SÁBADO 28 DE JUNIO 2025
Opresión: El trasfondo y el nacimiento de Moisés
Lee para el estudio de esta semana
Éxodo 1: 1-22; Génesis 37: 26-28; Génesis 39: 2, 21; Hechos 7: 6; Gálatas 3: 16, 17; Éxodo 2: 1-25.
Versículo para memorizar:
«Los israelitas, gimiendo a causa de la servidumbre, clamaron, y su clamor subió hasta Dios con motivo de su servidumbre. Dios oyó su gemido, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los israelitas y reconoció su condición» (Éxo. 2: 23-25).
El libro de Éxodo resuena con relatos de oprimidos, marginados, perseguidos, explotados y degradados. Por lo tanto, quienes se sienten hoy abandonados, olvidados y esclavizados pueden tener esperanza, pues el mismo Dios que salvó a los hebreos es capaz de salvarlos a ellos también.
Éxodo habla de las batallas existenciales, las injusticias y las pruebas que forman parte de la vida. Todos pueden sentirse alentados por los relatos de las intervenciones de Dios en favor de su pueblo sufriente. El Señor escucha el clamor de los oprimidos, ve sus luchas, nota sus lágrimas y agonía, y acude en su rescate.
Dios toma la iniciativa para liberar a quienes confían en él. Solo tenemos que aceptar por fe lo que él nos ofrece. Por eso es necesario estudiar el Éxodo, porque señala lo que Jesús ha hecho por todos nosotros. Es un libro acerca de la redención, la liberación y la salvación final. Todo lo cual está a nuestra disposición por la fe gracias a lo que Cristo Jesús ha logrado en nuestro favor.
En medio de la confusión y la oscuridad, si nuestros ojos están fijos en Dios, podemos reconocer su presencia, su cuidado y su ayuda mientras nos guía a la eterna «Tierra Prometida».
DOMINGO 29 DE JUNIO 2025
El pueblo de Dios en Egipto
El libro de Éxodo es conocido como shemot («nombres») en hebreo, en armonía con las palabras iniciales de ese antiguo documento que comienza con la expresión: «Estos son los nombres...», en referencia a los de la familia del patriarca Jacob que se enumeran desde el principio.
Lee Éxodo 1: 1 al 7. ¿Qué verdad crucial se expresa aquí?
El libro de Éxodo comienza con un recordatorio de la bendición de Dios. Cuando el patriarca Jacob y su familia se establecieron en Egipto eran solo setenta personas (Gén. 46: 27; Éxo. 1: 5), pero los israelitas «crecieron y se multiplicaron. Se aumentaron y fortalecieron en extremo, y llenaron el país» (Éxo. 1: 7). En la época del Éxodo eran «como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar las mujeres y los niños» (Éxo. 12: 37).
Lee Éxodo 1: 8 al 11. ¿Cuál era la situación de los israelitas en el momento del Éxodo?
El texto bíblico describe con tonos oscuros la historia de los hijos de Israel en Egipto, ya que comienza con su esclavitud a manos de los capataces egipcios y el trabajo opresivo que se les impuso. Sin embargo, el libro de Éxodo termina con la presencia apacible y reconfortante de Dios en el Tabernáculo, en el centro del campamento israelita (ver Éxo. 40). Entre estos dos polos opuestos se describe el triunfo de Dios. Al liberar el Señor a su pueblo de la esclavitud, al abrir el Mar Rojo y al derrotar al ejército más poderoso de la época, se revela la espectacular victoria de Dios sobre las fuerzas del mal.
El relato destaca la paradoja de que, cuanto más afligían los opresores a los israelitas, «tanto más se multiplicaban y crecían» (Éxo. 1: 12). Es decir, independientemente de las maquinaciones humanas, Dios sigue siendo soberano y salvará a su pueblo aunque las circunstancias parezcan desesperadas, al menos desde una perspectiva humana.
Surgió un nuevo rey que no conocía a José. ¿Qué nos enseña este relato acerca del error de dar por sentadas las circunstancias, especialmente las buenas?
LUNES 30 DE JUNIO 2025
El trasfondo histórico
Cuando la familia de Jacob llegó a Egipto después de pasar hambre en Canaán (Gén. 46), el rey egipcio se mostró amigable con los hebreos a causa de José y de todo lo que este había hecho por los egipcios.
