a Israel en la tierra después del exilio. Al mismo tiempo, los profetas del Antiguo Testamento apuntaban a una restauración que sería obra de un futuro rey davídico (Isa. 9:6, 7; Zac. 9:9, 16).
Esta promesa se cumplió en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, en quien se harían realidad todas las promesas hechas al antiguo Israel. En el Nuevo Testamento no se menciona directamente la Tierra Prometida, pero se nos dice que las promesas de Dios se han cumplido en Jesucristo y por medio de él (Rom. 15:8; 2 Cor. 1:20). En consecuencia, la tierra es reinterpretada a la luz de Cristo y se convierte en el símbolo de las bendiciones espirituales que Dios planea dar a su pueblo fiel aquí y ahora (Efe. 2:6), y en el futuro.
El cumplimiento definitivo de la promesa divina del reposo, la abundancia y el bienestar en la tierra tendrá lugar en la Tierra Nueva, liberada del pecado y sus consecuencias. En ese sentido, nuestra esperanza como cristianos se basa en la promesa del regreso de Cristo, quien establecerá su Reino eterno en la Tierra hecha nueva tras un período de mil años en el Cielo. Este será el cumplimiento final de todas las promesas acerca de la Tierra. Lee Juan 14:1-3; Tito 2:13 y Apocalipsis 21:1-3. ¿Qué esperanza final encontramos en estos versículos y por qué la muerte de Jesús nos garantiza su cumplimiento?
Viernes 28 de noviembre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee las páginas 730-737 del capítulo “El fin del conflicto” en el libro El conflicto de los siglos, de Elena de White. “Estaremos eternamente salvados cuando entremos por las puertas en la ciudad. Entonces podremos alegrarnos de que estamos salvados, eternamente salvados. Hasta entonces, debemos prestar atención al mandato del apóstol: ‘Siendo que la promesa de entrar en su reposo permanece aún, cuiden que ninguno de ustedes parezca rezagado’ [Heb. 4:1].
El conocimiento acerca de Canaán, la entonación de sus cánticos y el regocijo ante la perspectiva de entrar en ella no llevaron a los hijos de Israel a los viñedos y olivares de la Tierra Prometida. Solo podían hacerla suya ocupándola, cumpliendo las condiciones para ello, ejerciendo una fe viva en Dios y apropiándose de sus promesas” (Elena de White, “Christlike religion”, The Youth’s Instructor, 17 de febrero de 1898). “En la Biblia se llama a la herencia de los bienaventurados ‘una patria’ (Heb. 11:14-16).
Allí el Pastor divino conduce a su rebaño a los manantiales de aguas vivas. El árbol de vida da su fruto cada mes, y las hojas del árbol son para la utilidad de las naciones. Allí hay corrientes que manan eternamente, claras como el cristal, al lado de las cuales se mecen árboles que echan su sombra sobre los senderos preparados para los redimidos del Señor. Allí las vastas planicies alternan con bellísimas colinas y las montañas de Dios elevan sus majestuosas cumbres. En esas pacíficas llanuras, al borde de esas corrientes vivas, el pueblo de Dios que por tanto tiempo anduvo peregrino y errante, encontrará un hogar” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 733).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Piensa en la Tierra Prometida como un símbolo de la vida abundante que Cristo ofrece a sus seguidores en Juan 10:10. ¿De qué manera los beneficios de vivir en una tierra de abundancia ilustran las bendiciones de la salvación?
2. ¿Qué relación existe entre ser ciudadanos de una tierra en particular y tener un determinado estilo de vida? ¿Cómo afecta una cosa a la otra? ¿Qué implica ser un ciudadano del Reino de Dios?
3. Como seres humanos nos vemos constantemente decepcionados por las promesas que otros nos hacen y, a veces, por las que nos hacemos a nosotros mismos. ¿Por qué puedes confiar en las promesas de Dios?
4. ¿Cómo podemos hacer que la promesa de la tierra nueva forme parte de nuestro futuro de manera real y concreta, incluso ahora?
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

«Creciendo en nuestra relación con Dios» – Nina Atcheson
Tu relación con Dios es el aspecto más importante de tu vida. Por eso, es fundamental desarrollarla, fortalecerla y hacerla cada día más firme y significativa.