«Y agregó Faraón a José: “Ahora te he puesto sobre toda la tierra de Egipto”. Entonces Faraón quitó su anillo de su mano y lo puso en la mano de José. Lo hizo vestir de lino finísimo y puso un collar de oro en su cuello. Lo hizo subir en su segundo carro, y pregonaron ante él: “¡Doblen la rodilla!”. Y lo puso sobre toda la tierra de Egipto» (Gén. 41: 41–43).
¿Cuál fue la clave del asombroso éxito de José en Egipto tras un comienzo tan difícil? (Lee Gén. 37: 26–28; 39: 2, 21).
El trasfondo histórico más plausible de la historia de José sugiere que el nuevo rey que «no conocía a José» (Éxo. 1: 8) fue Amosis I (1570 a. C.-1546 a. C.). Luego vino Amenhotep I (1553 a. C.-1526 a. C.), el gobernante que temía a los israelitas y los oprimía. Más tarde, Tutmosis I (1525 a. C.-1512 a. C.) decretó la muerte de todos los hijos varones hebreos recién nacidos. Su hija Hatshepsut (1503 a. C.-1482 a. C.) fue la princesa que adoptó a Moisés como hijo. El faraón Tutmosis III (1504 a. C.-1450 a. C.), corregente de Hatshepsut durante algún tiempo, fue el faraón del Éxodo.
El Éxodo ocurrió, según los mejores cálculos, en marzo del año 1450 a. C. (ver William H. Shea, «Exodus, date of the», en The International Standard Bible Encyclopedia, editada por Geoffrey W. Bromiley y otros [Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1982], t. 2, pp. 230-238). Para comprender la época del Éxodo, estudia los siguientes textos bíblicos: Génesis 15: 13-16; Éxodo 12: 40, 41; Jueces 11: 26; 1 Reyes 6: 1 (ver también Hech. 7: 6; Gál. 3: 16, 17).
El primer capítulo del libro de Éxodo abarca un largo período: desde la época de José, cuando su padre Jacob con toda la familia entró en Egipto, hasta el decreto de muerte del faraón. Aunque existe cierto debate acerca de la extensión exacta de ese período, lo importante es que el Señor no se olvidó de ellos incluso cuando el pueblo de Dios era esclavizado en tierra extranjera.
Es decir, aunque desconocemos por ahora muchos detalles acerca de la historia de los hebreos en Egipto en aquella época (ver 1 Cor. 13: 12), la revelación del carácter de Dios sigue brillando a través de las páginas de este libro al igual que en toda la Escritura. Por adversas que sean las circunstancias, Dios siempre está presente y podemos confiar en él cualquiera que sea nuestra situación.
Martes 1 de julio
Las parteras de las Hebreas
No es posible entender el libro de Éxodo sin el precedente de las enseñanzas del Génesis. Los israelitas se trasladaron a Egipto y fueron esclavizados allí tras una época de gran prosperidad y paz.
Dios no abandonó a su pueblo, aunque a veces pueda dar esa impresión. Sin duda, muchos hebreos se desesperaron por su difícil situación. No obstante, el Señor acudió en el momento de angustia para auxiliarlos con su mano poderosa. Nuestro Señor anima a sus seguidores: «Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás» (Sal. 50: 15).
Lee Éxodo 1: 9 al 21. ¿Qué papel clave desempeñaron las parteras fieles y por qué su actuación quedó registrada para la posteridad?
En el libro de Éxodo no se menciona el nombre de ningún faraón. Solo reciben el título de «faraón», que significa «rey». Los egipcios creían que el faraón era una deidad en la Tierra, el hijo del dios Ra (o de Osiris u Horus), considerado la deidad egipcia más elevada, el mismísimo dios Sol.
Sin embargo, a pesar de todo su poder, este «dios» no era capaz de obligar a las parteras a actuar contra sus convicciones. De hecho, en contraste con el faraón sin nombre, se identifica a las dos parteras como Sifra y Fúa (Éxo. 1: 15), muy estimadas porque temían al Señor. La malvada orden del faraón no tuvo efecto en ellas porque respetaban más a Dios que las órdenes de un gobernante terrenal (ver también Éxo. 5: 29). En consecuencia, Dios las bendijo juntamente con sus respectivas familias. Qué poderoso testimonio de fidelidad. Estas mujeres no solo sabían qué era lo correcto, sino que también decidieron hacerlo a pesar de su escaso conocimiento teológico.
Cuando el faraón vio que su complot fracasaba, ordenó a los egipcios que mataran a todos los bebés varones hebreos recién nacidos. Debían arrojarlos al río Nilo, probablemente como ofrenda a Hapi, dios del Nilo y de la fertilidad. Este es el primer caso registrado de israelitas condenados a muerte solo por ser israelitas. El propósito del decreto de muerte era someter a los hebreos aniquilando a sus descendientes varones e integrando a sus mujeres a la nación egipcia para terminar así con la amenaza que el faraón creía que representaban para su nación.
Las parteras no solo sabían qué era lo correcto, sino que también lo llevaron a cabo. ¿Qué enseñanza nos deja su ejemplo?
Miércoles 2 de julio
El nacimiento de Moisés
Lee Éxodo 2: 1 al 10. ¿Qué papel desempeñaron la providencia y la protección de Dios en la historia del nacimiento de Moisés?
El trasfondo histórico del nacimiento y la vida de Moisés es apasionante porque él vivió durante la época de la célebre decimoctava dinastía egipcia. Uno de los reyes de esta dinastía, Tutmosis III, llamado el «Napoleón de Egipto», es considerado uno de los faraones más famosos del antiguo Egipto.
Aunque fue condenado a muerte al nacer (ver Éxo. 1: 22), Moisés nació como un hijo especial (hebreo tob, literalmente «bueno»; Éxo. 2: 2). El término hebreo tob describe algo más que la belleza externa. Esta palabra se utiliza, por ejemplo, para describir la obra de Dios durante la semana de la Creación, cuando declaró que todo era «bueno» y «bueno en gran manera» (Gén. 1: 4, 10, 31).
Como nueva creación, este niño «bueno» llegaría a ser, en armonía con el plan de Dios, el adulto que libertaría a los hebreos de su esclavitud. ¿Quién habría imaginado cuando nació, especialmente en circunstancias tan terribles, el futuro de este niño? Sin embargo, Dios cumpliría las promesas que hizo a Abraham, Isaac y Jacob de otorgar la Tierra Prometida a sus descendientes (Éxo. 2: 24, 25), para lo cual utilizaría a este bebé tob décadas más tarde.
La princesa egipcia Hatshepsut adoptó a Moisés como hijo. El nombre dado a Moisés es de origen egipcio y significa «hijo de» o «nacido de», como se refleja en los nombres Amosis («hijo de Aj») o Tutmosis («hijo de Tut»). En hebreo su nombre significa «sacado», ya que fue milagrosamente salvado cuando fue «sacado» del río.
Es poco lo que sabemos acerca de sus primeros años de vida. Tras ser salvado milagrosamente y adoptado por Hatshepsut, Moisés vivió sus primeros doce años con su familia original (Éxo. 2: 7-9; Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 222) y recibió la mejor educación egipcia con el fin de prepararlo para ser el próximo faraón de Egipto (Patriarcas y profetas, p. 223). Gran parte de esa educación resultó inútil e incluso contraria a lo que realmente importaba: el conocimiento de Dios y de su verdad.
¿Cuánto de lo que estás aprendiendo es en última instancia inútil para lo que realmente importa?
Jueves 3 de julio
Un cambio de planes
Lee Éxodo 2: 11 al 25. ¿Qué eventos sucedieron precipitadamente y cambiaron por completo el rumbo de la vida de Moisés? ¿Qué lecciones podemos aprender de esta historia?
¿Qué haría Moisés? ¿Sucumbiría a la atracción de Egipto y a los placeres de la corte o soportaría las penurias junto a su pueblo? Los acontecimientos pronto lo obligaron a tomar una decisión.
«Al oír esto, Faraón procuró matar a Moisés. Pero Moisés huyó de Faraón y fue a vivir en la tierra de Madián. Al llegar allá se sentó junto a un pozo» (Éxo. 2: 15).
Después de su crimen, Moisés realmente no tuvo elección, al menos en lo que respecta a permanecer en Egipto. Cualesquiera que fueran los planes que tenía para ascender al trono de Egipto y convertirse en un «dios», se desvanecieron rápidamente. En lugar de convertirse en un dios falso, Moisés serviría al Dios verdadero. Cuando huyó, Moisés no tenía idea de lo que le deparaba el futuro.