En este segundo trimestre de 2026, la lección de Escuela Sabática se centra en el tema de las relaciones, especialmente en tu conexión personal con Dios. Esta guía de estudio presenta un enfoque diferente, con un estilo más cercano, práctico y reflexivo.
Las lecciones están diseñadas para ayudarte a comprender que Dios es un ser personal que desea tener una relación íntima contigo. A través de cada estudio semanal, podrás profundizar tu vida espiritual, fortalecer tu fe y crecer en una comunión diaria con Él.
Lección 6: Para el 9 de mayo de 2026
GUERREROS DE ORACIÓN
Sábado 2 de mayo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Daniel 2: 20–23; 6: 10, 11; Hechos 20: 36; Génesis 5: 22–24; Éxodo 33: 15–23; 32: 31, 32.
PARA MEMORIZAR: «Amo al Señor, porque ha escuchado mi voz y mis súplicas, porque ha inclinado a mí su oído, por eso lo invocaré mientras yo viva» (Sal. 116: 1, 2). S i casi no hablaras con tu mejor amigo o con tu cónyuge, tu relación con esa persona pronto se malograría y surgirían problemas. De la misma manera, la oración es esencial para tener una relación cercana con Dios, un hábito devocional crucial que cada uno de nosotros necesita y puede fortalecer. Si no oramos a menudo, tarde o temprano nos alejaremos del Señor. La Biblia registra la experiencia de distintas personas que oraban de diferentes maneras.
Al estudiar el ejemplo de ellas podemos vislumbrar cómo su comunión con Dios influyó en su relación con él, cómo sus oraciones influyeron positivamente en la vida de otras personas, y cómo podríamos orar también nosotros para nuestro bien y el de los demás. Al igual que el estudio de la Biblia, el tema de la oración es importante y mucho más amplio de lo que se puede abarcar en solo dos semanas. En esta ocasión aprenderemos varias lecciones de algunos personajes de la Biblia que oraron y demostraron cuán importante es la oración para tener una relación sólida con Dios.
Domingo 3 de mayo
EL FIEL DANIEL
Daniel es uno de los grandes héroes de la Biblia. Sin duda recordamos el comienzo de su historia (ver Dan. 1): «Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la comida ni con el vino del rey» (Dan. 1: 8). Él y sus tres amigos recibieron de Dios «conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias. Además, Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños» (Dan. 1: 17). La Biblia dice que Daniel era sabio (Dan. 1: 20; 2: 14, 21, 23, 48) porque el Espíritu de Dios estaba en él (Dan. 4: 9, 18; 5: 14; 6: 3), y que era muy amado por el Cielo (Dan. 9: 23; 10: 11). Estos son algunos de los rasgos de un hombre que tenía una conexión sólida y constante con Dios.
Cuando el rey Nabucodonosor decretó la muerte de todos los sabios de Babilonia, Daniel pidió misericordia a Dios y que le revelara el sueño del rey y su significado (Dan. 2: 18). Cuando el Señor lo hizo, Daniel oró inmediatamente. Lee Daniel 2: 20 al 23. ¿Por qué oró Daniel y qué podemos aprender de su oración? Los años pasaron y distintos reyes ocuparon el trono, pero Daniel siguió siendo un valorado consejero de la corte y, «debido a la gran destreza administrativa de Daniel, el rey hizo planes para ponerlo frente al gobierno de todo el imperio» (Dan. 6: 3, NVI). «Era fiel y ningún vicio ni falta había en él» (Dan. 6: 4).
A pesar de la envidia de sus colegas y las conspiraciones malvadas en su contra (Dan. 6: 5-9), Daniel mantuvo su constante vida de oración. Lee Daniel 6: 10 y 11. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de Daniel? Ante las dificultades, Daniel oró. Aunque la amenaza iba directamente contra su vida, él se mantuvo firme y constante en la oración: tres veces al día, como era su costumbre. Además, era predecible; abría su ventana y oraba mirando hacia Jerusalén. Su oración incluía una acción concreta —se arrodillaba— y se centraba en la acción de gracias y la súplica. A la luz de una historia como esta, ¿cuán fundadas son tus excusas para no orar?