«Todo el asunto [de la muerte del egipcio a manos de Moisés], exagerado en sumo grado, se supo rápidamente entre los egipcios, y hasta llegó a oídos del faraón. Se le dijo al rey que este acto era muy significativo; que Moisés tenía el propósito de acaudillar a su pueblo contra los egipcios; que quería derrocar el gobierno y ocupar el trono; y que no habría seguridad para el reino mientras él viviera. El monarca decidió en seguida que debía morir. Reconociendo su peligro, Moisés huyó hacia Arabia» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 225).
Moisés vivió 120 años (Deut. 34: 7), y su vida puede dividirse en tres etapas de 40 años cada una. Pasó los primeros 40 años en Egipto, gran parte de ellos en el palacio real. Los segundos 40 años transcurrieron en casa de Jetro, en Madián.
Sin embargo, son los últimos 40 años los que ocupan la mayor parte de los libros de Moisés y narran la historia del llamado divino hecho a Israel para que diera testimonio acerca de quién y cómo es Dios, de su naturaleza y su carácter, a un mundo sumido en la idolatría (ver Deut. 4: 6-8).
¿Era el plan de Dios que Moisés matara al egipcio? De no ser así, ¿qué nos enseña esta historia acerca de cómo Dios puede transformar cualquier situación y utilizarla para sus propósitos? ¿Cómo nos ayuda Romanos 8: 28 a comprender esta importante verdad?
Viernes 4 de julio
Para estudiar y meditar
Lee el capítulo titulado «Moisés» en el libro Patriarcas y profetas, de Elena G. de White, pp. 219-227, el cual provee vislumbres significativas acerca de la porción bíblica estudiada esta semana.
El texto bíblico dice que «las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida de los niños» (Éxo. 1: 17). Elena G. de White comenta lo siguiente acerca de la fidelidad de estas dos mujeres y de la esperanza mesiánica: «Se ordenó a las mujeres cuya profesión les daba la oportunidad de hacerlo que dieran muerte a los niños varones hebreos en el momento de nacer. Satanás fue el instigador de ese plan. Sabía que entre los israelitas se levantaría un libertador; y al inducir al rey a destruir a los niños varones esperaba frustrar el propósito divino. Pero esas mujeres temían a Dios, y no osaron ejecutar tan cruel mandato. El Señor aprobó su conducta, y las hizo prosperar» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, pp. 220, 221).
Lo bueno de todo esto es que, a pesar de los planes de Satanás, Dios intervino y usó a personas fieles para frustrar los propósitos del enemigo. Vivimos en un mundo que está bajo el dominio del adversario, a quien Jesús llamó «el príncipe de este mundo» (Juan 14: 30; Efe. 2: 2). Satanás usurpó esta posición a Adán, pero Jesucristo lo derrotó durante su vida y mediante su muerte en la cruz (Mat. 4: 1-11; Juan 19: 30; Heb. 2: 14). Aunque Satanás sigue vivo y activo, como lo reveló su intento de matar a esos niños, su propia destrucción es segura (Juan 12: 31; 16: 11; Apoc. 20: 9, 10, 14). La buena noticia es que las dificultades de la vida pueden ser superadas por la gracia de Dios (Fil. 4: 13). Esa gracia es nuestra única esperanza.
Preguntas para dialogar:
¿Por qué permitió Dios que los hebreos vivieran en Egipto y fueran oprimidos? ¿Por qué tardó tanto en intervenir en favor de ellos? Compara la historia de esta semana con Génesis 15: 13-16. ¿Qué factores considera Dios que nosotros tal vez pasamos por alto?
Reflexiona acerca de cómo pudo Dios utilizar el acto impulsivo de Moisés de matar al egipcio. Supongamos que no lo hubiera hecho. ¿Habría significado eso que los hebreos no habrían sido finalmente liberados de Egipto? Explica tus ideas al respecto.
"Escuela Sabática adultos 2026, SEGUNDO trimestre (Abril - Junio). Estudio: «Creciendo en Nuestra Relación con Dios» - Nina Atcheson"

«Creciendo en nuestra relación con Dios» – Nina Atcheson
Tu relación con Dios es el aspecto más importante de tu vida. Por eso, es fundamental desarrollarla, fortalecerla y hacerla cada día más firme y significativa.
En este segundo trimestre de 2026, la lección de Escuela Sabática se centra en el tema de las relaciones, especialmente en tu conexión personal con Dios. Esta guía de estudio presenta un enfoque diferente, con un estilo más cercano, práctico y reflexivo.
Las lecciones están diseñadas para ayudarte a comprender que Dios es un ser personal que desea tener una relación íntima contigo. A través de cada estudio semanal, podrás profundizar tu vida espiritual, fortalecer tu fe y crecer en una comunión diaria con Él.
Lección 6: Para el 9 de mayo de 2026
GUERREROS DE ORACIÓN
Sábado 2 de mayo
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Daniel 2: 20–23; 6: 10, 11; Hechos 20: 36; Génesis 5: 22–24; Éxodo 33: 15–23; 32: 31, 32.
PARA MEMORIZAR: «Amo al Señor, porque ha escuchado mi voz y mis súplicas, porque ha inclinado a mí su oído, por eso lo invocaré mientras yo viva» (Sal. 116: 1, 2). S i casi no hablaras con tu mejor amigo o con tu cónyuge, tu relación con esa persona pronto se malograría y surgirían problemas. De la misma manera, la oración es esencial para tener una relación cercana con Dios, un hábito devocional crucial que cada uno de nosotros necesita y puede fortalecer. Si no oramos a menudo, tarde o temprano nos alejaremos del Señor. La Biblia registra la experiencia de distintas personas que oraban de diferentes maneras.
Al estudiar el ejemplo de ellas podemos vislumbrar cómo su comunión con Dios influyó en su relación con él, cómo sus oraciones influyeron positivamente en la vida de otras personas, y cómo podríamos orar también nosotros para nuestro bien y el de los demás. Al igual que el estudio de la Biblia, el tema de la oración es importante y mucho más amplio de lo que se puede abarcar en solo dos semanas. En esta ocasión aprenderemos varias lecciones de algunos personajes de la Biblia que oraron y demostraron cuán importante es la oración para tener una relación sólida con Dios.
Domingo 3 de mayo
EL FIEL DANIEL
Daniel es uno de los grandes héroes de la Biblia. Sin duda recordamos el comienzo de su historia (ver Dan. 1): «Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la comida ni con el vino del rey» (Dan. 1: 8). Él y sus tres amigos recibieron de Dios «conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias. Además, Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños» (Dan. 1: 17). La Biblia dice que Daniel era sabio (Dan. 1: 20; 2: 14, 21, 23, 48) porque el Espíritu de Dios estaba en él (Dan. 4: 9, 18; 5: 14; 6: 3), y que era muy amado por el Cielo (Dan. 9: 23; 10: 11). Estos son algunos de los rasgos de un hombre que tenía una conexión sólida y constante con Dios.
Cuando el rey Nabucodonosor decretó la muerte de todos los sabios de Babilonia, Daniel pidió misericordia a Dios y que le revelara el sueño del rey y su significado (Dan. 2: 18). Cuando el Señor lo hizo, Daniel oró inmediatamente. Lee Daniel 2: 20 al 23. ¿Por qué oró Daniel y qué podemos aprender de su oración? Los años pasaron y distintos reyes ocuparon el trono, pero Daniel siguió siendo un valorado consejero de la corte y, «debido a la gran destreza administrativa de Daniel, el rey hizo planes para ponerlo frente al gobierno de todo el imperio» (Dan. 6: 3, NVI). «Era fiel y ningún vicio ni falta había en él» (Dan. 6: 4).
A pesar de la envidia de sus colegas y las conspiraciones malvadas en su contra (Dan. 6: 5-9), Daniel mantuvo su constante vida de oración. Lee Daniel 6: 10 y 11. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de Daniel? Ante las dificultades, Daniel oró. Aunque la amenaza iba directamente contra su vida, él se mantuvo firme y constante en la oración: tres veces al día, como era su costumbre. Además, era predecible; abría su ventana y oraba mirando hacia Jerusalén. Su oración incluía una acción concreta —se arrodillaba— y se centraba en la acción de gracias y la súplica. A la luz de una historia como esta, ¿cuán fundadas son tus excusas para no orar?