Lunes 4 de mayo
LA POSTURA DURANTE LA ORACIÓN
Cuando tenemos algún problema serio, la mayoría de nosotros llamamos a un amigo íntimo para hablar con él acerca de ello. Cuando tenemos buenas noticias, buscamos a alguien con quien compartirlas. Podemos hacer lo mismo con Dios, ya que «orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 138). La oración no solo nos mantiene conectados con Dios, sino también dice al Diablo a quién pertenecemos. Nuestra oración matutina de rodillas es una declaración que hacemos a los poderes de las tinieblas de que elegimos a Dios.
Además, Dios responde a esa oración enviando a sus ángeles para que nos fortalezcan y nos resguarden de nuestro Enemigo, el Príncipe de las tinieblas (Sal. 91). El hecho de arrodillarse en actitud de sumisión expresa una disposición humilde y se diferencia de orar sentado o reclinado, aunque también podemos orar de esta manera. Sin embargo, cuando nos arrodillamos ante Dios, nuestro corazón se rinde más fácilmente, ya que nuestro cuerpo y nuestras palabras declaran que él es soberano y que somos sus hijos creados.
Lee los siguientes pasajes bíblicos y considera la vida de estas personas que oraron de rodillas: Daniel 6: 10; Lucas 22: 41; Hechos 7: 60; 9: 40 y 20: 36. Orar de pie era una práctica común en los tiempos bíblicos (2 Crón. 20: 5, 6, 13; 1 Sam. 1: 26; Job 30: 20; Luc. 18: 11). La Biblia también comparte ejemplos de personas que oraron sentadas (2 Sam. 7: 18; 2 Rey. 4: 38). Otros se postraban ante Dios, con el rostro en tierra, aunque esta postura estaba más bien asociada con la sumisión ante un superior (1 Rey. 1: 47; Mar. 14: 35). ¿Cuál es tu postura habitual cuando oras? La Biblia no exige una en particular, pero esta es importante, pues refleja nuestra reverencia, nuestros sentimientos y nuestro deseo de aceptar la soberanía de Dios en nuestra vida.
Algunas personas están imposibilitadas de arrodillarse, pero lo que importa es la postura del corazón. Si puedes arrodillarte, pero normalmente no lo haces, hazlo la próxima vez que ores y nota cómo influye eso en la calidad de tu diálogo con Dios. La Biblia nos invita a orar sin cesar (1 Tes. 5: 17), lo que implica perseverancia (Col. 4: 2) y constancia (Rom. 12: 12). Dirige ahora mismo tus pensamientos a Dios y háblale como a tu Amigo mientras estás de pie, sentado, reclinado o caminando.
Martes 5 de mayo
ENOC PRACTICABA LO QUE PREDICABA
Lee Génesis 5: 22 al 24. ¿Qué sabemos, en verdad, acerca de Enoc? La Biblia no dice mucho acerca de la vida de Enoc, pero sí que caminó con Dios durante trescientos años, hasta que Dios lo llevó al Cielo. ¡Cuán hermoso es que la devoción constante de una persona a Dios sea lo que defina su vida! Enoc era «constante en la oración» (Rom. 12: 12) y se mantenía cada día cerca de Dios, por medio de la fe, en sus circunstancias y experiencias.
El mundo se volvía cada vez más malvado en sus días, pero Enoc se mantenía ocupado sirviendo a Dios pues sabía que eso solamente era posible si permanecía en comunión con él. «En medio de una vida de activa labor, Enoc mantenía fielmente su comunión con Dios. Cuanto más intensas y urgentes eran sus labores, tanto más constantes y fervorosas eran sus oraciones. [...] Después de permanecer algún tiempo entre la gente, trabajando para beneficiarla mediante la instrucción y el ejemplo, se retiraba con el fin de estar solo, para satisfacer su sed y hambre de aquella divina sabiduría que únicamente Dios puede dar. Manteniéndose así en comunión con Dios, Enoc llegó a reflejar más y más la imagen divina. Tenía el rostro radiante de una santa luz, semejante a la que resplandece del rostro de Jesús.