Lunes 4 de mayo
LA POSTURA DURANTE LA ORACIÓN
Cuando tenemos algún problema serio, la mayoría de nosotros llamamos a un amigo íntimo para hablar con él acerca de ello. Cuando tenemos buenas noticias, buscamos a alguien con quien compartirlas. Podemos hacer lo mismo con Dios, ya que «orar es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 138). La oración no solo nos mantiene conectados con Dios, sino también dice al Diablo a quién pertenecemos. Nuestra oración matutina de rodillas es una declaración que hacemos a los poderes de las tinieblas de que elegimos a Dios.
Además, Dios responde a esa oración enviando a sus ángeles para que nos fortalezcan y nos resguarden de nuestro Enemigo, el Príncipe de las tinieblas (Sal. 91). El hecho de arrodillarse en actitud de sumisión expresa una disposición humilde y se diferencia de orar sentado o reclinado, aunque también podemos orar de esta manera. Sin embargo, cuando nos arrodillamos ante Dios, nuestro corazón se rinde más fácilmente, ya que nuestro cuerpo y nuestras palabras declaran que él es soberano y que somos sus hijos creados.
Lee los siguientes pasajes bíblicos y considera la vida de estas personas que oraron de rodillas: Daniel 6: 10; Lucas 22: 41; Hechos 7: 60; 9: 40 y 20: 36. Orar de pie era una práctica común en los tiempos bíblicos (2 Crón. 20: 5, 6, 13; 1 Sam. 1: 26; Job 30: 20; Luc. 18: 11). La Biblia también comparte ejemplos de personas que oraron sentadas (2 Sam. 7: 18; 2 Rey. 4: 38). Otros se postraban ante Dios, con el rostro en tierra, aunque esta postura estaba más bien asociada con la sumisión ante un superior (1 Rey. 1: 47; Mar. 14: 35). ¿Cuál es tu postura habitual cuando oras? La Biblia no exige una en particular, pero esta es importante, pues refleja nuestra reverencia, nuestros sentimientos y nuestro deseo de aceptar la soberanía de Dios en nuestra vida.
Algunas personas están imposibilitadas de arrodillarse, pero lo que importa es la postura del corazón. Si puedes arrodillarte, pero normalmente no lo haces, hazlo la próxima vez que ores y nota cómo influye eso en la calidad de tu diálogo con Dios. La Biblia nos invita a orar sin cesar (1 Tes. 5: 17), lo que implica perseverancia (Col. 4: 2) y constancia (Rom. 12: 12). Dirige ahora mismo tus pensamientos a Dios y háblale como a tu Amigo mientras estás de pie, sentado, reclinado o caminando.
Martes 5 de mayo
ENOC PRACTICABA LO QUE PREDICABA
Lee Génesis 5: 22 al 24. ¿Qué sabemos, en verdad, acerca de Enoc? La Biblia no dice mucho acerca de la vida de Enoc, pero sí que caminó con Dios durante trescientos años, hasta que Dios lo llevó al Cielo. ¡Cuán hermoso es que la devoción constante de una persona a Dios sea lo que defina su vida! Enoc era «constante en la oración» (Rom. 12: 12) y se mantenía cada día cerca de Dios, por medio de la fe, en sus circunstancias y experiencias.
El mundo se volvía cada vez más malvado en sus días, pero Enoc se mantenía ocupado sirviendo a Dios pues sabía que eso solamente era posible si permanecía en comunión con él. «En medio de una vida de activa labor, Enoc mantenía fielmente su comunión con Dios. Cuanto más intensas y urgentes eran sus labores, tanto más constantes y fervorosas eran sus oraciones. [...] Después de permanecer algún tiempo entre la gente, trabajando para beneficiarla mediante la instrucción y el ejemplo, se retiraba con el fin de estar solo, para satisfacer su sed y hambre de aquella divina sabiduría que únicamente Dios puede dar. Manteniéndose así en comunión con Dios, Enoc llegó a reflejar más y más la imagen divina. Tenía el rostro radiante de una santa luz, semejante a la que resplandece del rostro de Jesús.
Cuando regresaba de estar en comunión con Dios, hasta los impíos miraban con reverencia ese sello del cielo en su semblante» (Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 66). Dios no nos pide que vivamos como ermitaños o monjes, tan separados del mundo que no seamos útiles en la Tierra. Como Enoc, podemos ser productivos y conscientes de las necesidades que nos rodean, pero Dios solamente puede reflejar su maravilloso carácter a través de nosotros si mantenemos una relación estable y duradera con él. Podemos orar en cualquier momento y lugar. No hay ningún lugar en la Tierra donde Dios no nos vea u oiga (Sal. 139: 7-12). Él siempre escucha el clamor de nuestro corazón, sin importar dónde estemos (lee Lam. 3: 55-57). Sin embargo, hay una ventaja en el hecho de orar audiblemente, ya que cuando lo hacemos solo mentalmente es más factible que el pensamiento se desvíe hacia otros temas.
A diferencia de ello, cuando oramos en voz audible, ya sea como un susurro o en nuestro tono habitual, ello sirve como una especie de recordatorio de que Dios es real, que nos está escuchando y que tenemos algo específico acerca de lo cual dialogar con él. ¿Dónde o cómo susurrarás hoy una oración como parte de tu comunión con Jesús?
Miércoles 6 de mayo
MOISÉS, UN LÍDER CONSAGRADO
Aunque está claro que Enoc tenía una relación muy cercana con Dios, la Biblia contiene más información acerca de la relación de Moisés con el Señor e, incluso, registra numerosos diálogos entre ambos. A medida que pasamos revista a los altibajos de la experiencia de este humilde líder, observamos que la parte más importante de su vida y el secreto de su éxito como dirigente piadoso fue su comunicación constante con Dios y su relación permanente con él. Lee Éxodo 33: 15 al 23. ¿Cuál es el contenido y la forma del diálogo entre Moisés y el Señor? Imagina lo que significó, sin duda, hablar con Dios y oír claramente su voz. Es sorprendente que los israelitas no buscaran este tipo de comunión con Dios por sí mismos en lugar de rogar a Moisés que les hablara en nombre del Señor (Éxo. 20: 18-21).
No obstante, Dios había preparado a Moisés para esto ya desde su interacción con el futuro líder en la zarza ardiente, en ese mismo monte. Aunque la Biblia registra otras oraciones de Moisés, lo cierto es que él estaba casi continuamente en presencia de Dios, pidiéndole orientación e intercediendo por el pueblo al que dirigía. Moisés intercedió en dos ocasiones por algunos miembros de su familia. ¿Cuáles fueron las circunstancias que motivaron su mediación y qué habría sucedido si él no hubiera intervenido?
Aarón (Éxo. 32: 1-14, 31-34; Deut. 9: 20) _______________________________________________________ _______________________________
María (Núm. 12: 13) _______________________________________________________ _______________________________________________________ _________
Lo más sorprendente de la interacción en favor de María es que Moisés fue el destinatario de su maltrato y envidia. Él pudo haber permitido que Dios diera a María y Aarón el castigo que merecían. En cambio, perdonó a su hermana e intercedió por ella. ¡Qué poderoso reflejo de la gracia perdonadora de Dios para con los pecadores se ve aquí en las acciones de Moisés! Lee Mateo 5: 44 y Colosenses 3: 13. ¿Cómo puedes aprender a hacer lo que se te dice aquí? ¿Por qué es importante que lo hagas?
Jueves 7 de mayo
MOISÉS INTERCEDE POR LA NACIÓN
Lee Éxodo 32: 31 y 32. ¿Qué nos enseña este texto acerca de Moisés y la oración? Moisés intercedió audazmente por el pueblo de Dios una y otra vez. Acudió al Señor cuando los israelitas tenían sed (Éxo. 15: 25; 17: 2-6) y hambre (Núm. 11: 21, 22), y expresó su desesperación (Núm. 11: 11-15). Cuando el pueblo construyó el becerro de oro, inmediatamente después del pacto concertado con Dios, Moisés recordó: «Y temí el enojo y la ira que el Señor tenía contra ustedes para destruirlos. Pero el Señor me oyó aún esa vez» (Deut. 9: 19).