Cuando regresaba de estar en comunión con Dios, hasta los impíos miraban con reverencia ese sello del cielo en su semblante» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 66). Dios no nos pide que vivamos como ermitaños o monjes, tan separados del mundo que no seamos útiles en la Tierra. Como Enoc, podemos ser productivos y conscientes de las necesidades que nos rodean, pero Dios solamente puede reflejar su maravilloso carácter a través de nosotros si mantenemos una relación estable y duradera con él. Podemos orar en cualquier momento y lugar. No hay ningún lugar en la Tierra donde Dios no nos vea u oiga (Sal. 139: 7-12). Él siempre escucha el clamor de nuestro corazón, sin importar dónde estemos (lee Lam. 3: 55-57). Sin embargo, hay una ventaja en el hecho de orar audiblemente, ya que cuando lo hacemos solo mentalmente es más factible que el pensamiento se desvíe hacia otros temas.
A diferencia de ello, cuando oramos en voz audible, ya sea como un susurro o en nuestro tono habitual, ello sirve como una especie de recordatorio de que Dios es real, que nos está escuchando y que tenemos algo específico acerca de lo cual dialogar con él. ¿Dónde o cómo susurrarás hoy una oración como parte de tu comunión con Jesús?
Miércoles 6 de mayo
MOISÉS, UN LÍDER CONSAGRADO
Aunque está claro que Enoc tenía una relación muy cercana con Dios, la Biblia contiene más información acerca de la relación de Moisés con el Señor e, incluso, registra numerosos diálogos entre ambos. A medida que pasamos revista a los altibajos de la experiencia de este humilde líder, observamos que la parte más importante de su vida y el secreto de su éxito como dirigente piadoso fue su comunicación constante con Dios y su relación permanente con él. Lee Éxodo 33: 15 al 23. ¿Cuál es el contenido y la forma del diálogo entre Moisés y el Señor? Imagina lo que significó, sin duda, hablar con Dios y oír claramente su voz. Es sorprendente que los israelitas no buscaran este tipo de comunión con Dios por sí mismos en lugar de rogar a Moisés que les hablara en nombre del Señor (Éxo. 20: 18-21).
No obstante, Dios había preparado a Moisés para esto ya desde su interacción con el futuro líder en la zarza ardiente, en ese mismo monte. Aunque la Biblia registra otras oraciones de Moisés, lo cierto es que él estaba casi continuamente en presencia de Dios, pidiéndole orientación e intercediendo por el pueblo al que dirigía. Moisés intercedió en dos ocasiones por algunos miembros de su familia. ¿Cuáles fueron las circunstancias que motivaron su mediación y qué habría sucedido si él no hubiera intervenido?
Aarón (Éxo. 32: 1-14, 31-34; Deut. 9: 20) _______________________________________________________ _______________________________
María (Núm. 12: 13) _______________________________________________________ _______________________________________________________ _________
Lo más sorprendente de la interacción en favor de María es que Moisés fue el destinatario de su maltrato y envidia. Él pudo haber permitido que Dios diera a María y Aarón el castigo que merecían. En cambio, perdonó a su hermana e intercedió por ella. ¡Qué poderoso reflejo de la gracia perdonadora de Dios para con los pecadores se ve aquí en las acciones de Moisés! Lee Mateo 5: 44 y Colosenses 3: 13. ¿Cómo puedes aprender a hacer lo que se te dice aquí? ¿Por qué es importante que lo hagas?
Jueves 7 de mayo
MOISÉS INTERCEDE POR LA NACIÓN
Lee Éxodo 32: 31 y 32. ¿Qué nos enseña este texto acerca de Moisés y la oración? Moisés intercedió audazmente por el pueblo de Dios una y otra vez. Acudió al Señor cuando los israelitas tenían sed (Éxo. 15: 25; 17: 2-6) y hambre (Núm. 11: 21, 22), y expresó su desesperación (Núm. 11: 11-15). Cuando el pueblo construyó el becerro de oro, inmediatamente después del pacto concertado con Dios, Moisés recordó: «Y temí el enojo y la ira que el Señor tenía contra ustedes para destruirlos. Pero el Señor me oyó aún esa vez» (Deut. 9: 19).