Cuando los espías regresaron de la Tierra Prometida, Moisés recordó: «Me postré ante el Señor. Cuarenta días y cuarenta noches estuve postrado, porque él había dicho que los iba a destruir» (Deut. 9: 25). Cuando Leví fue separado de las demás tribus para servir en el Santuario, Moisés recordó: «Yo estuve en el monte como la primera vez, cuarenta días y cuarenta noches. Y el Señor me oyó también esta vez, y no quiso destruirte» (Deut. 10: 10). Dios escuchó la súplica de Moisés. Podemos aprender mucho de la vida de Moisés en lo que se refiere a la oración y a aferrarnos a Dios: • Moisés sentía un profundo amor por Dios y tenía una idea clara del carácter divino. Dios se describió a sí mismo ante Moisés en Éxodo 34: 6: «¡Dios compasivo y bondadoso, lento para la ira, y grande en amor y fidelidad!». • Moisés fue valiente y fiel al aferrarse a Dios en los altibajos del extenuante viaje hacia la Tierra Prometida.
Aunque tuvo luchas personales, como cada uno de nosotros, confió en el poder, la presencia y la dirección de Dios en su vida (Éxo. 33: 13). • Moisés recordó a Dios su pacto (Éxo. 32: 13), reclamó sus promesas en nombre de su pueblo (Deut. 7: 8) y trajo a la memoria cómo los había guiado en el pasado (Deut. 8: 2). • Moisés aceptó las respuestas de Dios a sus oraciones. Estar en estrecha relación con Dios no significa automáticamente que siempre obtendremos lo que deseamos (Deut. 3: 23-29), pero aun así debemos orar con persistencia (Luc. 18: 1-8). ¿Quién necesita tus oraciones intercesoras en este momento? ¿Qué te im‑ pide orar ahora mismo?
Viernes 8 de mayo
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
En última instancia, debemos orar porque amamos mucho a Dios y porque no podemos evitar compartir con él todo lo que ocurre en nuestra vida: nuestras alegrías y victorias, nuestras cargas y preocupaciones, nuestras peticiones y necesidades cotidianas. «Podemos mantenernos tan cerca de Dios que en cualquier prueba inesperada, nuestros pensamientos se vuelvan hacia él tan naturalmente como la flor se vuelve hacia el sol. »Presenta a Dios tus necesidades, tristezas, gozos, preocupaciones y temores; no puedes incomodarlo ni agobiarlo. El que tiene contados los cabellos de tu cabeza no es indiferente a las necesidades de sus hijos […].
Nuestras aflicciones conmueven su tierno corazón, especialmente cuando las compartimos con él. Llévale todo lo que confunde. No hay carga que resulte tan pesada que él no la pueda sobrellevar; pues él sostiene los mundos y rige el devenir del universo. Nada que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeño que él no lo note. No hay en nuestra experiencia ningún episodio tan oculto que él no lo haya conocido, ni perplejidad tan grande que no la pueda solventar.
Ninguna calamidad puede ocurrirle al más humilde de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltarlo, ningún gozo alegrarlo, ninguna oración sincera surgir de los labios, sin que el Padre celestial lo perciba y sin que él se tome en ello un interés inmediato. […] Las relaciones entre Dios y cada persona son tan especiales y únicas como si no hubiera habido otra de la que ocuparse ni por la cual haber entregado a su Hijo amado» (Elena G. de White, El camino a Cristo, pp. 148, 149).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Describirías la oración como algo hermoso o como una carga? ¿Qué ha contribuido a tu perspectiva?
2. La cita anterior contiene muchos mensajes perspicaces. ¿Qué pensamiento resuena especialmente en ti después de leerla? 3. ¿Con cuál de las tres vidas de oración estudiadas esta semana (Daniel, Enoc y Moisés) te sientes más identificado?
RESUMEN: Cuando leemos en la Biblia acerca de los gigantes de la oración, es fácil pensar que no podemos tener una relación tan estrecha con Dios o estar tan comprometidos con él. Pero sí podemos. Como Daniel, podemos ser firmes y fieles en arrodillarnos cada día a pesar de la oposición. Como Enoc, podemos decidir caminar y hablar con Dios, recurriendo a él antes de hacer el trabajo para el que nos ha llamado. Como Moisés, podemos guiar a quienes se encuentran en nuestra esfera de influencia e interceder por nuestras familias y por los miembros de nuestras comunidades si decidimos permanecer bajo la sombra protectora del Todopoderoso, nuestro Líder y Amigo.