Cuando los espías regresaron de la Tierra Prometida, Moisés recordó: «Me postré ante el Señor. Cuarenta días y cuarenta noches estuve postrado, porque él había dicho que los iba a destruir» (Deut. 9: 25). Cuando Leví fue separado de las demás tribus para servir en el Santuario, Moisés recordó: «Yo estuve en el monte como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches. Y el Señor me oyó también esta vez, y no quiso destruirte» (Deut. 10: 10). Dios escuchó la súplica de Moisés. Podemos aprender mucho de la vida de Moisés en lo que se refiere a la oración y a aferrarnos a Dios: • Moisés sentía un profundo amor por Dios y tenía una idea clara del carácter divino. Dios se describió a sí mismo ante Moisés en Éxodo 34: 6: «¡Dios compasivo y bondadoso, lento para la ira, y grande en amor y fidelidad!». • Moisés fue valiente y fiel al aferrarse a Dios en los altibajos del extenuante viaje hacia la Tierra Prometida.
Aunque tuvo luchas personales, como cada uno de nosotros, confió en el poder, la presencia y la dirección de Dios en su vida (Éxo. 33: 13). • Moisés recordó a Dios su pacto (Éxo. 32: 13), reclamó sus promesas en nombre de su pueblo (Deut. 7: 8) y trajo a la memoria cómo los había guiado en el pasado (Deut. 8: 2). • Moisés aceptó las respuestas de Dios a sus oraciones. Estar en estrecha relación con Dios no significa automáticamente que siempre obtendremos lo que deseamos (Deut. 3: 23-29), pero aun así debemos orar con persistencia (Luc. 18: 1-8). ¿Quién necesita tus oraciones intercesoras en este momento? ¿Qué te im‑ pide orar ahora mismo?
Viernes 8 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
En última instancia, debemos orar porque amamos mucho a Dios y porque no podemos evitar compartir con él todo lo que ocurre en nuestra vida: nuestras alegrías y victorias, nuestras cargas y preocupaciones, nuestras peticiones y necesidades cotidianas. «Podemos mantenernos tan cerca de Dios que en cualquier prueba inesperada, nuestros pensamientos se vuelvan hacia él tan naturalmente como la flor se vuelve hacia el sol. »Presenta a Dios tus necesidades, tristezas, gozos, preocupaciones y temores; no puedes incomodarlo ni agobiarlo. El que tiene contados los cabellos de tu cabeza no es indiferente a las necesidades de sus hijos […].
Nuestras aflicciones conmueven su tierno corazón, especialmente cuando las compartimos con él. Llévale todo lo que confunde. No hay carga que resulte tan pesada que él no la pueda sobrellevar; pues él sostiene los mundos y rige el devenir del universo. Nada que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeño que él no lo note. No hay en nuestra experiencia ningún episodio tan oculto que él no lo haya conocido, ni perplejidad tan grande que no la pueda solventar.
Ninguna calamidad puede ocurrirle al más humilde de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltarlo, ningún gozo alegrarlo, ninguna oración sincera surgir de los labios, sin que el Padre celestial lo perciba y sin que él se tome en ello un interés inmediato. […] Las relaciones entre Dios y cada persona son tan especiales y únicas como si no hubiera habido otra de la que ocuparse ni por la cual haber entregado a su Hijo amado» (Elena G. de White, El camino a Cristo, pp. 148, 149).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Describirías la oración como algo hermoso o como una carga? ¿Qué ha contribuido a tu perspectiva?
2. La cita anterior contiene muchos mensajes perspicaces. ¿Qué pensamiento resuena especialmente en ti después de leerla? 3. ¿Con cuál de las tres vidas de oración estudiadas esta semana (Daniel, Enoc y Moisés) te sientes más identificado?
RESUMEN: Cuando leemos en la Biblia acerca de los gigantes de la oración, es fácil pensar que no podemos tener una relación tan estrecha con Dios o estar tan comprometidos con él. Pero sí podemos. Como Daniel, podemos ser firmes y fieles en arrodillarnos cada día a pesar de la oposición. Como Enoc, podemos decidir caminar y hablar con Dios, recurriendo a él antes de hacer el trabajo para el que nos ha llamado. Como Moisés, podemos guiar a quienes se encuentran en nuestra esfera de influencia e interceder por nuestras familias y por los miembros de nuestras comunidades si decidimos permanecer bajo la sombra protectora del Todopoderoso, nuestro Líder y Amigo.
